Llegó otra vez la navidad. Pero desde septiembre pasado cientos de familias han atiborrado sus casas con las decoraciones alusivas a estas festividades. Y colgado en sus ventanas las emblemáticas lucecitas multicolores. Ya algunos son tan descarados que seguro las van a dejar instaladas hasta diciembre del 2012. Para mí todo ello no es más que una patraña. Si existe una época del año que deteste, es precisamente la navidad. Se supone que es una festividad religiosa en la que se celebra el nacimiento de Cristo. Pero los colombianos se han encargado de "paganizarla", convirtiéndola en la fecha propicia pa' parrandear y llenar sus panzas y venas con cantidades industriales de trago. No se puede negarlo: éste es un país de alcohólicos y esa condición está tan arraigada en los colombianos que aquel que se declare abstemio es visto como un bicho raro, como el mosco en leche, como la ficha que no encaja en el rompecabezas.
Sin embargo la Navidad no es la única celebración cristiana que es despojada de su carácter sacro. Observemos la Semana Santa, supuesta época que se debe dedicar a la reflexión y el recogimiento, pero que ha devenido en temporada vacacional, de relajo y hasta de desenfreno. Todos esos ejemplos dan cuenta de lo inútil que es la religión católica. Es la supuesta guardianas de la moral, el dominio de las pasiones, la abstinencia, pero sus preceptos se tergiversan para adaptarlos a las necesidades lúdicas o de cualquier otra índole de los colombianos.
Ya llegó Navidad, época de la alegría, y yo, que soy un amargado, no puedo soportar las hediondas energías de toda la gente que sale a la calles y se agolpa en la zona del CAM, para derrochar "alegría" y observar un carísimo e inútil alumbrado navideño. Menos soporto los perturbadores sonidos de la pólvora, su nauseabundo olor, y nunca entiendo cómo a pesar de estar prohibida nunca faltan los ordinarios que la consiguen y la hacen estallar en las narices de uno. Tampoco comprendo la hipocresía de una fecha en la que todos son amigos, compadres, se quieren, se adoran, se desean éxitos y bendiciones, mientras el resto del año se matan, se insultan, se odian, se ultrajan mutuamente de la manera más asquerosa. Los colombianos se comportan como una mierda durante once meses, pero en diciembre se llenan de buenos deseos, buscan a sus familias para compartir con ellos, proyectan objetivos que nunca cumplen el año venidero. Otro detalle de la navidad es que se mercantilizó; se convirtió en la fecha donde todo el mundo espera su regalito del Niño Dios. Por eso los comercios y empresas elaboran sus falsos jingles navideños donde hablan de todo lo bello de esta fecha, pero que de seguro están llenos de mensajes subliminales para incitar a la gente a consumir, consumir y consumir.
Lo único bueno de diciembre es que uno se puede deleitar con una rica natilla, un sabroso pavo relleno, una exquisita ensalada rusa, etc. Sin duda los placeres gastronómicos son lo único bueno que yo lo veo a la llegada de este despreciable mes.
Pero lo más asqueroso del asunto es que después de la Navidad viene esa maldita Feria de Cali, con su cabalgata llena de traquetos ordinarios, su bulla intolerable, sus borrachos insufribles y esa sofocante y hedionda energía que ha convertido en Cali en la supuesta Capital de la Alegría. Voy a tener que soportar una vez más como la cultura del narcotráfico se campea en las calles de Cali cada uno de los días en que esa malhadada Feria concentra la atención de todo el país.
Maldita sea la Navidad con toda su carga de falsa unidad, reconciliación, relajo y trago ventiao. ¿Y del pobre Cristo qué se puede decir? Nada porque en la celebración de su natalicio los colombianos se acuerdan de todo menos de él.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
sábado, 12 de noviembre de 2011
PENÉPOLIS
Sonia no lo dudaba ni un instante: en el lugar donde había nacido no valía nada por ser mujer. Penépolis se llamaba ese sitio y allí las mujeres sólo tenían tres alternativas: ser amas de casa, ser empleadas domésticas o ejercer la prostitución. Desde chicas se debían enfrentar a la terrible posibilidad de ser violadas por cualquiera al que se le antojara hacerlo porque dicho acto ni siquiera estaba tipificado como delito en el código penal. Ciudadanas de cuarta categoría, eso eran las féminas en ese villorrio miserable y sólo podían lograr cierto estatus si explotaban su dimensión puramente sexual. Silvia, la hermana de Sonia, era un fiel ejemplo de ello: desde joven se dedicó a la prostitución y transformó su cuerpo para hacerlo lo más tentador posible a los ojos de los hombres. Aumentó el tamaño de sus tetas, se sometió a varias liposucciones y se convirtió en asidua visitante de los gimnasios; gracias a ese ‘arduo esfuerzo’ logró atrapar a un hombre bastante acaudalado. Sonia la odiaba profundamente porque encarnaba las perversiones de un sistema social que para ella era terrible. Pero pensar así era un riesgo. Semejantes ideas subversivas eran duramente castigadas en Penépolis. El feminismo era perseguido y la homosexualidad masculina era condenada con la muerte. Las lesbianas eran obligadas a servir de meretrices en procura de curarlas de su 'enfermedad'.
El Gobierno de Penépolis estaba a la cabeza de un Alcalde cuyo despacho se situaba en un enorme edificio en forma de falo ubicado en el centro de la ciudad. Todos los funcionarios públicos eran hombres, incluidos jueces y miembros de la Fuerza Pública. Y sólo los hombres tenían derecho a la propiedad privada y a la libre creación de empresas. El acceso a la cultura era también su monopolio: las mujeres no podían ni siquiera aprender a leer. Sin embargo los seres humanos siempre se las arreglan para burlar las dictaduras y varias mujeres de manera clandestina no sólo aprendieron a leer, sino que hacían circular panfletos que llamaban a la rebelión contra la dominación masculina. Sonia leía con fervor esos escritos virulentos e incendiarios. Y admiraba profundamente a Petra, una guerrillera que durante años sembró el terror en las afueras de Penépolis emasculando a los de su sexo opuesto. Fue capturada y condenada a ser violada por una veintena de hombres que la volvieron pedazos.
