martes, 25 de marzo de 2014

¿Por quién votar para Presidente?

Cometí un grave, gravísimo error ventilando mis desgracias personales a través de este blog. Intentar generar lástima no resultó ser una estrategia efectiva para salir del atolladero en que me encuentro. Así que hoy en vez de hablar de mi fracasada vida, procederé a analizar por quién votar en las próximas elecciones presidenciales que tendrán lugar a escasos meses.

Hasta hace poco tenía claro que mi voto sería por Juan Manuel Santos. No sería tanto un voto a favor de las políticas del actual mandatario, sino principalmente un respaldo a la continuación del proceso de paz que adelanta el Gobierno con la guerrilla de las FARC. Pienso que esa iniciativa de paz que genera tanta urticaria en algunos sectores es una valiosa oportunidad para terminar con un conflicto que completa cinco décadas. Desde el principio he apoyado dicho proceso entre otras cosas porque se ha adelantado en medio del conflicto y sin desmilitarizar un sólo centímetro de territorio nacional como sucedió con el Caguán. En pocas palabras la Fuerza Pública ha continuado actuando para repeler a la guerrilla sin zonas de despeje que le den a ésta un compás de espera para fortalecerse y delinquir. Las Farc, por su parte, han continuado sus ataques contra policías y militares. Claro, lo ideal es que las conversaciones se surtieran en medio de una tregua o cese de hostilidades, pero lo fundamental es que el proceso avance y llegue a un feliz término así sea en medio de las balas.

Y ciertamente el proceso ha avanzado. Ya se han llegado a acuerdos en lo referente a tierras y participación política. Pero es evidente que ese proceso no habrá concluido para cuando Santos acabe su mandato este 07 de agosto y por ende no habría más remedio que apoyar su reeleción para que de esa manera los diálogos de la Habana continúen. Sería un voto por la paz, un gesto muy loable pero costoso si se tiene en cuenta que apoyando la reelección de Santos se apoyaría también sus políticas. En pocas palabras se respaldarían otros cuatro años de una supuesta reducción de la pobreza en la que no creo, una disminución en las cifras de desempleo que me generan dudas y supuestos avances como el falaz anuncio del Ministerio de Educación según el cual en Colombia un profesional recién graduado se gana en promedio casi dos millones de pesos mensuales de salario.

¡Por Dios! ¿A quién quieren engañar? La realidad es que en Colombia muchos profesionales sobreviven con el mínimo y un poco más; la informalidad está disparada; en Buenaventura el desempleo roza el 60%; los campesinos se han ido a paro porque su oficio ya no es rentable; una empresa minera tiene contaminada la bahía de Santa Marta con el hollín de Carbón y además sin empacho arroja carbón al Mar Caribe; en Casanare una sequía ha matado 20 mil animales, eso sin contar que su capital, Yopal, cumple varios años sin acceso a agua potable; la minería legal e ilegal sigue destruyendo nuestros ecosistemas; ni la salud, ni la educación universitaria y postuniversitaria son gratuitas.

Pero bueno, no se puede esperar algo diferente porque esa es la herencia de más de doscientos años de poder repartido entre liberales y conservadores, luego reencauchados en uribistas y ahora en Santistas. Por eso en la próximas elecciones le quería apostar a otra alternativa. Había contemplado votar por Aida Avella, de la Unión Patriótica, pero ella decició convertirse en la fórmula vicepresidencial de Clara López del Polo. No me entusiasmaba votar por López por el desastre que resultó el corrupto gobierno de Samuel Moreno, pero ella es la única que encarna una alternativa distinta a la que hasta ahora ha gobernado este país. Además seguramente con Clara gobernando continuará el proceso de paz, cosa contraria a lo que pasaría si llegara al poder el títere de Uribe. Óscar Iván Zuluaga.

Quiero saber qué tal resulta un gobierno de izquierda en Colombia. Por supuesto tendrá muchos enemigos y palos en la rueda empezando por un Congreso de mayoría santista y uribista que no apoyará sus iniciativas, unas fuerzas militares de ultra derecha y unas bandas criminales muy poderosas dispuestas a hacer el trabajo sucio: aniquilar a todo lo que huela a izquierda. Pero me gustaría ser testigo de ese experimento: la izquierda tomando las riendas de Colombia. Puede que un gobierno de Clara y de la izquierda en general sea bueno, o puede resultar un desastre como en Venezuela. Si ocurre lo segundo estaré dispuesto a aceptar que la derecha siga gobernando a este país por los siglos de los siglos.

Y ojo, no me considero un mamerto: creo en el orden, creo que la seguridad es un derecho fundamental para una persona y creo en unas instituciones que se empeñen en protegerlo, creo en la lucha contra la corrupción y la ineficiencia administrativa; pero estoy harto de la falta de oportunidades, de las cifras del DANE que no se compadecen con la realidad. En definitiva: ¡quiero un cambio!

miércoles, 12 de febrero de 2014

LA COLUMNA DE OPINIÓN QUE NO PUBLICÓ EL ESPECTADOR

En días pasados El Espectador abrió la posibilidad de que lectores suyos mandaran columnas de opinión para ser publicadas por ese medio. Yo decidí participar pensando que sería una gran vitrina para darme a conocer, pero no tardé en comprobar una vez más que escribir no es como soplar y hacer botellas. Al elaborar una columna de opinión uno no se puede limitar a verter en el teclado del computador cuanta estupidez se le venga a uno a la cabeza sólo para rellenar espacio en la hoja de word -aunque de hecho muchos columnistas lo hacen; por el contrario uno debe de esmerarse en encontrar un tema, una tesis o un planteamiento original y atractivo, a la vez que esmerarse en escoger los mejores argumentos para defenderlo o sustentarlo.

