miércoles 22 de julio de 2015
Faltaba una semana para que se llevará a cabo el matrimonio entre Esperanza y Oliverio Esguerra y la joven estaba resignada a su suerte, por un lado, y por el otro relativamente ansiosa por el compromiso que iba adquirir. Su vida en la casa de aquel mafioso en los últimos días se había tornado muy aburrida. Pero aquel miércoles 22 de julio la muchacha recibió una visita que alteró su cotidianidad. Esperanza estaba absorta frente al espejo del tocador, cuando alguien abrió con violencia la puerta.
_ ¿Así que usted es la tal Esperanza?
Esperanza retiró la vista del espejo y giró su cuerpo hacia la dirección de donde provenía la voz de quien le estaba hablando.
_ ¿Le puedo ayudar en algo? -le preguntó a la joven a aquella desconocida entrada en años que había irrumpido en su aposento.
_ Mmm. Basta verla para darse cuenta que usted es una niña muy corriente, sin abolengo ni nada. A de estar feliz. Valiéndose de quién sabe qué artimanña enredó a mi sobrino y se va a casar con él. Y mire que Oliverio no es una persona fácil de enredar. Muchas lo intentaron y no pudieron.
_ ¿Usted quién es señora?
_ Soy Prudencia Esguerra, la tía de su futuro marido. ¿Acaso él no le ha hablado de usted?
_ Sí. Algo me ha dicho.
_ Me imagino que usted siente que se ganó la lotería. Para una aparecida como usted debe ser la gloria haber logrado embaucar a un hombre como Oliverio -aseveró Prudencia mientras se paseaba por la habitación de Esperanza.
_ Yo no he embaucado a nadie señora. Él que siempre ha insistido con lo del matrimonio es él. Prudencia Esguerra... ¿sabe que ese nombre me suena?
_ Cómo no le va a sonar si los esguerra somos la familia más poderosa y prestante de ese pueblo... en cambio usted a leguas se ve que es una advenediza, una trepadora. Debe estar sintiendo que agarró el cielo con las manos, ¿no?
_ ¡ahhh! Ya me acordé quién es usted. Es la persona que se atrevió a humillar y echar como un perro de su casa a su propia nieta sólo porque es de raza negra- replicó esperanza luego de ponerse de pie.
_ ¿Usted de qué está hablando?
_ De lo que oye bruja. Qué triste que una persona sea capaz de trapear al piso con su propia sangre. Usted tendrá muchos apellidos, mucho abolengo, pero le falta mucha calidad humana. ¡Usted cómo persona no vale nada!
_ ¡No hable de lo que no sabe! ¿usted cómo hizo para enterarse de eso? -preguntó Prudencia con tono amenazante.
_ Eso no importa señora y por favor retírese de mi pieza porque me da asco estar tan cerca de una basura como usted. Créame, usted vale menos que un cerro de excremento.
_ ¡Maldita trepadora! ¡Ni crea que se va a salir con la suya casándose con mi sobrino!
_ ¿qué pasa aquí? -preguntó OLiverio quien tras oír el escándalo se acercó a la alcoba de su futura esposa para averiguar qué estaba pasando.
_ ¡Oliverio abra los ojos! ¡Usted no se puede casar con esta mujer es una insolente, una grosera. Me acabó de tratar de la peor manera -exigió Prudencia.
_ ¡Usted fue la que empezó! Yo sólo me defendí -explicó Esperanza.
_ Está muerta de hambre no es más que una oportunista y una trepadora. Usted no puede caer en su juego. Usted se merece alguien que esté a su altura -insistió la tía del mafioso.
_ ¿qué va a ser Oliverio: o le hace caso a esa señora y se olvida de mí para siempre, o la saca de aquí a patadas y me hace respetar?
_ Se da cuenta de las ínfulas que se gasta esta desvergonzada -opinó Prudencia.
_ Tía, lo mejor es que se vaya.
_ ¿Qué? Se va a poner de parte de ella.
_ Ella es mi mujer y si no la va a tratar con respeto, lo mejor es que aquí no vuelva.
_ No lo puedo creer.
_ Ya oyó señora. ¡Larguese! -anotó Esperanza con satisfacción.
Prudencia finalmente se marchó humillada no sin antes augurar que ese matrimonio sería un fracaso, pero pese a su oposición finalmente el día de esa unión llegó. Los medios de comunicación de La Esperanza informaron profusamente sobre ese evento que sin duda se constituía en el acontecimiento del año de aquel villorio miserable. Cuando María Berenice se enteró de aquella noticia sencillamente no lo podía creer.
El matrimonio se efectuaría en horas de la tarde. Al mediodía Débora recibió una visita que jamás se imaginó recibir.
_ Martha, ¿es usted?
_ Sí Débora. Puedo seguir.
_ Sí claro. Siga.
Se trataba ni más ni menos que de Martha Peláez Cancino la cual después de muchos años volvía a aparecer en escena.
_ Estoy impresionada. Jamás me imaginé que la iba a volver a ver -indicó Débora. Había hecho seguir a su amiga a la sala de su casa para poder hablar plácidamente.
_ Sí. Yo tampoco pensé qe algún día volvería a este pueblo.
_ ¿Y qué ha sido de su vida?
_ De eso no prefiero hablar. Débora yo vengo a que me dé información sobre mi hija. ¿Qué ha pasado con ella? ¿Cómo está?
_ Yo perdí contacto con su mamá y el resto de su familia cuando usted se desapareció. Sé que su hija se crío con ellos. Pero dígame: ¿por qué quiere saber de su hija después de tanto tiempo?... Si no me quiere contestar no lo haga.
_ Han pasado muchas cosas y en los últimos años el sentimiento de culpa por haberla abandonado no me deja en paz. No necesito verla, hablar con ella. Si usted me dice que no sabe nada de ella, no me quedará más remedio que ir a casa de mi mamá a hablar con ella.
_ Martha yo sí sé dónde está su hija en este momento y no la va a encontrar en casa de su mamá.
_ ¿Dónde está? No me diga que ya no vive en este pueblo.
_ Sí, ella vive aquí... Está viviendo con Oliverio ESguerra y hoy mismo se va a casar con él.
En el rostro de Martha se dibujó una expresión de terror.
_ ¡¿Qué!? Es una broma, ¿cierto?
_ No. lamentable no. es la verdad.
_ Pero ese señor puede ser el padre de ella. Es más, estoy segura de eso.
_ él ya comprobó que es el padre biológico de ella. Ambos se practicaron una prueba de adn. Pero ese señor está como enloquecido. A pesar de saber la verdad insiste en casarse con esa muchacha.
_ ¡No! -dijo Martha cubriendo sus sienes con las manos- ¿Y cómo diablos se conocieron y decidieron casarse? ¿Mi hija sabe que él es el papá?
_ Ella no lo sabe. Se conocieron por casualidad. Ni él ni ella sabían la verdad. Se enamoraron. Pero apenas yo me enteré de lo del matrimonio intenté convencer a Oliverio de que no lo hiciera. Usted sabe que yo soy muy amiga de él. Pero él no entiende razones. Yo hasta temo que haya perdido la razón.
_ Yo tengo que hablar con ellos. Ese matrimonio no puede ser. ¡Dígame dónde los puedo encontrar!
Débora le dio a su otrora gran amiga la dirección de la casa y ella sin perder tiempo se dirigió allá.
_ ¿A quién necesita señora? - preguntó un hombre que estaba apostado en la entrada de la mansión.
_ Soy la mamá de la muchacha que se va a casar con Oliverio ESguerra. Necesito hablar con él.
_ Eso va a estar cómo difícil. El patrón ahora está muy ocupado.
_ Dígale que es algo de vida o muerte.
_ ¿quién es esta mujer y qué quiere? -preguntó Oliverio quien había aparecido repentinamente en la entrada de su casa.
_ Patrón, ella dice que es la mamá de la señora Esperanza y necesita hablar con usted.
_ Está bien. Voy a hablar con ella.
OLiverio llevó a martha al garage de su casa para que ESperanza no notara su presencia.
_ Usted está loco. ¿Cómo se va a casar con Esperanza a sabiendas de que es su hija? -le increpó la mujer al capo.
_ Así es la vida.
_ Ese matrimonio no puede ser. Lo tiene que cancelar.
_ Ese matrimonio no tiene reversa. Además usted no tiene derecho a exigir nada después de que abandonó a esa muchacha y la dejó a su suerte. Yo ya me sé toda esa historia.
_ Sí lo hice fue por una razón muy poderosa y estoy aquí para que no se repita el mismo error. Oliverio, usted y yo somos hermanos. Cuando nos acostamos cometimos incesto.
Oliverio soltó una risa irónica.
_ Otra que me viene a mí con historias de telenovela barata. ¿Usted de dónde saca esa estupidez? ¡dizque hermanos!
_ Es difícil de creer, pero es la verdad. Usted es hijo de mi mamá, Alicia Cancino. Ella trabajó como empleada en casa de...
_ Sabe qué: ya me cansé oír tanta basura. ¡Walter!
_ Sí patrón -contestó uno de los lavaperros de Oliverio tras atender su llamado.
_ Llevese a esta mujer de aquí y desaparézcala. No la quiero volver a ver.
El hombre cumplió la orden a pesar de la resistencia que ofreció Martha. Cayó la tarde y el matrimonio se llevó a cabo sin complicaciones. En la entrada de la iglesia que estaba abarrotada María Berenice fue testigo de la ceremonia con su rostro cubierto de lágrimas. Luego de que el cura diera su beneplácito para que los novios se besaran, la morena salió corriendo, abordó un bus que la dejará en las inmediaciones de un río que rodeaba al pueblo y luego se lanzó de un puente para sumergirse en las turbulentas aguas de ese cuerpo de agua. Ese fue el triste final de una muchacha que había perdido su más grande esperanza.
viernes, 11 de marzo de 2016
domingo, 6 de marzo de 2016
LA BASTARDA PARTE 47
LUNES 29 DE JUNIO
Había transcurrido casi una semana desde que Esperanza llegó al escabroso acuerdo con OLiverio de casarse con él si éste emasculaba al padre Honorio. Durante ese tiempo el sicólogo que atendió a Pablo dictaminó que el pequeño niño no estaba mintiendo y que en efecto sí había sufrido abuso por parte del sacerdote. Ese dictamen, sumado a las denuncias de otros padres de familia según las cuales sus hijos también habían sido víctimas de Honorio, llevó a la Fiscalía a expedir una orden de captura contra el prelado. A pesar de que al parecer el depravador sacerdote tendría que rendir cuentas ante la justicia humano por sus actos, Oliverio ya tenía listo el plan para raptar al personaje en cuestión, someterlo a una castración y luego desaparecerlo para que no hubiera evidencia.