Sonia era fea y acentuaba su poco atractivo vistiéndose desaliñadamente. Además era lesbiana. Trabajaba haciendo aseo en la sede de Gobierno. Con los pocos centavos que ganaba pagaba el alquiler de una habitación miserable y gris, infestada de cucarachas, donde el suministro de agua era interrumpido por horas enteras. El 80% de las mujeres en Penépolis padecían esa misma pobreza. Silvia casi nunca la visitaba. Pero cierto día decidió hacerlo pues tenía una propuesta que hacerle. La voluptuosa hembra entró a la pequeña alcoba de Sonia sin poder ocultar la repugnancia que sentía.
El Gobierno de Penépolis estaba a la cabeza de un Alcalde cuyo despacho se situaba en un enorme edificio en forma de falo ubicado en el centro de la ciudad. Todos los funcionarios públicos eran hombres, incluidos jueces y miembros de la Fuerza Pública. Y sólo los hombres tenían derecho a la propiedad privada y a la libre creación de empresas. El acceso a la cultura era también su monopolio: las mujeres no podían ni siquiera aprender a leer. Sin embargo los seres humanos siempre se las arreglan para burlar las dictaduras y varias mujeres de manera clandestina no sólo aprendieron a leer, sino que hacían circular panfletos que llamaban a la rebelión contra la dominación masculina. Sonia leía con fervor esos escritos virulentos e incendiarios. Y admiraba profundamente a Petra, una guerrillera que durante años sembró el terror en las afueras de Penépolis emasculando a los de su sexo opuesto. Fue capturada y condenada a ser violada por una veintena de hombres que la volvieron pedazos.
Sonia era fea y acentuaba su poco atractivo vistiéndose desaliñadamente. Además era lesbiana. Trabajaba haciendo aseo en la sede de Gobierno. Con los pocos centavos que ganaba pagaba el alquiler de una habitación miserable y gris, infestada de cucarachas, donde el suministro de agua era interrumpido por horas enteras. El 80% de las mujeres en Penépolis padecían esa misma pobreza. Silvia casi nunca la visitaba. Pero cierto día decidió hacerlo pues tenía una propuesta que hacerle. La voluptuosa hembra entró a la pequeña alcoba de Sonia sin poder ocultar la repugnancia que sentía.
_ Usted me da lástima -fue lo primero que atinó a decir- Cada vez que la visito me alegro más de la vida que tengo.
_ ¿Si es así a qué viene?- replicó Sonia.
_ Necesito una empleada del servicio en mi casa. Necesito que sea usted, porque es la única persona de confianza que conozco.
_ No me interesa- contestó Sonia con rapidez.
_ Debería alegrarse de que le ofrezca salir de este maldito hueco. En mi casa va a estar mejor... al menos es una casa limpia...
_ No me interesa. Yo no nací para ser una sirvienta, una esclava.
_ ¿Y acaso donde trabaja no lo es ya? Le parece muy digno lo que hace en la sede de Gobierno.
_ Al menos aquí tengo algo de independencia. Si aceptó su propuesta voy a perder la poca libertad que tengo.
_ Algún día se va a arrepentir de haberse dejado meter tantas cucarachas en la cabeza. Usted sabe que aquí a las rebeldes les va muy mal.
Llena de cólera Sonia le replicó a su hermana:
_ Algún día todo cambiará. No hay mal que dure mil años.
_ Ilusa, usted está buscando que la maten.
_ Pues yo prefiero la muerte a tener que seguir soportando esta situación miserable.
Un gesto de rabia se dibujó en el rostro de Silvia y se marchó. De camino a su casa recordó que su marido era un ser grotesco, gordo, agresivo, que además la obligaba a besarse con mujeres, ingerir heces y a dejarse penetrar por decenas de hombres delante de él.
Sonia estaba decidida. No quería soportar más el yugo de los hombres. Estaba hastiada de tanta soberbia, corrupción y egoísmo. Sabía de la existencia de un movimiento clandestino que con ayuda de homosexuales cómplices en las Fuerzas Armadas había conseguido armas y explosivos, y de manera esporádica realizaba atentados bajo la consigna de reinvindicar los derechos de las mujeres. El establecimiento fingía menospreciar esos actos de terrorismo, pero vigilaba celosamente a las mujeres para detectar cualquier brote de subversión.
El detonante
En una ocasión Sonia salió tarde del trabajo. Iba rumbo a su hogar cuando vio en la calle a un hombre, su esposa y su pequeña hija. De repente el individuo empezó a gritar y agitar sus brazos. Al parecer le reclamaba a su compañera por algo. Se volvió un energúmeno y le asestó un fuerte a la mujer, tan fuerte que ella cayó al suelo. La niña rompió en llanto al ver la escena y el sujeto decidió patearla. Por el lugar deambulaban muchos hombres y ninguno intercedió por las agredidas. Algunos incluso se burlaban. Indignada, Sonia salió en defensa de su género. Pero el violento agresor apagó sus ánimos propinándole un puño que casi le desfiguró el rostro.
En una ocasión Sonia salió tarde del trabajo. Iba rumbo a su hogar cuando vio en la calle a un hombre, su esposa y su pequeña hija. De repente el individuo empezó a gritar y agitar sus brazos. Al parecer le reclamaba a su compañera por algo. Se volvió un energúmeno y le asestó un fuerte a la mujer, tan fuerte que ella cayó al suelo. La niña rompió en llanto al ver la escena y el sujeto decidió patearla. Por el lugar deambulaban muchos hombres y ninguno intercedió por las agredidas. Algunos incluso se burlaban. Indignada, Sonia salió en defensa de su género. Pero el violento agresor apagó sus ánimos propinándole un puño que casi le desfiguró el rostro.
Esa vivencia se grabó en su mente. Y a partir de entonces se obsesionó con la loca idea de ver en ruinas el edificio en forma de pene erecto en donde trabajaba todos los días a cambio de una mísera paga.
Pasado un mes aproximadamente recibió una llamada inesperada:
_ Sonia... estás interesada en servir de acompañante... el pago no es mucho, pero te irá mejor que siendo aseadora.
