LUNES 25 DE MAYO
Aquel fin de semana fue largo y tedioso. Esperanza se sentía devastada. Siempre había sido la consentida de su abuela y ahora ignoraba cuál sería su futuro en esa casa ahora que ella había fallecido. Por más que su tía le hubiera planteado una tregua, la joven estaba llena de incertidumbre. Se sentía perdida y desorientada y sólo anhelaba escapar de ese pueblo que cada vez le repugnaba más.
_ Y bueno Esperanza, ¿cuáles son sus planes para el futuro ahora que me mi mamá ya no está?- preguntó Yolanda frente a toda la familia que ese mañana se había reunido a desayunar como era su costumbre.
_ Sigue en pie mi idea de irme a estudiar a la capital. Este miércoles se abren las inscripciones -respondió la joven.
_ ¿y finalmente va a escoger la carrera de ciencias políticas? -preguntó Horacio.
_ Sí. Estoy seguro de que eso es lo que quiero estudiar.
_ No me tome mal lo que le voy a decir pero esas carreras de la rama de las humanidades no tienen ningún futuro. Debería estudiar una ingeniería, ¿qué se yo? -aconsejó Yolanda.
_ Yo nunca he sido buena para las matemáticas tía. Usted lo sabe muy bien.
_ En esta vida hay que ser prácticos y pensar en una carrera con futuro, una carrera que dé plata.
Horacio no ocultaba el malestar que le causaban las opiniones de su mujer pues sentía que eran como indirectas para él que había estudiado ciencias sociales
_ ¿Y es que piensa convertirse en política o qué prima? -interrogó Martina.
_ ¿Por qué no? -contestó Esperanza. Su tía soltó una sonrisa hipócrita.
_ En este país para ser político hay que ser un hijo de político y ser de familia muy acomodada. Además se necesita ser deshonesto, falso, demagogo y especialista en prometer lo que nunca va a cumplir -anotó Yolanda.
_ Siempre hay excepciones -replicó Esperanza.
_ Entonces definitivamente si se va a ir de esta casa. Se va a ir a la capital -intentó averiguar Martina.
_ ¿Y cómo piensa hacer para subsistir, para pagarse su carrea haya en la capital? -preguntó Yolanda- No piense que allá la vida es fácil.
_ La vida no es fácil en ninguna parte tía.
_ Pero bueno -interrumpió Horacio quien por fin se había decidido a intervenir en la conversación-, lo importante es que estudie lo que le guste. De nada sirve estudiar una carrera que dé plata sino siente verdadera pasión por ella... aunque si me parece que debería reconsiderar irse a vivir a la capital. No ha averiguado si en la sede regional de la Universidad Estatal que está aquí en este pueblo ofrecen esa carrera que quiere estudiar.
_ No. Ya averigué y no la ofrecen.
Concluida la conversación Esperanza decidió visitar a su amiga María Berenice. Una vez más Horacio se quedaba solo en casa. Sus hijos estaban en el colegio su mujer había asistido a una cita médica. Aprovechando la soledad el hombre le dio rienda suelta a sus perversiones. Se dirigió al patio donde estaba extendida toda la ropa de la casa, tomó uno de los panties de Esperanza y con ahínco percibió el aroma que emanaba de la prenda íntima.
_ Ya está decidido amiga. Yo me quiero largar de este pueblo -le confesó Esperanza a María Berenice.
_ ¿pero por qué? No me diga que su tía le ha seguido haciendo la vida imposible.
_ Todo lo contrario. No me lo va a creer, pero desde que murió mi abuela ha estado lo más tranquila y amable conmigo. Aunque claro, se nota que está haciendo un esfuerzo sobrehumano por comportarse así. Hasta me dijo que hiciéramos una tregua.
_ ¿Una tregua? Ni que usted fuera la guerrilla y ella el gobierno.
_ A mí también me pareció ridículo, sobretodo porque es ella la que siempre me ha hecho a mí. Yo nunca he tenido nada contra ella. Pero bueno, me imagino que lo pasó con mi abuela la hizo recapacitar.
_ Oiga ¿y pensó en lo que le dije la otra vez? Lo de averiguar por su mamá y su papá.
_ Apenas el viernes enterramos a mi abuela. Yo no he tenido cabeza para nada.
_ Tiene razón. Discúlpeme.
_ Pero eso no quiere decir que no esté interesada en su propuesta. Yo quiero saber la verdad de mi pasado y por más que mi tía haya cambiado de actitud conmigo, yo la voy a averiguar.
Al caer la tarde Esperanza se recluyó en su habitación, se echó en la cama y se dedicó a llorar por la partida de la vieja Alicia. Su primo Pablo decició consolarla.
_ ¿Sigue triste por lo que le pasó a mi abuela, prima?
_ ¡Ay primito! Pues sí. No lo puedo evitar -le contestó dirigiendo su mirada hacia aquel niño.
_ No se preocupe. Usted conmigo siempre va a contar.
_ Gracias -respondió la desconsolada jovenzuela y acto seguido se fundió en un abrazo con su pequeño pariente.
martes, 12 de enero de 2016
lunes, 11 de enero de 2016
LA BASTARDA PARTE 27
JUEVES 21 DE MAYO
Ese día María Berenice había decidido acompañar a su amiga Esperanza en la Clínica donde tenían internada a la vieja Alicia. En la sala de espera aprovecharon para ponerse al tanto la una a la otra de lo que les había pasado en las últimas horas.
_ ¿En serio su mamá le dijo eso sobre su abuela paterna?
_ Sí. Pero yo no quedé contenta con esa explicación. Al contrario, ahora me tengo más intriga de conocer a esa señora. Oiga Esperanza, ¿qué le parece si usted y yo nos encargamos de averiguar sobre nuestros papás, sobre nuestro pasado? Usted siempre ha sospechado que su tía le oculta algo. Pues averiguemos por nuestra cuenta.
_ ¿Y cómo? ¿dónde?
_ Nos la ingeniamos. Para eso está el internet, ¿qué sé yo? Usted no se puede averiguar el nombre de su papá. Por ahí podríamos empezar.
_ Eso es fácil de averiguar. Mi abuela tiene mi registro de nacimiento.
_ Pues con ese dato podemos adelantar mucho trabajo.
_ ¿Y a usted por qué le dio ahora a jugar a la detective?
_ Es que acaso a usted no le da intriga conocer su pasado, quién fue su papá, su mamá.
_ Usted sabe que sí. Y me parece buena idea. A lo mejor usted tiene razón. Hoy en día a través de internet se puede averiguar de todo.
En ese momento apareció en escena Yolanda para interrumpir la conversación:
_ Esperanza necesito hablar con usted... a solas.
La joven se incorporó de su silla y se apartó junto con su tía hacia un lugar solitario donde pudieran hablar cómodas.
_ La escucho tía.
_ Quiero hablar seriamente con usted. Y quiero hacerlo sin rodeos. Para nadie es un misterio que la relación entre usted y yo nunca ha sido buena. Pero en vista de la condición en la que está mi mamá creo que lo mejor es que hagamos una tregua.
_ ¿Una tregua tía? ¿Cómo así?
_ así como lo oyó. Le propongo que dejemos atrás la confrontación. No estoy diciendo que nos convirtamos en las mejores amigas, pero sí que llevemos la fiesta en paz.
_ Tía, usted sabe perfectamente que yo contra usted no tengo nada. Es usted la que siempre me ha demostrado que a mí no me soporta y yo no siquiera sé por qué.