_ Todo está listo para hacer lo que usted me pidió. Hoy mismo le vamos a hacer pagar a ese curita por lo que le hizo a su primo -le informó el capo a Esperanza mientras desayunaban en la sala. Valga decir que con el pasar del tiempo la muchacha se había resignado a su suerte y ya no se negaba a recibir alimentos, ni tampoco se la pasaba encerrada en su habitación.
_ Yo pensé mejor las cosas y ya no quiere que le haga nada a ese señor. Ya lo capturaron. Con que lo refundan en una cárcel a mí me basta.
_ ¡¿qué?! ¿No fue usted la que me obligó a preparar la venganza contra ese cura? ¿No fue usted la que hizo un show para convencerme de hacerlo? ¿No fue usted la que hace poco me dijo que como yo venía de una familia de ganaderos, debía ser experto en el arte de castrar y que por eso no me quería díficil darle gusto capando a ese cura?
_ Eso lo dije porque estaba dolida, impactada por la noticia. Pero ya pensé bien las cosas y quiero que sea la justicia terrenal la que se encarga de ese degenerado. Yo no quiero vivir con el peso en mi conciencia por mandar a desaparecer a ese tipo.
_ ¡No pues qué fácil! Otra vez dejándose dominar por sus escrúpulos morales. Y dígame: ¿Qué va a pasar con su promesa de matrimonio? ¿También se va a echar para atrás en eso?
_ Usted y yo no hace ni un mes que nos conocemos y para casarse con alguien primero hay que conocerlo bien?
Oliverio reaccionó golpeando la mesa con furia:
_ Entonces sí se va a echar para atrás.
_ No. Yo tengo palabra y sí me voy a casar con usted. Sólo le pido un poco de tiempo.
_ ¿Cuánto? ¡Responda!
_ No sé cómo contestar esa pregunta.
_ Le doy un mes. Va a tener un mes para hacerse a la idea de que va a ser mi mujer. Ni un día más.
En la tarde Oliverio recibió la visita de Débora. Aprovecharon el encuentro para ponerse al tanto de cómo iban los negocios y también para contar qué estaba pasando con sus respectivas vidas.
_ ¿Cómo así que usted se piensa casar? No lo puedo creer.
_ ¿Qué tiene de particular? Usted, mi tía Prudencia, todos me reprochan que a estas alturas no me hubiera casado y organizado mi vida. Pues por fin lo voy a hacer.
_ ¿Pero con esa niñita? Yo pensé que sólo la quería para pasar una noche de pasión y ya.
_ Esa era la idea original. Pero con el tiempo he podido conocer bien a esa niñita como usted la llama y estoy convencido de que quiero que sea mi mujer.
_ Lo desconozco. Usted sólo está encaprichado por esa muchachita.
_ Le agradezco por su opinión, pero al decisión está tomada.
Débora hizo una pausa y reanudó la conversación:
_ Usted no se puede casar con esa muchacha.
_ ¿Por qué?
_ Lo que le voy a decir va a sonar increíble. Sé que debí habérselo contado desde hace mucho...
_ ¡Hable! ¿Qué es lo que sabe?
_ Esa muchacha podría ser su hija.
Oliverio soltó una sonora carcajada.
_ ¿Qué? ¿Y usted de dónde saca eso.
Débora procedió a contarle toda la historia con pelos y señales.
_ Esa historia no tiene ni pies ni cabeza- refutó el hombre.
_ Yo sé que suena descabellado, pero es la verdad. Esa muchacha es hija de esa mujer que yo le presenté hace 18 años y por la cual usted perdió la cabeza.
_ No lo creo una sola palabra. ¿Sabe qué es lo que pasa?: que usted está celosa. Para nadie es un misterio que usted siempre ha estado enamorada de mí. Y cómo sabe que mi interés en esa niña es serio ahora se inventa esa historia de telenovela para separarnos.
_ No diga estupideces.
_ ¿Por qué no me advirtió desde un principio que esa muchacha era supuestamente mi hija? ¿por qué no me lo advirtió si sabía que yo pensaba acostarme con ella.
_ No lo sé. Fue un error de mi parte. Igual nunca pensé que las cosas entre ustedes dos llegaran tan lejos.
_ Lo siento mucho mi querida débora, pero no le puedo creer sus fábulas y sus historias fantásticas. Más bien le recomiendo dejar de ver tanta telenovela - apuntó Oliverio sardónicamente.
_ Es su problema si me cree o no. Es su vida y usted puede hacer lo que quiera. Y no se lo niego: usted siempre me ha atraído como hombre, pero si se quiere casar con esa niña bien puede hacerlo. No se lo voy a impedir. Ni me voy a cortar las venas.
Mientras OLiverio y Débora sostenían aquella conversación, Esperanza escuchaba las noticias. Un juez de control de garantías había legalizado la captura del cura Honorio y lo había enviado a la cárcel del pueblo. El saber eso tranquilizó a la joven pues estaba convencida de que en aquel pueblo corrupto el cura honorio podría perfectamente eludir la acción de la justicia. Pero esa tranquilidad cedió su puesto a la angustia por la proximidad del matrimonio de la muchacha con Oliverio ESguerra.
_ ¿Por qué se quedó tan callado oliverio? ¿Se dio cuenta de que lo que lo le acabé de contar puede ser verdad? Mire a esa niña, es la viva imagen de mi amiga. ¿Usted cree que ese parecido es producto del azar?
_ ¿Y qué se supone que debo hacer yo ahora?
_ Práctiquese la prueba del ADN para que salga de dudas. Yo le cuento esto por su bien. Imagínese usted terminar casado con su posible hija.
_ ¿Y cómo voy a convencer a Esperanza de hacerse esa prueba? ¿Cómo voy a justificar el hecho de que se la tiene que hacer?
_ Pues cuéntele la verdad...
_ ¡Nada de eso! Ella no puede saber nada de eso. Usted no le puede contar ni una sola palabra, porque sabe de lo que soy capaz.
Al día siguiente Oliverio se marchó junto con Esperanza hacia la capital para que la joven se hiciera unos "chequeos médicos".
_ ¿Cómo así que chequeos médicos si yo me siento bien?
_ Nada de eso. Usted hace poco estuvo grave, la tuvieron que hospitalizar. Yo sólo quiero saber como marcha su salud. ¿Es un pecado que me preocupe por su bienestar?
El capo y la joven llegaron a un laboratorio de genética donde efectuarían la prueba. Esperanza no sospechó nada. Le extrajeron sangre. Oliverio no daría crédito a lo que sus ojos leerían horas después al tener los resultados: la correspondencia genética entre él y esperanza era de un 99%. Sí era su hija. Pero a pesar de confirmar lo dicho por Débora, OLiverio decidió quedarse callado. Era más fuerte la obsesión que sentía por Esperanza que los reparos morales derivados del hecho de que ella fuera su hija. La idea del matrimonio seguiría en pie.
Había transcurrido casi una semana desde que Esperanza llegó al escabroso acuerdo con OLiverio de casarse con él si éste emasculaba al padre Honorio. Durante ese tiempo el sicólogo que atendió a Pablo dictaminó que el pequeño niño no estaba mintiendo y que en efecto sí había sufrido abuso por parte del sacerdote. Ese dictamen, sumado a las denuncias de otros padres de familia según las cuales sus hijos también habían sido víctimas de Honorio, llevó a la Fiscalía a expedir una orden de captura contra el prelado. A pesar de que al parecer el depravador sacerdote tendría que rendir cuentas ante la justicia humano por sus actos, Oliverio ya tenía listo el plan para raptar al personaje en cuestión, someterlo a una castración y luego desaparecerlo para que no hubiera evidencia.
_ Todo está listo para hacer lo que usted me pidió. Hoy mismo le vamos a hacer pagar a ese curita por lo que le hizo a su primo -le informó el capo a Esperanza mientras desayunaban en la sala. Valga decir que con el pasar del tiempo la muchacha se había resignado a su suerte y ya no se negaba a recibir alimentos, ni tampoco se la pasaba encerrada en su habitación.
_ Yo pensé mejor las cosas y ya no quiere que le haga nada a ese señor. Ya lo capturaron. Con que lo refundan en una cárcel a mí me basta.
_ ¡¿qué?! ¿No fue usted la que me obligó a preparar la venganza contra ese cura? ¿No fue usted la que hizo un show para convencerme de hacerlo? ¿No fue usted la que hace poco me dijo que como yo venía de una familia de ganaderos, debía ser experto en el arte de castrar y que por eso no me quería díficil darle gusto capando a ese cura?
_ Eso lo dije porque estaba dolida, impactada por la noticia. Pero ya pensé bien las cosas y quiero que sea la justicia terrenal la que se encarga de ese degenerado. Yo no quiero vivir con el peso en mi conciencia por mandar a desaparecer a ese tipo.
_ ¡No pues qué fácil! Otra vez dejándose dominar por sus escrúpulos morales. Y dígame: ¿Qué va a pasar con su promesa de matrimonio? ¿También se va a echar para atrás en eso?
_ Usted y yo no hace ni un mes que nos conocemos y para casarse con alguien primero hay que conocerlo bien?
Oliverio reaccionó golpeando la mesa con furia:
_ Entonces sí se va a echar para atrás.
_ No. Yo tengo palabra y sí me voy a casar con usted. Sólo le pido un poco de tiempo.
_ ¿Cuánto? ¡Responda!
_ No sé cómo contestar esa pregunta.
_ Le doy un mes. Va a tener un mes para hacerse a la idea de que va a ser mi mujer. Ni un día más.
En la tarde Oliverio recibió la visita de Débora. Aprovecharon el encuentro para ponerse al tanto de cómo iban los negocios y también para contar qué estaba pasando con sus respectivas vidas.
_ ¿Cómo así que usted se piensa casar? No lo puedo creer.
_ ¿Qué tiene de particular? Usted, mi tía Prudencia, todos me reprochan que a estas alturas no me hubiera casado y organizado mi vida. Pues por fin lo voy a hacer.