Ella sabía que le hablaban en clave. Sus peticiones habían sido escuchadas: había sido invitada a una reunión del movimiento clandestino al que deseaba enrolarse. Llegó a una casa vieja y desvencijada. Entró y alguien la condujo a un sótano. Allí una mujer de aspecto indómito a la que llamaban "Yidis" arengaba a varios hombres y mujeres presentes:
_ Necesitamos un acción grande y contundente. Necesitamos atacar al símbolo de la tiranía. Nuestro objetivo es colocar una bomba en la sede de Gobierno.
_ Qué idea tan estúpida -aseveró alguien entre la multitud- , eso es imposible, ese edificio está ultra protegido. Nunca podremos atentar contra él.
_ Eso es falso -replicó Sonia- esa seguridad no es inexpugnable. El alcalde y los hombres que trabajan allí dan por sentado que nunca los van a atacar.
_ ¿Quién es usted?- dijo la mujer que dirigía la reunión.
_ Soy Sonia, trabajo de aseadora en ese edificio.
_ ¿Y por qué está aquí?
_ Quiero pertenecer a ustedes. Odio a los hombres, los desprecio como no tienen idea. Yo estoy dispuesta a hacer lo que sea. A sacrificar mi propia vida con tal de acabar con este régimen.
Esas palabras sellaron su suerte. Pero había que probar qué estaba dispuesta a hacer. La primera prueba que debía superar era 'sencilla': seducir a un hombre para después castrarlo. Sonia no era capaz de usar armas blancas, las odiaba. Así que les propuso a los miembros de la organización terrorista cambiar el método de castigo.
_ ¿Puedo quemarle el miembro con ácido o con fuego si es preciso?- preguntó.
_ Adelante - contestó la líder, con un tono irónico. Le había hecho esa propuesta en broma y pensaba que nunca se atrevería a realizarla.
Al día siguiente Sonia se arregló lo más que pudo, logrando que aflorara en sí una belleza que todas las mujeres llevan oculta. Se lanzó a las calles y le hizo señas a los carros. Uno de ellos se detuvo. Su conductor era un sujeto de aspecto vomitivo. Era su cuñado. Éste no la reconoció. Fueron a unas viejas cabañas. Ya dentro el sujeto encendió un viejo radio que emitía una música ensordecedora. Luego se apuró a consumar el acto sexual. Sonia opuso resistencia. El hombre decidió forzarla. En ese instante la aterrada mujer sacó una pequeña daga que había escondido en su falda y la enterró en el cuerpo de su cuñado. Éste lanzó un alarido que se perdió en medio del ruido que inundaba la habitación. Tras la primera puñalada, vinieron muchas más. Sonia fue incapaz de emascular ese cuerpo ensagrentando. Asustada salió del sitio y huyó en el auto de su cuñado que por fortuna tenía vidrios polarizados.
Pasado un mes aproximadamente recibió una llamada inesperada:
_ Sonia... estás interesada en servir de acompañante... el pago no es mucho, pero te irá mejor que siendo aseadora.
Ella sabía que le hablaban en clave. Sus peticiones habían sido escuchadas: había sido invitada a una reunión del movimiento clandestino al que deseaba enrolarse. Llegó a una casa vieja y desvencijada. Entró y alguien la condujo a un sótano. Allí una mujer de aspecto indómito a la que llamaban "Yidis" arengaba a varios hombres y mujeres presentes:
_ Necesitamos un acción grande y contundente. Necesitamos atacar al símbolo de la tiranía. Nuestro objetivo es colocar una bomba en la sede de Gobierno.
_ Qué idea tan estúpida -aseveró alguien entre la multitud- , eso es imposible, ese edificio está ultra protegido. Nunca podremos atentar contra él.
_ Eso es falso -replicó Sonia- esa seguridad no es inexpugnable. El alcalde y los hombres que trabajan allí dan por sentado que nunca los van a atacar.
_ ¿Quién es usted?- dijo la mujer que dirigía la reunión.
_ Soy Sonia, trabajo de aseadora en ese edificio.
_ ¿Y por qué está aquí?
_ Quiero pertenecer a ustedes. Odio a los hombres, los desprecio como no tienen idea. Yo estoy dispuesta a hacer lo que sea. A sacrificar mi propia vida con tal de acabar con este régimen.
Esas palabras sellaron su suerte. Pero había que probar qué estaba dispuesta a hacer. La primera prueba que debía superar era 'sencilla': seducir a un hombre para después castrarlo. Sonia no era capaz de usar armas blancas, las odiaba. Así que les propuso a los miembros de la organización terrorista cambiar el método de castigo.
_ ¿Puedo quemarle el miembro con ácido o con fuego si es preciso?- preguntó.
_ Adelante - contestó la líder, con un tono irónico. Le había hecho esa propuesta en broma y pensaba que nunca se atrevería a realizarla.
Al día siguiente Sonia se arregló lo más que pudo, logrando que aflorara en sí una belleza que todas las mujeres llevan oculta. Se lanzó a las calles y le hizo señas a los carros. Uno de ellos se detuvo. Su conductor era un sujeto de aspecto vomitivo. Era su cuñado. Éste no la reconoció. Fueron a unas viejas cabañas. Ya dentro el sujeto encendió un viejo radio que emitía una música ensordecedora. Luego se apuró a consumar el acto sexual. Sonia opuso resistencia. El hombre decidió forzarla. En ese instante la aterrada mujer sacó una pequeña daga que había escondido en su falda y la enterró en el cuerpo de su cuñado. Éste lanzó un alarido que se perdió en medio del ruido que inundaba la habitación. Tras la primera puñalada, vinieron muchas más. Sonia fue incapaz de emascular ese cuerpo ensagrentando. Asustada salió del sitio y huyó en el auto de su cuñado que por fortuna tenía vidrios polarizados.
Muchos pensamientos se cruzaban por su mente. No había logrado superar la prueba en su totalidad. No había tomado fotografías que probaran el acto. Además se cuestionaba haber cometido un crimen tan terrible. Había actuado con la misma perversidad que tanto le reprochaba a los hombres. Pero una voz en su interior le decía que no sintiera culpa y que recordara la pobreza en la que vivía, los abusos que había sufrido y de los que había sido testigo.
Un sueño cumplido
_ Cuando se lo propuse le hablaba en son de broma. Pero fue capaz.