_ Eso ya no importa. Lo único que me interesa es que llevemos la fiesta en paz.
_ Señora Yolanda- interrumpió el médico que atendía a Alicia y que había aparecido de improviso.
_ Sí doctor. ¿Qué pasa?- contestó la mujer.
_ No les tengo buenas noticias.
_ ¿Qué le pasa a mi abuela?- preguntó angustiada Esperanza.
_ La señora Alicia acaba de fallecer.
Esperanza prorrumpió en llanto y su tía Yolanda, en un gesto inaudito de generosidad, la consoló. Esa misma tarde se llevó a cabo el velorio al cual asistieron pocas personas; Alicia siempre fue una mujer de pocos amigos.
_ Esperanza, mijita, en estos momentos debe tener mucha fortaleza y mucha resignación. Su abuelita descansó de esa agonía y ahora está en un lugar mejor -aseguró la negra Berenice.
_ ¡Ay doña Berenice, no me pida eso! Mi mamá es lo único que yo tenía en este mundo. Ahora sin ella yo no sé que voy a hacer.
_ Todavía le queda su tía, sus primos, el mismo Horacio. Además ni Ebelia, ni María Berenice ni yo la vamos a desamparar mijita.
_ Muchas Gracias doña Berenice -dijo Esperanza y acto seguido las dos mujeres se fundieron en un abrazo.
Al día siguiente se cumplieron las exequias que estuvieron a cargo del sacerdote que había sustituido al asesinado padre Epifanio. Se llamaba Arturo y estaba lejos de transmitir la benevolencia que emanaba del cura que días atrás habían acribillado a tiros.
Ese día María Berenice había decidido acompañar a su amiga Esperanza en la Clínica donde tenían internada a la vieja Alicia. En la sala de espera aprovecharon para ponerse al tanto la una a la otra de lo que les había pasado en las últimas horas.
_ ¿En serio su mamá le dijo eso sobre su abuela paterna?
_ Sí. Pero yo no quedé contenta con esa explicación. Al contrario, ahora me tengo más intriga de conocer a esa señora. Oiga Esperanza, ¿qué le parece si usted y yo nos encargamos de averiguar sobre nuestros papás, sobre nuestro pasado? Usted siempre ha sospechado que su tía le oculta algo. Pues averiguemos por nuestra cuenta.
_ ¿Y cómo? ¿dónde?
_ Nos la ingeniamos. Para eso está el internet, ¿qué sé yo? Usted no se puede averiguar el nombre de su papá. Por ahí podríamos empezar.
_ Eso es fácil de averiguar. Mi abuela tiene mi registro de nacimiento.
_ Pues con ese dato podemos adelantar mucho trabajo.
_ ¿Y a usted por qué le dio ahora a jugar a la detective?
_ Es que acaso a usted no le da intriga conocer su pasado, quién fue su papá, su mamá.
_ Usted sabe que sí. Y me parece buena idea. A lo mejor usted tiene razón. Hoy en día a través de internet se puede averiguar de todo.
En ese momento apareció en escena Yolanda para interrumpir la conversación:
_ Esperanza necesito hablar con usted... a solas.
La joven se incorporó de su silla y se apartó junto con su tía hacia un lugar solitario donde pudieran hablar cómodas.
_ La escucho tía.
_ Quiero hablar seriamente con usted. Y quiero hacerlo sin rodeos. Para nadie es un misterio que la relación entre usted y yo nunca ha sido buena. Pero en vista de la condición en la que está mi mamá creo que lo mejor es que hagamos una tregua.
_ ¿Una tregua tía? ¿Cómo así?
_ así como lo oyó. Le propongo que dejemos atrás la confrontación. No estoy diciendo que nos convirtamos en las mejores amigas, pero sí que llevemos la fiesta en paz.
_ Tía, usted sabe perfectamente que yo contra usted no tengo nada. Es usted la que siempre me ha demostrado que a mí no me soporta y yo no siquiera sé por qué.
_ Eso ya no importa. Lo único que me interesa es que llevemos la fiesta en paz.
_ Señora Yolanda- interrumpió el médico que atendía a Alicia y que había aparecido de improviso.
_ Sí doctor. ¿Qué pasa?- contestó la mujer.
_ No les tengo buenas noticias.
_ ¿Qué le pasa a mi abuela?- preguntó angustiada Esperanza.
_ La señora Alicia acaba de fallecer.
Esperanza prorrumpió en llanto y su tía Yolanda, en un gesto inaudito de generosidad, la consoló. Esa misma tarde se llevó a cabo el velorio al cual asistieron pocas personas; Alicia siempre fue una mujer de pocos amigos.
_ Esperanza, mijita, en estos momentos debe tener mucha fortaleza y mucha resignación. Su abuelita descansó de esa agonía y ahora está en un lugar mejor -aseguró la negra Berenice.
_ ¡Ay doña Berenice, no me pida eso! Mi mamá es lo único que yo tenía en este mundo. Ahora sin ella yo no sé que voy a hacer.
_ Todavía le queda su tía, sus primos, el mismo Horacio. Además ni Ebelia, ni María Berenice ni yo la vamos a desamparar mijita.
_ Muchas Gracias doña Berenice -dijo Esperanza y acto seguido las dos mujeres se fundieron en un abrazo.
Al día siguiente se cumplieron las exequias que estuvieron a cargo del sacerdote que había sustituido al asesinado padre Epifanio. Se llamaba Arturo y estaba lejos de transmitir la benevolencia que emanaba del cura que días atrás habían acribillado a tiros.
miércoles, 6 de enero de 2016
LA BASTARDA PARTE 26
MIÉRCOLES 20 DE MAYO
_ ¿Y esperanza nada que baja? Yo ya voy de salida para la clínica -preguntó Yolanda.
_ Tía, por favor, espéreme. Me quede dormida. Apenas me estoy terminando de agarra -le contestó Esperanza desde las escaleras de la casa. Acababa de salir de la ducha y tan solo una toalla cubría su cuerpo. Horacio no le quitaba la mirada de encima.
_ Lo siento mucho, pero ya se me hizo tarde. Nos vemos en la clínica.
_ Está bien tía. Allá nos vemos.
Horacio salió a trabajar al poco tiempo, así que Esperanza se quedo sola en casa. El hombre había caminado unas cuadras cuando se percató de que había olvidado unos exámenes que debía entregar ya calificados a sus estudiantes. Decidió devolverse. Entró a la casa con sigilo y notó que la sobrina de su mujer aún estaba en casa. Impelido por el morbo subió con sigilo hacia el segundo piso, se aproximó a la habitación de Esperanza y aprovechando que la puerta estaba entreabierta decidió espiar a la muchacha. Sus ojos se llenaron de lascivia cuando contemparon la espalda desnuda de la joven quien confiando en la supuesta soledad de la casa, terminaba de vestirse sin ningún pudor. Horacio resolvió marcharse antes que de Esperanza notara su presencia.
Mientras tanto Yolanda, ya en la clínica, sostenía la que quizás era su última conversación con su muribunda madre.
_ ¿Cómo están las cosas en la casa? -indagó la deshauciada vieja.
_ Igual Mamá. No han habido novedades.
_ ¿Y esperanza cómo está?
_ Ya debe estar en camino. Íbamos a venir juntas, pero le cogió la noche.
_ Yolanda, usted sabe que yo tengo los días contados. Quiero aprovechar que estamos solas para hablar con usted.
_ ¿De qué mamá? Déjeme adivinar: de Esperanza.