_ ¿Pero con esa niñita? Yo pensé que sólo la quería para pasar una noche de pasión y ya.
_ Esa era la idea original. Pero con el tiempo he podido conocer bien a esa niñita como usted la llama y estoy convencido de que quiero que sea mi mujer.
_ Lo desconozco. Usted sólo está encaprichado por esa muchachita.
_ Le agradezco por su opinión, pero al decisión está tomada.
Débora hizo una pausa y reanudó la conversación:
_ Usted no se puede casar con esa muchacha.
_ ¿Por qué?
_ Lo que le voy a decir va a sonar increíble. Sé que debí habérselo contado desde hace mucho...
_ ¡Hable! ¿Qué es lo que sabe?
_ Esa muchacha podría ser su hija.
Oliverio soltó una sonora carcajada.
_ ¿Qué? ¿Y usted de dónde saca eso.
Débora procedió a contarle toda la historia con pelos y señales.
_ Esa historia no tiene ni pies ni cabeza- refutó el hombre.
_ Yo sé que suena descabellado, pero es la verdad. Esa muchacha es hija de esa mujer que yo le presenté hace 18 años y por la cual usted perdió la cabeza.
_ No lo creo una sola palabra. ¿Sabe qué es lo que pasa?: que usted está celosa. Para nadie es un misterio que usted siempre ha estado enamorada de mí. Y cómo sabe que mi interés en esa niña es serio ahora se inventa esa historia de telenovela para separarnos.
_ No diga estupideces.
_ ¿Por qué no me advirtió desde un principio que esa muchacha era supuestamente mi hija? ¿por qué no me lo advirtió si sabía que yo pensaba acostarme con ella.
_ No lo sé. Fue un error de mi parte. Igual nunca pensé que las cosas entre ustedes dos llegaran tan lejos.
_ Lo siento mucho mi querida débora, pero no le puedo creer sus fábulas y sus historias fantásticas. Más bien le recomiendo dejar de ver tanta telenovela - apuntó Oliverio sardónicamente.
_ Es su problema si me cree o no. Es su vida y usted puede hacer lo que quiera. Y no se lo niego: usted siempre me ha atraído como hombre, pero si se quiere casar con esa niña bien puede hacerlo. No se lo voy a impedir. Ni me voy a cortar las venas.
Mientras OLiverio y Débora sostenían aquella conversación, Esperanza escuchaba las noticias. Un juez de control de garantías había legalizado la captura del cura Honorio y lo había enviado a la cárcel del pueblo. El saber eso tranquilizó a la joven pues estaba convencida de que en aquel pueblo corrupto el cura honorio podría perfectamente eludir la acción de la justicia. Pero esa tranquilidad cedió su puesto a la angustia por la proximidad del matrimonio de la muchacha con Oliverio ESguerra.
_ ¿Por qué se quedó tan callado oliverio? ¿Se dio cuenta de que lo que lo le acabé de contar puede ser verdad? Mire a esa niña, es la viva imagen de mi amiga. ¿Usted cree que ese parecido es producto del azar?
_ ¿Y qué se supone que debo hacer yo ahora?
_ Práctiquese la prueba del ADN para que salga de dudas. Yo le cuento esto por su bien. Imagínese usted terminar casado con su posible hija.
_ ¿Y cómo voy a convencer a Esperanza de hacerse esa prueba? ¿Cómo voy a justificar el hecho de que se la tiene que hacer?
_ Pues cuéntele la verdad...
_ ¡Nada de eso! Ella no puede saber nada de eso. Usted no le puede contar ni una sola palabra, porque sabe de lo que soy capaz.
Al día siguiente Oliverio se marchó junto con Esperanza hacia la capital para que la joven se hiciera unos "chequeos médicos".
_ ¿Cómo así que chequeos médicos si yo me siento bien?
_ Nada de eso. Usted hace poco estuvo grave, la tuvieron que hospitalizar. Yo sólo quiero saber como marcha su salud. ¿Es un pecado que me preocupe por su bienestar?
El capo y la joven llegaron a un laboratorio de genética donde efectuarían la prueba. Esperanza no sospechó nada. Le extrajeron sangre. Oliverio no daría crédito a lo que sus ojos leerían horas después al tener los resultados: la correspondencia genética entre él y esperanza era de un 99%. Sí era su hija. Pero a pesar de confirmar lo dicho por Débora, OLiverio decidió quedarse callado. Era más fuerte la obsesión que sentía por Esperanza que los reparos morales derivados del hecho de que ella fuera su hija. La idea del matrimonio seguiría en pie.
miércoles, 2 de marzo de 2016
LA BASTARDA PARTE 45
MARTES 23 DE JUNIO
Esperanza amanecía un día más en la casa de su secuestrador. Poco a poco se empezaba a resignar a su suerte y para romper con la rutina decidió prender un radio que había en la habitación. Lo que escuchó la perturbó:
_ Tenemos aquí a Yolanda Peláez Cancino que vino aquí a nuestra cabina a hacer una grave denuncia. La escuchamos.
_ Gracias por abrirme sus micrófonos para hacer esta denuncia. Yo quiero denunciar el día de hoy al cura Honorio Sánchez como responsable del abuso sexual contra mi hijo menor Pablo Andrés Cabrera.
_ Una denuncia bastante seria. ¿Cómo se enteró de este presunto abuso?
_ Mi hijo es monaquillo de la parroquia principal de este pueblo donde oficia este cura. Desde el día sábado lo noté muy raro después de visitar precisamente a ese señor. Al día siguiente no quiso ir a misa como es nuestra costumbre de toda la vida. Y ayer tampoco quiso ir al colegio. Estaba muy deprimido y después de mucho insistirle -el llanto y dolor interrumpieron el discurso de la mujer- ...después de mucho insistirle el me confesó que este cura había abusado de él.
Esperanza entró en conmoción y estalló en llanto. Jamás se había imaginado que su querido primo pudiera ser víctima de un acto tan depravado e infame. Luego de la impresión llegó la cólera y la muchacha empezó a destruir la habitación en la que estaba recluida. Oliverio se percató de ello y exigió explicaciones.
_ ¡¿Qué es lo que le pasa ahora?!
_ ¡Usted me tiene que sacar de aquí! ¡Yo necesito ver a mi primo!
Oliverio tomó de los brazos a la muchacha para contener su estado de éxtasis.
_ Yo ya le he dicho que usted de aquí no sale a menos que sea como mi mujer.
_ ¡Usted no entiende! ¡A mi primo lo violaron!. ¡Es un niño inocente y ese cura que reemplazó al padre Epifanio lo violó!
La denuncia de Yolanda a través del programa radial con más audiencia de ese pueblo provocó un pequeño terremoto en ese miserable villorio. Feligreses y partidarios del cura se apostaron frente a la casa de Yolanda para protestar contra lo que ellos consideraban una acusación infame. Horacio corrió a visitar a su exesposa para tratar de entender lo que estaba ocurriendo.
_ ¿Usted está seguro de que ese abuso es real? ¡Esa es una acusación muy grave- manifestó el profesor de sociales.
_ Claro que estoy segura. ¿O es que usted duda de la palabra de su propio hijo?
_ Usted no se imagina la polvareda que se ha formado en este pueblo por esa denuncia.
_ ¿Y eso le preocupa mucho? ¿Le preocupa más eso que lo que le pasó a su hijo?
_ Yo necesito hablar con él.
Oliverio intentaba infructuosamente controlar a Esperanza.
_ ¡Yo necesito ver a mi primo! ¡Yo necesito estar con él!
_ ¿Y si el supuesto abuso es un invento de su primo?
Al oír esa insinuación la ira de Esperanza se exacerbó y la impulsó a abofetear a OLiverio.
_ ¡Nunca se vuelva a atrever a ponerme una mano encima! -amenazó el hombre mientras tocaba su mejilla adolorida.
_ El hecho de que usted sea una porquería sin escrúpulos no significa que todo el resto del mundo lo sea. Mi primo jamás inventaría algo así.
_ Está bien. Le voy a dejar ver a su primo. Pero lo va a hacer acompañada por mí.
A bordo de una flamante camioneta OLiverio y Esperanza se trasladaron a la casa de Yolanda. La muchacha esquivó a las personas que protestaban frente a esa vivienda y tocó la puerta. Después de mucho insistir Yolanda le abrió.
_ ¿Usted qué hace aquí? ¡Lárguese! -exigió con amargura la mujer.
_ Yo necesito ver a mi primo.
_ ¡Usted no tiene nada que hablar con él! ¡Usted no tiene por qué meterse en nuestros problemas! Lárguese- insistió Yolanda para luego cerrarle la puerta a su sobrina en las narices.
De regresó a la casa de Oliverio, Esperanza decidió plantearle a aquel mafioso una contrapropuesta.
_ ¿Quiero proponerle algo?
_ ¿Qué?
_ Yo aceptó casarme con usted, pero usted a cambio tiene que cobrarle a ese cura lo que le hizo a mi primo.
_ ¿Cobrarle? ¿Y cómo?
_ Yo odio a los violadores y ellos sólo merecen un castigo: que los castren.
_ ¿Y usted pretende que yo mande a castrar a ese cura? ¡Por favor! -señaló Oliverio con Ironía.
_ Sí. eso es lo que quiero. Usted no tuvo piedad para mandar matar al padre epifanio que era un santo, ahora no va a ser capaz de castigar a ese cura degenerado que sí se merece lo peor del mundo.
_ Yo no me voy a poner a hacer semejante cosa por una persona que ni siquiera es nada mío.
_ Es eso o no me casó con usted.
Horas después Oliverio se dirigió a la habitación de Esperanza para dejarle claro que no iba a acceder asu chantaje.
_ ¿Por qué no ha probado bocado? ¿Se quiere enfermar otra vez? Convénzase de algo niña: aquí las condiciones las pongo yo, no usted.
_ ¡¿Ah sí?!- contestó Esperanza para luego empuñar un filoso cuchillo que tenía escondido en la cama con el cual amenazó con cortarse las venas.
_ ¿Qué va a hacer? ¡Suelte ese cuchillo!
_ Si estuve dispuesta a dejarme morir de hambre, también soy capaz de cortarme las venas. ¡O hace lo que yo digo o me mato!
_ Yo no puede cometer un crimen así como el que usted me pide. Yo no tengo nada qué ver con ese problema de su primo.
_ ¿Y por qué con el padre Epifanio no tuve ningún reparo?
