viernes, 29 de enero de 2016

LA BASTARDA PARTE 35

SABADO 6 DE JUNIO

Ya habían pasado varios días desde que Yolanda resolvió echar a su marido y a su sobrina de su casa. Ahora que se sentía más tranquila y a instancias de su hija, la mujer accedió a hablar con Horacio para escuchar sus explicaciones. La sala de la casa fue el escenario escogido para que la conversación.

_ Bueno Horacio, lo escuchó. ¿Qué me tiene que decir? -le preguntó Yolanda a su marido con un semblante adusto.
_ Antes que nada le agradezco que haya aceptado hablar conmigo.
_ Al grano.
_ Yo necesito explicarle lo que pasó ese día. No es lo que usted se está imaginando. Fue esa muchacha la que me provocó, la que me sedujo. Yo nunca se lo había querido contar, pero a espaldas suyas Esperanza siempre me coqueteaba, me hacía insinuaciones. Yo nunca le hacía caso, pero desafortunadamente la carne es debil y ese día yo caí... -explicó el hombre en medio de titubeos.
_ ¿Y usted cree que eso justifica que usted haya hecho lo que hizo en mi propia casa?
_ Usted me tiene que creer. Yo me dejé enredar por esa muchachita. Siempre posaba de víctima y por eso yo le tenía conmiseración y ella se aprovechó de eso para enredarme, para seducirme. Pero yo a quien amo es usted.
_ Pues lo siento mucho, pero yo a usted no. Y lo que usted hizo no lo puedo perdonar. Yo sé los alcances de Esperanza; digna hija de una vagabunda a fin de cuentas. Pero eso no lo exime a usted de culpas. Ya tomé una decisión y no quiero vivir más con usted. Quiero que nos divorciemos.
_ ¡Usted no puede echar tantos años de matrimonio por la borda sólo por un error! ¡Piense en nuestros hijos!
_ ¡¿Y acaso usted pensó en ellos cuando hizo lo que hizo?! -dijo Yolanda elevando el tono de su voz para luego retomar esa actitud serena y ecuánime que había mantenido en el curso de la conversación-: Lo siento mucho. Y voy a hacer muy franca con usted: hace mucho tiempo que lo dejé de amar. Es más, yo creo que nunca lo amé en realidad. Con usted me metí por despecho, por olvidar una traición amorosa. Pero en realidad usted sólo me produce lástima. Siempre ha sido tan pusilánime, tan gris. Duré tanto tiempo junto a usted sólo por costumbre. Por conveniencia...
_ ¡Por favor, no me diga esas cosas!
_ ¡Déjeme terminar!Yo hace mucho tiempo que quería separarme de usted. No lo hacía pensando en nuestros hijos, en el qué dirán... Y ahora que pasó lo que pasó, tengo una excusa válida para no continuar con esta farsa. Ya no quiero volverla a ver. Le dejó el camino libre para que se quedé con la vagabunda de Esperanza y con la la que sea su amante, porque yo estoy segura de que usted siempre me fue infiel. Esta maldita enfermedad que usted "me pegó" es la prueba. Váyase. No se preocupe que no le voy a prohibir ver a los niños y ejercer su rol de padre. Pero de mí es mejor que se olvide para siempre.

Muy lejos de la casa y de los problemas de Yolanda y Horacio, el mafioso Oliverio Esguerra y su antigua amiga y mano derecha Débora hablaban sobre un "negocio" que indirectamente iba a afectar a Esperanza.

_ ¿Cómo va aquello Débora? -preguntó el delincuente arrellanado en la silla de su despacho.
_ Bien. Ya están haciendo los casting para encontrar a la nueva integrante de su harem.
_ Espero que eso no se demore. Estoy urgido de carne fresca.
_ Nunca he entendido por qué ustedes los hombres entre más viejos, más asaltacunas se vuelven.
_ La juventud siempre atrae.
_ Ojalá que no se le olvide que nosotras las mujeres maduras también tenemos nuestro encanto.

Entretanto en casa de Berenice todo marchaba normalmente. Su invitada se sentía muy cómoda aunque era consciente que, como dice el dicho, "el muerto y el arrimado al tercer día huelen a pescado".

_ Esperanza, le tengo una propuesta -anotó María Berenice mientras tomaba una merienda con su amiga en el comedor de la casa.
_ ¿Cuál?
_ Vámonos de rumba hoy.
_ Yo no tengo ánimos para eso.
_ Esperanza, usted no se puede echar a la pena toda la vida por lo que pasó.
_ Hace nada falleció mi abuela, hace nada mi tía me echó de la casa...
_ ¡Nada Esperanza! No sea tan aburrida. Usted lo que necesita es salir, distraerse. A mi también me hace falta salir de este encierro.
_ A mí me da pena con su mamá y su abuela. Yo estoy aquí de arrimada y no sería correcto que me pusiera a salir de rumba y llegar a la madrugada. Sería una falta de respeto.
_ ¡¿será que por una vez en la vida puede dejar de pensar en lo que es correcto?! ¡deje de ser tan santurrona y acépteme la invitación. Además usted no está aquí arrimada. Usted es mi invitada, no se le olvide... ¿Entonces qué, acepta?

Finalmente la mustia jovenzuela aceptó la propuesta. Las dos amigas se dedicaron esa noche a juerguear y a disfrutar hasta altas horas de la madrugada. Cuando regresaron a la casa lo hicieron con todo el sigilo del caso, pero no lograron evitar que Ebelia se percatara de su presencia. Luego de ver a las dos niñas encerrarse de la habitación, aquella quisquillosa mujer decidió "parar" oreja en la puerta para saber de qué estaban hablando.

_ Pero la pasamos bueno, ¿no esperanza? -dijo María Berenice visiblemente ebria.
_ ¡Chito! No hable tan duro que va a despertar a su mamá y a su tía.
_ Pero disfrutó, ¿o no? Se da cuenta que todo el mundo necesita momento de diversión.
_ Sí, pero lo mejor es que nos acostemos.
_ ¿Que nos acostemos? -resaltó la morena en medios de risitas apagadas-: Sabe que ese ha sido el sueño de toda mi vida, que pasemos la noche juntas.
_ ¿Usted de qué está hablando?
_ Lo que oyó panchita. ¡Usted me gusta, me fascina!
_ Baje la voz. Usted está borracha y ya no sabe ni lo que está diciendo.
_ ¡Sí, estoy borracha... borracha de amor por usted!
_ Ya no más María. Eso no es gracioso.
_ Lo que estoy diciendo no es un chiste Esperanza. Yo estoy enamorada de usted.

