Dentro de poco se sabrá quiénes tomarán las riendas del Valle del Cauca y su capital, Cali. Este 30 de octubre conoceremos si el Departamento continuará en las garras de la corrupción y el saqueo del erario público, dos males encarnados en la figura de Juan Carlos Martínez. En el orden departamental hay poco de dónde escoger: un abánico de candidatos grises que no generan mayor emoción. Todo está dado para que Hector Fabio Useche sea el elegido, lo cual resultaría nefasto porque él es la ficha del ex senador Martínez, ese cacique hoy preso por parapolítica que continúa manejando los hilos de la política vallecaucana tras las rejas y que dejó claras sus "convicciones" políticas al decir que a una alcaldía y una gobernación se le podía sacar más plata que a un embarque de cocaína. Si gana Useche, en el Palacio de San Francisco continuarán reinando las fuerzas responsables del descenso en la categoría fiscal del Valle debido al maltrecho estado en que quedaron sus finanzas.
Si gana Useche, ganará el PIN, el Mío y demás espúreos movimientos que han reclutado en sus filas los peores excrementos de la política, llámese candidatos cuestionados a los que les retiraron o negaron el aval en otros partidos o simplemente herederos de los votos de parapolíticos. Con la victoria de Useche llegará al poder el responsable de que el Hospital Siquiátrico pasará de tener un superávit a quedar con serios problemas financieros. Pero el problema es que Useche no tiene contendores. Sus rivales son grises personajillos representantes de los desteñidos partidos liberal y conservador que no parecen dar la talla para sacar al Valle de su postración. El partido Verde no existe. A este remedo de movimiento político poco le importó sacarle provechó al apoyo ciudadano que logró en las pasadas elecciones presidenciales; no buscó candidato propio ni a Alcaldía, ni a Gobernación, y terminó plegándose a movimientos políticos tradicionales. La tal Ola Verde resultó ser una insignificante onda que se esfumó en el mar de la política.
Para ganar la Alcaldía el aspirante más opcionado parece ser Rodrigo Guerrero, un disidente del partido Conservador apoyado por poderosas élites económicas de la región y que se echó al bolsillo a importantes medios de comunicación. No me convence del todo, pero parece ser la mejor opción porque tampoco tiene contendores. Milton Castrillón, uno de sus rivales, es un personaje oscuro cuyo nombre salió a relucir en el escándalo por la malversación del dinero del programa de cobertura educativa. Además la Procuraduría lo investiga porque supuestamente recibió sobornos de empresarios para hacerle una modificación al Pot que permitiera construir estaciones de gasolina en sitios donde no está autorizado. Y en cuanto a María Isabel Urrutia, queda la duda si el peso de manejar una ciudad no le quedará demasiado grande.
Cali necesita un buen alcalde que sea capaz de reducir las altos índices de homicidio que se registran en la Ciudad; que sea capaz de sacar a las megaobras del limbo en el que están porque se acabó la plata para financiarlas; que le dé una solución real a la pobreza y al desplazamiento, dos fenómenos que crecen desmesuradamente sin que se les ponga freno; pero sobre todo que le inyecte a los caleños una buena dosis de cultura ciudadana para desterrar la anarquía y la intolerancia que reinan en la ciudad.
Desafortunadamente no hay mucho de dónde escoger.
miércoles, 19 de octubre de 2011
miércoles, 27 de julio de 2011
No más procreación
En este país deberían dejarse de maricadas y aprobar los matrimonios entre parejas del mismo sexo y su derecho a adoptar. Sobre esta última posibilidad, los opositores arguyen que un hijo criado por homosexuales crecería en un ambiente licencioso e inmoral y, lo que es más grave, correría el riesgo de 'contagiarse' de las mismas tendencias sexuales de sus padres putativos. Y no hay nada que atormente más a un macho que la homosexualidad, porque esa condición pone en riesgo el poder que ha detentado por centurias. Desde tiempos innmemoriales son los hombres los que han tenido las riendas de la historia, los que han gobernado, los que han impuesto las reglas y el hecho de que la homosexualidad se propague como una epidemia agrieta los cimientos de ese statu quo.
Ellos desgracidamente fueron dotados con más fuerza física que la mujer y se han valido de ella para imponer la voluntad; pero también se han encargado de endurecer su alma y liquidar su sensibilidad. Así oponen la crueldad, la sevicia, el autoritarismo, a los valores débiles de la femineidad. Un hombre gay subvierte ese orden de cosas, y pone en peligro la dictadura del varón.
Por otro lado la unión entre dos hombres y dos mujeres niega la posibilidad de la procreación. Es decir que la difusión de la homosexualidad es la negación, el suicidio de la especie humana. Y los hombres son tan soberbios que no toleran la idea de desaparecer de la faz de la tierra en la que han mandado y han destruido sin reparo. En su oposición a la concepción de una familia compuesta por dos papás o dos mamás no hay más que hipocresía que queda desnuda ante la realidad. La familia como institución es un concepto inexistentes en Colombia que se debe revaluar. Los porcentajes de papás que abadonan a sus hijos, o los violan o los matan hablan por sí solos. ¿Se nos olvidó acaso la historia de Luis Santiago, el niñito asesinado por su padre heterosexual? ¿Se nos olvidan los casos de niños obligados a ser mendigos o prostitutos para que le colaboren económicamente a sus progenitores? ¿Se nos olvida que la mayoría de bebés nacidos en este país son hijos no deseados?