Porque de eso se trata una columna de opinión: proponer una tesis y defenderla con minuciosidad, persuación e inteligencia. Mi mente se bloqueó porque sencillamente no se me ocurría un buen tema para mi artículo, pero después de mucho devanarme los sesos le aposté a hablar sobre los excesos de la "libertad de expresión" que uno puede encontrar cuando lee los foros de opinión, no sólo de El Espectador, sino de todos los demás medios.

A continuación reproduzco la columna de opinión que envié a El Espectador:



PEDÓFILOS COMENTANDO

Por: Julián Andrés Pastrana Cuéllar.

En días pasados dos noticias de El Espectador llamaron mi atención: la primera trataba sobre una niña que fue abusada sexualmente por un profesor con el que, supuestamente, sostenía una relación amorosa, mientras que la segunda reseñaba el caso de otra menor de doce años que se había escapado con un hombre de 30 del cual estaba esperando un  hijo.
En honor a la verdad suelo abstenerme de leer los comentarios que hacen los lectores de Elespectador.com sobre las noticias publicadas allí, pero en aquella  oportunidad decidí indagar qué opinaban ellos acerca de los dos casos de abuso a menores. Me encontré, más que con un foro de opiniones, con una letrina en la que personajes de la peor calaña daban rienda suelta a sus peores desviaciones; no voy aquí a repetir las bajezas que llegué a leer, sólo voy a anotar que varios lectores justificaban los casos de abuso tratando de mostrarlos como situaciones “normales”, e insinuando además que la culpa no era de los adultos sino de las menores cuya libido sexual despierta cada vez a más temprana edad.

En pocas palabras no se debía enjuiciar a los adultos depravados que se involucraban con niñas que estaban lejos de tener la madurez física y mental para tener una relación sexual, sino a aquellas jóvenes de 10, 12, 13, 14 años que se comportaban como “mujerzuelas” buscando saciar sus apetitos sexuales. No entraré aquí a debatir sobre a qué edad empieza el despertar sexual de una mujer, pero sí considero que independientemente de ello el hombre debe tener la suficiente cabeza fría, autodominio y, sobre todo, los suficientes principios éticos para no dejarse “seducir” por menores de edad que podrían ser sus hijas o hermanas.

Infortunadamente opiniones tan vomitivas como las que acabo de subrayar no son algo extraño de encontrar en los foros de opinión de los medios de comunicación colombianos; lejos de ser espacios para un debate de ideas sólidas y bien argumentadas, éstos se han convertido en escenarios para el insulto fácil, las agresiones, la chabacanería, la intolerancia y la incitación al delito y a las parafilias como lo es en este caso la pedofilia, pederastia o como se le quiera llamar.

Creo que es necesario que los medios de comunicación empiecen a ejercer mayor control sobre estos foros de opinión. Muchos pueden aducir que hacerlo sería entorpecer la libertad de expresión que es uno de los principales valores de una democracia. Al respecto debo decir que en ningún momento sugiero vetar opiniones por razones políticas o ideológicas, pero sí aplicar controles mínimos para evitar que los foros estén plagados de comentarios ofensivos sin argumentos, opiniones discriminatorias e incluso spam. Hay muchos foros en internet que cuentan con un staff de moderadores los cuales tienen la facultad de borrar contenidos de esa índole e incluso esos foros se arrogan el derecho de “bannear” (bloquear indefinidamente) a usuarios que constantemente incurran en malos comportamientos. También llegan a detectar la IP del forista en cuestión y bloquearla para que éste no pueda crearse una nueva cuenta con la cual pueda continuar haciendo de las suyas.

Quienes son capaces de escribir comentarios justificando el abuso sexual a menores, así sea éste disfrazado como una “relación consentida”, deberían ser baneados. Es más, su IP debería ser reportada a la Policía o autoridades competentes. Quizás entre quienes se escudan en el anonimato para lanzar esas opiniones se esconde un pedófilo o depredador sexual.

La columna nunca fue publicada. Seguramente resultó demasiado mala -en cuanto a su contenido y a su forma- como para ser divulgada por un medio tan importante. Entretanto los foros de opinión de los medios siguen siendo foros de todo -insultos, racismo, pederastia, homofobia- menos de verdadera opinión.
                                                                                      