Esas fueron las palabras de Yidis al ver a Sonia. El crimen era de conocimiento público. Las autoridades habían encontrado el arma asesina y por las huellas dactilares supieron que era Sonia la responsable de la muerte de su propio cuñado.
_ Ahora tendrá que vivir escondida –le dijo Yidis- haremos lo posible por mantenerla oculta… Nunca pensé que usted fuera capaz…
_ ¿Y ahora qué sigue?- interpeló Sonia.
_ Eso ya lo veremos. ¿Tanto odia a los hombres?
_ Sí.
_ ¿Sabe?, la admiro. Se necesita tener agallas para hacer lo que hizo. Si la atrapan no se imagina lo que le pueden hacer. Una mujer criminal para los hombres es una afrenta para su ego. Y mucho más una que se aprovechó de la lujuria de uno de esos machos para matarlo. Esa osadía los hombres no la pueden tolerar. Sabe una cosa, dentro de poco asestaremos un gran golpe.
_ ¿Y ahora qué sigue?- interpeló Sonia.
_ Eso ya lo veremos. ¿Tanto odia a los hombres?
_ Sí.
_ ¿Sabe?, la admiro. Se necesita tener agallas para hacer lo que hizo. Si la atrapan no se imagina lo que le pueden hacer. Una mujer criminal para los hombres es una afrenta para su ego. Y mucho más una que se aprovechó de la lujuria de uno de esos machos para matarlo. Esa osadía los hombres no la pueden tolerar. Sabe una cosa, dentro de poco asestaremos un gran golpe.
El silencio se apoderó del espacio clandestino en el que estaban. Luego tímidamente Sonia masculló: "¿Cuál golpe?" y recibió un "Ya sabrá" como respuesta.
Durante un breve lapso Sonia se dedicó a labores menores dentro de la organización como repartir panfletos. Pero a pesar de que tenía que vivir en las sombras y huyendo de todos se sentía más libre que nunca. Dizfrazada como una indigente burlaba a esa sociedad machista que la perseguía. En las noches repartía esos pasquines cuya lectura tanto la había apasionado. Pero su suerte estaba echada. De nada le sirvió cortarse el pelo, vestirse como un hombre andrajoso y andar sucia y descalza. Las autoridades la capturaron. Era el 16 de marzo, día de su cumpleaños
Lo que ignoraba Sonia es que camaradas suyos habían fraguado durante mucho tiempo ese golpe definitivo del que había sido advertida hace poco. El plan era simple: el grupo terrorista encontró un aliado en un piloto homosexual dispuesto a sacrificarse por la causa feminista y libertaria. Ese 16 de marzo debía pilotear un avión con varios ejecutivos que viajaban para participar en una orgía con prostitutas de una ciudad vecina.
Mientras el avión despegaba, una patrulla policiaca, con Sonia en su interior, partía hacia la sede de Gobierno. Al parecer el Alcalde había ordenado ejecutar a la guerrillera frente al emblemático falo gigante. Miles de mujeres serían testigos de su muerte para ver si así escarmentaban y abandonaban sus ideas subversivas. Mientras la patrulla se acercaba al patíbulo el avión cambió la ruta fijada y se dirigió a la sede de Gobierno. Minutos después Sonia disfrutó la imagen más bella que había podido contemplar en toda su vida. Un ave blindada de metal se estrelló contra el pene gigante que terminó desplomándose ante el fuerte impacto. Un gozo para el alma. La castración para un sistema injusto y esclavista.
Fue la última imagen que observo Sonia. Ella fue asesinada y después del atentado se inició una persecución feroz que aniquiló a todas las mujeres y hombres que pertenecían a su movimiento.
Fue la última imagen que observo Sonia. Ella fue asesinada y después del atentado se inició una persecución feroz que aniquiló a todas las mujeres y hombres que pertenecían a su movimiento.
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lunes, 7 de noviembre de 2011
REGGAETON
Recuerdo que en 2003 una canción irrumpió con fuerza en el escenario musical colombiano. Si no estoy mal se llamaba Felina y era un tema exponente de un nuevo ritmo, el reggaetón. Algunos dijeron que sería una moda pasajera, pero desgraciadamente hoy, ocho años después, esa música del demonio sigue vigente y tal parece que su extinción no va a ocurrir en el corto plazo. ¿Pero por qué esa porquería sigue sonando con tanta fuerza? Pues precisamente por eso, porque es una porquería hecha a la medida de la bajeza de los seres humanos que son, dicho sea de paso, otra porquería.
En efecto el reggaeton ha sido exitoso porque ha explotado las fibras más bajas del gusto musical de la gente. En primer lugar es un ritmo mediocre instrumentalmente hablando; de hecho todas las canciones del reggaeton, cuando se oyen a lo lejos, suenan igual, con ese mismo golpeteo incesante que perturba la calma de los más pacientes. No se necesita ser un Mozart para producir reggaeton y tampoco hay que ser un virtuoso de la música para comprender ese género o más bien degénero. Y tampoco hay que ser un tenor, ni siquiera ser un cantante medianamente bueno para interpretar canciones tan nauseabundas como la "zunga zunguera", entre otras. Por eso Colombia se ha llenado de mediocres con cabeza rapada que se lanzan a ser reggaetoneros porque saben que para ese tipo de música no se necesita tener talento. Y como a la gente le da pereza pensar, oyen reggaeton porque es elemental y no demanda mayores essfuerzos intelectuales.
Por otra parte el reggaeton es una música violenta y fuertemente ligada a la sexualidad. Las mujeres en el reggaeton se convierten en putas que sólo tienen valor desde su dimensión sexual. Como ya dije antes el reggaeton es una música para desfogar pasiones bajas al ritmo de ese golpeteo agresivo que crispa los nervios. Y como el ser humano es proclive a las bajas pasiones, a la violencia y a una líbido desbordada, por eso ve en el reggaeton un ritmo con el que se identifica y sintoniza.
Por ello, mientras el humano siga siendo humano y el adolescente siga siendo adolescente, es decir, que continúe siendo burdo, bruto, elemental, agresivo, arrecho y mediocre, el reggaeton seguirá haciendo retumbar nuestras casas, nuestros oídos y nuestras almas. Ese degénero no es más que un termómetro de lo bajo que ha caído nuestra sociedad. Ojalá que algún día los colombianos, en especial los jóvenes, despierten de ese letargo y releguen ese género de mierda al rincón más recóndito del olvido y el desprecio. Por desgracia al parecer para ello tendrán que pasar mil años.