¿Qué ganamos defendiendo la procreación? ¿Acaso no es evidente que uno de los principales problemas de Colombia y el mundo es el exceso de población? Entre más gente sea procreada, más van a ser arrasados los recursos naturales, menos va alcanzar el agua para calmar la sed de tantas bocas y los productos para alimentarlas. Entre más gente allá, habrá más contaminación, más bosques arrasados y más pobreza en las calles, porque los principales reproductores de las sociedades siempre son los pobres. Esas son las consecuencias de haber defendido a ultranza la idea de la familia, que sólo encierra la estúpida necesidad de una especie de perpetuarse. Ojalá el mundo se llene de parejas de gays para controlar tanta sobrepoblación y que adopten a los pobres niños violados, torturados y abandonados por sus papás heterosexuales.
Ellos desgracidamente fueron dotados con más fuerza física que la mujer y se han valido de ella para imponer la voluntad; pero también se han encargado de endurecer su alma y liquidar su sensibilidad. Así oponen la crueldad, la sevicia, el autoritarismo, a los valores débiles de la femineidad. Un hombre gay subvierte ese orden de cosas, y pone en peligro la dictadura del varón.
Por otro lado la unión entre dos hombres y dos mujeres niega la posibilidad de la procreación. Es decir que la difusión de la homosexualidad es la negación, el suicidio de la especie humana. Y los hombres son tan soberbios que no toleran la idea de desaparecer de la faz de la tierra en la que han mandado y han destruido sin reparo. En su oposición a la concepción de una familia compuesta por dos papás o dos mamás no hay más que hipocresía que queda desnuda ante la realidad. La familia como institución es un concepto inexistentes en Colombia que se debe revaluar. Los porcentajes de papás que abadonan a sus hijos, o los violan o los matan hablan por sí solos. ¿Se nos olvidó acaso la historia de Luis Santiago, el niñito asesinado por su padre heterosexual? ¿Se nos olvidan los casos de niños obligados a ser mendigos o prostitutos para que le colaboren económicamente a sus progenitores? ¿Se nos olvida que la mayoría de bebés nacidos en este país son hijos no deseados?
¿Qué ganamos defendiendo la procreación? ¿Acaso no es evidente que uno de los principales problemas de Colombia y el mundo es el exceso de población? Entre más gente sea procreada, más van a ser arrasados los recursos naturales, menos va alcanzar el agua para calmar la sed de tantas bocas y los productos para alimentarlas. Entre más gente allá, habrá más contaminación, más bosques arrasados y más pobreza en las calles, porque los principales reproductores de las sociedades siempre son los pobres. Esas son las consecuencias de haber defendido a ultranza la idea de la familia, que sólo encierra la estúpida necesidad de una especie de perpetuarse. Ojalá el mundo se llene de parejas de gays para controlar tanta sobrepoblación y que adopten a los pobres niños violados, torturados y abandonados por sus papás heterosexuales.
jueves, 14 de julio de 2011
La Pola
Hace tiempo una telenovela no lograba atraparme como lo ha hecho 'La Pola, amar la hizo libre', producción de época que recrea la vida de la heroína de La Independencia Policarpa Salavarrieta. La novela no pretende ser un documental histórico, sino que mezcla una interpretación libre de hechos de la historia colombiana a principios del Siglos XIX con elementos de ficción. Pero ello no hace mella en su calidad y factura. Una interesante apuesta fotográfica, vestuario y locaciones bien cuidados, unas buenas actuaciones. Pero lo que de verdad me cautiva de esta novela, es su protagonista, interpretada por la actriz caleña Carolina Ramírez.
Y logra atraparme porque es la encarnación de lo que le hace falta a la mayoría de colombianos: ideales, convicciones, deseos de luchar por una causa. La Pola es una mujer obsesionada con liberar a su patria del yugo español y acabar por fin con las odiosas distinciones que hacen inferiores a "las gentes" por su raza, su género o su linaje. Siguiendo los patrones del melódrama, las convicciones de La Pola resultan ser, según la novela, alimentadas por el deseo de consumar su amor con Alejo Zabaraín, un joven blanco de padre español que no puede casarse con ella por ser ésta de sangre sucia. Pero uno también puede percibir que tras ese deseo de liberar a su patria, se esconde el profundo rencor que la heroína siente por los españoles. Sea el amor o el rencor el motor de su lucha, lo cierto es que no deja de sorprender, por más que sea un personajes de televisión, ver a una mujer con tantas agallas, con una filosofía de vida tan clara y libre de intereses egoístas, y con uno ideales que no está dispuesta a vender.