 



domingo, 9 de febrero de 2014

TRABAJANDO CON UNA RELACIONISTA PÚBLICA AMARRADA III

Sí, la labor de free press para el Torneo de Parqués fue un rotundo fracaso que reveló cómo hay temas que por más esfuerzos que se hagan sencillamente no resultan atractivos para los medios. No sé si antes o después de ese fracaso debí hacer free press a un joven llamado Martin Nessi. Chileno de nacimiento, se crió en Cali y posteriormente viajó a los estados Unidos donde empezó a forjar una promisoria carrera en el ámbito de la producción musical. Elaboré, a partir del testimonio que él mismo me dio, un extenso boletín para enviarlo a los medios de comunicación. El joven necesitaba que se publicarán en algunos medios notas sobre su desempeño profesional, ello con el fin de tramitar una visa, o algo así... la verdad no recuerdo bien. Sin embargo los problemas no tardaron en aparecer. Un portal web publicó una extensa nota del joven y en ADN y El Tiempo hicieron lo mismo. Hasta allí todo iba a las mil maravillas. Pero por culpa de un error de interpretación del boletín que yo envié, en la nota de El Tiempo le terminaron adjudicando a Nessi el haber trabajado con unos artistas de renombre con los que nunca hizo equipo. El error salió publicado en la versión digital de El Tiempo. El padre de Nessi lo leyó y conminó a Aljure a lograr una rectificación, ya que dicha información errónea "podría tener repercusiones legales". Gracias a mí mediación la nota en cuestión fue retirada del portal web de El Tiempo, pero no se pudo hacer nada para frenar su publicación en la versión impresa. Para rematar logré gestionar otra nota en el Diario Occidente, pero justo el día en anterior a su publicación olvidé enviar unas fotos de Nessi al medio en cuestión y por ello dicha nota finalmente nunca se publicó. Por otra parte resultaron infructuoso mis esfuerzos para que la Revista Shock le hiciera algún informe a Nessi. Hablé varias veces con un periodista de ese medio, pero nunca accedió a colaborarme. Así son las cosas en las relaciones públicas: uno se enfrenta a escuchar la clasíca frase "mándeme el boletín" , que es el equivalente al "nosotros le llamamos" de los encargados de los procesos de selección en las empresas.

De mi paso por esa oficina de prensa me quedaron muchas anécdotas. Recuerdo que la persona que me antecedió a mí en ese trabajo era la clásica vieja buenona. Cuando ella se marchó y yo llegué a reemplazarla un vigilante me preguntó: "qué pasó con la niña que  trabajaba allá" a lo cual yo le respondí: "no siguió porque se enfermó". "se puso malita la niña... y con lo buenona que estaba", anotó el guachimán con una expresión morbosa dibujada en su rostro. Lo cierto es que esa buenona duró alrededor de siete meses trabajando con Aljure hasta que un día llamó diciendo que estaba enferma y que no podía ir. No obstante aljure me confesó que pensaba que aquella muchacha en realidad se estaba haciendo la enferma porque no quería seguir trabajando en la oficina. La muchacha -ni siquiera recuerdo su nombre- se enfermó un miércoles de manera intempestiva. Al parecer Aljure no encontró con quién más reemplazarla y por eso me llamó a mí el jueves siguiente. Me llamó casi dos meses después de yo haber tenido una entrevista con ella, encuentro en el que por cierto quedo en evidencia el poco convencimiento de Aljure con respecto a mi contratación. A la enferma que se fue de la oficina a principios de noviembre, le pagaron su liquidación bien entrado el mes de diciembre. Lo poco que sé de ella es que era egresada de la Autónoma, con escueta experiencia en protocolo.

Nueve meses después de estar trabajando en esa oficina sencillamente me aburrí y resolví renunciar. Aljure trató de convencerme de desistir de mi decisión, un síntoma de que pese a todo no había hecho las cosas tan mal. Era una escena muy diferente a la que viví en El Maíz, empresa de la cual salí por la puerta de atrás: no me renovaron el contrato, según ellos por ser callado y tímido. Esa historia la contaré en su momento. Pero a pesar de mi renuncia no me desvinculé del todo de la oficina de prensa; Seguí trabajando desde mi casa encargándome de redactar boletines para el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente -DAGMA. La directora de esa entidad llamó a Aljure meses antes de mi renuncia para pedirle una persona que se hiciera cargo de la prensa del DAGMA. Aljure no me tuvo en cuenta para ese cargo por la misma razón de siempre: mi carácter callado, mis pocas habilidades sociales, etc, etc, etc. Acto seguido convocó a varios periodistas con la idea de que alguno de ellos entrará  como comunicador en el Dagma. A instancias del marido de Aljure ella finalmente accedió tenerme en cuenta para ese cargo, aclarando que allá ganaría alrededor de un millón de pesos sin prestaciones pero no podría ni siquiera pedir permisos para citas médicas como constantemente lo hacía en la oficina de Aljute. Lo cierto es que finalmente no aprobaron la llegada de un comunicador externo para que trabajara dentro del DAGMA. Así que a partir de entonces se me encomendó realizar boletines para dicha entidad que debería mandar a medios. Mi labor se limitaría a redactar; la periodista que me reemplazaría en la oficina -una muchacha llamada Laura- se haría cargo de hablar directamente con los periodistas.