_ porque ese cura infeliz se estaba metiendo directamente conmigo y yo tenía que dejar claro en este pueblo que yo no me iba a dejar mangonear por nadie.
_ Ese cura honorio es un depravado, un pedófilo, ese sí se merece que lo maten. ¡O hace lo que yo digo o me suicido!
_ Está bien. Usted gana. Voy a hacer lo que me pide, pero suelte ese cuchillo.
_ No le creo. ¡júrelo por su madre! ¡Júrelo por lo más sagrado que tenga!
_ Se lo juro, pero suelte eso...
Esperanza resignada aventó el cuchillo al suelo, se tumbó sobre la cama y prorrumpió en llanto.
Esperanza amanecía un día más en la casa de su secuestrador. Poco a poco se empezaba a resignar a su suerte y para romper con la rutina decidió prender un radio que había en la habitación. Lo que escuchó la perturbó:
_ Tenemos aquí a Yolanda Peláez Cancino que vino aquí a nuestra cabina a hacer una grave denuncia. La escuchamos.
_ Gracias por abrirme sus micrófonos para hacer esta denuncia. Yo quiero denunciar el día de hoy al cura Honorio Sánchez como responsable del abuso sexual contra mi hijo menor Pablo Andrés Cabrera.
_ Una denuncia bastante seria. ¿Cómo se enteró de este presunto abuso?
_ Mi hijo es monaquillo de la parroquia principal de este pueblo donde oficia este cura. Desde el día sábado lo noté muy raro después de visitar precisamente a ese señor. Al día siguiente no quiso ir a misa como es nuestra costumbre de toda la vida. Y ayer tampoco quiso ir al colegio. Estaba muy deprimido y después de mucho insistirle -el llanto y dolor interrumpieron el discurso de la mujer- ...después de mucho insistirle el me confesó que este cura había abusado de él.
Esperanza entró en conmoción y estalló en llanto. Jamás se había imaginado que su querido primo pudiera ser víctima de un acto tan depravado e infame. Luego de la impresión llegó la cólera y la muchacha empezó a destruir la habitación en la que estaba recluida. Oliverio se percató de ello y exigió explicaciones.
_ ¡¿Qué es lo que le pasa ahora?!
_ ¡Usted me tiene que sacar de aquí! ¡Yo necesito ver a mi primo!
Oliverio tomó de los brazos a la muchacha para contener su estado de éxtasis.
_ Yo ya le he dicho que usted de aquí no sale a menos que sea como mi mujer.
_ ¡Usted no entiende! ¡A mi primo lo violaron!. ¡Es un niño inocente y ese cura que reemplazó al padre Epifanio lo violó!
La denuncia de Yolanda a través del programa radial con más audiencia de ese pueblo provocó un pequeño terremoto en ese miserable villorio. Feligreses y partidarios del cura se apostaron frente a la casa de Yolanda para protestar contra lo que ellos consideraban una acusación infame. Horacio corrió a visitar a su exesposa para tratar de entender lo que estaba ocurriendo.
_ ¿Usted está seguro de que ese abuso es real? ¡Esa es una acusación muy grave- manifestó el profesor de sociales.
_ Claro que estoy segura. ¿O es que usted duda de la palabra de su propio hijo?
_ Usted no se imagina la polvareda que se ha formado en este pueblo por esa denuncia.
_ ¿Y eso le preocupa mucho? ¿Le preocupa más eso que lo que le pasó a su hijo?
_ Yo necesito hablar con él.
Oliverio intentaba infructuosamente controlar a Esperanza.
_ ¡Yo necesito ver a mi primo! ¡Yo necesito estar con él!
_ ¿Y si el supuesto abuso es un invento de su primo?
Al oír esa insinuación la ira de Esperanza se exacerbó y la impulsó a abofetear a OLiverio.
_ ¡Nunca se vuelva a atrever a ponerme una mano encima! -amenazó el hombre mientras tocaba su mejilla adolorida.
_ El hecho de que usted sea una porquería sin escrúpulos no significa que todo el resto del mundo lo sea. Mi primo jamás inventaría algo así.
_ Está bien. Le voy a dejar ver a su primo. Pero lo va a hacer acompañada por mí.
A bordo de una flamante camioneta OLiverio y Esperanza se trasladaron a la casa de Yolanda. La muchacha esquivó a las personas que protestaban frente a esa vivienda y tocó la puerta. Después de mucho insistir Yolanda le abrió.
_ ¿Usted qué hace aquí? ¡Lárguese! -exigió con amargura la mujer.
_ Yo necesito ver a mi primo.
_ ¡Usted no tiene nada que hablar con él! ¡Usted no tiene por qué meterse en nuestros problemas! Lárguese- insistió Yolanda para luego cerrarle la puerta a su sobrina en las narices.
De regresó a la casa de Oliverio, Esperanza decidió plantearle a aquel mafioso una contrapropuesta.
_ ¿Quiero proponerle algo?
_ ¿Qué?
_ Yo aceptó casarme con usted, pero usted a cambio tiene que cobrarle a ese cura lo que le hizo a mi primo.
_ ¿Cobrarle? ¿Y cómo?
_ Yo odio a los violadores y ellos sólo merecen un castigo: que los castren.
_ ¿Y usted pretende que yo mande a castrar a ese cura? ¡Por favor! -señaló Oliverio con Ironía.
_ Sí. eso es lo que quiero. Usted no tuvo piedad para mandar matar al padre epifanio que era un santo, ahora no va a ser capaz de castigar a ese cura degenerado que sí se merece lo peor del mundo.
_ Yo no me voy a poner a hacer semejante cosa por una persona que ni siquiera es nada mío.
_ Es eso o no me casó con usted.
Horas después Oliverio se dirigió a la habitación de Esperanza para dejarle claro que no iba a acceder asu chantaje.
_ ¿Por qué no ha probado bocado? ¿Se quiere enfermar otra vez? Convénzase de algo niña: aquí las condiciones las pongo yo, no usted.
_ ¡¿Ah sí?!- contestó Esperanza para luego empuñar un filoso cuchillo que tenía escondido en la cama con el cual amenazó con cortarse las venas.
_ ¿Qué va a hacer? ¡Suelte ese cuchillo!
_ Si estuve dispuesta a dejarme morir de hambre, también soy capaz de cortarme las venas. ¡O hace lo que yo digo o me mato!
_ Yo no puede cometer un crimen así como el que usted me pide. Yo no tengo nada qué ver con ese problema de su primo.
_ ¿Y por qué con el padre Epifanio no tuve ningún reparo?
_ porque ese cura infeliz se estaba metiendo directamente conmigo y yo tenía que dejar claro en este pueblo que yo no me iba a dejar mangonear por nadie.
_ Ese cura honorio es un depravado, un pedófilo, ese sí se merece que lo maten. ¡O hace lo que yo digo o me suicido!
_ Está bien. Usted gana. Voy a hacer lo que me pide, pero suelte ese cuchillo.
_ No le creo. ¡júrelo por su madre! ¡Júrelo por lo más sagrado que tenga!
_ Se lo juro, pero suelte eso...
Esperanza resignada aventó el cuchillo al suelo, se tumbó sobre la cama y prorrumpió en llanto.
domingo, 28 de febrero de 2016
LA BASTARDA PARTE 44
LUNES 22 DE JUNIO
El domingo el pequeño Pablo se negó rotundamente a asistir a misa. Y a la mañana siguiente tampoco quiso salir de su alcoba para dirigirse al colegio. Tal actitud inquietó a Yolanda y por ese decidió confrontar a su único hijo varón.
_ ¿Qué pasa Pablo? ¿Cómo así que no quiere ir al Colegio?
_ Yo no quiero volver a salir de esta pieza.
_ ¿Y por qué? ¿Qué es lo que le está pasando?- insistió la mujer. El pequeño niño prorrumpió en llanto- Ya tengo suficiente con los berrinches de su hermana como para tener que aguantar los suyos también. ¡Dígame qué es lo que le está pasando! ¿Por qué está en esa actitud tan rara desde el sábado?
El cura Honorio había intentado convencer al niño de no revelar ni confesar a nadie los abusos de los que había sido víctima. "no le cuentes a absolutamente a nadie de estos juegos porque estarías cometiendo un pecado mortal y Dios te puede castigar terriblemente", alegó el sacerdote, pero Pablo se sobrepuso al miedo y le contó a su mamá la verdad.
_ Eso que me está contando tiene que ser mentira Pablo. Difarmar a un cura es pecado.
_ Yo le estoy diciendo. Ese señor me puso a hacer todas esas cosas... Yo no quiero volver donde ese señor. NO quiero volver a la iglesia nunca más.
_ usted me jura por Dios que lo que me está diciendo es verdad. Uno no pueda andar inventando cosas tan horribles de la gente.
La reacción del niño ante esas palabras de su madre fue la de hundir su cabeza en la almohada y llorar con más intensidad. Al principio Yolanda se negaba a darle crédito a acusaciones tan graves, mas el dolor y sufrimiento de sus hijo parecía tan sincero que decidió actuar y denunciar al cura pedófilo ante las autoridades pertinentes.
Por su parte Esperanza ya había sido dada de alta y regresó al hogar de su verdugo. Al llegar allá éste le planteó una propuesta sorpresiva.
_ Espero que de ahora en adelante cambie de actitud. No quiero que se vuelva a enfermar -afirmó Oliverio.
Esperanza guardó silencio.
_ Yo no pretendo hacerle nada malo, ni hacerla mía a a la fuerza- continuó el hombre- Si esas fueran mis intenciones ya lo hubiera hecho hace mucho tiempo, pero no soy un cobarde como para andar abusando de mujeres.
_ No pues tan decente el señor- anotó Esperanza con ironía.
_ Yo no soy el monstruo que usted se imagina. A usted le falta mucho por vivir. Algún día va a dejar de lado tanto moralismo estúpido y se va a dar cuenta de cómo funciona realmente el mundo... Pero bueno, quiero hacerle una propuesta: ¿por qué no se casa conmigo?
En la fiscalía un funcionario recibió la denuncia de Yolanda.
_ Lo que usted está denunciando es demasiado grave señora y usted sabe que hoy en día los niños son muy fantasiosos.
_ Yo creo plenamente en mi hijo. ¿Me va a recibir la denunciar o no?