En efecto el reggaeton ha sido exitoso porque ha explotado las fibras más bajas del gusto musical de la gente. En primer lugar es un ritmo mediocre instrumentalmente hablando; de hecho todas las canciones del reggaeton, cuando se oyen a lo lejos, suenan igual, con ese mismo golpeteo incesante que perturba la calma de los más pacientes. No se necesita ser un Mozart para producir reggaeton y tampoco hay que ser un virtuoso de la música para comprender ese género o más bien degénero. Y tampoco hay que ser un tenor, ni siquiera ser un cantante medianamente bueno para interpretar canciones tan nauseabundas como la "zunga zunguera", entre otras. Por eso Colombia se ha llenado de mediocres con cabeza rapada que se lanzan a ser reggaetoneros porque saben que para ese tipo de música no se necesita tener talento. Y como a la gente le da pereza pensar, oyen reggaeton porque es elemental y no demanda mayores essfuerzos intelectuales.
Por otra parte el reggaeton es una música violenta y fuertemente ligada a la sexualidad. Las mujeres en el reggaeton se convierten en putas que sólo tienen valor desde su dimensión sexual. Como ya dije antes el reggaeton es una música para desfogar pasiones bajas al ritmo de ese golpeteo agresivo que crispa los nervios. Y como el ser humano es proclive a las bajas pasiones, a la violencia y a una líbido desbordada, por eso ve en el reggaeton un ritmo con el que se identifica y sintoniza.
Por ello, mientras el humano siga siendo humano y el adolescente siga siendo adolescente, es decir, que continúe siendo burdo, bruto, elemental, agresivo, arrecho y mediocre, el reggaeton seguirá haciendo retumbar nuestras casas, nuestros oídos y nuestras almas. Ese degénero no es más que un termómetro de lo bajo que ha caído nuestra sociedad. Ojalá que algún día los colombianos, en especial los jóvenes, despierten de ese letargo y releguen ese género de mierda al rincón más recóndito del olvido y el desprecio. Por desgracia al parecer para ello tendrán que pasar mil años.
jueves, 27 de octubre de 2011
Demasiado tarde
Uno de los más graves problemas que padece Cali es la invasión de negocios de todo tipo en zonas eminentemente residenciales. Ese fenómeno obedece a la pobreza y al desempleo que empujan a muchas personas a emprender negocios por cuenta propia. Pero una cosa tener por vecino a alguien que montó una peluquería o una papelería, y otra muy distinta soportar en una zona residencial la molesta presencia de estancos, discotecas, moteles y prostíbulos. ¿Quién diablos tiene por qué aguantar que la tranquilidad de su hogar se vea perturbada por borrachos, escándalos, música a niveles estridentes, riñas y hasta escenas obscenas?
Es entendible que para un alcalde sea muy difícil controlar la proliferación de negocios en zonas residenciales en una ciudad donde campean la pobreza y la falta de oportunidades. Pero lo que no es fácil de aceptar es que ese mismo Alcalde permitiera, durante sus cuatro años de gobierno, que tantos barrios tradicionales de Cali hoy se hayan convertido en zonas de tolerancia
Jorge Iván Ospina anuncia ahora, faltando dos meses para que abandone el cargo, algo que resulta obvio: la existencia de un cartel en Planeación Municipal que cambió fraudelentamente los usos de suelo en numerosas zonas de la ciudad con el fin de permitir en ellas el establecimiento de todo tipo de antros de mala muerte. Los funcionarios de Planeación incurrían en el ilícito a cambio de millonarias sumas. Y he allí la causa de que barrios como el Limonar, El Peñón, etc, hoy sean las nuevas zonas rosa de Cali.
Que algo muy torcido estaba pasando con la adjudicación de licencias para establecer bares, grilles, tabernas y demás lupanares de mala muerte en zonas donde no estaba permitido, era algo que saltaba a vista. Y sin embargo el Alcalde en cuatro años de gobierno fue incapaz de ponerle coto a esta situación que hoy se convierte en una de las peores herencias que le deja a la ciudad. Muy bien que haya descubierto al cartel responsable de este caos.... pero debió hacerlo hace mucho tiempo.
Es entendible que para un alcalde sea muy difícil controlar la proliferación de negocios en zonas residenciales en una ciudad donde campean la pobreza y la falta de oportunidades. Pero lo que no es fácil de aceptar es que ese mismo Alcalde permitiera, durante sus cuatro años de gobierno, que tantos barrios tradicionales de Cali hoy se hayan convertido en zonas de tolerancia
Jorge Iván Ospina anuncia ahora, faltando dos meses para que abandone el cargo, algo que resulta obvio: la existencia de un cartel en Planeación Municipal que cambió fraudelentamente los usos de suelo en numerosas zonas de la ciudad con el fin de permitir en ellas el establecimiento de todo tipo de antros de mala muerte. Los funcionarios de Planeación incurrían en el ilícito a cambio de millonarias sumas. Y he allí la causa de que barrios como el Limonar, El Peñón, etc, hoy sean las nuevas zonas rosa de Cali.
Que algo muy torcido estaba pasando con la adjudicación de licencias para establecer bares, grilles, tabernas y demás lupanares de mala muerte en zonas donde no estaba permitido, era algo que saltaba a vista. Y sin embargo el Alcalde en cuatro años de gobierno fue incapaz de ponerle coto a esta situación que hoy se convierte en una de las peores herencias que le deja a la ciudad. Muy bien que haya descubierto al cartel responsable de este caos.... pero debió hacerlo hace mucho tiempo.
miércoles, 19 de octubre de 2011
¿Por quién votar?