Todo parecía marchar bien: ganaría el mismo sueldo -$600 mil- por trabajar desde la comodidad de mi casa. Pero la alegría no duraría mucho. Debí padecer lo indecible por el incumplimiento en los pagos de mi salario. Sí, de hecho la plata me la entregaban pero sin regularidad, con demasiado retraso. De agosto a diciembre trabajé redactando y enviando decenas de boletines. Incluso una vez debí cubrir un evento: la instalación de un solmáforo, dispositivo para medir la radiación ultavioleta. Madrugué para dicho evento, atendí periodistas, grabé entrevistas y realicé un boletín express para mandar a medios. Una vez más, como con el torneo de golf, ejercí la profesión que estudié, el periodismo, haciendo trabajó de campo, desgrabando entrevistas y redactando una noticia tal y como lo haría un reportero de cualquier medio. Fue una experiencia agradable (¡cómo no va a ser agradable desempeñar la profesión por la cual uno se quemó las pestañas durante cinco años en la universidad!) Finalmente el trabajo con el DAGMA se acabó, Aljure se desentendió de esa cuenta, una periodista de la Alcaldía asumió mi labor y yo una vez más quedé en el aire.

Sobra decir que me invadió la desesperación y la angustia: los deseos de abandonar una oficina donde realizaba una labor que repudiaba, se transmutaron en pánico al constatar las terribles consecuencias de ser un desempleado. No me quedó más remedio que hacer lobby para regresar donde Aljure. Sobra decir que en los meses que estuve lejos de esa oficina no logré encontrar otro trabajo como periodista. Afortunadamente para mí Laura decidió renunciar. Logré mi cometido: mi "flamante" regreso a esa jaula. En ese proceso sucedió algo "chistoso" por llamarlo de alguna manera: no llevaba ni una semana de retornar a la oficina cuando envié mi hoja de vida para un medio que solicitaba un community manager. Para mis adentros pensé: "obviamente no me van a llamar, pero peor diligencia es la que no se hace". Contrario a mis expectativas me llamaron a entrevista. El director del medio me preguntó si tenía experiencia como community manager. "no", fue mi respuesta. "Entonces para que aplicó a este cargo", replicó mi entrevistador. "porque la labor de community manager hoy en día tiene mucha demanda y quiero empezar a adquierir experiencia en ese campo  nuevo para mí" expliqué. El director me pidió que lo acompañara hasta la redacción de dicho medio y luego me pidió que escribiera una nota. Así lo hice. Días después me llamó y me dijo que mi ejercicio escrito le había gustado y que ahora debía cumplir un día de prueba en dicho medio. No me quedó más remedio que inventarle a Aljure que tenía una gastroenteritis para así tener el día siguiente libre y cumplir con el periodo de prueba en el otro medio. En el periodo de prueba me fue bien, pero cometí un error: le hice creer al jefe que estaba desempleado, pero luego le tuve que confesar que de hecho si estaba trabajando. El tipo montó en cólera y con toda razón: me dijo que las cosas no se hacían así, que que pretendía ser contratado en ese medio y luego renunciar de manera intempestiva a Aljure abandonando de un momento a otro el trabajo que estaba desempeñando en la oficina. Señaló que el trabajo de los comunicadores era esencialmente de contactos y yo no podía quedar mal con Aljure. Lo gracioso es que yo pensaba hacer tal cual lo que ese hombre me decía: esperar que me contraran en su medio y luego llamar a Aljure para decirle que no podía seguir laborando con ella.

lunes, 3 de febrero de 2014

TRABAJANDO CON UNA RELACIONISTA PÚBLICA AMARRADA II

Aljure nos vendió a Diana y a mí el Segundo Torneo Nacional de Parqués de Cooameva como la octava maravilla. "Es un tema divino, precioso, en su primera versión los periodistas se peleaban por publicarlo decía". Y no exageraba del todo: la primera versión del evento -cuya difusión estuvo a cargo de otra periodista- fue muy exitosa. Con ese precedente mi compañera y yo procedimos a llamar periodistas para que le dieran promoción al evento, pero no tardamos en darnos cuenta de que para nada los comunicadores estaban dispuestos a pelearse por hacerle difusión. Una de las primeras personas con las que me comuniqué fue un periodista deportivo de ADN cuya respuesta fue contundente: "esta vez no podemos ayudarlos. La vez pasada lo hicimos porque era la primera versión, era la novedad". En efecto dicho periódico hizo un cubrimiento amplio de la primera versión del Torneo porque era novedoso, original atractivo; sin esas cualidades el evento ya bo revestía interés para ellos. Y menos si se tenía en cuenta que en la Justa sólo podían participar afiliados de Coameva, es decir, era una actividad lúdica demasiado cerrada y al hacerle prensa era inevitable que las notas surgidas tuvieran un tinte demasiado comercial, un aire a pauta publicitaria muy evidente.

Como el evento era de cáracter nacional, también debimos llamar a periodistas de Bogotá. Recuerdo mucho a uno de ellos: Meluk de El Tiempo. Con un marcado acento costeño no titubeó en burlárseme en la cara cuando le planteé la posibilidad de que en la sección de deportes de El Tiempo sacaran una nota sobre el Torneo. "Torneo de Parqués", repitió con ironía y acto seguido lanzó una risita sarcástica. "Lo siento, aquí no lo podemos ayudar. Hable con la gente de entretenimiento y cultura", acotó. También contacté a un periodista deportivo de Noticias Uno. El individuo muy amable accedió a hacer una nota sobre el torneo e incluso se trasladó a la sede de cooameva en Bogotá donde tuvo los participantes del evento se reunieron para practicar. Lo cierto es que el noticiero jamás publicó la nota y no es muy difícil coleguir por qué: sencillamente la directora, o algún otro personaje de alto rango descartó el informe por comercial, una decisión muy en consonancia con la independencia que tanto defiende ese informativo.