Ebelia no daba crédito a lo que estaba escuchando. Jamás se imaginó que su única hija a la que con esfuerzo había criado sin ayuda de un papá al lado, tuviera esas inclinaciones.

_ Lo mejor es que nos durmamos ya- sugirió Esperanza. La reacción de su amiga fue abalanzarse sobre ella y rodearla.
_ Esperanza, ¿usted qué siente por mí?
_ Definitivamente esos tragos le sentaron muy mal.
_ Al contrario, esos tragos me sentaron de maravilla porque me dieron el valor para decirle la verdad a usted... Esperanza, deme un beso...



miércoles, 27 de enero de 2016

LA BASTARDA PARTE 34

 MIÉRCOLES 3 DE JUNIO

_ Traté de hacer entrar en razón a Yolanda, pero fue imposible. Yo todavía no puedo creer que ese señor Horacio haya sido capaz de algo tan horrible si se ve tan serio, tan aplomado -le aseguró la negra Berenice a su hija Ebelia mientras saboreaban ambas una taza de café en el comedor de la casa.
_ Pues hasta ahora sólo hemos oído la versión de Esperanza. Habría que oír la versión de ese señor.
_ ¿Usted está poniendo en duda las palabras de Esperanza.
_ Yo no sé Mamá. No fui testigo de lo que pasó. Pero si de verdad ese tipo intentó abusar de Esperanza, ella debería denunciarlo.

Mientras madre e hija sostenían esa charla en el primer piso de aquella casa, al interior de su habitación María Berenice le sugería la misma idea a Esperanza: denunciar a Horacio ante las autoridades competentes.

_ Ese tipo tiene que pagar por lo que hizo. Si quiere yo la acompaño a la policía para que ponga la denuncia.
_ Es la palabra mía contra la de él- se lamentó Esperanza.
_ ¡No importa! ¡Usted no se puede quedar tan tranquila después de lo que pasó!

La agredida decidió hacerle caso a su amiga y ambas se enrrumbarán hasta la estación de policía más cercana. En el camino se encontraron con Martina y Pablo quienes iban con destino a su casa tras salir de colegio.

_ ¿Usted sigue dando vueltas por aquí después de lo que pasó? ¡Descarada! -afirmó la hija mayor de Yolanda y Horacio.
_ ¡Camine Esperanza! -ordenó María Berenice mientras halaba de un brazo a su amiga.
_ Estará contenta, ¿no zorra? Consiguió lo que quería: acabar con el matrimonio de mis papás y destruirme a mi la vida -insistió Martina.
_ No hable de lo que no sabe niñita -dijo María Berenice.
_ Mi mamá siempre tuvo la razón. ¡Usted es una mosca muerta, una desgraciada! ¡La odio maldita! ¡No se imagina cuánto la odio! -gritó Martina. Pablo sólo guardaba silencio mientras le dirigía a su prima una mirada de confusión y angustia.
_ ¿Sabe qué María Berenice?: devólvanos para su casa - pidió Esperanza. Las dos amigas se alejaron del par de hijos de Horacio y Yolanda.
_ ¿Qué pasa Esperanza? ¿No vamos a ir a la estación?
_ No. Yo no voy a interponer ninguna denuncia. Con que no vuelva a ver a ese señor nunca más en la vida quedo satisfecha.
_ ¡¿Cómo así Esperanza?! ¡Ese señor no puede quedar tan campante!
_ Yo no quiero atormentarla la existencia a mis primos. Ellos no tienen la culpa de tener el papá que tienen. Mejor dejemos las cosas de ese tamaño.

Al regresar a la casa de su amiga Esperanza se encerró en la alcoba donde pernoctaba. En el primer piso María Berenice le informó a su familia sobre los últimos acontecimientos.

_ ¿En serio Esperanza no quiso denunciar a ese señor? -preguntó la mayor de las tres afrodescendientes.
_ Pues me parece muy raro. Y aparte un gran error -anotó Ebelia.
_ Lo que pasa es que Esperanza es demasiado noble y no quiere enredarle más la vida a ese señor. Ella piensa que si lo denuncia eso le va afectar a sus primos -explicó María Berenice.
_ Ese señor se encargó solo de enredarse la vida haciendo la cochinada que hizo -opinó Berenice.

Finalmente cayó la noche. Esperanza ya acostada en la colchoneta que le habían adecuado como cama, lucía más tranquila.

_ Esperanza sabe que lo que pasó tuvo algo positivo -dijo María Berenice.
_ ¿Qué puede tener de positiva una situación tan horrible?
_ No me malinterprete. A lo que me refiero es que "gracias" a eso - la morena hizo el gesto de las comillas con las manos- Usted está viviendo aquí. Estamos compartiendo más tiempo juntas. Esperanza, yo nunca se lo había dicho, pero para mí usted es una persona muy importante. Me atrevería a decir que es la persona más importante después de mi abuela y mi mamá. Yo me alegro mucho de ser su amiga.

Al oír eso Esperanza estrechó la mano de su amiga.

_ Y bueno panchita, ¿qué se supone que va a hacer ahora? Siguen en pie los planes de irse a la capital a estudiar.
_ ¡Claro! Ahora más que nunca me quiero largar de este pueblo para no regresar nunca más. Yo no le había contado, pero mi abuela antes de morir me dejó unos ahorros. Eso me alcanza para sobrevivir un par de meses mientras consigo trabajo en la capital.
_ ¡Qué bueno! Definitivamente su abuela fue muy buena con usted le dejó parte de la casa y aparte le dejó unos ahorros... A propósito de eso, ¿usted no piensa pelear por esa casa? El 50% de esa casa es suya... de pronto hay algo legal que se pueda hacer...
_ A mí esa casa no me interesa -interrumpió Esperanza a su amiga con un dejo de rabia en su voz-: Por mí que mi tía se la quede toda, que haga lo que quiera con ella. Esa maldita casa ahora sólo me trae malos recuerdos.

lunes, 25 de enero de 2016

LA BASTARDA PARTE 33

MARTES 2 DE JUNIO

Tras discutir con su mujer Horacio se había marchado de la casa. La desazón que sentía lo condujo a una vieja cantina donde con alcohol intentó ahogar las penas. Pronto perdió la noción del tiempo y terminó pasando la noche en aquel lugar.