_ Claro. Ese es mi deber, ¿no?. Hay que remitir al niño a medicina legal para que lo revise un médico y un sicólogo. Ellos tiene que determinar si el niño efectivamente sí fue víctima de abuso y qué tipo de abuso fue. Pero quiero advertirle que este proceso no será fácil. En este pueblo la curia tiene mucho poder.
Yolanda no confiaba en la paquidérmica justicia de La Esperanza, así que pensó en hacer ruido por otro lado. Recordó a un viejo amigo de colegio que hoy en día era periodista radial de la emisora más escuchada del pueblo y decidió acudir en su ayuda. Esperanza, mientras tanto, no salía de su estupefacción por la propuesta formulada por Oliverio Esguerra.
_ ¿Cómo que casarnos? ¡¿Usted está loco?
_ ¿Por qué no? ¿Qué tiene de raro o de particular?
_ Para casarse hace falta conocer muy bien a una persona. Eso no es algo que se decide de un día para otro.
_ A mi me han bastado un par de días para darme cuenta de que estoy enamorado de usted.
_ En cambio usted a mí sólo me da asco.
_ Eso es lo que más me gusta de usted, que sea rebelde y briosa. Pero tranquila, no me tiene que dar la respuesta ahora. Piénselo. Aunque tenga en cuenta de que tampoco va a tener todo el tiempo del mundo.
Cayó la noche. María Berenice había salido a dar un paseo cuando se encontró con Jacobo, el hombre que reclutó con engaños a Esperanza.
_ Jacobo.
_ ¡ahh! ¡hola! ¿Cómo le va?
_ Bien ¿Y Esperanza? ¿Ella cómo está?
_ Maravillosamente. Trabajando en la capital y le está yendo muy bien. Y usted al final me sacó el cuerpo, ¿no?. Nunca apareció.
_ ¿Y usted sabe algún número de contacto para poderme comunicar con ella?
_ llámela al celular.
_ Ella no tenía celular cuando viajó. A ella la robaron antes de hacer ese viaje.
_ Pues en este momento no tengo a la mano un teléfono de contacto. Pero déjeme reviso en mi agenda y se lo doy después, ¿le parece?
_ Le agradezco mucho. En mi casa estamos muy preocupados por ella.
_ No tiene de qué preocuparse. Ella está muy bien. Mucho mejor de lo que estaba en este pueblo, ¡creáme!
El domingo el pequeño Pablo se negó rotundamente a asistir a misa. Y a la mañana siguiente tampoco quiso salir de su alcoba para dirigirse al colegio. Tal actitud inquietó a Yolanda y por ese decidió confrontar a su único hijo varón.
_ ¿Qué pasa Pablo? ¿Cómo así que no quiere ir al Colegio?
_ Yo no quiero volver a salir de esta pieza.
_ ¿Y por qué? ¿Qué es lo que le está pasando?- insistió la mujer. El pequeño niño prorrumpió en llanto- Ya tengo suficiente con los berrinches de su hermana como para tener que aguantar los suyos también. ¡Dígame qué es lo que le está pasando! ¿Por qué está en esa actitud tan rara desde el sábado?
El cura Honorio había intentado convencer al niño de no revelar ni confesar a nadie los abusos de los que había sido víctima. "no le cuentes a absolutamente a nadie de estos juegos porque estarías cometiendo un pecado mortal y Dios te puede castigar terriblemente", alegó el sacerdote, pero Pablo se sobrepuso al miedo y le contó a su mamá la verdad.
_ Eso que me está contando tiene que ser mentira Pablo. Difarmar a un cura es pecado.
_ Yo le estoy diciendo. Ese señor me puso a hacer todas esas cosas... Yo no quiero volver donde ese señor. NO quiero volver a la iglesia nunca más.
_ usted me jura por Dios que lo que me está diciendo es verdad. Uno no pueda andar inventando cosas tan horribles de la gente.
La reacción del niño ante esas palabras de su madre fue la de hundir su cabeza en la almohada y llorar con más intensidad. Al principio Yolanda se negaba a darle crédito a acusaciones tan graves, mas el dolor y sufrimiento de sus hijo parecía tan sincero que decidió actuar y denunciar al cura pedófilo ante las autoridades pertinentes.
Por su parte Esperanza ya había sido dada de alta y regresó al hogar de su verdugo. Al llegar allá éste le planteó una propuesta sorpresiva.
_ Espero que de ahora en adelante cambie de actitud. No quiero que se vuelva a enfermar -afirmó Oliverio.
Esperanza guardó silencio.
_ Yo no pretendo hacerle nada malo, ni hacerla mía a a la fuerza- continuó el hombre- Si esas fueran mis intenciones ya lo hubiera hecho hace mucho tiempo, pero no soy un cobarde como para andar abusando de mujeres.
_ No pues tan decente el señor- anotó Esperanza con ironía.
_ Yo no soy el monstruo que usted se imagina. A usted le falta mucho por vivir. Algún día va a dejar de lado tanto moralismo estúpido y se va a dar cuenta de cómo funciona realmente el mundo... Pero bueno, quiero hacerle una propuesta: ¿por qué no se casa conmigo?
En la fiscalía un funcionario recibió la denuncia de Yolanda.
_ Lo que usted está denunciando es demasiado grave señora y usted sabe que hoy en día los niños son muy fantasiosos.
_ Yo creo plenamente en mi hijo. ¿Me va a recibir la denunciar o no?
_ Claro. Ese es mi deber, ¿no?. Hay que remitir al niño a medicina legal para que lo revise un médico y un sicólogo. Ellos tiene que determinar si el niño efectivamente sí fue víctima de abuso y qué tipo de abuso fue. Pero quiero advertirle que este proceso no será fácil. En este pueblo la curia tiene mucho poder.
Yolanda no confiaba en la paquidérmica justicia de La Esperanza, así que pensó en hacer ruido por otro lado. Recordó a un viejo amigo de colegio que hoy en día era periodista radial de la emisora más escuchada del pueblo y decidió acudir en su ayuda. Esperanza, mientras tanto, no salía de su estupefacción por la propuesta formulada por Oliverio Esguerra.
_ ¿Cómo que casarnos? ¡¿Usted está loco?
_ ¿Por qué no? ¿Qué tiene de raro o de particular?
_ Para casarse hace falta conocer muy bien a una persona. Eso no es algo que se decide de un día para otro.
_ A mi me han bastado un par de días para darme cuenta de que estoy enamorado de usted.
_ En cambio usted a mí sólo me da asco.
_ Eso es lo que más me gusta de usted, que sea rebelde y briosa. Pero tranquila, no me tiene que dar la respuesta ahora. Piénselo. Aunque tenga en cuenta de que tampoco va a tener todo el tiempo del mundo.
Cayó la noche. María Berenice había salido a dar un paseo cuando se encontró con Jacobo, el hombre que reclutó con engaños a Esperanza.
_ Jacobo.
_ ¡ahh! ¡hola! ¿Cómo le va?
_ Bien ¿Y Esperanza? ¿Ella cómo está?
_ Maravillosamente. Trabajando en la capital y le está yendo muy bien. Y usted al final me sacó el cuerpo, ¿no?. Nunca apareció.
_ ¿Y usted sabe algún número de contacto para poderme comunicar con ella?
_ llámela al celular.
_ Ella no tenía celular cuando viajó. A ella la robaron antes de hacer ese viaje.
_ Pues en este momento no tengo a la mano un teléfono de contacto. Pero déjeme reviso en mi agenda y se lo doy después, ¿le parece?
_ Le agradezco mucho. En mi casa estamos muy preocupados por ella.
_ No tiene de qué preocuparse. Ella está muy bien. Mucho mejor de lo que estaba en este pueblo, ¡creáme!
jueves, 25 de febrero de 2016
LA BASTARDA PARTE 43
MIÉRCOLES 17 DE JUNIO
_ ¿es que no piensa probar bocado?- Le preguntó Oliverio a Esperanza quien se negaba a salir de su habitación.
_ Ya le dije que de usted no quiero nada- contestó ésta lanzando por los aires la bandeja con la comida ofrecida por su verdugo.
_ ¿Hasta cuándo va a seguir con esa actitud? No pierda su tiempo. Puede hacer todos los berrinches que quiera, pero de esta casa no sale.
_ Y usted me puede tener aquí secuestrada todo el tiempo que quiera, pero de mí no va a conseguir nada. Yo no voy a permitir que me haga nada, que me toque un pelo.
_ Si yo quisiera obligarla a hacer algo hace mucho que lo hubiera hecho. Piense un poquito niña. Reflexione y se va a dar cuenta que haberme conocido a mí es lo mejor que le pudo haber pasado en su triste vida.
Pasaron dos días y Esperanza siguió sin comer lo que repercutió negativamente en su salud, tanto así que terminó desvaneciéndose tras tener otro enfrentamiento con Oliverio. Hubo necesidad de que su secuestrador la llevara a una clínica para que recibiera asistencia médica. Pero él se cuidó de evitar que aquella presa que consideraba de su propiedad tuviera opción de comunicarse con el mundo exterior y pedir ayuda.
_ ¿Dónde estoy? -preguntó Esperanza luego de despertar y darse cuenta de que estaba en el hospital.
_ Esta en la Clínica. La tuvieron que traer por un cuadro de deshidratación severa- le respondió la enfermera.
_ No recuerdo nada.
_ Es obvio. Me dicen que usted llevaba varios días sin comer.
Poco a poco la joven recuperó la conciencia y se percató de que aquella era la oportunidad para alertar a alguien conocido acerca de lo que le estaba pasando.
_ ¿Dónde está ese tipo? ¿Oliverio?
_ Necesita hablar con él.
_ ¡NO! Señorita usted me tiene que ayudar. Ese señor me tiene secuestrada. Usted le tiene que avisar a la policía.
_ La noto muy inquieta. LO mejor es que descanse.
_ No. Yo necesito que usted me ayude. Ese señor es un criminal. Está loco. Yo estoy corriendo peligro.
_ Por favor, traté de comunicarse con una persona. Se llama María Berenice Contreras. Si quiere anote el teléfono.
_ Hagamos una cosa: deme el telefono y yo me trató de comunicar con esa persona.
La enfermera apuntó el número telefónico -o al menos representó la pantomima de que lo hacía- y luego e marchó. Minutos después ingresó a la habitación Oliverio Esguerra.
_ Ya me informaron que se quería escapar y que me quería denunciar. Pues lamento mucho frustrarle sus planes, pero eso no se va a poder.