Con la apoyo de Aljure convencimos a la corresponsal de Noticias Caracol en Cali para que cubriera la jornada eliminatoria del torneo. Aljure contrató un camarógrafo para la ocasión, diana se encargó de las entrevistas a participantes y organizadores de la justa y al final se le hizo llegar a la corresponsal el material fílmico. Al parecer ella editó y envió la nota a Bogotá, pero jamás fue publicada. A esas alturas era evidente que el trabajo de free press para ese proyecto había resultado un profundo fracaso. Las pocas noticias que se lograron gestionar palidecían ante la avalancha de menciones en televisión, radio y prensa logradas en la primera edición del torneo. Aljure nos echaba en cara los pobres resultados resaltando que no entendía como dos comunicadores no podían ni siquiera igualar lo conseguido por la periodista que estuvo a cargo del free press del primer torneo de parqués. A la pobre Diana la acusó de "vivir metida en facebook" y de ser "una mala influencia para mí" porque, según Aljure, cada vez que ella -diana- estaba en la oficina yo me ponía " de un genio insoportable". Al final la directora de la agencia optó por prescindir de los servicios de la comunicadora.

En vista de la partida de Diana me tocó a mí asumir el chicharrón del cubrimiento de la final del torneo. Los problemas se presentaron desde el principio: el camarógrafo que contrató Aljure no llevó micrófono para realizar las debidas entrevistas y por ello debió devólverse a su casa por él; para rematar tampoco ofrecía el servicio de llevar el minidv con la filmación a los noticieros locales. Aljure tuvo que hablar con él para persuadirlo de que lo hiciera. Y efectivamente lo hizo, pero demasiado tarde: uno de los noticieros necesitaba la grabación a las 4 y a esa hora apenas el camarógrafo estaba saliendo del lugar donde se llevó a cabo la final del torneo. La periodista de ese noticiero se embejucó y me echó tremenda "vaciada" por mi "falta de profesionalismo". Por fortuna el cassette llegó a tiempo y la nota se emitió en el noticiero. El día siguiente, un domingo, madrugué al barrio floralia para recoger otros dos cassette de minidv que debía entregarme el camarógrafo y el lunes madrugué a dejarlos personalmente en la sede de los noticieros Noventa Minutos y Noti 5; ninguno de esos dos medios publicó nada con respecto al susodicho torneo.

Así terminó la historia del flamante torneo de parqués organizado por el grupo empresarial Coameva.

En próximos post la tercera parte


miércoles, 29 de enero de 2014

EMPLEO A CAMBIO DE VOTOS

El lunes pasado murió el sueño. Fui a presentar pruebas directamente en la sede de la empresa que ofrecía las vacantes para agente de call center. Me descartaron en la prueba de dicción. Absurdo que a una persona le obliguen a repetir dos veces el mismo proceso de selección, pero bueno, así es la vida. En vista de ese nuevo fracaso, hoy miércoles decidi llevar una hoja de vida a la biblioteca departamental. Mi idea era encontrarme frente a frente con la persona encargada de reclutar personal y ponerle a consideración mi curriculum; es más, si era el caso estaba dispuesto a ofrecerme como voluntario -sin remuneración de por medio- para realizar algún trabajo relacionado con mi profesión (aunque éste consistiera en hacer reseñas de películas o libros, ¡lo que fuera!)

Llegué a la biblioteca y pregunté en recepción dónde podía dejar mi hoja de vida. "¿Quien te dijo que podías traer una hoja de vida acá?", inquirió una señora de tez morena. "Nadie. Yo decidi traerla por mi cuenta", le contesté. "Mira chico los procesos de contratación ya terminaron porque estamos en Ley de Garantías, pero ve al Museo de aquí al lado. De pronto allí sí están necesitando gente... anda como para que no pierdas la venida", anotó.

Me dirigí al museo, pero no encontré una oficinas dónde pudiera averiguar lo que necesitaba. Finalmente me acerqué a unos funcionarios del museo -deduje que eran funcionarios porque llevaban chalecos marcados con el logo de esa entidad- y les pregunté a quién le podía entregar mi hoja de vida. Al igual que la dama de la recepción de la biblioteca, el par de hombres me aclararon que en este momento no  estaban recibiendo currículos por la Ley de Garantías. Acto seguido explicaron que esa entidad como todas las instituciones públicas, municipales o gubernamentales se manejaban por "pura política" y si quiería tener al menos un mínimo chance de entrar a trabajar allá debía empezar a hacer proselitismo electoral. Me propusieron ir a las reuniones de un partido político x para que allí ofreciera conseguir determinada cantidad de votos; así "me daría a conocer" y en contraprestación por esos sufragios a favor de dicho movimiento político podía obtener un empleo en el museo. Palabras más, palabras menos, para lograr un puesto debía "pagarlo" con votos.