Y cómo no sentirse extasiado, cuando se vive en un país donde a la gente, como pasa con los taxis, sólo la mueve la plata, la ambición, la sed de poder. No más ver los supuestos "ejércitos del pueblo", auténticos carteles del narcotráfico que se disfrazan con un camuflado y enarbolan la lucha contra la opresión y la injusticia social para mantener vivo su negocio ilícito. Qué ideales va a uno a ver en unas guerrillas que hablan de lucha social, cuando sólo los mueve el afán de enriquecerse con la minería ilegal, el secuestro. Qué ideales va a ver uno en paramilitares que dicen proteger a la gente de los abusos de la subversión, cuando en realidad sólo defienden intereses de terratienientes, mafiosos, empresarios y cultivadores de palma. Que convicciones se pueden rastrear en unos seudo hinchas del fútbol, que se valen del supuesto amor a ese deporte para justificar sus asesinatos.
En Colombia nadie tiene convicciones, nadie tiene genuinos ideales, nadie tiene una bandera por qué luchar. Y si los tienen, son ideales tan fatuos como tener cuerpos musculosos, o ponerse tetas. Por eso La Pola es inspiradora.
Por otro lado esta producción televisiva ofrece elementos que enganchan al espectador. Su historia es ingeniosa. Muestra a los grandes próceres de La Independencia como seres mezquinos cuyos intereses son lejanos al bienestar de la patria, rompiendo así con ls imágenes impolutas que reproducen los libros de historia. Camilo Torres es mostrado como un engendro elitista que persigue la emancipación de los criollos, pero sólo si son acaudalados. En pocas palabras poco lo importa redimir de la pobreza a la mayoría de los neogranadinos, mientras los españoles americanos que hayan amasado fortuna sean tratados con igual deferencia que los españoles nacidos en la península Ibérica. Jorge Tadeo Lozano es mostrado como un guiñapo que no tiene reparos en posar sus ojos en la mujer de Antonio Nariño. La imagen de este último quizás es en exceso idealizada: lo muestran como un prócer pulcro, un dechado de virtudes que sólo buscar el bienestar de la gente. Quién sabe que tanto se ajusta ese perfil a lo que fue él en realidad.
La Pola es una historia vibrante llena de traiciones y envidias. Pasan a segundo plano las imprecisiones históricas en las que incurre, porque su trama se aleja de las recetas impuestas por los culebrones. Lástima que el canal RCN la haya relegado a un horario ofensivo. Queda la duda si la historia que durante mucho tiempo gozó de buena audiencia, aburrió a los televidentes. O sencillamente sacrificaron una buena producción para darle espacio a chabacanas historias de costeños, mulas del narcotráfico y una patética versión colombiana de Grey's Anatomy que cada vez pisa más el terreno del absurdo.
Ojalá algún día este país se llené de Polas y Polos, cuyo ideal no sea sólo llenar sus bolsillos de plata; hombres y mujeres que tengan ideales y sean capaces de ofrendar su vida por ellos.
Y logra atraparme porque es la encarnación de lo que le hace falta a la mayoría de colombianos: ideales, convicciones, deseos de luchar por una causa. La Pola es una mujer obsesionada con liberar a su patria del yugo español y acabar por fin con las odiosas distinciones que hacen inferiores a "las gentes" por su raza, su género o su linaje. Siguiendo los patrones del melódrama, las convicciones de La Pola resultan ser, según la novela, alimentadas por el deseo de consumar su amor con Alejo Zabaraín, un joven blanco de padre español que no puede casarse con ella por ser ésta de sangre sucia. Pero uno también puede percibir que tras ese deseo de liberar a su patria, se esconde el profundo rencor que la heroína siente por los españoles. Sea el amor o el rencor el motor de su lucha, lo cierto es que no deja de sorprender, por más que sea un personajes de televisión, ver a una mujer con tantas agallas, con una filosofía de vida tan clara y libre de intereses egoístas, y con uno ideales que no está dispuesta a vender.
Y cómo no sentirse extasiado, cuando se vive en un país donde a la gente, como pasa con los taxis, sólo la mueve la plata, la ambición, la sed de poder. No más ver los supuestos "ejércitos del pueblo", auténticos carteles del narcotráfico que se disfrazan con un camuflado y enarbolan la lucha contra la opresión y la injusticia social para mantener vivo su negocio ilícito. Qué ideales va a uno a ver en unas guerrillas que hablan de lucha social, cuando sólo los mueve el afán de enriquecerse con la minería ilegal, el secuestro. Qué ideales va a ver uno en paramilitares que dicen proteger a la gente de los abusos de la subversión, cuando en realidad sólo defienden intereses de terratienientes, mafiosos, empresarios y cultivadores de palma. Que convicciones se pueden rastrear en unos seudo hinchas del fútbol, que se valen del supuesto amor a ese deporte para justificar sus asesinatos.
En Colombia nadie tiene convicciones, nadie tiene genuinos ideales, nadie tiene una bandera por qué luchar. Y si los tienen, son ideales tan fatuos como tener cuerpos musculosos, o ponerse tetas. Por eso La Pola es inspiradora.