_ ¡Usted es un miserable!
_ Ya se lo advertí. Prácticamente yo soy el dueño de este pueblo. Siempre me salgo con la mía... Lo mejor es que no me vuelva a hacer pasar estos sustos. De ahora en adelante se tiene que portar bien, comer con juicio para que no se vuelva a enfermar.
_ No sea cínico. Si yo me enferme fue por su culpa. Y me voy a seguir negando a comer. Prefiero morirme de hambre antes que seguir viviendo con usted.
_ ¡Es increíble! Ni siquiera postrada en la cama de un hospital pierde los bríos.
Era sábado y el pequeño Pablo cumplía con su papel de monaguillo. Después de misa el padre Honorio invitó al niño a la casa cural.
_ Está siendo calor, ¿no?
_ Un poquito.
_ ¿Qué te parece si tomamos una ducha, juntos.
_ ¡No! ¡¿Cómo se le ocurre?!
_ ¿Qué tiene de malo? Simplemente vamos a refrescarnos por este calor.
_ Mejor no.
_ Bueno. Está bien. Hablemos de otra cosa. Has vuelto a sentirte atraído por alguno de tus compañeritos.
_ No quiero volver a hablar de eso.
_ ¿Por qué? Eso no tiene nada de malo. Yo también he sentido lo mismo. Es más, no te gustaría que te enseñara cosas que te van a gustar mucho. Te voy a mostrar algo muy interesante.
Fue así como se consumó el abuso en contra del pequeño Pablo.
_ ¿es que no piensa probar bocado?- Le preguntó Oliverio a Esperanza quien se negaba a salir de su habitación.
_ Ya le dije que de usted no quiero nada- contestó ésta lanzando por los aires la bandeja con la comida ofrecida por su verdugo.
_ ¿Hasta cuándo va a seguir con esa actitud? No pierda su tiempo. Puede hacer todos los berrinches que quiera, pero de esta casa no sale.
_ Y usted me puede tener aquí secuestrada todo el tiempo que quiera, pero de mí no va a conseguir nada. Yo no voy a permitir que me haga nada, que me toque un pelo.
_ Si yo quisiera obligarla a hacer algo hace mucho que lo hubiera hecho. Piense un poquito niña. Reflexione y se va a dar cuenta que haberme conocido a mí es lo mejor que le pudo haber pasado en su triste vida.
Pasaron dos días y Esperanza siguió sin comer lo que repercutió negativamente en su salud, tanto así que terminó desvaneciéndose tras tener otro enfrentamiento con Oliverio. Hubo necesidad de que su secuestrador la llevara a una clínica para que recibiera asistencia médica. Pero él se cuidó de evitar que aquella presa que consideraba de su propiedad tuviera opción de comunicarse con el mundo exterior y pedir ayuda.
_ ¿Dónde estoy? -preguntó Esperanza luego de despertar y darse cuenta de que estaba en el hospital.
_ Esta en la Clínica. La tuvieron que traer por un cuadro de deshidratación severa- le respondió la enfermera.
_ No recuerdo nada.
_ Es obvio. Me dicen que usted llevaba varios días sin comer.
Poco a poco la joven recuperó la conciencia y se percató de que aquella era la oportunidad para alertar a alguien conocido acerca de lo que le estaba pasando.
_ ¿Dónde está ese tipo? ¿Oliverio?
_ Necesita hablar con él.
_ ¡NO! Señorita usted me tiene que ayudar. Ese señor me tiene secuestrada. Usted le tiene que avisar a la policía.
_ La noto muy inquieta. LO mejor es que descanse.
_ No. Yo necesito que usted me ayude. Ese señor es un criminal. Está loco. Yo estoy corriendo peligro.
_ Por favor, traté de comunicarse con una persona. Se llama María Berenice Contreras. Si quiere anote el teléfono.
_ Hagamos una cosa: deme el telefono y yo me trató de comunicar con esa persona.
La enfermera apuntó el número telefónico -o al menos representó la pantomima de que lo hacía- y luego e marchó. Minutos después ingresó a la habitación Oliverio Esguerra.
_ Ya me informaron que se quería escapar y que me quería denunciar. Pues lamento mucho frustrarle sus planes, pero eso no se va a poder.
_ ¡Usted es un miserable!
_ Ya se lo advertí. Prácticamente yo soy el dueño de este pueblo. Siempre me salgo con la mía... Lo mejor es que no me vuelva a hacer pasar estos sustos. De ahora en adelante se tiene que portar bien, comer con juicio para que no se vuelva a enfermar.
_ No sea cínico. Si yo me enferme fue por su culpa. Y me voy a seguir negando a comer. Prefiero morirme de hambre antes que seguir viviendo con usted.
_ ¡Es increíble! Ni siquiera postrada en la cama de un hospital pierde los bríos.
Era sábado y el pequeño Pablo cumplía con su papel de monaguillo. Después de misa el padre Honorio invitó al niño a la casa cural.
_ Está siendo calor, ¿no?
_ Un poquito.
_ ¿Qué te parece si tomamos una ducha, juntos.
_ ¡No! ¡¿Cómo se le ocurre?!
_ ¿Qué tiene de malo? Simplemente vamos a refrescarnos por este calor.
_ Mejor no.
_ Bueno. Está bien. Hablemos de otra cosa. Has vuelto a sentirte atraído por alguno de tus compañeritos.
_ No quiero volver a hablar de eso.
_ ¿Por qué? Eso no tiene nada de malo. Yo también he sentido lo mismo. Es más, no te gustaría que te enseñara cosas que te van a gustar mucho. Te voy a mostrar algo muy interesante.
Fue así como se consumó el abuso en contra del pequeño Pablo.
lunes, 22 de febrero de 2016
LA BASTARDA PARTE 42
MARTES 16 DE JUNIO
Esperanza y OLiverio eran como el agua y el aceite. La una encarnaba la rectitud, los buenos principios, el deseo de ayudar a otros desisteresadamente, el desapego a lo material y el otro representaba la corrupción, el abuso de poder, la avaricia y sensualismo desmedidos. Pero eso excitaba al mafioso y por ello se había trazado como meta derrotar el orgullo de aquella muchacha hasta hacerla suya.
_ ¿Qué pasa? ¿Por qué no ha bajado a desayunar?- le preguntó el hombre a Esperanza. La chica se había recluido en la habitación que el mafioso había preparado para ella.
_ Ya le dije que no quiero nada de usted.
_ ¿Hasta cuándo va a seguir con ese orgullo chimbo? ¿O es que prefiere que la lleve otra vez a esa finca para que se ponga a atender clientes? Arréglese que le voy a comprar ropa, porque no pretenderá seguir con esos chiros toda la vida, ¿o sí?
_ De usted no quiero absolutamente nada. ¡En qué idioma se lo tengo que decir!
OLiverio no le hizo caso y se marchó a su despacho para hablar con Débora telefónicamente.
_ ¿Cómo le termino de ir con su regalito? -preguntó la infame mujer.
_ Muy bien. Esa niña es tal cual yo se la pedí. Sabe que me recuerda mucho a esa amiga suya que usted me presentó hace muchos años...
_ Tal parece que usted quedó obsesionado con esa amiga mía. A pesar de que ha pasado tanto tiempo todavía se acuerda de ella.
_ Siempre me quedé con la duda de saber qué pasó con ella.
_ Lo más seguro es que mi amiga no vuelva a aparecer nunca más. Créame, ella se fue de ese pueblo para no volver.
Mientras ello ocurría el la casa del mafioso esguerra, María Berenice vivía su propio drama por no saber noticias de Esperanza. No se despegaba un segundo de su celular confiando en que cualquier momento su entrañable amiga diera señales de vida.
_ ¿No se ha sabido nada de Esperanza? -indagó Ebelia.
_ No. Yo nunca les voy a perdonar que no me dejaran acompañarla. Yo estoy segura que a ella les paso algo malo.
_ Esa muchacha fue muy irresponsable al tomar la decisión de viajar para esa supuesta oferta de trabajo. Y usted hizo muy mal en secundarla. Yo también me temó que esa pobre muchacha allá terminado en una red de trata de personas y si usted la hubiera acompañado hubiera terminado igual.
_ Mamá nosotras tenemos que ir a la Policía. Denunciar lo que está pasando. Esperanza puede estar en peligro.
_ En eso debió pensar ella antes de meterse en la boca del lobo.
Había pasado un tiempo considerable y OLiverio nuevamente fue en busca de Esperanza.
_ ¿Qué pasa? ¿Nada que se arregla?
_ Yo no voy a ir con usted a ninguna parte. Lo único que quiero es que me deje salir de aquí.
El mafioso se acerca a la muchacha como un toro enbravecido.
_ ¿Y para qué se quiere ir? ¿Para denunciarme a la POlicía? ¿Para eso?
Esperanza se incorporó de la cama y le contestó:
_ sí. para eso.
_ Eso es perder el tiempo niñita. Yo tengo comprada a toda la policía de este pueblo. Ellos son como subalternos míos. Y prácticamente también tengo comprada a la justicia. Por eso nadie me investiga, nadie ha podido meterme preso.
_ Pues me voy a otra ciudad a denunciarlo. Algo voy a hacer.
_ La rescaté de convertirse en una vulgar prostituta y así es como me paga: amenazando con mandarme a la cárcel. Pero no le voy a dar el gusto. Usted de esta casa no sale. Su vida me pertenece y entre más rápido lo entienda, mejor.
Cayó la tarde y Pablo se dirigió a la Iglesia a cumplir su papel como monaguillo. El cura honorio -el mismo que había reemplazo al cura Epifanio- le pidió al niño que se quedara un tiempo más para sostener una importante charla en la sacristía.
_ Pablito con respecto a lo que me confesaste la otra vez., eso de que te sentiste atraído por un compañero de clases, pues dejame decirte que no es ningún pecado lo que estás sintiendo.
_ Pero la profesora de religión dice que si es pecado.
_ Ella no conoce lo suficiente la palabra de Dios y por eso dice esas cosas. Sabes yo también he sentido lo mismo que tú.
_ pero eso es malo padre. La profesora dice que los machos deben juntarse con las hembras.