Toda la vida todos hemos escuchado aquello del clientelismo y de que a las entidades públicas sólo se llega por tener un determinado padrino político. Pero una cosa es oir esos rumores y otra comprobar por experiencia propia que no son exageraciones sino que son la pura y triste realidad.

lunes, 27 de enero de 2014

TRABAJANDO CON UNA RELACIONISTA PÚBLICA AMARRADA

Cuatro experiencias laborales he tenido dignas de mención. De cada una de ellas hablaré en su debido momento, pero hoy repararé en la última de ellas. Estaba trabajando en el diario El Maíz de Cali cuando me comunicaron que mi contrato no sería renovado. Cuando indagué por la razones básicamente adujeron que yo era muy callado. No cabe duda de que mi naturaleza autista es el azote que me ha mantenido postrato en la mediocridad y la angustia. Creo que uno de mis últimos días de trabajo -si no fue el último- decidí despedirme de una de las columnitas del periódico con la cual tuve una mejor relación. Ella manifestó su pesar y preguntó que en qué me podía ayudar. Acto seguido aseguró que hablaría con uno de los pesos pesadas de El Tiempo para que yo pudiera emplearme en ese periódico y también dijo que me recomendaría con una amiga de ella llamada Latifah Aljure, directora de una reconocida oficina de prensa de la ciudad.

Mi trasladó a El Tiempo jamás se concretó; decidí entonces comunicarme con la señora Aljure y acordar una entrevista. Una tarde, creo que de septiembre de 2011, mis ojos vieron por primera vez esa oficina dentro de la cual estaban además de La Aljure, su marido y la periodista que trabajaba con ellos. Entré a la oficina de la señora. Ella manifestó que necesitaba una persona que le ayudará en la redacción de un material escrito y me preguntó cuánto estaba dispuesto yo a cobrar por realizar esa labor. No supe qué contestarle ya que ignoraba cuánto cobrar por ese tipo de servicios. La entrevista finalizó y no volví a saber nada de la señora Aljure en los siguientes dos meses. Asumí que la señora sencillamente no había tenido una buena impresión de mí y por eso había descartado emplearme; de nuevo mi inseguridad y poco roces social habían jugado en mi contra.

En esos dos meses me invadió la desesperación propia de estar sin hacer nada y con la necesidad de responder por los gastos personales, desesperación por supuesto alimentada por la presión indirectas de un padre que al principio, al conocer sobre la no renovación del contrato en El Maíz, se había mostrado comprensivo, pero que semanas después me empezaba a echar en cara mi condición de desempleado. En mi desesperación llevé una hoja de vida a El Tiempo, con recomendación de un periodista de El Maíz a bordo. Ya en el pasado había llevado otras dos hojas de vida y ésta vez tampoco me llamaron. Mi ansiedad me llevó a viajar a Bogotá para repartir hojas de vida allá también, un esfuerzo verdaderamente inútil porque ni en El Tiempo, ni en el Espectador me las recibieron. Con ese viaje contribuí a dilapidar la jugosa liquidación que me habían dado en El Maíz.

La situación se tornaba gris cuando un jueves recibí una llamada: se trataba de la señora Aljure quien me citaba en su oficina. Fui a su encuentro y cuando estuvimos frente a frente me manifestó que su periodista -la que yo conocí dos meses atrás- había renunciado y necesitaba reemplazarla. Decidí aceptar ese puesto y de inmediato, ese mismo jueves en la tarde, sin las miles de inducciones que recibí en El Maíz comencé a laborar en la oficina de la señora Aljure. Mi primer trabajo fue redactar un boletín sobre la apertura de una nueva clínica de la eps Coameva en Tuluá. Aljure alabó mi manera de escribir sobre todo el lead de ese texto y además me mostró cómo realizar una de las actividades que debería desempeñar los meses sucesivos: el free press. Aljure se comunicó con periodistas de Tuluá, se las ingenió para averiguar los datos de los más importantes y armó una agenda en medios para llevar a cabo en esa ciudad. Sin duda el free press requería dones que yo no tenía: poder de convencimiento, habilidad verbal, desparpajo, empuje, "labia" como se diría coloquialmente, virtudes de las que siempre había carecido y que Aljure tenía de sobra. Al día siguiente ella viajó a Tulua y visitó cada medio donde le concedieron una cita acompañada por supuesto de un vocero de Coameva para así promover, dar a conocer y lograr que se sacarán notas periodísticas sobre la apertura del nuevo complejo de salud en Tuluá.

Desde el principio sabía que ese sería un trabajo engorroso, aburridor, desgastante y, sobre todo, mal remunerado. Mi sueldo sería de 600 mil pesos sin ningún tipo de prestaciones ni las garantías laborales de las que gocé cuando estuve en El Maíz. Días después de empezar a trabajar la Aljure me pidió el favor de ir a la oficina un sábado en la mañana para que llamará a unos médicos de Coameva y confirmara su asistencia a una actividad, no recuerdo cuál. Realice decenas de llamadas venciendo mi pésima dicción y vocalización, mi tendencia a hablar casi que susurrando y mi inclinación a tartamudear a cada rato.