_ Sí.
_ ¿Qué pasa con ella?
_ Yo sé bien que usted a ella nunca la ha querido... -dijo la anciana e hizo una pausa para toser- ...pero quiero que me jure que después de que yo me muera usted no le va a hacer la vida imposible a esa pobre niña.
Yolanda guardó silencio ante esa petición.
_ Júremelo Yolanda. Yo tengo tanto miedo de que usted se ensañe con esa niña apenas yo no esté aquí- insistió la vieja Alicia.
Eran las ocho de la mañana y Ebelia ya alistaba todo para abrir la peluquería. Su hija María Berenice la acompañaba en garage de la casa el cual habían adecuado como local donde funcionaba el negocio.
_ ¿Y cómo seguirá doña Alicia?- preguntó Ebelia.
_ Mal. Los médicos no dan mayores esperanzas.
_ Pobre Esperanza. No me imagino que será de su vida cuando falte su abuelita.
_ Yo creo que todos pensamos en lo mismo. Es obvio que la bruja de la tía le va a convertir la vida en un infierno.
_ No hable así de esa pobre mujer.
_ Mamá, ¿usted por qué la otra vez dijo que esa señora tenía razones de peso para odiar a Esperanza.
_ Yo nunca he dicho eso.
_ Sí lo dijo mamá. ¿Usted qué es lo que sabe? Cuénteme.
_ Yo no sé nada.
_ Yo no sé por qué tanto misterio con el pasado de Esperanza. El mismo misterio que tienen usted y mi abuela sobre el tema de mi papá. Mamá, ¿por qué mi papá no vivió con nosotros ni se casó con usted? ¿Y por qué nosotros no tenemos ningún vínculo con la familia de mi papá?
_ Ningún misterio. Su papá y yo no nos entendimos y por eso nunca vivimos juntos. Y al poco tiempo de usted nacer él falleció en ese accidente.
_ ¿Y la familia de mi papá? Él no tuvo papás, hermanos, primos...
Ebelia interrumpió lo que estaba haciendo y miró a su hija fijamente.
_ ¿Es que acaso su abuela y yo no le hemos bastado como familia? ¿No le hemos dado todo el amor del mundo como para que usted ahora esté reclamando conocer a su familia paterna?
_ ¿Y qué tiene de malo? ¿Acaso la familia de mi papá son un montón de delincuentes, leprosos, asesinos? ¿Cuál es el problema en que quiera conocerlos?
_ ¿Quiere saber la verdad? Está bien. Su abuela, la mamá de su papá, pertenecía a una de las familias más pudientes de este pueblo y nunca estuvo de acuerdo con la relación entre su papá y yo. Siempre nos hizo la vida imposible, eso sin contar que era una señora totalmente racista. Usted no se imagina la manera en que nos humillaba a su abuela y a mí.
_ ¿Y esa señora todavía vive?
_ No sé. No volví a saber nada de ella.
Prudencia Esguerra todavía vivía, enferma y achacosa, pero vivía. Tras la muerte de su hijo Eduardo sólo le quedaba un pariente cercano: su sobrino Oliverio Esguerra a quien continuamente visitaba como lo estaba haciendo aquella mañana.
_ ¿Y cómo están las cosas Oliverio? -preguntó la mujer arrellanada en una vieja silla y sosteniendo una taza de café con su mano izquierda.
_ Bien tía, muy bien.
_ Si vio el escándalo que se formó con la muerte de ese cura.
_ Sí. Algo he oído.
_ Todo el mundo piensa que usted está detrás de ese crimen.
_ ¿Y usted qué piensa tia? ¿Coincide con "todo el mundo"?
_ Yo ya no sé qué pensar. Desde que usted decidió dedicarse a ese negocio, perdió todos los escrúpulos... Pero no, no se lo digo por juzgarlo ni recriminarlo. Sólo me causa curiosidad que el heredero del hombre más rico de este pueblo haya decidido meterse en esa clase de negocios turbios, por llamarlos de alguna manera.
_ Los hombres somos ambiciosos por naturaleza. Cuando uno tiene poder quiere acumular todavía más poder.
_ No lo critico. Usted verá como hace sus cosas. Sólo le recomiendo que anda con mucha cautela. Esos negocios en los que usted anda metido son muy peligrosos.
_ Eso lo tengo perfectamente claro tía.
_ ¿Y usted no piensa que la muerte de ese cura puede atraer más atención de la que conviene hacia este pueblo? Mire que hasta los medios nacionales reseñaron la muerte de ese curita.
_ ¿Y esperanza nada que baja? Yo ya voy de salida para la clínica -preguntó Yolanda.
_ Tía, por favor, espéreme. Me quede dormida. Apenas me estoy terminando de agarra -le contestó Esperanza desde las escaleras de la casa. Acababa de salir de la ducha y tan solo una toalla cubría su cuerpo. Horacio no le quitaba la mirada de encima.
_ Lo siento mucho, pero ya se me hizo tarde. Nos vemos en la clínica.
_ Está bien tía. Allá nos vemos.
Horacio salió a trabajar al poco tiempo, así que Esperanza se quedo sola en casa. El hombre había caminado unas cuadras cuando se percató de que había olvidado unos exámenes que debía entregar ya calificados a sus estudiantes. Decidió devolverse. Entró a la casa con sigilo y notó que la sobrina de su mujer aún estaba en casa. Impelido por el morbo subió con sigilo hacia el segundo piso, se aproximó a la habitación de Esperanza y aprovechando que la puerta estaba entreabierta decidió espiar a la muchacha. Sus ojos se llenaron de lascivia cuando contemparon la espalda desnuda de la joven quien confiando en la supuesta soledad de la casa, terminaba de vestirse sin ningún pudor. Horacio resolvió marcharse antes que de Esperanza notara su presencia.
Mientras tanto Yolanda, ya en la clínica, sostenía la que quizás era su última conversación con su muribunda madre.
_ ¿Cómo están las cosas en la casa? -indagó la deshauciada vieja.
_ Igual Mamá. No han habido novedades.
_ ¿Y esperanza cómo está?
_ Ya debe estar en camino. Íbamos a venir juntas, pero le cogió la noche.
_ Yolanda, usted sabe que yo tengo los días contados. Quiero aprovechar que estamos solas para hablar con usted.
_ ¿De qué mamá? Déjeme adivinar: de Esperanza.
_ Sí.
_ ¿Qué pasa con ella?
_ Yo sé bien que usted a ella nunca la ha querido... -dijo la anciana e hizo una pausa para toser- ...pero quiero que me jure que después de que yo me muera usted no le va a hacer la vida imposible a esa pobre niña.
Yolanda guardó silencio ante esa petición.
_ Júremelo Yolanda. Yo tengo tanto miedo de que usted se ensañe con esa niña apenas yo no esté aquí- insistió la vieja Alicia.
Eran las ocho de la mañana y Ebelia ya alistaba todo para abrir la peluquería. Su hija María Berenice la acompañaba en garage de la casa el cual habían adecuado como local donde funcionaba el negocio.
_ ¿Y cómo seguirá doña Alicia?- preguntó Ebelia.
_ Mal. Los médicos no dan mayores esperanzas.
_ Pobre Esperanza. No me imagino que será de su vida cuando falte su abuelita.
_ Yo creo que todos pensamos en lo mismo. Es obvio que la bruja de la tía le va a convertir la vida en un infierno.
_ No hable así de esa pobre mujer.