Por otro lado esta producción televisiva ofrece elementos que enganchan al espectador. Su historia es ingeniosa. Muestra a los grandes próceres de La Independencia como seres mezquinos cuyos intereses son lejanos al bienestar de la patria, rompiendo así con ls imágenes impolutas que reproducen los libros de historia. Camilo Torres es mostrado como un engendro elitista que persigue la emancipación de los criollos, pero sólo si son acaudalados. En pocas palabras poco lo importa redimir de la pobreza a la mayoría de los neogranadinos, mientras los españoles americanos que hayan amasado fortuna sean tratados con igual deferencia que los españoles nacidos en la península Ibérica. Jorge Tadeo Lozano es mostrado como un guiñapo que no tiene reparos en posar sus ojos en la mujer de Antonio Nariño. La imagen de este último quizás es en exceso idealizada: lo muestran como un prócer pulcro, un dechado de virtudes que sólo buscar el bienestar de la gente. Quién sabe que tanto se ajusta ese perfil a lo que fue él en realidad.
La Pola es una historia vibrante llena de traiciones y envidias. Pasan a segundo plano las imprecisiones históricas en las que incurre, porque su trama se aleja de las recetas impuestas por los culebrones. Lástima que el canal RCN la haya relegado a un horario ofensivo. Queda la duda si la historia que durante mucho tiempo gozó de buena audiencia, aburrió a los televidentes. O sencillamente sacrificaron una buena producción para darle espacio a chabacanas historias de costeños, mulas del narcotráfico y una patética versión colombiana de Grey's Anatomy que cada vez pisa más el terreno del absurdo.
Ojalá algún día este país se llené de Polas y Polos, cuyo ideal no sea sólo llenar sus bolsillos de plata; hombres y mujeres que tengan ideales y sean capaces de ofrendar su vida por ellos.
miércoles, 1 de junio de 2011
La Ola Verde
Nunca me deja bañar por la Ola Verde. No me dejé hipnotizar por un fenómeno mediático que movilizó a miles. Y todo porque para mí el Partido Verde fue y es una colectividad sin una ideología precisa. Recordando la campaña de Mockus a la presidencia, sus propuestas concretas para enfrentar problemas como el del desplazamiento -por citar un ejemplo- eran inexistentes. En pocas palabras no tenía un programa de Gobierno. Su éxito radicó en saber repetir hasta el cansancio unos eslóganes que resultaban muy tentadores. Se convirtió en un adalid de la lucha contra la corrupción y el 'todo vale', una estrategia de la que ya han hecho mano otros políticos.
Pero eso no quiere decir que se deba deslegitimar el postulado de enfrentar el 'todo vale'. Sin duda alguna la transparencia y pulcritud en el manejo de los recursos públicos es una necesidad apremiante de nuestra nación, así como también enfrentar esos rezagos de la cultura mafiosa que enseña que los medios más bajos son válidos para llegar a un fin. A los colombianos les falta mucho de temperancia, de domeñar sus pasiones y, sobre todo, de dejar a un lado su proverbial mezquindad y respetar la integridad de sus semejantes. Colombia es un país donde nadie respeta a nadie, donde todo el mundo se pasa por la faja las más elementales normas para que todos podamos vivir en armonía; Antanas supo capitalizar esas carencias a su favor y allí radicó su éxito
Pero no hay que confundirse. El Partido Verde es una colcha de retazos. Acoge en su seno a un izquierdista arrepentido como Lucho Garzón, A un tecnocráta uribista como Peñaloza, y a un individuo cuyo mayor capital políítica es su sonrisa digna de un comercial de pasta dental, como Sergio Fajardo. Es un Partido sin identidad y sin credo que explotó las ansias de muchos de un país más ético, pero que ahora se desintengra precisamente por no tener factores que lo cohesionen. El apoyo de Uribe a Peñaloza desnudó la fragilidad del movimiento y lo tiene en estado de coma.
No tomar partido tiene sus desventajas. Por más que uno proclama ser de centro, siempre se inclinará más a la izquierda o a la derecha. El Partido Verde fue una burbuja que reventó. Lo triste es que el Polo, también naufragó por cuenta de los escándalos en Bogotá. Y los colombianos quedamos a merced del unanismo político de la Unidad Nacional. ¿Qué tan conveniente será esa situación?
Pero eso no quiere decir que se deba deslegitimar el postulado de enfrentar el 'todo vale'. Sin duda alguna la transparencia y pulcritud en el manejo de los recursos públicos es una necesidad apremiante de nuestra nación, así como también enfrentar esos rezagos de la cultura mafiosa que enseña que los medios más bajos son válidos para llegar a un fin. A los colombianos les falta mucho de temperancia, de domeñar sus pasiones y, sobre todo, de dejar a un lado su proverbial mezquindad y respetar la integridad de sus semejantes. Colombia es un país donde nadie respeta a nadie, donde todo el mundo se pasa por la faja las más elementales normas para que todos podamos vivir en armonía; Antanas supo capitalizar esas carencias a su favor y allí radicó su éxito
Pero no hay que confundirse. El Partido Verde es una colcha de retazos. Acoge en su seno a un izquierdista arrepentido como Lucho Garzón, A un tecnocráta uribista como Peñaloza, y a un individuo cuyo mayor capital políítica es su sonrisa digna de un comercial de pasta dental, como Sergio Fajardo. Es un Partido sin identidad y sin credo que explotó las ansias de muchos de un país más ético, pero que ahora se desintengra precisamente por no tener factores que lo cohesionen. El apoyo de Uribe a Peñaloza desnudó la fragilidad del movimiento y lo tiene en estado de coma.