A finales de diciembre debí realizar una agenda en medios en Bogotá para promocionar algo relacionado con Bancoameva. Logré citas con periodistas de medios económicos prestigiosos como Portafolio, La república, Dinero, etc. Todo iba bien hasta que Aljure me llamó un sábado; al parecer le entendí que había que cancelar todas las citas ya pactadas, aunque ella intentó, según ella, dar a entender otra cosa. Procedí a cencelar esas citas. Al día siguiente se vino la debacle: Aljure aseveró que yo me había equivocado y debía solicitar nuevamente esas citas. Me vi a gatas para un domingo, desde mi casa, reconfirmar las citas ya canceladas; casi todos los periodistas accedieron, pero como era de esperarse uno de ellos se embejucó arguyendo, palabras más, palabras menos, que "eso era una falta de seriedad". Al final se logró sortear la situación: aljure cumplió con su agenda en medios y logramos un buen cubrimiento informativo de aquella "noticias" que estábamos mercadeando.

Es que el free press básicamente es eso: vender hechos de naturaleza generalmente comercial -lanzamiento de productos, balances económicos, creación de un nuevo centro comercial, etc- como si fueran noticias de carácter trascedental o a las cuales los periodistas les deberían decicar espacio en sus medios sin cobrar un sólo peso por ello. Y obvio para lograr vender esos hechos como noticias había que hacerlos lo más atractivos posibles, hecho que a veces era un auténtica proeza, pero que Aljure lograba porque sea como sea era una mujer muy experimentada que conocía de su trabajo y sabía cómo hacerlo.

Meses después de estar trabajando en esa oficina me pasó algo insólito. Estaba completamente solo cuando de la portería me llamaron a comunicarme que la abogada del edificio necesitaba hablar con Aljure.Le explique que ella no estaba, pero que aún así dejara pasar a la abogada. La susodicha llegó a la oficina acompañado de varias personas cree que de un juzgado; la razón, venían a adelantar el secuestro de la oficina puesto que Aljure adeudaba una cifra millonaria al edificio por concepto de administración. "¿a qué clase de oficina fui a parar?", pensé. Uno de los funcionarios puso sobre el escritorio una máquina de escribir que llevaba consigo y empezó a interrogarme. Sus compañeros se encargaron de inspeccionar cada rincón de la oficina. Al final Aljure llegó a un acuerdo con la abogada y pagó la millonaria suma que adeudaba.

Llegó Marzo y Aljure me encomendó encargarme del free press de un nuevo evento de Coameva: El campeonato Nacional de profesionales de golf. Así, las eps en este país no tienen plata para garantizarle un servicio de calidad a sus pacientes, pero sí la tienen para organizar torneos de una disciplina deportiva tan exclusiva y elitista  Durante ese mes estuve a cargo de ese proyecto y por ello Aljure contrató a otra periodista -Diana- para que se hiciera cargo de los demás. Valga decir que Diana se convirtió en una de mis mejores amigas, pero eso es otra historia. Para promocionar el torneo de golf debi armar una base de datos de periodistas locales y nacionales especializados en deportes. Y luego procedí a concretar citas para realizar una auténtica romería por varias emisoras de radio junto con la vocera del evento. Por supuesto, también se me encargó encargarme del cubrimiento del torneo; durante cuatro días -jueves, viernes,sabado y domingo- debí dirigirme a un prestigioso Club cerca de santander de quilichao para perseguir y hacer entrevistas televisivas a golfitas, atender periodistas y elaborar boletines para mandar a medios. Fue una experiencia muy agradable, no lo niego, porque fue una de las pocas veces en mi corta vida profesional en que me hice periodismo propiamente dicho, ese de buscar fuentes hasta el cansancio, entrevistar, etc. En suma fue una experiencia enriquecedora a pesar de que el domingo que trabajé no me lo pagaron, además de que fui a una zona tan lejana por mis propios medios sin contar con una A.R.P que me protejiera de cualquier imprevisto que pudiera presentarse. El resultado del cubrimiento fue muy bueno: sendas notas en radio, televisión, internet y prensa.

Sin embargo esa misma suerte no nos acompañó a mi compañera Diana y a mí cuando nos tocó cubrir otro torneo de Coameva: el de parqués. Pero esa historia la contaré en mi próximo post.

jueves, 23 de enero de 2014

DÍA DE PRUEBA PARA CALL CENTER

Han pasado seis meses desde que me echaron de mi último empleo. Seis meses en los que me he dedicado a enviar compulsivamente hojas de vida para aplicar a ofertas que aparecen en Computrabajo, Elempleo.com, el grupo de facebook 'Empleos para comunicadores del Valle, la página de coomeva, y un sinfín de sitios web creados para supuestamente dar oportunidades a los cesantes de abandonar su infeliz situación.

Ya he perdido las esperanzas de ejercer mi profesión de periodista, así que he optado por aplicar a un oficio que muy poco se relaciona con mi carrera de pregrado: agente de call center. Hoy precisamente debí realizar una serie de pruebas para aspirar a uno de esos cargos. Llegue a esos de las siete y media de la mañana a una agencia de empleos ubicada en el norte de la ciudad. Fui citado a las ocho, pero ya el reloj señalaba las nueve de la mañana y aun Paola, la sicóloga que me convocó a mí y a otra treintena de personas para aplicar a las vacantes para call center, no hacía acto de presencia. Finalmente apareció, explicó los pormenores de la oferta de empleo en mención y nos invitó a mí y al resto de convocador a una sala para empezar con el proceso de selección.