_ Mamá, ¿usted por qué la otra vez dijo que esa señora tenía razones de peso para odiar a Esperanza.
_ Yo nunca he dicho eso.
_ Sí lo dijo mamá. ¿Usted qué es lo que sabe? Cuénteme.
_ Yo no sé nada.
_ Yo no sé por qué tanto misterio con el pasado de Esperanza. El mismo misterio que tienen usted y mi abuela sobre el tema de mi papá. Mamá, ¿por qué mi papá no vivió con nosotros ni se casó con usted? ¿Y por qué nosotros no tenemos ningún vínculo con la familia de mi papá?
_ Ningún misterio. Su papá y yo no nos entendimos y por eso nunca vivimos juntos. Y al poco tiempo de usted nacer él falleció en ese accidente.
_ ¿Y la familia de mi papá? Él no tuvo papás, hermanos, primos...
Ebelia interrumpió lo que estaba haciendo y miró a su hija fijamente.
_ ¿Es que acaso su abuela y yo no le hemos bastado como familia? ¿No le hemos dado todo el amor del mundo como para que usted ahora esté reclamando conocer a su familia paterna?
_ ¿Y qué tiene de malo? ¿Acaso la familia de mi papá son un montón de delincuentes, leprosos, asesinos? ¿Cuál es el problema en que quiera conocerlos?
_ ¿Quiere saber la verdad? Está bien. Su abuela, la mamá de su papá, pertenecía a una de las familias más pudientes de este pueblo y nunca estuvo de acuerdo con la relación entre su papá y yo. Siempre nos hizo la vida imposible, eso sin contar que era una señora totalmente racista. Usted no se imagina la manera en que nos humillaba a su abuela y a mí.
_ ¿Y esa señora todavía vive?
_ No sé. No volví a saber nada de ella.
Prudencia Esguerra todavía vivía, enferma y achacosa, pero vivía. Tras la muerte de su hijo Eduardo sólo le quedaba un pariente cercano: su sobrino Oliverio Esguerra a quien continuamente visitaba como lo estaba haciendo aquella mañana.
_ ¿Y cómo están las cosas Oliverio? -preguntó la mujer arrellanada en una vieja silla y sosteniendo una taza de café con su mano izquierda.
_ Bien tía, muy bien.
_ Si vio el escándalo que se formó con la muerte de ese cura.
_ Sí. Algo he oído.
_ Todo el mundo piensa que usted está detrás de ese crimen.
_ ¿Y usted qué piensa tia? ¿Coincide con "todo el mundo"?
_ Yo ya no sé qué pensar. Desde que usted decidió dedicarse a ese negocio, perdió todos los escrúpulos... Pero no, no se lo digo por juzgarlo ni recriminarlo. Sólo me causa curiosidad que el heredero del hombre más rico de este pueblo haya decidido meterse en esa clase de negocios turbios, por llamarlos de alguna manera.
_ Los hombres somos ambiciosos por naturaleza. Cuando uno tiene poder quiere acumular todavía más poder.
_ No lo critico. Usted verá como hace sus cosas. Sólo le recomiendo que anda con mucha cautela. Esos negocios en los que usted anda metido son muy peligrosos.
_ Eso lo tengo perfectamente claro tía.
_ ¿Y usted no piensa que la muerte de ese cura puede atraer más atención de la que conviene hacia este pueblo? Mire que hasta los medios nacionales reseñaron la muerte de ese curita.
martes, 5 de enero de 2016
LA BASTARDA PARTE 25
LUNES 18 DE MAYO
Esperanza y el resto de su "familia" se encontraban desayunando cuando a través de la radio anunciaron el asesinato del padre Epifanio.
Hoy nuestro pueblo, nuestro querido pueblo está de luto. El padre Epifanio Sánchez, quien desde hace varios años se había convertido en el custodio de la moral de este pueblo, fue víctima de un ataque sicarial ayer en horas de la noche justo después de que oficiara la que sería su última misa. Al parecer el sacerdote acudía a casa de una persona moribunda con el fin de aplicarle los santos óleos, cuando fue interceptado por motorizados que le propinaron varios impactos de bala que acabaron con su vida en forma instantánea.
Aún no hay pistas sobre los autores intelectuales y materiales de este atroz crimen. El alcalde de la ciudad ha ofrecido una recompensa de 20 millones de pesos a quien entregue información que permita esclarecer este exacrable hecho que enluta y llena de dolor a toda la sociedad esperanceña...
_ Eso se veía venir. Ese cura estaba pisando muchos callos en este pueblo -opinó Horacio.
_ A este pueblo literalmente se lo llevó el diablo -agregó Yolanda.
_ Yo no entiendo como puede haber gente tan malvada -dijo Esperanza- Matar a una persona que dedicó su vida a hacer cosas buenas por la gente de este pueblo, a dar buenos consejos a la juventud. Quién podrá tener el alma tan podrida para hacer una cosa aquí.
_ ¿Pues quién va a ser? Obviamente el mafioso ese, el tal OLiverio ESguerra. Ese ya prácticamente es el dueño de este pueblo. Y como el curita en todos las misas no hacía otra cosa que criticar a ese tipejo, por eso lo terminaron matando -explicó Yolanda.
_ Ese padre era el único que tenía el valor civil de cantarle la tabla a esa gente. Todo lo que decía era verdad. Esos personajes no han hecho más que llenar de violencia y vicio este pueblo .sentenció Esperanza.
Al día siguiente se llevaron a cabo las exequias las cuales, pese al miedo que reinaba en el ambiente, movilizaron a miles de esperanceños que indignados le dieron el último adios al faro moral de ese desdichado pueblo. Cayó la noche y ya en la cama Yolanda y Horacio hablaron de su tema favorito: Esperanza.
_ Me quedé impresionada con la cantidad de gente que fue a ese entierro -indicó la mujer.
_ A ese cura sea como sea lo querían mucho. Es una lástima que haya acabado así -opinó Horacio
_ Este pueblo cada vez está más podrido. Cuando niña era un remanso de paz y ahora sólo se escuchan historias de violencia, inseguridad. A veces hasta me provoca largarme de aquí.
_ ¿Y cómo sigue doña Alicia? ¿Qué dicen los médicos?
_ Su mal es irreversible. Yo sólo espero que mi pobre mamá descanse por fin. Ese cáncer es una enfermedad terrible... Pero a mí lo que más me preocupa ahora es Esperanza. Si yo tuviera la plata, los recursos para falsificar esas escrituras para que esa no aparezca como dueña, lo haría. Pero eso cuesta.
_ ¿Usted insiste con lo mismo?
_ Me niego a aceptar la idea de que esa se convierte en la ama y señora de esta casa.
_ Ese odio que usted le profesa a su sobrina no es nada bueno. La va a terminar enfermando.
_ Usted sabe perfectamente que yo tengo razones de pesos para detestar a esa mujer. Me parecen tan irónicas esas posturas tan moralistas con las que siempre sale. Si supiera la clase de zángana que fue la mamá. Es más, a veces me provoca contarle a esa toda la verdad.
_ No lo haga. No le destruya la vida a esa pobre niña. Yo no justifico nada de lo que hizo su hermana, pero Esperanza no fue más que otra víctima de ella.
Esperanza y el resto de su "familia" se encontraban desayunando cuando a través de la radio anunciaron el asesinato del padre Epifanio.