Dentro de poco se sabrá quiénes tomarán las riendas del Valle del Cauca y su capital, Cali. Este 30 de octubre conoceremos si el Departamento continuará en las garras de la corrupción y el saqueo del erario público, dos males encarnados en la figura de Juan Carlos Martínez. En el orden departamental hay poco de dónde escoger: un abánico de candidatos grises que no generan mayor emoción. Todo está dado para que Hector Fabio Useche sea el elegido, lo cual resultaría nefasto porque él es la ficha del ex senador Martínez, ese cacique hoy preso por parapolítica que continúa manejando los hilos de la política vallecaucana tras las rejas y que dejó claras sus "convicciones" políticas al decir que a una alcaldía y una gobernación se le podía sacar más plata que a un embarque de cocaína. Si gana Useche, en el Palacio de San Francisco continuarán reinando las fuerzas responsables del descenso en la categoría fiscal del Valle debido al maltrecho estado en que quedaron sus finanzas.
Si gana Useche, ganará el PIN, el Mío y demás espúreos movimientos que han reclutado en sus filas los peores excrementos de la política, llámese candidatos cuestionados a los que les retiraron o negaron el aval en otros partidos o simplemente herederos de los votos de parapolíticos. Con la victoria de Useche llegará al poder el responsable de que el Hospital Siquiátrico pasará de tener un superávit a quedar con serios problemas financieros. Pero el problema es que Useche no tiene contendores. Sus rivales son grises personajillos representantes de los desteñidos partidos liberal y conservador que no parecen dar la talla para sacar al Valle de su postración. El partido Verde no existe. A este remedo de movimiento político poco le importó sacarle provechó al apoyo ciudadano que logró en las pasadas elecciones presidenciales; no buscó candidato propio ni a Alcaldía, ni a Gobernación, y terminó plegándose a movimientos políticos tradicionales. La tal Ola Verde resultó ser una insignificante onda que se esfumó en el mar de la política.
Para ganar la Alcaldía el aspirante más opcionado parece ser Rodrigo Guerrero, un disidente del partido Conservador apoyado por poderosas élites económicas de la región y que se echó al bolsillo a importantes medios de comunicación. No me convence del todo, pero parece ser la mejor opción porque tampoco tiene contendores. Milton Castrillón, uno de sus rivales, es un personaje oscuro cuyo nombre salió a relucir en el escándalo por la malversación del dinero del programa de cobertura educativa. Además la Procuraduría lo investiga porque supuestamente recibió sobornos de empresarios para hacerle una modificación al Pot que permitiera construir estaciones de gasolina en sitios donde no está autorizado. Y en cuanto a María Isabel Urrutia, queda la duda si el peso de manejar una ciudad no le quedará demasiado grande.
Cali necesita un buen alcalde que sea capaz de reducir las altos índices de homicidio que se registran en la Ciudad; que sea capaz de sacar a las megaobras del limbo en el que están porque se acabó la plata para financiarlas; que le dé una solución real a la pobreza y al desplazamiento, dos fenómenos que crecen desmesuradamente sin que se les ponga freno; pero sobre todo que le inyecte a los caleños una buena dosis de cultura ciudadana para desterrar la anarquía y la intolerancia que reinan en la ciudad.
Desafortunadamente no hay mucho de dónde escoger.
Si gana Useche, ganará el PIN, el Mío y demás espúreos movimientos que han reclutado en sus filas los peores excrementos de la política, llámese candidatos cuestionados a los que les retiraron o negaron el aval en otros partidos o simplemente herederos de los votos de parapolíticos. Con la victoria de Useche llegará al poder el responsable de que el Hospital Siquiátrico pasará de tener un superávit a quedar con serios problemas financieros. Pero el problema es que Useche no tiene contendores. Sus rivales son grises personajillos representantes de los desteñidos partidos liberal y conservador que no parecen dar la talla para sacar al Valle de su postración. El partido Verde no existe. A este remedo de movimiento político poco le importó sacarle provechó al apoyo ciudadano que logró en las pasadas elecciones presidenciales; no buscó candidato propio ni a Alcaldía, ni a Gobernación, y terminó plegándose a movimientos políticos tradicionales. La tal Ola Verde resultó ser una insignificante onda que se esfumó en el mar de la política.
Para ganar la Alcaldía el aspirante más opcionado parece ser Rodrigo Guerrero, un disidente del partido Conservador apoyado por poderosas élites económicas de la región y que se echó al bolsillo a importantes medios de comunicación. No me convence del todo, pero parece ser la mejor opción porque tampoco tiene contendores. Milton Castrillón, uno de sus rivales, es un personaje oscuro cuyo nombre salió a relucir en el escándalo por la malversación del dinero del programa de cobertura educativa. Además la Procuraduría lo investiga porque supuestamente recibió sobornos de empresarios para hacerle una modificación al Pot que permitiera construir estaciones de gasolina en sitios donde no está autorizado. Y en cuanto a María Isabel Urrutia, queda la duda si el peso de manejar una ciudad no le quedará demasiado grande.
Cali necesita un buen alcalde que sea capaz de reducir las altos índices de homicidio que se registran en la Ciudad; que sea capaz de sacar a las megaobras del limbo en el que están porque se acabó la plata para financiarlas; que le dé una solución real a la pobreza y al desplazamiento, dos fenómenos que crecen desmesuradamente sin que se les ponga freno; pero sobre todo que le inyecte a los caleños una buena dosis de cultura ciudadana para desterrar la anarquía y la intolerancia que reinan en la ciudad.
Desafortunadamente no hay mucho de dónde escoger.
miércoles, 27 de julio de 2011
No más procreación
En este país deberían dejarse de maricadas y aprobar los matrimonios entre parejas del mismo sexo y su derecho a adoptar. Sobre esta última posibilidad, los opositores arguyen que un hijo criado por homosexuales crecería en un ambiente licencioso e inmoral y, lo que es más grave, correría el riesgo de 'contagiarse' de las mismas tendencias sexuales de sus padres putativos. Y no hay nada que atormente más a un macho que la homosexualidad, porque esa condición pone en riesgo el poder que ha detentado por centurias. Desde tiempos innmemoriales son los hombres los que han tenido las riendas de la historia, los que han gobernado, los que han impuesto las reglas y el hecho de que la homosexualidad se propague como una epidemia agrieta los cimientos de ese statu quo.
Ellos desgracidamente fueron dotados con más fuerza física que la mujer y se han valido de ella para imponer la voluntad; pero también se han encargado de endurecer su alma y liquidar su sensibilidad. Así oponen la crueldad, la sevicia, el autoritarismo, a los valores débiles de la femineidad. Un hombre gay subvierte ese orden de cosas, y pone en peligro la dictadura del varón.