La primera fase del proceso consistió en leer un escrito que la sicóloga nos pasó. Eran alrededor de tres párrafos con cuya lectura Paola pretendía verificar qué tan buena era la dicción de los que estabamos allí reunidos. me llené de nervios. A fin de cuentas siempre he sido una persona que habla muy poco y, por ellos, cuando me decidí a pronunciar más de tres frases juntas éstas terminan atropellándose en mi boca y emergiendo como un ridículo y vergonzozo trabalenguas. En pocas palabras, pensé que al leer ese texto la lengua se me iba a trabar. Uno por uno los convocados procedieron a recitar los párrafos; la sicóloha hacía énfasis en los errores en que ellos incurrían al pronunciar palabras como contact center, o exámenes. A algunos el peso de sus errores en la oralidad los castigó y fueron descartados para el proceso de selección. Llegó mi turno y afortunadamente salí bien librado.

Para cuando todos pasaron por esa prueba ya era mediodía. Nos dieron un receso para almorzar, no sin antes explicarnos la  naturaleza de la segunda fase del proceso de selección: una prueba de digitación que mediría nuestros conocimientos en excel y word. Me llené de pánico: la prueba incluía hacer sumas, restas, multiplicaciones y divisisones en excel, algo que yo nunca había hecho. Salí corriendo de la sala, abandoné el edificio de la agencia de empleos y me puse a la tarea de encontrar un café internet para averiguar aquello que ignoraba. Finalmente di con uno, pero mala suerte: el internet estaba lentísimo. Busqué otro sitio y logré esclarecer en parte lo que me inquietaba. Al regresar al salón de las pruebas sentí alivió porque la sicóloga resolvió hacer un repaso de los principales comandos de word (para guardar ctrl + g, para copiar ctrl + c para copiar, ctrl + t para centrar, ctrl + n para poner en negrilla). El repaso también incluyó la manera de hacer sumas y otras operaciones en excel.

Tras el receso llegó el momento de esa segunda prueba. Grupos de cuatro personas se debían parar frente a igual número de computadores y proceder a digitar dos párrafos. La sicóloga contaba cada una de las palabras correctas y al que lograba atinar sólo con muy pocas inmediatamente lo descartaba. Llegó mi turno. Como era de esperarse la ansiedad se trasladó y amontonó en mis dedos llenándolos de torpeza. En el primer párrafo incurrí en multitud de errores. Ya para el segundo intenté concentrarme más y me fue mejor; incluso la sicóloga masculló que gracias a mi desempeñó al digitar ese segundo párrafo me salvé de ser descartado en el proceso de selección.

Finalmente llegó el momento para que se cumpliera la tercera y última fase del proceso de selección. La sicóloga ordenó que formáramos una mesa redonda. La actividad consistiría en que ella a cada uno le asignaría un objeto o producto el cual debería vender de la manera más persuasiva posible en un periodo de un mínuto. Una estúpida prueba de ventas. No entraré aquí a hablar de la sin duda admirable capacidad que cada uno exhibió para improvisar a la hora de ofrecer los más variopintos productos: una olla sin tapa, un cuchillo sin filo, una cepa de ántrax, una corbata eléctrica, un caño, un chicle masticado, un continente desierto, un esmalte de sangre y un perfume con olor a basura, entre muchos otros.

A quien le correspondió tratar de convencer a la sicóloga de adquirir una cepa de ántrax fue un señor de alrededor de unos cuarenta o cincuenta años con la cabeza ya cubierta de canas. Era el mayor del grupo y, podría suponerse, el más experimentado. Sin embargo no dio pie con bola en la estúpida prueba, lo que a muchos nos dios tristeza pues pensábamos con un señor con su edad y su experiencia no debería ser sometido a unas pruebas tan ridículas. Ese hombre debería estar disfrutando de un buen trabajo y estar ad portas de una jubilación, pero a veces se nos olvida que estamos en un miserable país de mierda donde muchos sufren para sobrevivir con cualquier mísero empleo, aunque ello signifique que su dignidad sea pisoteada.

A mí, por su parte, me tocó vender un zombie. Me vi a gatas para tratar de fingir ser lo que no soy: un ser extrovertido, sociable y dicharachero con la suficiente "labia" para venderle una nevera a un esquilmar. Arguí que un zombie era una buena adquisición porque se podía exhibir como un fenómeno de circo cobrando previamente por el derecho a verlo.

Antes de continuar debo reseñar algo importante. En determinado momento la sicóloga nos pidió a cada uno que nos paráramos y dijéramos nuestro nombre, edad, con quiénes vivíamos y nuestra experiencia laboral. Todos los allí presentes hablaron desde la opción sexual hegemónico afirmando que viven con sus esposos y esposas e hijos e hijas. Sin embargo una mujer marcó la diferencia: se paró y dijo: "soy fulana de tal y vivó en una unión marital de hecho con una pareja de mi mismos sexo". Minutos después la sicóloga llamó a la valiente mujer aparte y acto seguido ésta abandonó la agencia de empleos. No sé qué fue lo que le dijo, prefiero no especular.

El proceso de selección concluyó a las siete de la noche con una prueba de ortografía. Ahora resta ser examinado directamente por la empresa que necesita el personal. Esperaba con mucha ansia aprobar ese proceso de selección.... pero por otro lado no puedo dejar de sentirme mediocre.