Hoy nuestro pueblo, nuestro querido pueblo está de luto. El padre Epifanio Sánchez, quien desde hace varios años se había convertido en el custodio de la moral de este pueblo, fue víctima de un ataque sicarial ayer en horas de la noche justo después de que oficiara la que sería su última misa. Al parecer el sacerdote acudía a casa de una persona moribunda con el fin de aplicarle los santos óleos, cuando fue interceptado por motorizados que le propinaron varios impactos de bala que acabaron con su vida en forma instantánea.
Aún no hay pistas sobre los autores intelectuales y materiales de este atroz crimen. El alcalde de la ciudad ha ofrecido una recompensa de 20 millones de pesos a quien entregue información que permita esclarecer este exacrable hecho que enluta y llena de dolor a toda la sociedad esperanceña...
_ Eso se veía venir. Ese cura estaba pisando muchos callos en este pueblo -opinó Horacio.
_ A este pueblo literalmente se lo llevó el diablo -agregó Yolanda.
_ Yo no entiendo como puede haber gente tan malvada -dijo Esperanza- Matar a una persona que dedicó su vida a hacer cosas buenas por la gente de este pueblo, a dar buenos consejos a la juventud. Quién podrá tener el alma tan podrida para hacer una cosa aquí.
_ ¿Pues quién va a ser? Obviamente el mafioso ese, el tal OLiverio ESguerra. Ese ya prácticamente es el dueño de este pueblo. Y como el curita en todos las misas no hacía otra cosa que criticar a ese tipejo, por eso lo terminaron matando -explicó Yolanda.
_ Ese padre era el único que tenía el valor civil de cantarle la tabla a esa gente. Todo lo que decía era verdad. Esos personajes no han hecho más que llenar de violencia y vicio este pueblo .sentenció Esperanza.
Al día siguiente se llevaron a cabo las exequias las cuales, pese al miedo que reinaba en el ambiente, movilizaron a miles de esperanceños que indignados le dieron el último adios al faro moral de ese desdichado pueblo. Cayó la noche y ya en la cama Yolanda y Horacio hablaron de su tema favorito: Esperanza.
_ Me quedé impresionada con la cantidad de gente que fue a ese entierro -indicó la mujer.
_ A ese cura sea como sea lo querían mucho. Es una lástima que haya acabado así -opinó Horacio
_ Este pueblo cada vez está más podrido. Cuando niña era un remanso de paz y ahora sólo se escuchan historias de violencia, inseguridad. A veces hasta me provoca largarme de aquí.
_ ¿Y cómo sigue doña Alicia? ¿Qué dicen los médicos?
_ Su mal es irreversible. Yo sólo espero que mi pobre mamá descanse por fin. Ese cáncer es una enfermedad terrible... Pero a mí lo que más me preocupa ahora es Esperanza. Si yo tuviera la plata, los recursos para falsificar esas escrituras para que esa no aparezca como dueña, lo haría. Pero eso cuesta.
_ ¿Usted insiste con lo mismo?
_ Me niego a aceptar la idea de que esa se convierte en la ama y señora de esta casa.
_ Ese odio que usted le profesa a su sobrina no es nada bueno. La va a terminar enfermando.
_ Usted sabe perfectamente que yo tengo razones de pesos para detestar a esa mujer. Me parecen tan irónicas esas posturas tan moralistas con las que siempre sale. Si supiera la clase de zángana que fue la mamá. Es más, a veces me provoca contarle a esa toda la verdad.
_ No lo haga. No le destruya la vida a esa pobre niña. Yo no justifico nada de lo que hizo su hermana, pero Esperanza no fue más que otra víctima de ella.
miércoles, 30 de diciembre de 2015
LA BASTARDA PARTE 24
DOMINGO 17 DE MAYO
Yolanda, Esperanza y toda la familia en general estuvieron de acuerdo en pagar una misa a la vieja Alicia. Ese domingo asistieron con sus mejores galas al templo para escuchar al padre Epifanio. Ese sacerdote se había granjeado la admiración de muchos en el pueblo porque había convertido el púlpito en tribuna desde la que lanzaba fuertes críticas a quienes traficaban con la narcótica hierba Mugen. Más por esa misma razón se había hecho acreedor al odio de mucha gente en el pueblo que veían en el cura un peligro para sus intereses.
Como todos los días el padre Epifanio dedicaba su sermón a cuestionar el pernicioso influjo del narcotráfico.
"No me cansaré de denunciar el gran peligro que se cierne sobre este pueblo por el desmedido poder que han adquirido los traficantes de esa hierba maldita. Ellos son prácticamente los dueños de este pueblo. Han cooptado el gobierno, la justicia, el comercio e incluso hasta influyen en la vida cotidiana de todos los esperanceños. Han corrompido los valores morales de este pueblo. Han inculcado en la juventud el amor por el dinero fácil, el poder a costa de cualquier precio, la exhibición de la mujer como un objeto sexual. Por culpa de esos personajes en este pueblo otrora pacífico ahora prolifera el sicariato, la prostitución y todo tipo de actividades criminales. Y todo frente al silecio cómplice de todos los habitantes de este pueblo.
"Qué les quede bien claro. Ninguna fortuna o poder acumulados y cimentados sobre la ruina y la destrucción de los jovenes que consumen ese vicio puede ser considerada legítima ni correcta ante los ojos de Dios".
Concluida la misa Esperanza y el resto de la familia abordaron el carro que los llevaría a su casa.
_ Ese cura ya se vuelve monotemático hablando en todos los sermones de lo mismo -opinó Yolanda.
_ Pues a mí me parece muy valiente. Es el único que se atreve a ponerle los puntos sobre las íes a esos mafiosos -replicó Esperanza.
_ Más que valiente me parece temerario. Ese padre está poniendo su vida en peligro por cuestionar tanto a ese señor Oliverio Esguerra. Porque así el padre hable en plural, es obvio que se refiere específicamente a ese personaje -anotó Horacio.
Ciertamente Oliverio Esguerra era el destinatorio de todos los sermones del padre Epifanio. Ese hombre había acumulado un poder insospechado en todos estos años y aquel cura locuaz y atrevido era una piedra en el zapato. Justamente de él estaba hablando con uno de sus lugartenientes con quien se había reunido en la guarida desde la cual despachaba sus órdenes.
_ Ese cura insiste en hablar mal de usted patrón -señaló el lavaperros de Esguerra- No hay día en que no quiera indisponer a la gente de este pueblo contra usted. Yo creo que ya es hora de darle una sorpresita a esa curita.
_ A mí no me conviene armar ruido con la desaparición de ese cura. Pero ya se me acabó la paciencia. Quiero que se encargue hoy mismo de quitarme ese problema de encima.
_ Entendido patrón.
El lavaperros atendió la orden sin chistar. El plan resultó muy simple. Llamaron al cura y le hicieron creer que una persona moribunda precisaba que se le aplicara la extremahunción. Cuando el sacerdote iba en camino de atender esa obligación, unos sicarios motorizados lo interceptaron y descerrajaron una ráfaga de balas sobre la humanidad del último bastión de la moral que quedaba en La Esperanza.
Yolanda, Esperanza y toda la familia en general estuvieron de acuerdo en pagar una misa a la vieja Alicia. Ese domingo asistieron con sus mejores galas al templo para escuchar al padre Epifanio. Ese sacerdote se había granjeado la admiración de muchos en el pueblo porque había convertido el púlpito en tribuna desde la que lanzaba fuertes críticas a quienes traficaban con la narcótica hierba Mugen. Más por esa misma razón se había hecho acreedor al odio de mucha gente en el pueblo que veían en el cura un peligro para sus intereses.