Por otro lado la unión entre dos hombres y dos mujeres niega la posibilidad de la procreación. Es decir que la difusión de la homosexualidad es la negación, el suicidio de la especie humana. Y los hombres son tan soberbios que no toleran la idea de desaparecer de la faz de la tierra en la que han mandado y han destruido sin reparo. En su oposición a la concepción de una familia compuesta por dos papás o dos mamás no hay más que hipocresía que queda desnuda ante la realidad. La familia como institución es un concepto inexistentes en Colombia que se debe revaluar. Los porcentajes de papás que abadonan a sus hijos, o los violan o los matan hablan por sí solos. ¿Se nos olvidó acaso la historia de Luis Santiago, el niñito asesinado por su padre heterosexual? ¿Se nos olvidan los casos de niños obligados a ser mendigos o prostitutos para que le colaboren económicamente a sus progenitores? ¿Se nos olvida que la mayoría de bebés nacidos en este país son hijos no deseados?
¿Qué ganamos defendiendo la procreación? ¿Acaso no es evidente que uno de los principales problemas de Colombia y el mundo es el exceso de población? Entre más gente sea procreada, más van a ser arrasados los recursos naturales, menos va alcanzar el agua para calmar la sed de tantas bocas y los productos para alimentarlas. Entre más gente allá, habrá más contaminación, más bosques arrasados y más pobreza en las calles, porque los principales reproductores de las sociedades siempre son los pobres. Esas son las consecuencias de haber defendido a ultranza la idea de la familia, que sólo encierra la estúpida necesidad de una especie de perpetuarse. Ojalá el mundo se llene de parejas de gays para controlar tanta sobrepoblación y que adopten a los pobres niños violados, torturados y abandonados por sus papás heterosexuales.
Ellos desgracidamente fueron dotados con más fuerza física que la mujer y se han valido de ella para imponer la voluntad; pero también se han encargado de endurecer su alma y liquidar su sensibilidad. Así oponen la crueldad, la sevicia, el autoritarismo, a los valores débiles de la femineidad. Un hombre gay subvierte ese orden de cosas, y pone en peligro la dictadura del varón.
Por otro lado la unión entre dos hombres y dos mujeres niega la posibilidad de la procreación. Es decir que la difusión de la homosexualidad es la negación, el suicidio de la especie humana. Y los hombres son tan soberbios que no toleran la idea de desaparecer de la faz de la tierra en la que han mandado y han destruido sin reparo. En su oposición a la concepción de una familia compuesta por dos papás o dos mamás no hay más que hipocresía que queda desnuda ante la realidad. La familia como institución es un concepto inexistentes en Colombia que se debe revaluar. Los porcentajes de papás que abadonan a sus hijos, o los violan o los matan hablan por sí solos. ¿Se nos olvidó acaso la historia de Luis Santiago, el niñito asesinado por su padre heterosexual? ¿Se nos olvidan los casos de niños obligados a ser mendigos o prostitutos para que le colaboren económicamente a sus progenitores? ¿Se nos olvida que la mayoría de bebés nacidos en este país son hijos no deseados?
¿Qué ganamos defendiendo la procreación? ¿Acaso no es evidente que uno de los principales problemas de Colombia y el mundo es el exceso de población? Entre más gente sea procreada, más van a ser arrasados los recursos naturales, menos va alcanzar el agua para calmar la sed de tantas bocas y los productos para alimentarlas. Entre más gente allá, habrá más contaminación, más bosques arrasados y más pobreza en las calles, porque los principales reproductores de las sociedades siempre son los pobres. Esas son las consecuencias de haber defendido a ultranza la idea de la familia, que sólo encierra la estúpida necesidad de una especie de perpetuarse. Ojalá el mundo se llene de parejas de gays para controlar tanta sobrepoblación y que adopten a los pobres niños violados, torturados y abandonados por sus papás heterosexuales.
jueves, 14 de julio de 2011
La Pola
Hace tiempo una telenovela no lograba atraparme como lo ha hecho 'La Pola, amar la hizo libre', producción de época que recrea la vida de la heroína de La Independencia Policarpa Salavarrieta. La novela no pretende ser un documental histórico, sino que mezcla una interpretación libre de hechos de la historia colombiana a principios del Siglos XIX con elementos de ficción. Pero ello no hace mella en su calidad y factura. Una interesante apuesta fotográfica, vestuario y locaciones bien cuidados, unas buenas actuaciones. Pero lo que de verdad me cautiva de esta novela, es su protagonista, interpretada por la actriz caleña Carolina Ramírez.
Y logra atraparme porque es la encarnación de lo que le hace falta a la mayoría de colombianos: ideales, convicciones, deseos de luchar por una causa. La Pola es una mujer obsesionada con liberar a su patria del yugo español y acabar por fin con las odiosas distinciones que hacen inferiores a "las gentes" por su raza, su género o su linaje. Siguiendo los patrones del melódrama, las convicciones de La Pola resultan ser, según la novela, alimentadas por el deseo de consumar su amor con Alejo Zabaraín, un joven blanco de padre español que no puede casarse con ella por ser ésta de sangre sucia. Pero uno también puede percibir que tras ese deseo de liberar a su patria, se esconde el profundo rencor que la heroína siente por los españoles. Sea el amor o el rencor el motor de su lucha, lo cierto es que no deja de sorprender, por más que sea un personajes de televisión, ver a una mujer con tantas agallas, con una filosofía de vida tan clara y libre de intereses egoístas, y con uno ideales que no está dispuesta a vender.
Y cómo no sentirse extasiado, cuando se vive en un país donde a la gente, como pasa con los taxis, sólo la mueve la plata, la ambición, la sed de poder. No más ver los supuestos "ejércitos del pueblo", auténticos carteles del narcotráfico que se disfrazan con un camuflado y enarbolan la lucha contra la opresión y la injusticia social para mantener vivo su negocio ilícito. Qué ideales va a uno a ver en unas guerrillas que hablan de lucha social, cuando sólo los mueve el afán de enriquecerse con la minería ilegal, el secuestro. Qué ideales va a ver uno en paramilitares que dicen proteger a la gente de los abusos de la subversión, cuando en realidad sólo defienden intereses de terratienientes, mafiosos, empresarios y cultivadores de palma. Que convicciones se pueden rastrear en unos seudo hinchas del fútbol, que se valen del supuesto amor a ese deporte para justificar sus asesinatos.