_ Los seres humanos no somos iguales a los animales y por eso podemos experimentar cosas que ellos no. Yo te voy a demostrar que lo que tú y yo sentimos no está mal, pero debes guardar el secreto. No debemos contarle a nadie lo que te estoy diciendo. Desafortunadamente la gente no entiende de estas cosas y juzga muy fuerte a los que sentimos estos deseos. Yo me quiero encargar de orientarte para experimentar cosas maravillosas tú y yo- aseguró el depravado cura que era la completa antítesis del padre Epifanio.
Al final de la tarde Oliverio decidió entrar nuevamente a la habitación de la chica que tenía prisionera y lanzó sobre su cama mucha ropa que había comprado.
_ Tuve que adivinar su talla porque a usted no se le dio la gana de acompañarme. Si no le queda buena la podemos ir a cambiar. Es la ropa más cara y fina que se puede conseguir en este pueblo- dijo el hombre para luego marcharse. Esperanza palpó y observó la ropa y pudo combrobar así que se trataba de prendas costosas que ella jamás en su vida había usado. Junto todas esa ropa entre sus manos y la lanzó al suelo con rabia
Lejos de allí María Berenice, Berenice y Ebelia se habían reunido para cenar.
_ María Berenice yo he estado pensando y creo que el tiempo de vagancia para usted debe llegar a su fin. Lo mejor es que vaya pensando en estudiar alguna carrera aunque sea técnica o tecnológica -sugirió Ebelia.
_ Mamá, usted sabe que a mí no me gusta estudiar. Yo perfectamente puedo seguir trabajando en la peluquería. Además yo no tengo cabeza para pensar en estudio ahora. En lo único que pienso es en lo que puede estar pasando con Esperanza.
_ ¡Usted no puede vivir en función de esa muchachita! Ella ya hizo su vida. SEguramente le está yendo divinamente en ese trabajo que se consiguió sin acordarse siquiera de usted. Así que va siendo hora de que se olvide de esa obsesión ridícula que siente por ella y empiece a vivir su propia vida- exclamó la madre de maría berenice.
Esperanza y OLiverio eran como el agua y el aceite. La una encarnaba la rectitud, los buenos principios, el deseo de ayudar a otros desisteresadamente, el desapego a lo material y el otro representaba la corrupción, el abuso de poder, la avaricia y sensualismo desmedidos. Pero eso excitaba al mafioso y por ello se había trazado como meta derrotar el orgullo de aquella muchacha hasta hacerla suya.
_ ¿Qué pasa? ¿Por qué no ha bajado a desayunar?- le preguntó el hombre a Esperanza. La chica se había recluido en la habitación que el mafioso había preparado para ella.
_ Ya le dije que no quiero nada de usted.
_ ¿Hasta cuándo va a seguir con ese orgullo chimbo? ¿O es que prefiere que la lleve otra vez a esa finca para que se ponga a atender clientes? Arréglese que le voy a comprar ropa, porque no pretenderá seguir con esos chiros toda la vida, ¿o sí?
_ De usted no quiero absolutamente nada. ¡En qué idioma se lo tengo que decir!
OLiverio no le hizo caso y se marchó a su despacho para hablar con Débora telefónicamente.
_ ¿Cómo le termino de ir con su regalito? -preguntó la infame mujer.
_ Muy bien. Esa niña es tal cual yo se la pedí. Sabe que me recuerda mucho a esa amiga suya que usted me presentó hace muchos años...
_ Tal parece que usted quedó obsesionado con esa amiga mía. A pesar de que ha pasado tanto tiempo todavía se acuerda de ella.
_ Siempre me quedé con la duda de saber qué pasó con ella.
_ Lo más seguro es que mi amiga no vuelva a aparecer nunca más. Créame, ella se fue de ese pueblo para no volver.
Mientras ello ocurría el la casa del mafioso esguerra, María Berenice vivía su propio drama por no saber noticias de Esperanza. No se despegaba un segundo de su celular confiando en que cualquier momento su entrañable amiga diera señales de vida.
_ ¿No se ha sabido nada de Esperanza? -indagó Ebelia.
_ No. Yo nunca les voy a perdonar que no me dejaran acompañarla. Yo estoy segura que a ella les paso algo malo.
_ Esa muchacha fue muy irresponsable al tomar la decisión de viajar para esa supuesta oferta de trabajo. Y usted hizo muy mal en secundarla. Yo también me temó que esa pobre muchacha allá terminado en una red de trata de personas y si usted la hubiera acompañado hubiera terminado igual.
_ Mamá nosotras tenemos que ir a la Policía. Denunciar lo que está pasando. Esperanza puede estar en peligro.
_ En eso debió pensar ella antes de meterse en la boca del lobo.
Había pasado un tiempo considerable y OLiverio nuevamente fue en busca de Esperanza.
_ ¿Qué pasa? ¿Nada que se arregla?
_ Yo no voy a ir con usted a ninguna parte. Lo único que quiero es que me deje salir de aquí.
El mafioso se acerca a la muchacha como un toro enbravecido.
_ ¿Y para qué se quiere ir? ¿Para denunciarme a la POlicía? ¿Para eso?
Esperanza se incorporó de la cama y le contestó:
_ sí. para eso.
_ Eso es perder el tiempo niñita. Yo tengo comprada a toda la policía de este pueblo. Ellos son como subalternos míos. Y prácticamente también tengo comprada a la justicia. Por eso nadie me investiga, nadie ha podido meterme preso.
_ Pues me voy a otra ciudad a denunciarlo. Algo voy a hacer.
_ La rescaté de convertirse en una vulgar prostituta y así es como me paga: amenazando con mandarme a la cárcel. Pero no le voy a dar el gusto. Usted de esta casa no sale. Su vida me pertenece y entre más rápido lo entienda, mejor.
Cayó la tarde y Pablo se dirigió a la Iglesia a cumplir su papel como monaguillo. El cura honorio -el mismo que había reemplazo al cura Epifanio- le pidió al niño que se quedara un tiempo más para sostener una importante charla en la sacristía.
_ Pablito con respecto a lo que me confesaste la otra vez., eso de que te sentiste atraído por un compañero de clases, pues dejame decirte que no es ningún pecado lo que estás sintiendo.
_ Pero la profesora de religión dice que si es pecado.
_ Ella no conoce lo suficiente la palabra de Dios y por eso dice esas cosas. Sabes yo también he sentido lo mismo que tú.
_ pero eso es malo padre. La profesora dice que los machos deben juntarse con las hembras.
_ Los seres humanos no somos iguales a los animales y por eso podemos experimentar cosas que ellos no. Yo te voy a demostrar que lo que tú y yo sentimos no está mal, pero debes guardar el secreto. No debemos contarle a nadie lo que te estoy diciendo. Desafortunadamente la gente no entiende de estas cosas y juzga muy fuerte a los que sentimos estos deseos. Yo me quiero encargar de orientarte para experimentar cosas maravillosas tú y yo- aseguró el depravado cura que era la completa antítesis del padre Epifanio.
Al final de la tarde Oliverio decidió entrar nuevamente a la habitación de la chica que tenía prisionera y lanzó sobre su cama mucha ropa que había comprado.
_ Tuve que adivinar su talla porque a usted no se le dio la gana de acompañarme. Si no le queda buena la podemos ir a cambiar. Es la ropa más cara y fina que se puede conseguir en este pueblo- dijo el hombre para luego marcharse. Esperanza palpó y observó la ropa y pudo combrobar así que se trataba de prendas costosas que ella jamás en su vida había usado. Junto todas esa ropa entre sus manos y la lanzó al suelo con rabia
Lejos de allí María Berenice, Berenice y Ebelia se habían reunido para cenar.
_ María Berenice yo he estado pensando y creo que el tiempo de vagancia para usted debe llegar a su fin. Lo mejor es que vaya pensando en estudiar alguna carrera aunque sea técnica o tecnológica -sugirió Ebelia.
_ Mamá, usted sabe que a mí no me gusta estudiar. Yo perfectamente puedo seguir trabajando en la peluquería. Además yo no tengo cabeza para pensar en estudio ahora. En lo único que pienso es en lo que puede estar pasando con Esperanza.
_ ¡Usted no puede vivir en función de esa muchachita! Ella ya hizo su vida. SEguramente le está yendo divinamente en ese trabajo que se consiguió sin acordarse siquiera de usted. Así que va siendo hora de que se olvide de esa obsesión ridícula que siente por ella y empiece a vivir su propia vida- exclamó la madre de maría berenice.
viernes, 19 de febrero de 2016
LA BASTARDA PARTE 41
LUNES 15 DE JUNIO
Despuntando el alba el temible OLiverio Esguerra llegó a su casa en compañía de Esperanza. Ambos se apearon del vehículo que los había transportado hasta allí.
_ ¿Qué espera? Entre a la casa -ordenó el mafioso.
_ Primero tengo que ir a una estación de policía a denunciar lo que está pasado.
_ ¿Denunciar qué?
_ ¿Cómo que qué? Que a esas muchachas las tienen secuestradas allá y las están obligando a prostituirse. Usted me tiene que ayudar. Si usted fue capaz de rescatarme eso significa que es una buena persona.
_ ¡Ay niña! -exclamó el hombre mientras reía- Usted resultó más ingenua de lo que pensaba.
_ ¿De qué está hablando?
_ Yo no puedo denunciar lo que está pasando con sus amiguitas, porque eso sería como denunciarme a mí mismo.
_ No entiendo.
_ ¡¿Se lo tengo que explicar con plastilina, o qué?! Yo fui el que mandó a reclutar a esas muchachas para que terminaran trabajando en eso que están haciendo.
_ ¿Usted no era un simple cliente?
_ Mire la camioneta en la que viajamos, mire la mansión en la que vivo... ¿Le parece que yo soy un simple cliente? No niña. Yo prácticamente soy el dueño de este pueblo, soy el dueño de La Esperanza. Aquí no se mueve una hoja sin que yo me dé cuenta. El nombre de OLiverio Esguerra no le dice algo.
Esperanza quedó estupefacta al escuchar esa confesión. Nunca se imaginó que algún día iba a estar en frente del hombre responsable de que un pacífico pueblo se hubiese convertido en un lupanar de viciosos, maleantes y prostitutas.
_ ¿Qué le pasa niña? ¿Por qué se quedó callada? -preguntó el hombre.
_ Usted me debe estar tomando del pelo. Usted no puede ser ese señor.
_ Claro que lo soy. ¿Quiere que le muestre mi cédula para que se convenza?
_ ¿Para qué me rescató de ese lugar? ¿Para que me trajo aquí?