Como todos los días el padre Epifanio dedicaba su sermón a cuestionar el pernicioso influjo del narcotráfico.
"No me cansaré de denunciar el gran peligro que se cierne sobre este pueblo por el desmedido poder que han adquirido los traficantes de esa hierba maldita. Ellos son prácticamente los dueños de este pueblo. Han cooptado el gobierno, la justicia, el comercio e incluso hasta influyen en la vida cotidiana de todos los esperanceños. Han corrompido los valores morales de este pueblo. Han inculcado en la juventud el amor por el dinero fácil, el poder a costa de cualquier precio, la exhibición de la mujer como un objeto sexual. Por culpa de esos personajes en este pueblo otrora pacífico ahora prolifera el sicariato, la prostitución y todo tipo de actividades criminales. Y todo frente al silecio cómplice de todos los habitantes de este pueblo.
"Qué les quede bien claro. Ninguna fortuna o poder acumulados y cimentados sobre la ruina y la destrucción de los jovenes que consumen ese vicio puede ser considerada legítima ni correcta ante los ojos de Dios".
Concluida la misa Esperanza y el resto de la familia abordaron el carro que los llevaría a su casa.
_ Ese cura ya se vuelve monotemático hablando en todos los sermones de lo mismo -opinó Yolanda.
_ Pues a mí me parece muy valiente. Es el único que se atreve a ponerle los puntos sobre las íes a esos mafiosos -replicó Esperanza.
_ Más que valiente me parece temerario. Ese padre está poniendo su vida en peligro por cuestionar tanto a ese señor Oliverio Esguerra. Porque así el padre hable en plural, es obvio que se refiere específicamente a ese personaje -anotó Horacio.
Ciertamente Oliverio Esguerra era el destinatorio de todos los sermones del padre Epifanio. Ese hombre había acumulado un poder insospechado en todos estos años y aquel cura locuaz y atrevido era una piedra en el zapato. Justamente de él estaba hablando con uno de sus lugartenientes con quien se había reunido en la guarida desde la cual despachaba sus órdenes.
_ Ese cura insiste en hablar mal de usted patrón -señaló el lavaperros de Esguerra- No hay día en que no quiera indisponer a la gente de este pueblo contra usted. Yo creo que ya es hora de darle una sorpresita a esa curita.
_ A mí no me conviene armar ruido con la desaparición de ese cura. Pero ya se me acabó la paciencia. Quiero que se encargue hoy mismo de quitarme ese problema de encima.
_ Entendido patrón.
El lavaperros atendió la orden sin chistar. El plan resultó muy simple. Llamaron al cura y le hicieron creer que una persona moribunda precisaba que se le aplicara la extremahunción. Cuando el sacerdote iba en camino de atender esa obligación, unos sicarios motorizados lo interceptaron y descerrajaron una ráfaga de balas sobre la humanidad del último bastión de la moral que quedaba en La Esperanza.
lunes, 28 de diciembre de 2015
LA BASTARDA PARTE 23
VIERNES 15 DE MAYO
Empezaba un nuevo día y Esperanza decidió visitar a sus vecinas antes de acudir a la clínica a averiguar por la suerte de su abuela querida.
_ ¿Y cómo sigue la Sra Alicia, esperancita?- preguntó la negra Berenice.
_ Regular doña Berenice. El médico no fue muy optimista. El cáncer no se detectó a tiempo y ya la enfermedad está muy avanzada- contestó Esperanza quien se hallaba cómodamente arrellanada en uno de los sofas de la casa vecina. María Berenice estaba sentada sobre una poltrona, mientras que Ebelia y Berenice no perdían detalle de la conversación sentadas sobre las sillas del comedor.
_ Bueno mijita, lo único que le puedo decir en este momento es que hay que tener mucha fortaleza y confiar en que Dios le deparé lo mejor a su abuela.
_ ¿Y cómo ha tomado las cosas Yolanda? -preguntó Ebelia.
_ Pues como lo toma todo ella: llena de rabia.
_ Esperanza -anotó María Berenice- yo todavía no puedo creer que su tía no la haya dejado entrar anoche a su casa. Se supone que el 50% de esa casa es suya, ¿o no?
_ Yo todos los días me hago la misma pregunta: ¿por qué mi tía es así conmigo? Toda la vida me ha tratado como con un rencor...una rabia. Yo no sé por qué tengo la sensación de que mi mamá tiene que ver en todo eso. Mi tía cuando habla de mi mamá siempre lo hace en muy malos términos. Yo estoy cansado de preguntarle a mi abuela qué es lo que pasa. Incluso ayer le pregunté directamente a mi tía porque se comporta así conmigo. Pero ninguna es capaz de darme la respuesta. Ustedes que han conocido a mi familia de toda la vida ¿no saben algo? Me pueden decir algo de ese pasado tan misterioso -pidió Esperanza de manera encarecida. Ebelia y María Berenice sólo se limitaron a intercambiar miradas cómplices.
_ Yo creo que todas esas respuestas que busca se las tiene que pedir directamente a su familia -opinó Ebelia.
_ Por eso les digo que yo he confrontado a las dos, a mi tía y a mi abuela, y siempre se salen por la tangente. Yo quiero saber cuál es la verdad de mi pasado, de mi origen. Saber por qué me abandonó mi mamá. Saber quién era mi papá.
_ Esperanza yo le digo una cosa, yo también me crié sin papá como usted y le puedo decir con todo el convencimiento que nosotros las mujeres no necesitamos de los hombres para nada, ni para vivir, ni para salir adelante.
_ Es mejor que no se mortifique por el pasado. Lo que paso, pasó y lo que realmente importa es vivir el presente -señaló Berenice.
_ Es que ese es el problema. Yo ni siquiera sé si debe mortificarme porque sencillamente no conozco nada de mi pasado.
Luego de visitar a sus entrañables vecinas y amigas Esperanza se dirigió a la clínica donde estaba internada Alicia. Allí se encontró con su tía y Horacio. Al poco tiempo llegó el médico con novedades.
_ Doctor ¿cómo está mi abuela?
_ Ya tenemos los resultados de los estudios que le hicimos y la verdad no les tengo buenas noticias.
_ ¿Qué pasó doctor? -cuestionó Yolanda.
_ El cáncer hizo metástasis.
_ ¿Eso qué quiere decir? -preguntó Esperanza.
_ Quiere decir que las celulas cancerosas se han "regado" por todo el cuerpo de la paciente afectando otros órganos. Infortunadamente el cáncer no fue detectado a tiempo y por eso ha avanzado tanto.
_ ¿Eso quiere decir que mi mamá está deshauciada doctor?
_ Sería irresponsable de mi parte alimentar falsas expectativas.
Esperanza prorrumpió en llanto ante el desconsolador panorama. El médico se marchó y Yolanda sólo atinó a decir "Bueno, sabíamos que este momento tarde o temprano iba a llegar". Entretanto Horacio intentaba consolar a la apesadumbrada Esperanza.
_ Yo no sé qué va a hacer la pobre esperanza si doña Alicia se muere. Va a quedar a merced de la bruja amargada de la tía -sentenció María Berenice- Ustedes que conocen a esa señora de toda la vida ¿siempre ha sido tan amargada?
_ A lo mejor ella tiene razones de peso para haberse vuelto así -acotó Ebelia.
_ ¿por qué lo dice mamá? ¿Ustedes qué es lo que saben? ¿Por qué no me cuentan? -preguntó María Berenice mientras giraba intrigada su cabeza hacia la dirección donde estaban su madre y abuela.