_ ¿Por qué mi papá no pasó la noche aquí? ¿Pelearon o qué? -indagó Martina mientras probaba el desayuno que su madre le había preparado.
_ No sé dónde pasó la noche -contestó Yolanda.
_ ¿Y por qué pelearon esta vez? -continuó preguntando la niña.
_ No voy a hablar del asunto y punto -sentenció su madre- ¿dónde está Esperanza?
_ Durmiendo. Desde que se graduó del colegio mi primita no hace sino dormir hasta la hora que se le da la gana -opinó Martina.
_ Deje de ser mentirosa que ella casi siempre madruga y desayuna con nosotros -increpó el pequeño Pablo.
_ Usted como siempre de sapo defendiendo a esa -le reprochó su hermana.
_ Bueno, terminen de desayunar que tenemos que salir para el colegio. Hoy los voy a llevar -ordenó la madre de los dos muchachos.

Y dicho y hecho. Como no era su costumbre Yolanda decidió acompañar a sus dos vástagos hasta el colegio. Durante su ausencia Horacio arribó a la casa. Con sigilo subió al segundo piso y se dirigió a la habitación de Esperanza. Una vez más la joven había dejado la puerta abierta confiada en que estaba sola en casa. Y una vez más Horacio se deleitaba observando el cuerpo desnudo de la sobrina de su mujer al cual sólo lo cubría una toalla; la joven apenas minutos antes había tomado una ducha.
El hombre, aún con los tragos en la cabeza, ingresó a los aposentos de Esperanza y ella notó su presencia.

_ Horacio, ¿usted qué hace ahí?
_ Esperanza, yo tengo que pedirle un favor: ¡por favor no se vaya de esta casa? -imploró el hombre mientras se acerca más y más a la muchacha objeto de su deseo.
_ ¿Usted está borracho?
_ Sí -afirmó el hombre y acto seguido rodeó con sus brazos a la joven- Borracho de amor por usted.
_ ¡¿qué le pasa Horacio?! ¡Suélteme!
_ ¡¿Es que nunca se ha dado cuenta de que la única razón por la que yo sigo viviendo en esta casa es usted?!
_ ¡¿cómo va decir esas cosas?! ¡Usted es el esposo de mi tía! -dijo la joven mientras forcejeaba con su familiar ebrio.
_ ¡Yo a esa mujer no la quiero! ¡A la única que quiere es a usted! ¡Usted es mi obsesión! ¡No hago otra cosa que pensar en usted día y noche!
_ Suélteme- gritó Esperanza. Pero sus ruegos fueron infructuosos; el hombre la tiró a la cama y se montó sobre ella con intenciones de ultrajarla. En ese preciso instante Yolanda llegó a la casa, alertada por el ruido subió al segundo piso y al acercarse al cuarto de su sobrina vio a su esposo sobre ella besándola a la fuerza.
_ ¿qué significa esto?- preguntó la mujer. Horacio volteó a mirar y Esperanza aprovechó para zafarse y escapar.
_ Tía -dijo la joven entre lágrimas.
_ ¡Ustedes son un par de miserables! -espetó Yolanda y luego se dirigió a su esposo:- ¡así que esta es la vagabunda con la que me estaba engañando!
_ ¡¿De qué está hablando tía?! ¿¡No se da cuenta de que ese cerdo trató de abusar de mí?! -señaló Esperanza indignada mientras HOracio yacía estupefacto sobre la cama.
_ ¡Cállese! Mírese. Está prácticamente desnuda y este infeliz está dentro de su habitación. No me crea estúpida. Usted es una mosca muerta. Una zorra igual que su mamá. Y yo que pensé, que contemplé la posibilidad de cambiar con usted, pero tarde o temprano sus malditos genes iban a relucir. ¡Quiero que ustedes dos se larguen de mi casa! Recojan sus cuatro chiros y lárguensen de mi casa -exigió Yolanda dominada por la ira.

A esperanza no le quedó más remedio que vestirse a toda carrera, abandonar esa casa donde había vivido durante 18 años y pedir posada donde su amiga María Berenice.

_ Yo no puedo creer que don Horacio haya sido capaz de hacer algo tan asqueroso. Si ese señor siempre me ha parecido muy decente -opinó la negra Berenice.
_ Pues créalo doña Berenice -replicó Esperanza sentado sobre un sofá y bañada en lágrimas.
_ Pero a usted su tía no la puede echar así como así. No se le olvide que esa casa también es suya, está a su nombre -recordó María Berenice.
_ Yo de esa maldita casa no quiero saber nada. Yo allá no pienso volver nunca.
_ Es increíble que su tía no le haya creído que ese asqueroso la quería violar si ella misma lo vio con sus propios ojos.
_ Ella siempre me ha odiado... a mí y a mi madre... y hoy me lo recordó. Yo les puedo pedir un favor: será que pueden ir a esa casa y recoger mis cosas. Yo apenas alcancé a ponerme lo primero que encontré y salí corriendo de esa casa.
_ No se preocupe mija. Yo me encargó de eso- dijo Berenice.

Sin demora la negra ya entrada en años se dirigió a la casa de Yolanda para hablar con ella. Tocó a la puerta y la amargada mujer salió a su encuentro.

_ ¿Cómo está, berenice?
_ Bien.
_ Supongo que ya se habrá enterado de lo que pasa hoy aquí.
_ Sí, Esperanza ya me contó y precisamente vengo a hablar con usted de eso.
_ Sobre ese tema no tengo nada qué hablar y menos con usted, y disculpe si sueno grosera.
_ ¿A usted sí le parece justo lo que está haciendo con Esperanza? Yo no fui testigo de lo que pasó, pero por lo que ella cuenta su marido intentó abusar de ella. ¿Entonces por qué la trata como si fuera culpable de lo que pasó?
_ Si de verdad Horacio fue capaz de hacer eso fue porque esa lo sedujo, lo provocó. él siempre ha tenido un comportamiento intachable. Además cuando los encontré ella estaba prácticamente desnuda. ¿Cómo me explica usted eso?
_ Es increíble que usted juzgue así a su propia sobrina. Ella me dice que recién se había bañado cuando ese señor apareció y entró a su cuarto. La puerta estaba abierta porque ella pensaba que estaba sola cuando ese señor apareció. Aquí el único culpable es él.
_ Esa es la versión de ella. Puede que ella se haya aprovechado de que ustedes la quieren mucho para lavarles el cerebro, pero conmigo eso no va a funcionar. Además yo en ningún momento estoy justicando a Horacio. A ese infeliz también lo eché de esta casa y no quiero volverlo a ver nunca más.
_ No se le olvide que la difunta Alicia dejó a nombre de Esperanza la mitad de esta casa.
_ Eso a mi no me importa. Yo tengo más derechos sobre esta casa que ella. Y yo no pienso compartir techo con esa vagabunda. Si quiere pelear por esta casa que busque un abogado o yo que sé. Lo siento Berenice, pero sí vino a abogar por esa sinverguenza pierde su tiempo. Usted fue testigo de lo que la mamá de esa vagabunda me hizo y tal parece que la hija heredó las mismas mañas. Y por favor no insista con el mismo tema porque de lo contrario me voy a olvidar que hemos sido amigas durante toda la vida.
_ Perfecto. No voy a insistir más. ¿Puedo recoger las cosas de Esperanza?
_ Bien pueda- contestó Yolanda haciendo el gesto de invitar a su interlocutora al interior de su casa- Llévese todas las pertenencias de esa mujerzuela. No quiero tener nada aquí que me la recuerde.