En Colombia nadie tiene convicciones, nadie tiene genuinos ideales, nadie tiene una bandera por qué luchar. Y si los tienen, son ideales tan fatuos como tener cuerpos musculosos, o ponerse tetas. Por eso La Pola es inspiradora.
Por otro lado esta producción televisiva ofrece elementos que enganchan al espectador. Su historia es ingeniosa. Muestra a los grandes próceres de La Independencia como seres mezquinos cuyos intereses son lejanos al bienestar de la patria, rompiendo así con ls imágenes impolutas que reproducen los libros de historia. Camilo Torres es mostrado como un engendro elitista que persigue la emancipación de los criollos, pero sólo si son acaudalados. En pocas palabras poco lo importa redimir de la pobreza a la mayoría de los neogranadinos, mientras los españoles americanos que hayan amasado fortuna sean tratados con igual deferencia que los españoles nacidos en la península Ibérica. Jorge Tadeo Lozano es mostrado como un guiñapo que no tiene reparos en posar sus ojos en la mujer de Antonio Nariño. La imagen de este último quizás es en exceso idealizada: lo muestran como un prócer pulcro, un dechado de virtudes que sólo buscar el bienestar de la gente. Quién sabe que tanto se ajusta ese perfil a lo que fue él en realidad.
La Pola es una historia vibrante llena de traiciones y envidias. Pasan a segundo plano las imprecisiones históricas en las que incurre, porque su trama se aleja de las recetas impuestas por los culebrones. Lástima que el canal RCN la haya relegado a un horario ofensivo. Queda la duda si la historia que durante mucho tiempo gozó de buena audiencia, aburrió a los televidentes. O sencillamente sacrificaron una buena producción para darle espacio a chabacanas historias de costeños, mulas del narcotráfico y una patética versión colombiana de Grey's Anatomy que cada vez pisa más el terreno del absurdo.
Ojalá algún día este país se llené de Polas y Polos, cuyo ideal no sea sólo llenar sus bolsillos de plata; hombres y mujeres que tengan ideales y sean capaces de ofrendar su vida por ellos.
Y logra atraparme porque es la encarnación de lo que le hace falta a la mayoría de colombianos: ideales, convicciones, deseos de luchar por una causa. La Pola es una mujer obsesionada con liberar a su patria del yugo español y acabar por fin con las odiosas distinciones que hacen inferiores a "las gentes" por su raza, su género o su linaje. Siguiendo los patrones del melódrama, las convicciones de La Pola resultan ser, según la novela, alimentadas por el deseo de consumar su amor con Alejo Zabaraín, un joven blanco de padre español que no puede casarse con ella por ser ésta de sangre sucia. Pero uno también puede percibir que tras ese deseo de liberar a su patria, se esconde el profundo rencor que la heroína siente por los españoles. Sea el amor o el rencor el motor de su lucha, lo cierto es que no deja de sorprender, por más que sea un personajes de televisión, ver a una mujer con tantas agallas, con una filosofía de vida tan clara y libre de intereses egoístas, y con uno ideales que no está dispuesta a vender.
Y cómo no sentirse extasiado, cuando se vive en un país donde a la gente, como pasa con los taxis, sólo la mueve la plata, la ambición, la sed de poder. No más ver los supuestos "ejércitos del pueblo", auténticos carteles del narcotráfico que se disfrazan con un camuflado y enarbolan la lucha contra la opresión y la injusticia social para mantener vivo su negocio ilícito. Qué ideales va a uno a ver en unas guerrillas que hablan de lucha social, cuando sólo los mueve el afán de enriquecerse con la minería ilegal, el secuestro. Qué ideales va a ver uno en paramilitares que dicen proteger a la gente de los abusos de la subversión, cuando en realidad sólo defienden intereses de terratienientes, mafiosos, empresarios y cultivadores de palma. Que convicciones se pueden rastrear en unos seudo hinchas del fútbol, que se valen del supuesto amor a ese deporte para justificar sus asesinatos.
En Colombia nadie tiene convicciones, nadie tiene genuinos ideales, nadie tiene una bandera por qué luchar. Y si los tienen, son ideales tan fatuos como tener cuerpos musculosos, o ponerse tetas. Por eso La Pola es inspiradora.
Por otro lado esta producción televisiva ofrece elementos que enganchan al espectador. Su historia es ingeniosa. Muestra a los grandes próceres de La Independencia como seres mezquinos cuyos intereses son lejanos al bienestar de la patria, rompiendo así con ls imágenes impolutas que reproducen los libros de historia. Camilo Torres es mostrado como un engendro elitista que persigue la emancipación de los criollos, pero sólo si son acaudalados. En pocas palabras poco lo importa redimir de la pobreza a la mayoría de los neogranadinos, mientras los españoles americanos que hayan amasado fortuna sean tratados con igual deferencia que los españoles nacidos en la península Ibérica. Jorge Tadeo Lozano es mostrado como un guiñapo que no tiene reparos en posar sus ojos en la mujer de Antonio Nariño. La imagen de este último quizás es en exceso idealizada: lo muestran como un prócer pulcro, un dechado de virtudes que sólo buscar el bienestar de la gente. Quién sabe que tanto se ajusta ese perfil a lo que fue él en realidad.
La Pola es una historia vibrante llena de traiciones y envidias. Pasan a segundo plano las imprecisiones históricas en las que incurre, porque su trama se aleja de las recetas impuestas por los culebrones. Lástima que el canal RCN la haya relegado a un horario ofensivo. Queda la duda si la historia que durante mucho tiempo gozó de buena audiencia, aburrió a los televidentes. O sencillamente sacrificaron una buena producción para darle espacio a chabacanas historias de costeños, mulas del narcotráfico y una patética versión colombiana de Grey's Anatomy que cada vez pisa más el terreno del absurdo.
Ojalá algún día este país se llené de Polas y Polos, cuyo ideal no sea sólo llenar sus bolsillos de plata; hombres y mujeres que tengan ideales y sean capaces de ofrendar su vida por ellos.
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