No tomar partido tiene sus desventajas. Por más que uno proclama ser de centro, siempre se inclinará más a la izquierda o a la derecha. El Partido Verde fue una burbuja que reventó. Lo triste es que el Polo, también naufragó por cuenta de los escándalos en Bogotá. Y los colombianos quedamos a merced del unanismo político de la Unidad Nacional. ¿Qué tan conveniente será esa situación?
martes, 31 de mayo de 2011
¿Cuándo?
¿Quién será el dueño de la verdad con respecto al virus del VIH? Quienes están contagiados se enfrentan a una horrible encrucijada: en frente tienen dos caminos y ambos los llevarán a la muerte. La única diferencia es que uno de esos senderos simboliza una muerte lenta. Los horribles antirretrovirales son la única medicación que existe para combatir la infección. Pero lo que se encuentra en Internet sobre estas medicinas desalienta a cualquiera que quiera ingeririrlas. El AZT, por ejemplo, fue ensayado como medicina para tratar diversos tipos de cáncer, pero su grado de toxicidad fue tan alto que decidieron descartarlo. Años después apareció como la panacea para los seropositivos, quienes al ingerirlo tienen que soportar sus nefastos efectos secundarios: mareo, vómitos, malestar general. La droga puede llegar incluso a destruir el hígado y la médula ósea, o al menos eso dicen algunos sitios de Internet. El AZT y los otros antirretrovirales supuestamente impiden que el virus se replique en la células cd4, es decir, retrasan el debilitamiento del sistema inmunológico que finalmente da pie al desarrollo del Sida. No es una cura, simplemente es un paliativo fastidioso que retrase el momento de la muerte. Pero el seropositivo que se abstenga de tomarlo, se expone a que sus defensas caigan en caída libre y finalmente muera.
En pocas palabras el destino para un seropositivo siempre será la muerte, bien sea lenta o acelerada. ¿Cuál es el camino correcto: tomar los antirretrovirales o renunciar a ellos? Hay tanta información contradictoria. Algunos sugieren que el VIH no existe, que nunca ha podido ser aislado según los protocolos establecidos; aseguran que no existe prueba que pueda detectar el virus como tal y la supuesta carga viral sólo localiza fragmentos del virus, más no éste en sí. ¿Quién tendrá la razón? ¿Sera el VIH una farsa orquestada por las empresas farmaceúticas para lucrarse gracias a unos medicamentos que realmente no sirven para nada, sino que por el contrario empeoran la calidad de vida de los supuestos infectados? ¿Por qué 30 años después de descubierto este virus no existe una cura o vacuna definitiva y en cambio se encontró en tiempo récord un remedio para el AH1N1? ¿Por qué hay tantas sombras que envuelven este virus?
Por otro lado, ¿y si el virus en verdad existe?. Y los abstencionistasen realidad le están haciendo un gran daño a los enfermos convenciéndolos de que es un mito y persuádiéndolos para que no busquen tratamiento. Qué tal que por creer ciegamente en una teoría, el infectado permita que el virus lo destruya poco a poco. Pero, ¿vale la pena vivir esclavizado a una droga? ¿vale la pena supeditar la prolongación de la existencia al consumo de medicinas con graves efectos colaterales? ¿Cuándo se va a saber toda la verdad del VIH y permitir a los infectados acabar con una zozobra que es más desgastante que la propia enfermedad? ¿Cuándo?
En pocas palabras el destino para un seropositivo siempre será la muerte, bien sea lenta o acelerada. ¿Cuál es el camino correcto: tomar los antirretrovirales o renunciar a ellos? Hay tanta información contradictoria. Algunos sugieren que el VIH no existe, que nunca ha podido ser aislado según los protocolos establecidos; aseguran que no existe prueba que pueda detectar el virus como tal y la supuesta carga viral sólo localiza fragmentos del virus, más no éste en sí. ¿Quién tendrá la razón? ¿Sera el VIH una farsa orquestada por las empresas farmaceúticas para lucrarse gracias a unos medicamentos que realmente no sirven para nada, sino que por el contrario empeoran la calidad de vida de los supuestos infectados? ¿Por qué 30 años después de descubierto este virus no existe una cura o vacuna definitiva y en cambio se encontró en tiempo récord un remedio para el AH1N1? ¿Por qué hay tantas sombras que envuelven este virus?