Esperanza aún en shock lloraba su tragedia encerrada en el cuarto de su amiga María Berenice.

_ ¡Usted no se puede quedar con los brazos cruzados! Esa casa es suya. ¡el único que se tiene que ir de ahí es el degenerado de Horacio, usted no! -insistió la joven morena.
_ Yo no tengo cabeza para pensar en eso ahora.
_ ¡quien ve al tal Horacio con esa cara de hueva que se gasta, pero esos son los peores! Maldito asqueroso a tipos como ese deberían cortarles el pe...
_ ¡Ya no más! Ya no quiero escuchar nada que tenga qué ver con eso señor- exigió Esperanza.

domingo, 24 de enero de 2016

LA BASTARDA PARTE 32

LUNES 1 DE JUNIO

_ Yo todavía no puedo creer que usted haya hecho lo que hizo. Fingir que estaba buscando puesto como empleada para meterse en la casa de esa señora - la manifestó Esperanza a su amiga María Berenice. Para romper con la rutina habían decidio reunirse en un lugar diferente a la casa donde residía la joven morena: se trataba de una fuente de soda situada en uno de los sectores más populosos del Centro en donde se decía que vendían los mejores helados de todo el pueblo.
_ Pues créalo de una vez por todas. Yo soy capaz de hacer eso y más. Pero no hablamos más de ese temita. Meterme a esa casa y confrontar a esa vieja cacreca sólo me sirvió para descubrir que mi papá era un infeliz cobarde que se dejaba manejar por la mamá. Hombre a fin de cuentas. Cada vez me convenzó más de que los hombres sólo sirven para hacer estorbo.
_ No hable tan mal de los hombres. Usted tard
e o temprano va a conseguir uno que le mueva el piso - replicó Esperanza mientras saboreaba una enorme copa de helado de vainilla.

De repente alguien apareció para interrumpir su charla. Se trataba de Jacobo, el hermano mayor de una de las compañeras de colegio de las dos jovencitas.

_ Hola muchachas. ¿Cómo están?
_ Jacobo. ¿Hace cuánto que no nos vemos? -dijo Esperanza mientras saludaba de beso al recién llegado.
_ Sí, mijito. Usted ha estado muy perdido últimamente -anotó María Berenice.
_ Es que he estado trabajando -contestó el joven mientras tomaba asiento- Precisamente quiero aprovechar que me las encontré para hacerles una propuesta relacionada con mi trabajo.
_ ¿Qué clase de propuesta? -preguntó Esperanza.
_ A ustedes no les gustaría convertirse en modelos

Al oír eso las muchachas estallaron en risa.

_ Modelos, pero de mal comportamiento será- apuntó la morena.
_ No. Yo estoy hablando en serio. Yo ahora estoy trabajando con una de las agencias de modelos más importantes de la capital. Ellos están buscando nuevas caras, caras frescas.
_ Pero nosotras de modelos no tenemos nada -aclaró Esperanza.
_ ¿Por qué dicen eso? Ustedes son muy bonitas. Además la agencia no está buscando a las típicas modelos de 1.80 y medidas perfectas. Ellos quieren un prototipo más cercano al de la mujer de este país. ¿Qué dicen? ¿No les suena mi propuesta?

Las muchachas intercambiaron miradas cargadas de escepticismo.

_ A mí la verdad no me suena la propuesta. No me lo tome a mal, pero he escuchado muchas historias de muchachas que participan en esas vainas de modelaje y terminan en poder de redes de trata de blancas -explicó Esperanza.
_ Me está ofendiendo esperancita. Yo nunca me prestaría a participar en un delito como ese. La agencia para la que yo trabajo es muy seria, acreditada.
_ Yo de usted lo pensaría Esperanza. Usted sí tendría futuro como modelo -sentenció María Berenice - a mí si eso no me llama la atención. Eso de estar exhibiéndose como un pedazo de carne para que lo morboseen un montón de cerdos asquerosos. No, nada qué ver.
_ Ustedes no se van a tener que exhibir ante nadie. Van a ser modelos de fotografía, de videos. No van a participar en desfiles. Claro, si no quieren -insistió Jacobo.
_ No Jacobo. Qué pena con usted, pero a mí tampoco  me interesa participar en eso. No creemos que tengamos el perfil para ese trabajo.
_ Bueno, las entendió. De todas maneras les dejo mi tarjeta -y le entregó una tarjeta tanto a Esperanza, como a María Berenice- Durante todo el mes de junio vamos a hacer casting, así que si cambian de opinión no duden en buscarme.

Mientras eso ocurría, Yolanda había acudido a urgencias para ser atendido por un médico. Después de mucha espera la consulta tuvo lugar.

_ Dígame señora, ¿en qué la puedo ayudar.
_ Doctor es que desde hace algunos días me salió una erupción extraña en el pecho y quisiera que usted la revisara -explicó Yolanda con un tono que indicaba la verguenza que sentía en ese momento. el médico se puso de pie y le revisó el pecho a la mujer.
_ Señora, todo parece indicar que esta erupción es producto del herpes.
_ ¿Herpes, doctor?
_ Sí, señora. Sabe lo que es, ¿Verdad?
_ Sí claro ... Es una enfermedad de transmisión sexual -dijo la mujer con un tono apesadumbrado y lastimero.
_ Usted está casada, ¿verdad? -preguntó el doctor mientras revisaba la historia clínica en su computador.
_ Sí doctor.
_ ¿Y su esposo es la única persona con la que sostiene relaciones? Perdone si la pregunta suena un poco impertinente.
_ Claro doctor -contestó Yolanda con tono enfático- Disculpe doctor ¿está enfermedad tiene cura?
_ Desafortunadamente no. Cuando el virus del herpes entra en la sangre es imposible de eliminar. Pero no se preocupe, es una dolencia que se puede controlar. Esa erupción desaparecerá al cabo de un par de días y puede pasar mucho tiempo para que reaparezca. Lo que sí me parece importante es que hable con su marido sobre este tema.
_ Por supuesto doctor. Es lo primero que voy a hacer.
_ Le voy a mandar un medicamento llamado aciclovir y otro medicamento para que se aplique en el cuerpo y tiene que venir a control en un par de semanas...