_ Nosotros no sabemos nada y deje de ser chismosa que la curiosidad mató al gato -anotó con ironía Berenice.
A la joven Esperanza le dieron permiso de visitar a su moribunda abuela. Entró a la habitación envuelta en un ambiente mortuorio, contempló a la anciana y se hincó ante ella.
_ abuela ¡por favor no me abandone! ¡Usted es lo único que tengo en esta vida! ¡No me deje sola! -suplicó la desconsolada niña en medio de sollozos.
Empezaba un nuevo día y Esperanza decidió visitar a sus vecinas antes de acudir a la clínica a averiguar por la suerte de su abuela querida.
_ ¿Y cómo sigue la Sra Alicia, esperancita?- preguntó la negra Berenice.
_ Regular doña Berenice. El médico no fue muy optimista. El cáncer no se detectó a tiempo y ya la enfermedad está muy avanzada- contestó Esperanza quien se hallaba cómodamente arrellanada en uno de los sofas de la casa vecina. María Berenice estaba sentada sobre una poltrona, mientras que Ebelia y Berenice no perdían detalle de la conversación sentadas sobre las sillas del comedor.
_ Bueno mijita, lo único que le puedo decir en este momento es que hay que tener mucha fortaleza y confiar en que Dios le deparé lo mejor a su abuela.
_ ¿Y cómo ha tomado las cosas Yolanda? -preguntó Ebelia.
_ Pues como lo toma todo ella: llena de rabia.
_ Esperanza -anotó María Berenice- yo todavía no puedo creer que su tía no la haya dejado entrar anoche a su casa. Se supone que el 50% de esa casa es suya, ¿o no?
_ Yo todos los días me hago la misma pregunta: ¿por qué mi tía es así conmigo? Toda la vida me ha tratado como con un rencor...una rabia. Yo no sé por qué tengo la sensación de que mi mamá tiene que ver en todo eso. Mi tía cuando habla de mi mamá siempre lo hace en muy malos términos. Yo estoy cansado de preguntarle a mi abuela qué es lo que pasa. Incluso ayer le pregunté directamente a mi tía porque se comporta así conmigo. Pero ninguna es capaz de darme la respuesta. Ustedes que han conocido a mi familia de toda la vida ¿no saben algo? Me pueden decir algo de ese pasado tan misterioso -pidió Esperanza de manera encarecida. Ebelia y María Berenice sólo se limitaron a intercambiar miradas cómplices.
_ Yo creo que todas esas respuestas que busca se las tiene que pedir directamente a su familia -opinó Ebelia.
_ Por eso les digo que yo he confrontado a las dos, a mi tía y a mi abuela, y siempre se salen por la tangente. Yo quiero saber cuál es la verdad de mi pasado, de mi origen. Saber por qué me abandonó mi mamá. Saber quién era mi papá.
_ Esperanza yo le digo una cosa, yo también me crié sin papá como usted y le puedo decir con todo el convencimiento que nosotros las mujeres no necesitamos de los hombres para nada, ni para vivir, ni para salir adelante.
_ Es mejor que no se mortifique por el pasado. Lo que paso, pasó y lo que realmente importa es vivir el presente -señaló Berenice.
_ Es que ese es el problema. Yo ni siquiera sé si debe mortificarme porque sencillamente no conozco nada de mi pasado.
Luego de visitar a sus entrañables vecinas y amigas Esperanza se dirigió a la clínica donde estaba internada Alicia. Allí se encontró con su tía y Horacio. Al poco tiempo llegó el médico con novedades.
_ Doctor ¿cómo está mi abuela?
_ Ya tenemos los resultados de los estudios que le hicimos y la verdad no les tengo buenas noticias.
_ ¿Qué pasó doctor? -cuestionó Yolanda.
_ El cáncer hizo metástasis.
_ ¿Eso qué quiere decir? -preguntó Esperanza.
_ Quiere decir que las celulas cancerosas se han "regado" por todo el cuerpo de la paciente afectando otros órganos. Infortunadamente el cáncer no fue detectado a tiempo y por eso ha avanzado tanto.
_ ¿Eso quiere decir que mi mamá está deshauciada doctor?
_ Sería irresponsable de mi parte alimentar falsas expectativas.
Esperanza prorrumpió en llanto ante el desconsolador panorama. El médico se marchó y Yolanda sólo atinó a decir "Bueno, sabíamos que este momento tarde o temprano iba a llegar". Entretanto Horacio intentaba consolar a la apesadumbrada Esperanza.
_ Yo no sé qué va a hacer la pobre esperanza si doña Alicia se muere. Va a quedar a merced de la bruja amargada de la tía -sentenció María Berenice- Ustedes que conocen a esa señora de toda la vida ¿siempre ha sido tan amargada?
_ A lo mejor ella tiene razones de peso para haberse vuelto así -acotó Ebelia.
_ ¿por qué lo dice mamá? ¿Ustedes qué es lo que saben? ¿Por qué no me cuentan? -preguntó María Berenice mientras giraba intrigada su cabeza hacia la dirección donde estaban su madre y abuela.
_ Nosotros no sabemos nada y deje de ser chismosa que la curiosidad mató al gato -anotó con ironía Berenice.
A la joven Esperanza le dieron permiso de visitar a su moribunda abuela. Entró a la habitación envuelta en un ambiente mortuorio, contempló a la anciana y se hincó ante ella.
_ abuela ¡por favor no me abandone! ¡Usted es lo único que tengo en esta vida! ¡No me deje sola! -suplicó la desconsolada niña en medio de sollozos.
domingo, 27 de diciembre de 2015
LA BASTARDA PARTE 22
JUEVES 14 DE MAYO
Aquella noche Esperanza perdió la noción del tiempo y terminó llegando a su casa a las dos de la madrugada. Cuando intentó abrir la puerta de su casa se percató de que estaba bajo llave. Tocó el timbre varias veces hasta que su tía bajó hasta el primer piso, pero lejos de abrirle la increpó por arribar a la casa a tan altas horas de la madrugada.
_ ¿Qué son estas horas de aparecerse por aquí desvergonzada?
_ Tía, ¡qué pena! No me di cuenta a qué horas se me hizo tan tarde. Déjeme entrar sí.
_ ¡Vaya a dormir donde la trasnocharon! Descarada. Qúe dijo: "cumplí la mayoría de edad y ahora puedo hacer lo que se me venga en gana! No señora. En esta casa hay normas que se tienen que respetar.
_ ¡Tía, por favor! ¡Déjeme entrar! Mire que es la primera vez que llegó a esta hora. Es mi cum...
_ Primera vez y última porque yo no le voy a alcahuetear su sinverguencería. Vaya y pídale posada alguno de los zánganos esos con los que estuvo de parranda.
Resignada, Esperanza resolvió pedir a su vecina Berenice que le permitiera quedarse en su casa por esta noche. Ella accedió sin problemas. Cuando amaneció la vieja Alicía preguntó por el paradero de su nieta de la cual ya había notado su ausencia. Intentó resolver sus dudas con Yolanda quien a esas horas estaba desayunando en compañía de su marido.
_ ¿Dónde está Esperanza? No la encontré en su alcoba.
_ No pasó la noche aquí -contestó Yolanda.
_ ¿Qué? ¿Cómo así?