Por otro lado, ¿y si el virus en verdad existe?. Y los abstencionistasen realidad le están haciendo un gran daño a los enfermos convenciéndolos de que es un mito y persuádiéndolos para que no busquen tratamiento. Qué tal que por creer ciegamente en una teoría, el infectado permita que el virus lo destruya poco a poco. Pero, ¿vale la pena vivir esclavizado a una droga? ¿vale la pena supeditar la prolongación de la existencia al consumo de medicinas con graves efectos colaterales? ¿Cuándo se va a saber toda la verdad del VIH y permitir a los infectados acabar con una zozobra que es más desgastante que la propia enfermedad? ¿Cuándo?
domingo, 15 de mayo de 2011
LA INSPIRACIÓN
Renzo había llegado a ese punto en que se pierde la inspiración para escribir. O quizás había llegado a una instancia en que agotó todos los temas que lo empujaron a tomar un lápiz y llenar de trazos decenas de hojas de papel. Había contado todo lo que tenía por contar y por ello dejó de escribir, porque si lo hiciera sería un acto mecánico y poco espontáneo. No quería caer en la trampa de expresar en un papel ideas impostadas y artificiales, pero tampoco deseaba dejar de escribir porque sentía que al hacerlo se liberaría de muchas ataduras que lo angustiaban.
Corrió entonces a un bosque en procura de hallar a una musa que resucitara su inspiración. Caminó debajo del follaje de inmensos samanes y ceibas cuyas ramas más altas se entrecruzaban formando una hermosa catedral que lo cobijaba con su sombra. Aspiró y llenó sus pulmones de un aire fresco que por un momento le hizo olvidar que su cuerpo se podría lentamente. Pero la musa que tanto anhelaba no corría en su auxilio. Renzo se sentía vacío. Era como si alguna fuerza extraña hubiese succionado su alma, dejando un cuerpo hueco que sólo esperaba la muerte. Sus ojos se llenaron de lágrimas que corrieron por sus mejillas hasta llegar a su boca y embargarla de un sabor salado. Hace mucho tiempo que no lloraba y era un desahogo poder hacerlo. Llevo una de sus mano hacia el frío suelo. Sintió la humedad de la tierra y se sintió excitado por un extraño placer. Movió su mano derecha sobre la hierba y de repente sintió una textura distinta a la que hasta ahora había percibido. Se trataba de un objeto plano y macizo: era un libro.
Era extraño encontrar un libro tirado en medio de lo más profundo del bosque. "Quizás en sus hojas esté la inspiración que busco", pensó Renzo. No podría ser casualidad que buscase afanosamente una musa y encontrara un libro en un sitio inhóspito sin ninguna explicación lógica. En ese libro tenían que estar consignadas las ideas que reverdecerían su inventiva. Abrió el hallazgo y empezó a leer: "el ser humano es una mezcla de animal y ser racional, lo que lo vuelve un ser inestable y presa de sus pulsiones primarias que utiliza su inteligencia para satisfacerlas. Es un ser egoísta que siempre busca su propia comodidad aún a costa de los demás. No le importa destruir a otros si ello le ayuda a procurarse sus placeres: por eso es un ser más inclinado a la maldad que a la bondad. El ser humano es complejo y en él se mezclan la humanidad, la compasión, pero también las depravaciones, el odio, los placeres infames. Infortunadamente en esa batalla de sentimientos que se libra en cada ser humano, siempre salen vencedoras las pulsiones más malsanas. Hace poco leí una noticia en la prensa que daba cuenta de la historia de una niña de dos años violada por su padrastro; como consecuencia su recto y sus riñones quedaron destrozados".
El libro no tenía autor. No había datos que indicaran la fecha de impresión, la editorial. Sólo estaba el cuerpo del libro llenó de reflexiones que Renzo ya conocía. Cerró sus páginas y miró al cielo. Dirigió su vista al texto y reaunudó la lectura: "pero la maldad no sólo se revela en esos actos monstruosos, sino también en las pequeñas acciones cotidianas. Siempre que viajo en el transporte público me indignó al ver el oportunismo y el carácter ventajoso de los hombres. Hacen hasta lo imposible por asegurarse un asiento donde posar sus sucias nalgas. Y aunque haya una anciana junto a ellos, no se preocupan en cederle el puesto porque sólo les interesa su propia seguridad y la garantía de ir cómodos. Esa acción aparentemente insignificante encierra toda la mezquindad y egoismo del ser humano"
"Pero no te engañes si piensas que soy un moralista con una trayectoria vital intachable. En mi mente se anidan los pensamientos y obsesiones más repugnantes que te puedas imaginar..."..
Justo cuando leía esa aparte el aire empezó a enrarecerse, el cielo se puso oscuro. El bosque se tornó amenazador. Los árboles ya no parecían guardianes de la naturaleza, sino gigantes perversos. Todo se volvió cada vez más oscuro y entre esas tinieblas empezaron a vislumbraban ojos de gato que miraban penetrantemente. Todos los monstruos que habitaban en el alma de Renzo emergieron de su boca su nariz y sus oidos y empezaron a girar en el aire a grandes velocidades.