La vida sexual de Yolanda y Horacio era prácticamente inexistente. Pero días atrás la mujer había accedido a tener relaciones con él dada su insistencia. Además ella, como todos los seres humanos, también necesitaba desfogar sus pasiones y saciar su libido. Yolanda regresó a su casa llena de furia y decidida a pedirle cuentas al responsable de que ahora tuviera en sus venas circulando un virus peligroso que no se podía eliminar. Cuando ingresó a la vivienda, la mujer azotó la puerta con rabia atrayendo así la atención de su esposo.

_ ¿Qué pasó? Va atumbar la puerta Yolanda.
_ ¿Dígame con qué vagabunda me está haciendo infiel?
_ De qué está hablando.
_ Fui al médico y dijo que tengo herpes y adivine quién fue el miserable que me contagió de eso. Usted, ¡¿quién más?!

Horacio se quedó impávido ante esa revelación.

_ ¡Pero hable imbécil!¡No se quede callado como una momia! ¡¿Con qué mujerzuela se ha estado revolcando ahh?! Hombre tenía que ser. Todos están cortados con la misma tijera.
_ Si usted me complaciera como esposa yo no tendría que buscar placer en otro lado -espetó el hombre frente a lo cual Yolanda le zampó una cachetada.
_ Eso es en lo único que piensan ustedes, en quién les calme las ganas. Viven en función de eso. A partir de hoy no quiero volver a dormir con usted. ¡No quiero seguir compartiendo la misma cama con un maldito cerdo!

Dicho y hecho. Horacio debió mudarse al cuarto de servicio.


lunes, 18 de enero de 2016

LA BASTARDA PARTE 31

JUEVES 28 DE MAYO

_ Yo no no puedo creer que usted haya hecho eso. ¿Cómo fue tan loca? ¿Cómo se fue a meter a la casa de esa señora así?
_ Yo tenía que averiguar la verdad Esperanza. Costara lo que me costara tenía que averiguar la verdad -le explicó María Berenice a su amiga. Ambas como de costumbre estaban sentadas en la sala de la casa de la negra Berenice, acompañando su charla con un jugo y galletas.
_ Pero lo único que se ganó fue  que la humillaran.
_ No. Conocer a esa señora me sirvió para entender por qué mi papá y mi mamá no pudieron estar juntos. Seguro esa señora no hizo más que meterse en esa relación hasta que la dañó. Y si fue así, lo único que me da rabia es que mi papá no haya sido capaz de ponerle su tatequieto a esa bruja.
_ ¿Y fueron tan horribles las cosas que esa señora le dijo?
_ Horribles. Con decirle que nunca en mi vida me había sentido tan discriminada por mi color de piel.
Y usted sabe que en este pueblo la gente es racista con los negros.

Ignoraba María Berenice que mientras ella abuela con su amiga, su abuela había resuelto acudir a la casa de Prudencia Esguerra para reprocharle la humillación que le había infligido a la joven morena. La matrona negra se paró frente a las rejas de la mansión y toqué el timbre. Doris, la ama de llaves, salió a su encuentro.

_ ¿Qué se le ofrece señora?
_ Necesito hablar con la señora Prudencia Esguerra.
_ ¿Quién la busca y para qué la necesita?
_ Dígale que soy la abuela de la muchacha que ella humilló ayer.

Doris guardó silencio por unos segundos producto de la sorpresa y luego se decidió a hablar:

_ Señora, lo mejor es que se vaya. Doña Prudencia no la va atender.
_ De aquí no me muevo hasta que esa señora no me dé la cara.

Prudencia había advertido la presencia de Berenice y decidió indagar el porqué de su visita.

_ Señora, es mejor evitarse problemas.., -dijo Doris.
_ Ya le dije que de aquí no me muevo hasta que esa señora hable conmigo.
_ Ella no va a hablar con usted.
_ ¡Ah no! Y acaso no es ella la que viene para acá.
_ ¿Y usted que es lo que quiere aquí negra asquerosa? -le preguntó Prudencia a Berenice.
_ Usted cómo fue tan miserable de tratar de esa manera a su propia nieta.
_ Esa negra atrevida no puede ser nieta mía. Estoy segura de que no es hija de mi hijo.
_ Es increíble que a pesar de tanto tiempo que ha pasado usted siga siendo la misma bruja ignorante, amargada y cretina de siempre.
_ Si eso es todo lo que me iba a decir es mejor que se vaya. Yo no tengo por qué escuchar los insultos de una miserable negra. ¡Mojona!
_ Yo sólo le digo una cosa. Allá arriba hay un Dios y ante él algún día usted va a tener que rendir cuentas. Es más, yo creo que mi diosito ya le ha hecho pagar caro todo el daño que usted ha hecho. ¿O de verdad cree que su muerte fue un simple accidente? ¿No señora, eso fue un castigo del de arriba?
_ !Oígame bien negra, nunca se atreve a mencionar con su sucia boca a mi hijo!
_ Aquí la única sucia es usted. Ahora estoy convencida de que usted fue la responsable de que mi hija y eduardo no pudieron seguir juntos.
_ Pues sí. No tiene caso seguir ocultándolo después de tanto tiempo. Yo contraté a esa prostituta para que sedujera a mi hijo y para que luego se grabara haciendo el amor con él. Yo fui la que hice llegar esa grabación a manos de la estúpida de su hija. Y lo hice con mucho gusto porque libré a mi hijo de una cualquiera que creyó que había encontrado su minita de oro. Y sabe otra cosa: sentí mucho placer humillando a la infeliz atrevida de su nieta.
_ Usted es una basura. Un despojo humano. NO vale la pena seguir discutiendo con usted. Pero lo insisto: algún día le va a tener que rendir cuentas a Dios y ese día se va a arrepentir de todas las maldades y porquerías que ha hecho- sentenció Berenice y luego dio media vuelta y se marchó.
_ Eso lárguese y no vuelva negra maldita. Ojalá nunca vuelva a saber de usted y su cochina descendencia- gritó Prudencia mientras su ama de llaves la miraba atónito- ¡¿y usted qué hace ahí parada como una estúpida?¡ ¡Vaya a trabajar que para eso le pago!