_ La traje aquí porque desde el momento en que nos conocimos decidí que usted iba a ser una posesión mía.
Esperanza emprendió la huida, pero fue interceptada por uno de los lavaperros de ESguerra.
_ ¡¿Suélteme cerdo?!
_ No pierda su tiempo tratando de escapar. ¡Jairo, llévela a la casa!
El lavaperro obedeció la orden y a rastras condujo a Esperanza al interior de la enorme mansión. Mientras tanto, Yolanda tenía que lidiar con pequeños dramas domésticas.
_ ¿Dónde está su hermana? -le opreguntó la mujer a Pablo mientras éste desayunaba.
_ Está encerrada en su pieza.
Yolanda subió al segundo piso y se internó en el aposento de su hija.
_ ¿Qué pasa? ¿Por qué no se ha bañado y vestido? Se le va a hacer tarde para ir al colegio.
_ Yo no quiero volver a ningún colegio- contestó la joven boca abajo sobre la cama.
_ ¡Déjese de berrinches y alístese?
_ ¡No! Yo lo único que quiero es que mi papá vuelva a esta casa. Yo no quiero vivir sin padre como la maldita de Esperanza.
Yolanda tomó aire y se sentó en la cama junta a su hija.
_ El hecho de que Horacio ya no viva en esta casa no significa que deje de ser su padre.
_ Yo no puedo creer que usted le siga el juego a la morronga de Esperanza. Eso era lo que ella quería, destruirles el matrimonio.
_ No. Ese matrimonio ya estaba destruido desde mucho antes. Y lo siento mucho, puede rogar y patalear, pero yo con su papá no voy a volver. Hágase a la idea- aseguró Yolanda con un tono firme y enfático.
Sentada en uno de los lujosos muebles de la sala de Oliverio Esguerra, Esperanza no hacía más que llorar y llorar.
_ ¿Hasta cuándo va a seguir en esa actitud? -preguntó el hombre.
_ ¿Para qué me trajo aquí? ¿Qué es lo que quiere de mí?
_ De usted lo quiero todo.
_ ¡Primero muerta antes de dejarme poner una mano encima de usted! ¡Yo que pensaba que había encontrado a una buena persona, a mi salvador, al ángel que me había rescatado de un lugar horrible! ¡Pero qué va, terminé en manos del peor hampón de este pueblo!
_ Casi todas las muchachas de este pueblo se sentirían afortunadas de que yo les prestara atención.
_ Yo no soy como todas las demas -señaló Esperanza incorporándome de su asiento y mirando fijamente a los ojos a su interlocutor- Yo no me dejó deslumbrar por lujos y por dinero. Para mí usted no es más que un delincuente. Una persona despreciable que fue capaz de mandar a matar a uno de los hombres más buenos y valientes de este pueblo, el padre Epifanio. Un tipo que envenena a la juventud con esa porquería de la hierba mugen, que obliga a muchachas inocentes a prostituirse, que ha llenado este pueblo de sicarios y delincuentes...
_ ¿Ya terminó? Para usted puede ser lo peor, pero para muchos otros en este pueblo yo soy un ídolo. Todo depende del cristal por el que se mire. A fin de cuentas la moral es una cosa tan relativa. Yo he hecho mucho por este pueblo. Le he entregado más plata a la gente de este pueblo de lo que nunca ha hecho ningún político, ni mucho menos curitas que sólo hablaban basura como el tal padre Epifanio.
_ Epifanio era un santo que buscaba lo mejor para este pueblo, en cambio usted sólo hace esas obritas de caridad para limpiar la conciencia tan cochina que tiene- espetó Esperanza. Oliverio reaccionó rodeándola con sus brazos.- ¡Súelteme!
_ Yo podré ser el ser más ruin de este pueblo, pero ahora usted es mía. Y contra eso no podrá hacer nada -sentenció el hombre para luego besar a la muchacha a la fuerza. Ella reaccionó mordiéndole un labio hasta hacerlo sangrar.
_ ¡Máldita bestia!- Exclamó Oliverio soltando a su presa y llevándose su mano izquierda a la boca- ¿Pero sabe que eso me excita? Entre más bravo el toro mejor la corrida. Más temprano que tarde voy a terminar doblegando ese orgullo que se gasta muchachita pendeja.
Despuntando el alba el temible OLiverio Esguerra llegó a su casa en compañía de Esperanza. Ambos se apearon del vehículo que los había transportado hasta allí.
_ ¿Qué espera? Entre a la casa -ordenó el mafioso.
_ Primero tengo que ir a una estación de policía a denunciar lo que está pasado.
_ ¿Denunciar qué?
_ ¿Cómo que qué? Que a esas muchachas las tienen secuestradas allá y las están obligando a prostituirse. Usted me tiene que ayudar. Si usted fue capaz de rescatarme eso significa que es una buena persona.
_ ¡Ay niña! -exclamó el hombre mientras reía- Usted resultó más ingenua de lo que pensaba.
_ ¿De qué está hablando?
_ Yo no puedo denunciar lo que está pasando con sus amiguitas, porque eso sería como denunciarme a mí mismo.
_ No entiendo.
_ ¡¿Se lo tengo que explicar con plastilina, o qué?! Yo fui el que mandó a reclutar a esas muchachas para que terminaran trabajando en eso que están haciendo.
_ ¿Usted no era un simple cliente?
_ Mire la camioneta en la que viajamos, mire la mansión en la que vivo... ¿Le parece que yo soy un simple cliente? No niña. Yo prácticamente soy el dueño de este pueblo, soy el dueño de La Esperanza. Aquí no se mueve una hoja sin que yo me dé cuenta. El nombre de OLiverio Esguerra no le dice algo.
Esperanza quedó estupefacta al escuchar esa confesión. Nunca se imaginó que algún día iba a estar en frente del hombre responsable de que un pacífico pueblo se hubiese convertido en un lupanar de viciosos, maleantes y prostitutas.
_ ¿Qué le pasa niña? ¿Por qué se quedó callada? -preguntó el hombre.
_ Usted me debe estar tomando del pelo. Usted no puede ser ese señor.
_ Claro que lo soy. ¿Quiere que le muestre mi cédula para que se convenza?
_ ¿Para qué me rescató de ese lugar? ¿Para que me trajo aquí?
_ La traje aquí porque desde el momento en que nos conocimos decidí que usted iba a ser una posesión mía.
Esperanza emprendió la huida, pero fue interceptada por uno de los lavaperros de ESguerra.
_ ¡¿Suélteme cerdo?!
_ No pierda su tiempo tratando de escapar. ¡Jairo, llévela a la casa!
El lavaperro obedeció la orden y a rastras condujo a Esperanza al interior de la enorme mansión. Mientras tanto, Yolanda tenía que lidiar con pequeños dramas domésticas.
_ ¿Dónde está su hermana? -le opreguntó la mujer a Pablo mientras éste desayunaba.
_ Está encerrada en su pieza.
Yolanda subió al segundo piso y se internó en el aposento de su hija.
_ ¿Qué pasa? ¿Por qué no se ha bañado y vestido? Se le va a hacer tarde para ir al colegio.
_ Yo no quiero volver a ningún colegio- contestó la joven boca abajo sobre la cama.
_ ¡Déjese de berrinches y alístese?
_ ¡No! Yo lo único que quiero es que mi papá vuelva a esta casa. Yo no quiero vivir sin padre como la maldita de Esperanza.
Yolanda tomó aire y se sentó en la cama junta a su hija.
_ El hecho de que Horacio ya no viva en esta casa no significa que deje de ser su padre.
_ Yo no puedo creer que usted le siga el juego a la morronga de Esperanza. Eso era lo que ella quería, destruirles el matrimonio.
_ No. Ese matrimonio ya estaba destruido desde mucho antes. Y lo siento mucho, puede rogar y patalear, pero yo con su papá no voy a volver. Hágase a la idea- aseguró Yolanda con un tono firme y enfático.
Sentada en uno de los lujosos muebles de la sala de Oliverio Esguerra, Esperanza no hacía más que llorar y llorar.
_ ¿Hasta cuándo va a seguir en esa actitud? -preguntó el hombre.
_ ¿Para qué me trajo aquí? ¿Qué es lo que quiere de mí?
_ De usted lo quiero todo.
_ ¡Primero muerta antes de dejarme poner una mano encima de usted! ¡Yo que pensaba que había encontrado a una buena persona, a mi salvador, al ángel que me había rescatado de un lugar horrible! ¡Pero qué va, terminé en manos del peor hampón de este pueblo!
_ Casi todas las muchachas de este pueblo se sentirían afortunadas de que yo les prestara atención.
_ Yo no soy como todas las demas -señaló Esperanza incorporándome de su asiento y mirando fijamente a los ojos a su interlocutor- Yo no me dejó deslumbrar por lujos y por dinero. Para mí usted no es más que un delincuente. Una persona despreciable que fue capaz de mandar a matar a uno de los hombres más buenos y valientes de este pueblo, el padre Epifanio. Un tipo que envenena a la juventud con esa porquería de la hierba mugen, que obliga a muchachas inocentes a prostituirse, que ha llenado este pueblo de sicarios y delincuentes...
_ ¿Ya terminó? Para usted puede ser lo peor, pero para muchos otros en este pueblo yo soy un ídolo. Todo depende del cristal por el que se mire. A fin de cuentas la moral es una cosa tan relativa. Yo he hecho mucho por este pueblo. Le he entregado más plata a la gente de este pueblo de lo que nunca ha hecho ningún político, ni mucho menos curitas que sólo hablaban basura como el tal padre Epifanio.
_ Epifanio era un santo que buscaba lo mejor para este pueblo, en cambio usted sólo hace esas obritas de caridad para limpiar la conciencia tan cochina que tiene- espetó Esperanza. Oliverio reaccionó rodeándola con sus brazos.- ¡Súelteme!
_ Yo podré ser el ser más ruin de este pueblo, pero ahora usted es mía. Y contra eso no podrá hacer nada -sentenció el hombre para luego besar a la muchacha a la fuerza. Ella reaccionó mordiéndole un labio hasta hacerlo sangrar.
_ ¡Máldita bestia!- Exclamó Oliverio soltando a su presa y llevándose su mano izquierda a la boca- ¿Pero sabe que eso me excita? Entre más bravo el toro mejor la corrida. Más temprano que tarde voy a terminar doblegando ese orgullo que se gasta muchachita pendeja.
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