"He tenido la obsesión de violar a la mujer. -continuó Renzo con el relato-. Me he sentido atraido sexualmente hacia niños. He tenido deseos de asesinar a gentes que despiertan en mi odio y desprecio. En mí mente he cometido las aberraciones más terribles, los abusos más infames, las acciones más sangrientas. He mutilado cuerpos, los he acuchillado, he abalanzado sus cabezas sobre macizos muros; incluso he acometido ese crimen con mi propia madre. Sí, mis aberraciones no respetan ni a los seres más cercanos a los cuales se les debe rendir tributo de amor y respeto. Mi creatividad mental no tiene límites en cuanto a idear posibles actos innobles que confesar ante un polígrafo y luego revelar en un absurdo programa de televisión, ante un público que se burla y escruta. 21 preguntas que dan cuenta de lo más ridículo, patético, criminal, innoble y desvergonzado de un individuo".
Renzo cerró el libro y sintió rabia. El libro no le había dado inspiración. Estaba lleno de reflexiones que conocía de memoria. Él ya sabía que el mundo estaba podrido, y él mismo también lo estaba. También había deseado matar y violar. Y para echarle tierra al lado oscuro de su vida trataba de servir a los demás, hacía voluntariado en fundaciones, ayudaba económicamente a sus parientes. O simplemente leía confiado en que el cremiento intelectual lo redimiría.
Tiró el libro a un lado y decidió marcharse. De inmediato volvió a salir el sol. Los monstruos retornaron a su cuerpo y los gatos cerraron sus ojos. Renzó comprendió que estaba condenada a escribir siempre sobre lo mismo.
Corrió entonces a un bosque en procura de hallar a una musa que resucitara su inspiración. Caminó debajo del follaje de inmensos samanes y ceibas cuyas ramas más altas se entrecruzaban formando una hermosa catedral que lo cobijaba con su sombra. Aspiró y llenó sus pulmones de un aire fresco que por un momento le hizo olvidar que su cuerpo se podría lentamente. Pero la musa que tanto anhelaba no corría en su auxilio. Renzo se sentía vacío. Era como si alguna fuerza extraña hubiese succionado su alma, dejando un cuerpo hueco que sólo esperaba la muerte. Sus ojos se llenaron de lágrimas que corrieron por sus mejillas hasta llegar a su boca y embargarla de un sabor salado. Hace mucho tiempo que no lloraba y era un desahogo poder hacerlo. Llevo una de sus mano hacia el frío suelo. Sintió la humedad de la tierra y se sintió excitado por un extraño placer. Movió su mano derecha sobre la hierba y de repente sintió una textura distinta a la que hasta ahora había percibido. Se trataba de un objeto plano y macizo: era un libro.
Era extraño encontrar un libro tirado en medio de lo más profundo del bosque. "Quizás en sus hojas esté la inspiración que busco", pensó Renzo. No podría ser casualidad que buscase afanosamente una musa y encontrara un libro en un sitio inhóspito sin ninguna explicación lógica. En ese libro tenían que estar consignadas las ideas que reverdecerían su inventiva. Abrió el hallazgo y empezó a leer: "el ser humano es una mezcla de animal y ser racional, lo que lo vuelve un ser inestable y presa de sus pulsiones primarias que utiliza su inteligencia para satisfacerlas. Es un ser egoísta que siempre busca su propia comodidad aún a costa de los demás. No le importa destruir a otros si ello le ayuda a procurarse sus placeres: por eso es un ser más inclinado a la maldad que a la bondad. El ser humano es complejo y en él se mezclan la humanidad, la compasión, pero también las depravaciones, el odio, los placeres infames. Infortunadamente en esa batalla de sentimientos que se libra en cada ser humano, siempre salen vencedoras las pulsiones más malsanas. Hace poco leí una noticia en la prensa que daba cuenta de la historia de una niña de dos años violada por su padrastro; como consecuencia su recto y sus riñones quedaron destrozados".
El libro no tenía autor. No había datos que indicaran la fecha de impresión, la editorial. Sólo estaba el cuerpo del libro llenó de reflexiones que Renzo ya conocía. Cerró sus páginas y miró al cielo. Dirigió su vista al texto y reaunudó la lectura: "pero la maldad no sólo se revela en esos actos monstruosos, sino también en las pequeñas acciones cotidianas. Siempre que viajo en el transporte público me indignó al ver el oportunismo y el carácter ventajoso de los hombres. Hacen hasta lo imposible por asegurarse un asiento donde posar sus sucias nalgas. Y aunque haya una anciana junto a ellos, no se preocupan en cederle el puesto porque sólo les interesa su propia seguridad y la garantía de ir cómodos. Esa acción aparentemente insignificante encierra toda la mezquindad y egoismo del ser humano"
"Pero no te engañes si piensas que soy un moralista con una trayectoria vital intachable. En mi mente se anidan los pensamientos y obsesiones más repugnantes que te puedas imaginar..."..
Justo cuando leía esa aparte el aire empezó a enrarecerse, el cielo se puso oscuro. El bosque se tornó amenazador. Los árboles ya no parecían guardianes de la naturaleza, sino gigantes perversos. Todo se volvió cada vez más oscuro y entre esas tinieblas empezaron a vislumbraban ojos de gato que miraban penetrantemente. Todos los monstruos que habitaban en el alma de Renzo emergieron de su boca su nariz y sus oidos y empezaron a girar en el aire a grandes velocidades.