En casa de Yolanda, entre tanto, Martina había decidido entrar a la pieza de su hermano para hablar con él. Seguramente a muchos les causara sorpresa que Yolanda haya permitido que a su hija le pusieran precisamente ese nombre tan parecido al de su díscola hermana Martha. Pero lo cierto es que Martina había sido el nombre de la difunta madre de Horacio y por eso presionó a su esposa para que su primogénita fuera bautizada así. Esa había sido una de las raras y excepcionales ocasiones en que el pusilánime Horacio había logrado imponerse sobre su mujer.

_ ¿Y qué? Me imagino que está muy triste porque la bastarda se va -le preguntó Marthina a su hermano.
_ No le diga así. ESo suena muy feo- le contestó Pablo mientras hacía sus tareas.
_ ¿qué tiene de malo?. Así le ha dicho mi mamá toda la vida... ¡Pero contésteme!¿Le duele que mi primita se vaya? Como a fin de cuentas usted siempre la ha querido a ella más que a mí.
_ Claro, porque como ella sí es buena conmigo en cambio usted siempre me ha hecho la vida imposible...
_ !Ay pablito! ¡Usted es tan bobito! Dese cuenta de que esperanza es una morronga y una mosca muerta. Se las da de víctima y que no rompe un plato, pero es capaz de romper toda la bajilla. Yo sí me alegro de que se vaya. Ojalá nunca vuelva. Por culpa de ella es que mi mamá siempre vive amargada y de mal genio. Cuento las horas para que se vaya.

Berenice ya había retornado a su casa y lo primero que hizo es informar a su hija Ebelia de los últimos acontecimientos.

_ ¡¿Usted por qué hizo eso mamá?! No fue usted la que dijo que era mejor no hacerle reclamos a esa señora.
_ Decidí ir yo porque usted es muy impulsiva mija. Yo sé manejar mejor estas situaciones.
_ ¿Y qué tanto le dijo esa señora?
_ Lo de siempre. Han pasado casi 20 años y esa señora sigue siendo la misma. Se dedicó a insultarme. Y también me confesó algo que yo ya sospechaba.
_ Qué.
_ Me dijo que ella fue la que le hizo llegar a usted esa porquería de video. ¿Se acuerda? Me dijo que le había pagado a una vagabunda para que enamorara a Eduardo y luego se gabraran haciendo... pues haciendo esas cochinadas mija -apuntó Berenice. Ante la revelación Ebelia se sentó en uno de las sillas de la peluquería y tomó aire. Sobra decir que en el local no había clientes en ese momento.
_ ¿En serio le dijo eso?
_ sí. Se da cuenta mija que esa bruja fue la que daño su relación con EDuardo.
_ No mamá. Saber esa verdad no cambia las cosas. De todas maneras Eduardo me traicionó, me fue infiel y se revolcó con esa mujerzuela. No hay nada que lo disculpe mamá. Nada.



domingo, 17 de enero de 2016

LA BASTARDA PARTE 30

MIÉRCOLES 27 DE MAYO

Los esfuerzos de Esperanza por averiguar alguna información sobre un origen fueron inútiles. María Berenice en cambio había logrado encontrar la direcciónd de su abuela, Prudencia Esguerra, y estaba decidida a visitarla y cofrontarla. Aquel miércoles le comunicó telefónicamente a Esperanza sus intenciones.

_ Al menos usted tuvo mejor suerte que yo. Averiguó que su abuela está viva y que además todavía vive en este pueblo. ¿Y qué piensa hacer con esa información?
_ Yo ya se lo dije ayer Esperanza. Voy a ir adonde vive esa señora y voy a tratar de hablar con ella.
_ ¿Y a usted sí le parece buena idea hacer eso? Según su mamá esa señora es una bruja y le hizo la vida imposible a ella. Eso fue lo que usted misma me contó, ¿o no?
_ Quiero que esa señora me dé su versión de los hechos. Estoy en mi derecho.
_ Pues no sé. Es decisión suya. Buena amiga, le tengo que colgar. Tengo que meterme a internet para inscribirme en la Universidad.
_ Mucha suerte con eso amiga. Estamos Hablando.

Tras despedirse María Berenice colgó el teléfono. Su mamá apareció en escena.

_ ¿Con quién hablaba mija?
_ Con Esperanza mamá.
_ Últimamente le dedica mucho tiempo a su amiga. Ayer se la pasaron toda la tarde frente a ese computador. ¿Qué andaban haciendo?
_ Averiguando cosas sobre la carrera que Esperanza quiere estudiar. Hoy son las inscripciones.
_ Y a propósito de eso, ¿usted no piensa ponerse a estudiar algo hija? Debería averiguar alguna carrera que le interese.
_ Mamá, usted sabe que a mí no me fue tan bien en las pruebas de EStado como a Esperanza. Así que seguramente no me van a admitir en una UNiversidad pública. Y ustedes no tienen los recursos suficientes para pagarme una Universidad privada, ¿o sí?
_ Podemos hacer el esfuerzo para hacerlo. Pero usted no se puede quedar sin hacer nada.
_ Está bien mamá, pero seguimos hablando de eso más tarde. Tengo que arreglarme porque voy a salir.
_ ¿Adónde va?
_ A encontrarme con una amiga del colegio que hace rato no veo.

Lo de la amiga del colegio era una mentira. María Berenice pensaba visitar la casa de prudencia Esguerra para intentar hablar con ella. Se arregló, salió de su casa, tomó un taxi que la llevó a la dirección indicada. La mujer a quien pensaba rendirle cuentas vivía en una auténtica mansión. No en vano pertenecía a la familia más rica de ese miserable pueblo. Sin dudarla, la morena tocó el timbre de aquella majestuosa casa y uno de las sirvientas salió a su encuentro.

_ ¿Qué se le ofrece niña?
_ Estoy buscando a la señora Prudencia Esguerra.
_ Ahhh, usted viene por lo del clasificado que pusimos en el periódico buscando muchacha del servicio.

En el rostro de María Berenice se dibujó un gesto de extrañeza, pero decidió seguirle el juego a la señora.

_ Sí... Sí -respondió dudosa- Vengó por lo del clasificado.
_ Ahh bueno, entonces siga.

Más facilmente de lo que imaginaba la intrépida muchacha logró acceder a la mansión de su supuesta abuela y en cuestión de segundos quedó deslumbrado con el lujo que rebosaba en cada resquicio de esa amplia vivienda.