_ Así como lo oyó Mamá. ¿Sabe a qué horas se apareció en esta casa? A las dos de la madrugada. Lo siento mamá pero yo no voy a acolitar la sinverguensura de esa niña. En esta casa hay normas y se tienen que respetar.
_ ¿Es que acaso usted nunca fue joven? A esa edad es normal que los muchachos salgan y más si -la vieja mujer interrumpió su discurso para toser- más si es su cumpleaños.
_ ¿Y qué clase de ejemplo es ese para Pablo y Martina? Dirán: "Mi prima puede irse a juerguear hasta la hora que se le dé la gana. Entonces nosotros también podemos hacer lo mismo".
_ Me aterra lo amargad...- No pudo terminar porque de nuevo la dominó el deseo de toser. Luego se agarró el pecho en señal de un gran dolor que la agobiaba. Yolanda y su esposo debieron llevarla de urgencia a la clínica. Esperanza se dirigió a ese lugar apenas supo todo.
_ ¿Cómo está mi abuela Tía?
_ Estará contenta, ¿no? Tuve una discusión con mi mamá y para variar por culpa suya. Por eso se puso mal.
_ Doña Alicia está en observación Esperanza. Los médicos todavía no nos dicen nada -le informó Horacio a la joven.
En ese preciso instante apareció un galeno a dar el respectivo parte médico.
_ Doctor, ¿Cómo está mi mamá?
_ Está en observación. Creó que lo más recomendable es dejarla aquí en la clínica por unos días. Aunque debo decirles que la enfermedad de ella ya está en una fase terminal. Vamos a hacerle unos estudios para saber qué tan avanzada está el cáncer. Hasta ahora el pronóstico es reservado.
El médico se marchó sin dar más detalles. El siguiente en irse fue Horacio quien debía dictar clases en el colegio. Yolanda y esperanza se quedaron solas en la sala de espera.
_ ¿Y qué, dónde pasó la noche?
_ En casa de doña Berenice.
_ Esa mujer como siempre de alcahueta suya.
_ Tía, ¿le puedo hacer una pregunta? Es una pregunta que yo me hecho desde hace muchos años. ¿Usted por qué me odia tanto?
_ Deje de ser ridícula. Yo no la odio. Lo único que hago es imponer orden y disciplina en mi casa. ¿Acaso eso es un delito?
_ Esa respuesta no me convence. ¿Sea sincera conmigo tía? ¿Qué hay detrás de tanta rabia suya hacia mí? Yo trató de comportarme bien, de no dar problemas. Pero a usted nada de lo que yo hago le parece bien. ¿Por qué?
_ ¡Déjese de tanto drama tan ridículo! -sentenció Yolanda ya acto seguido se paró de su silla y se marchó.
Era la primera vez que Esperanza interrogaba a su tía por ese odio que ésta le profesaba. A muchas les había preguntado sobre las causas de esa animadversión y si acaso ella estaba fundamentada en pasajes oscuros de su pasado. Pero nadie le daba una respuesta convincente.
Aquella noche Esperanza perdió la noción del tiempo y terminó llegando a su casa a las dos de la madrugada. Cuando intentó abrir la puerta de su casa se percató de que estaba bajo llave. Tocó el timbre varias veces hasta que su tía bajó hasta el primer piso, pero lejos de abrirle la increpó por arribar a la casa a tan altas horas de la madrugada.
_ ¿Qué son estas horas de aparecerse por aquí desvergonzada?
_ Tía, ¡qué pena! No me di cuenta a qué horas se me hizo tan tarde. Déjeme entrar sí.
_ ¡Vaya a dormir donde la trasnocharon! Descarada. Qúe dijo: "cumplí la mayoría de edad y ahora puedo hacer lo que se me venga en gana! No señora. En esta casa hay normas que se tienen que respetar.
_ ¡Tía, por favor! ¡Déjeme entrar! Mire que es la primera vez que llegó a esta hora. Es mi cum...
_ Primera vez y última porque yo no le voy a alcahuetear su sinverguencería. Vaya y pídale posada alguno de los zánganos esos con los que estuvo de parranda.
Resignada, Esperanza resolvió pedir a su vecina Berenice que le permitiera quedarse en su casa por esta noche. Ella accedió sin problemas. Cuando amaneció la vieja Alicía preguntó por el paradero de su nieta de la cual ya había notado su ausencia. Intentó resolver sus dudas con Yolanda quien a esas horas estaba desayunando en compañía de su marido.
_ ¿Dónde está Esperanza? No la encontré en su alcoba.
_ No pasó la noche aquí -contestó Yolanda.
_ ¿Qué? ¿Cómo así?
_ Así como lo oyó Mamá. ¿Sabe a qué horas se apareció en esta casa? A las dos de la madrugada. Lo siento mamá pero yo no voy a acolitar la sinverguensura de esa niña. En esta casa hay normas y se tienen que respetar.
_ ¿Es que acaso usted nunca fue joven? A esa edad es normal que los muchachos salgan y más si -la vieja mujer interrumpió su discurso para toser- más si es su cumpleaños.
_ ¿Y qué clase de ejemplo es ese para Pablo y Martina? Dirán: "Mi prima puede irse a juerguear hasta la hora que se le dé la gana. Entonces nosotros también podemos hacer lo mismo".
_ Me aterra lo amargad...- No pudo terminar porque de nuevo la dominó el deseo de toser. Luego se agarró el pecho en señal de un gran dolor que la agobiaba. Yolanda y su esposo debieron llevarla de urgencia a la clínica. Esperanza se dirigió a ese lugar apenas supo todo.
_ ¿Cómo está mi abuela Tía?
_ Estará contenta, ¿no? Tuve una discusión con mi mamá y para variar por culpa suya. Por eso se puso mal.
_ Doña Alicia está en observación Esperanza. Los médicos todavía no nos dicen nada -le informó Horacio a la joven.
En ese preciso instante apareció un galeno a dar el respectivo parte médico.
_ Doctor, ¿Cómo está mi mamá?
_ Está en observación. Creó que lo más recomendable es dejarla aquí en la clínica por unos días. Aunque debo decirles que la enfermedad de ella ya está en una fase terminal. Vamos a hacerle unos estudios para saber qué tan avanzada está el cáncer. Hasta ahora el pronóstico es reservado.
El médico se marchó sin dar más detalles. El siguiente en irse fue Horacio quien debía dictar clases en el colegio. Yolanda y esperanza se quedaron solas en la sala de espera.
_ ¿Y qué, dónde pasó la noche?
_ En casa de doña Berenice.
_ Esa mujer como siempre de alcahueta suya.
_ Tía, ¿le puedo hacer una pregunta? Es una pregunta que yo me hecho desde hace muchos años. ¿Usted por qué me odia tanto?
_ Deje de ser ridícula. Yo no la odio. Lo único que hago es imponer orden y disciplina en mi casa. ¿Acaso eso es un delito?
_ Esa respuesta no me convence. ¿Sea sincera conmigo tía? ¿Qué hay detrás de tanta rabia suya hacia mí? Yo trató de comportarme bien, de no dar problemas. Pero a usted nada de lo que yo hago le parece bien. ¿Por qué?
_ ¡Déjese de tanto drama tan ridículo! -sentenció Yolanda ya acto seguido se paró de su silla y se marchó.
Era la primera vez que Esperanza interrogaba a su tía por ese odio que ésta le profesaba. A muchas les había preguntado sobre las causas de esa animadversión y si acaso ella estaba fundamentada en pasajes oscuros de su pasado. Pero nadie le daba una respuesta convincente.
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