_ ¿Y tiene experiencia como empleada doméstica? -preguntó la mujer que había recibido a maría berenice en la entrada de la casa.
_No- contestó la muchacha de nuevo de manera dubitativa- No tengo experiencia trabajando en casas diferentes a la mía. Pero toda la vida me he hecho cargo de los oficios de mi casa. Sé planchar, lavar, sé hacer aseo y tengo muy buena sazón.
_ Pero el problema es que la dueña de esta casa está nececitando a alguien con referencias acreditadas.
_ Yo le garantizo que soy una excelente empleada. Yo sólo quiero que me den una oportunidad.
_ Usted no es de este pueblo, ¿cierto?
_ Yo sí nací aquí. Pero mi abuela y mi mamá son de la costa pacífico. Llegaron a este pueblo a probar suerte.
_ Hágamos una cosa. Yo hablo con doña Prudencia para que la entreviste y que ella sea la que tome la decisión.

Aquella ama de llaves le explicó a la odiosa prudencia que una muchacha negra sin experiencia aspiraba a convertirse en la nueva empleada de servicio.

_ ¿Una negra me dice? Usted sabe que a mí los negros no me gustan -espetó la amargada patrona de la casa arrellanada en la silla del tocador de su alcoba.
_ Pero esta muchacha me inspira confianza. Además las mujeres de esa raza salen muy buenas empleadas. Y por el otro lado las otras muchachas que han venido por el clasificado... no sé... me parecen que no dan la talla.
_ Claro que las negras son buenas para empleadas de servicio, de hecho creo que es para lo único que sirven. Está bien, confío en su buen ojo. Voy a hablar con esa muchacha y si me gusta la contratamos.

Prudencia acudió al encuentro de la muchacha sin saber que era su nieta. Y empezó a entrevistarla.

_ Voy a ser muy claro con usted niña. No me gustan ni el desorden, ni el relajo, ni los chismes. Las personas que trabajan aquí deben mostrar un excelente comportario. Ahh y algo muy importante, deben ser personas muy aseadas, que se bañen, que huelan bien. ¿Será que usted puede cumplir con esos requisitos? -preguntó sarcásticamente la dueña de la casa.
_ ¡Claro! Yo soy muy limpia y muy ordenada.
_ Pues hagamos una cosa. Usted va a empezar a trabajar aquí, pero va a estar en un periodo de prueba. Si le va bien puede seguir trabajando. Pero si comete el más mínimo error se va a tener que ir de aquí.
_ Me parece bien. Yo le garantizó que voy a ser una excelente empleada.
_ Doris -así se llamaba la ama de llaves- consígale un uniforme de su talla a esta niña y que empiece a trabajar hoy mismo.

Entretanto Horacio había decidido acudir a uno de sus lugares favoritos: el viejo burdel regentaba por Débora Medina, la otrora mejor amiga de Martha Pelaez Cancino. Era el prostíbulo más exclusivo de aquel pueblo y en él Horacio desfogaba todas las perversiones y daba rienda suelta a sus excentricidades sexuales, imposibles de aplicar con su amargada esposa.

_ Horacio, hace mucho tiempo que no lo veía por aquí- comentó débora.
_ Ya ve. Tarde o temprano las necesidades de la carne lo empujan a uno a acudir a este lugar -respondió el profesor.
_ Me imagino que necesita carne fresca, joven.
_ Usted sabe cuáles son mis gustos.

Débora llamó a una jovencita de apenas 17 años recién cumplidos se la presentó al viejo Horacio y luego éste se la llevó a una de las habitaciones. En la intimidad de aquel cuarto el profesor de sociales le hizo el amor a la muchacha con violencia y salvajismo, desfogando así las energías que debía reprimir frente a su esposa.

_ ¿Usted siempre es así de ordinario? -cuestionó la jovencita luego de terminada la faena sexual.
_ Yo le pagó para follar, no para que me dé sus opiniones -replicó el hombre con ligera molestia.
_ Le puedo hacer una pregunta. ¿quién es esa tal Esperanza que mencionó tantas veces? ¿Es su mujer?

En casa de Prudencia María Berenice se aprestaba ya para iniciar labores como nueva empleada del servicio.

_ ¿le quedó bueno el uniforme? -preguntó Dorid, la ama de llaves.
_ Sí señora -contesto la morena mientras terminaba de ajustarse el uniforme.
_ NUnca me imaginé que doña Prudencia la contratara tan rápido. Yo pensé que este proceso iba a ser muy demorado. ES que ella es un poco complicadita. No se lo digo por asustarla, simplemente se lo digo para que esté preparada.
_ ¿Y usted lleva trabajando muchos años con ella?
_ Como 15 años más o menos.
_ ¿Y ella vive sola aquí? ¿No tiene esposo, hijos?
_ Ella enviudó hace mucho tiempo. Antes de que yo llegara a trabajar aquí. Y su único hijo falleció hace muchos años en un accidente de tránsito... Pero bueno, necesito que le lleve este café a la señora. A esta hora siempre toma café.

María Berenice se dirigió con la bebida a la habitación de su abuela.

_ Buenas tardes señora. Le traigo su café.
_ Déjelo en esa mesa.
_Sí señora -exclamó la joven y después se quedó estática frente a la señora Prudencia.
_ ¿qué pasa? ¿Por qué me mira así?
_ Por nada señora. Si quiere me retiro.
_ No. Espere. ¿Sabe? hay algo en su cara que me resulta familiar y no se qué es -Prudencia se levantó de la silla y se aproximó a la mesa donde reposaba la taza de café. Luego bebió un sorbo.
_ ¡Maldita sea! ¡Este café esta muy dulce! -exclamó la señora.
_ Pero si no le echamos azúcar.
_ Si yo digo que está dulce es porque lo está, ¿o me está diciendo que soy una mentirosa? Llevése ese café de aquí.

La joven recogió la tazá, la depositó en la bandeja pero producto de los nervios lo que sostenía en las manos se cayó al piso. La taza se rompí y su contenido manchó la alfombra.

_ ¡Negra estúpida, mire lo que hizo!
_ Perdón señora. Fue un accidente.
_ ¡Accidente! ¡Negra idiota! Ya sabía que era mala idea contratar a una negra para trabajar en esta casa.
_ Tampoco es para tanto señora.
_ ¿que no es para tanto, estúpida? Esa alfombra es finísima y ahora usted la daño manchándola de café.
_ Sí, pero tampoco es para que me humille así - exclamó la joven y dio media vuelta para macharse. Prudencia la tomó de un brazo.
_ adónde va que yo no he terminado. ¿Cómo va a ser para pagarme esa alfombra maldita mojona?
_ Métase su alfombra por el culo.
_ ¡Negra insolente! ¡Negra vulgar! A mi me no me hable así -exigió Prudencia y luego le própinó una cachetada a María Berenice- Todos los negros están cortados con la misma tijera. Todos son unos mandriles ordinarios. Yo no sé qué diablos tiene que hacer una negra como usted en un pueblo del interior. ¿por qué no se quedan en las zonas costeras que es donde deben estar? Maldita sea la hora en que abolieron la esclavitud en este país, porque ustedes los negros debieron quedarse para siempre como eso, como esclavos, como animales sin alma.
_ Mi mamá tenía toda la razón. Usted es una bruja racista.
_ ¿quién es su mamá? - preguntó Prudencia con un rostro lleno de sorpresa y confusión.
_ Averigue señora.

María Berenice descendió al primer piso con el rostro empapada por las lagrimas, mientras prudencia  le exigía que le aclarara quién era ella. Como un rayo la muchacha se quitó el uniforme, se puso su ropa y proceció a abandonar esa casa. Justo en ese instante Prudencia la interceptó. Doris, la ama de llaves, era testigo mudo de toda la escena.

_ Le exijo que me diga quién es usted.
_ ¿De verdad quiera saber? Pues soy su nieta señora. La hija de su hijo eduardo.
_ ¡Eso no puedo ser! -exclamó la señora menando la cabeza en señal de negación.
_ Sí puede. Vine aquí a averiguar sobre mi pasado. A conocerla usted. Y ya que la conocí todo me quedó muy claro. No quiero volverla a ver nunca más en la vida señora.
_ ¡Lárguese de mi casa! ¡Lárguese de mi casa ahora mismo!- exclamó la mujer para luego estar a punto de desvanecerse. Doris la tuvo que sostener.
_ Vieja loca.

Al mismo tiempo que todo ese drama se desarrollaba, Esperanza culminaba su proceso de inscripción a la Universidad.

_ Entonces es un hecho Esperanza. Usted se va para la capital -le preguntó Horacio.
_ Sí Horacio. Esa decisión no tiene reversa. Yo ya no quiero vivir más en este pueblo. Desde que se murió el padre Epifanio la energía de este pueblo se me hace más pesada, más corrupta. Aquí nadie tiene futuro ni porvenir.
_ Sí, fue muy lamentable lo que le pasó a ese cura. Pues Esperanza si su decisión es irreversible no nos queda de otra que desearle éxito. Nos va a hacer mucha falta en esta casa -anotó Horacio no muy convencido de sus palabras.

María Berenice retornó a su casa y ante la evidencia de que había estado llorando no le quedó más remedio que contarles a su mamá y a su abuela lo que había hecho.

_ ¿que usted hizo qué? - reclamó Ebelia.
_ Mijita, ¿usted se está enloqueciendo. ¿Cómo se le ocurre meterse a la casa de esa señora? -agregó Berenice.
_ Yo necesitaba saber la verdad. Ustedes nunca han querido decirme qué pasó con mi papá y yo necesitaba hablar con esa señora.
_ ¿Y qué fue lo que le dijo esa bruja como pa que la hiciera llorar? -indagó Ebelia.
_ Me dijo cosas horribles mamá. Me humilló de la peor manera.
_ Esa bruja me va a oír. Voy a ir a hablar con ella -anunció Ebelia.
_ ¿para qué mija? - discrepó Berenice- Nosotros no tenemos nada que hablar con esa señora. Si a estas alturas de la vida esa señora no ha cambiado y sigue siendo la misma arpía de siempre, pues nunca va a cambiar. Y usted María Berenice nos tiene que jurar que nunca más va a buscar a esa señora. Convénzase de que su única familia somos su mamá y yo. Convenzase de eso.
_ ¿Esa señora tuve que ver en que mi papá nos abandonara? ¡Respóndame por favor!

jueves, 14 de enero de 2016

LA BASTARDA PARTE 29

MARTES 26 DE MAYO

_ ¿Y qué Esperanza? ¿Pudo averiguar algo en su casa? ¿Encontró su registro de nacimiento? -le preguntó María Berenice a su amiga que una vez más había ido a visitarla.
_ Sí. Lo encontré.
_ ¿Y qué descubrió?
_ Mi papá se llamaba o se llama Fabio Andrés Parra Arbeláez.
_ Por ahí podemos empezar. Busquemos ese nombre en facebook a ver qué encontramos. ¿Qué más pudo averiguar?
_ No mucho. Según ese documento mi papá y mi mamá nunca se casaron. Vivían en unión libre cuando yo nací.

Acto seguido las dos muchachas se dirigieron al estudio donde estaba el computador e iniciaron sus pesquisas.

_ Tiene razón Esperanza. Hay muchas personas con el nombre de su papá.
_ Yo se lo dije.
_ ¿Usted trajo el registro de nacimiento?
_ Sí.
_ Dígame el número de cédula de su papá. De pronto podemos averiguar algo.
_ Bueno, ¿y usted no piensa averiguar nada de su papá?
_ Primero averiguarmos algo sobre el suyo y luego nos dedicamos a mi papá. Dígame el número de cédula de su papá.

Esperanza le entregó el registro de nacimiento a su amiga para que ella leyera aquel dato por el que estaba preguntando. Luego María Berenice digitó el número en google y espero a los resultados arrojados. Ambas muchachas descubrieron así que Fabio Parra era administrador de empresas y había hecho carrera exitosa en la capital, pero desde hace cinco años estaba radicado en el extranjero.

_ ¿Será que se trata de la misma persona?
_ Todo parece indicar que sí. El problema es que no hay datos de contacto. Pero volvamos a buscar en facebook. Ahora sabemos en que país y ciudad está y así es más fácil ubicarlo.
_ Nunca imaginé que usted tuviera esos dotes de detective.

Infortunadamente las dos chicas no lograron encontrar en las redes sociales a ningún Fabio Parra que estuviera radicado en el país y ciudad donde supuestamente residía el padre de Esperanza.

_ Nada Esperanza. La única opción es escribirle a todos los Fabio Parra que hay en facebook y preguntarle a alguno si son su papá.
_ Cómo se le ocurre que vamos a hacer eso.
_ Lo decía sólo por bromear. Pero bueno, ahora buscamos a ver qué encontramos de su mamá.
_ Es increíble que tenga que hacer esto para averiguar sobre mis papás. Todo sería más fácil si mi tía, mi abuela, mi familia me hubieran contado toda la verdad -opinó Esperanza con cierto tono de molestia.
_ Sí. Pero ni modo. Ni su familia ni la mía nos han querido decir la verdad sobre nuestro pasado. Así que toca averiguar por nuestra cuenta.
_ Pues tiene razón. Míremos a ver qué encontramos sobre mi mamá.

Esta vez contaron con mucha menos suerte que con Fabio. De Martha no había ningún registro en internet.