"He tenido la obsesión de violar a la mujer. -continuó Renzo con el relato-. Me he sentido atraido sexualmente hacia niños. He tenido deseos de asesinar a gentes que despiertan en mi odio y desprecio. En mí mente he cometido las aberraciones más terribles, los abusos más infames, las acciones más sangrientas. He mutilado cuerpos, los he acuchillado, he abalanzado sus cabezas sobre macizos muros; incluso he acometido ese crimen con mi propia madre. Sí, mis aberraciones no respetan ni a los seres más cercanos a los cuales se les debe rendir tributo de amor y respeto. Mi creatividad mental no tiene límites en cuanto a idear posibles actos innobles que confesar ante un polígrafo y luego revelar en un absurdo programa de televisión, ante un público que se burla y escruta. 21 preguntas que dan cuenta de lo más ridículo, patético, criminal, innoble y desvergonzado de un individuo".
Renzo cerró el libro y sintió rabia. El libro no le había dado inspiración. Estaba lleno de reflexiones que conocía de memoria. Él ya sabía que el mundo estaba podrido, y él mismo también lo estaba. También había deseado matar y violar. Y para echarle tierra al lado oscuro de su vida trataba de servir a los demás, hacía voluntariado en fundaciones, ayudaba económicamente a sus parientes. O simplemente leía confiado en que el cremiento intelectual lo redimiría.
Tiró el libro a un lado y decidió marcharse. De inmediato volvió a salir el sol. Los monstruos retornaron a su cuerpo y los gatos cerraron sus ojos. Renzó comprendió que estaba condenada a escribir siempre sobre lo mismo.
jueves, 5 de mayo de 2011
¿De qué escribir?
¿De qué escribir?. Por meses se me va la inspiración. No me nace llevar mis dedos al teclado y llenar una pantalla de letras. Siento que si lo hago sería un esfuerzo mecánico e hipócrita. ¿De qué escribir? De Dios. De ese dios perverso que habita en los cielos y cuyo espíritu voyeurista lo lleva a sentir placer de lo que ve en el mundo. Él es todopoderoso y todo lo ve y lo escruta, por tanto ve a la mujer que es violada; al niño que es maltratado; al patrono que abusa de su poder; al hombre honrada al que le hurtan sus pertenencias; al ser noble que es humillado, condenado a las más horrendas burlas. Las injusticias ocurren ante sus ojos y no interviene porque ellas lo llenan de un gozo morboso y perverso. Es un ser depravado que se regodea con la miseria humana, que se siente excitado al ver como sus creaciones despliegan lo más bajo de sus pasiones como si aquello fuera una macabra obra de teatro hecha para el divertimento sólo de Él.
Pero no hablemos de ÉL. Hablemos de los recuerdos, esos horrendos lastres que pesan toneladas y hacen imposible el vivir. Los ahí de todos tipos. Están los recuerdos de nuestros actos innobles, de nuestros pecados, nuestros abusos, nuestras bellaquerías; aquellos que se convierten en una culpa que se clava en nuestro ser como una daga y que reducen a escombros el pedestal moral sobre el que nos levantamos para sentir que merecemos vivir en el mundo. Esos recuerdos arriban a la memoria, salen de un escondite en el subconciente y nos recuerdan que somos una basura sin valor alguno.
Están también los recuerdos de los momentos en que hemos hecho el ridículo. Imágenes de las veces en que cometimos una torpeza, fuimos el objeto de las burlas. Recuerdos de los momentos en que otros han abusado de nosotros, nos han tendido en el suelo como un tapete y nos han pisoteado. Cuando esos recuerdos inundan la mente, poco a poco nos empequeñecemos. Nuestro orgullo se desvanece y sentimos que somos muy poca cosa. En alguna parte del corazón nace entonces la rabia, el deseo de vindicar el honor herido, las ansias por vengar la afrenta. Nos llenamos de un odio que nos lleva a desear matar a quien o quienes nos humillaron. Ese odio es una manera de enfrentar esa debilidad que fue aprovechada por otros para humillarnos. El odio nos da una falsa ilusión de fuerza.
Y están los añoranzas. Esos recuerdos deliciosos de los momentos más felices de nuestra vida. Momentos en que vencimos a la Ley de Murphy y las energías malsanas que nos quieren ver desgraciados, y disfrutamos de alegría rebozante. Son recuerdos bellos, que, se convierten en alma de doble filo, porque cuando llegan a nuestra mente y constatamos que no se han repetido ni se volverán ha repetir, nos sentimos miserables. Nos llenamos de decepción al pensar en esos instantes de gloria y compararlos con nuestra gris situación actual.
Por últimos están unos recuerdos extraños: aquellos que se archivaron en el subconiente y nunca emergen. Sabemos que vivenciamos ciertas cosas, pero ya no las recordamos con claridad. Son como un bache en la mente que nos llena de angustia. Sabemos que nos marcaron, como, por ejemplo, los malos tratos del padre, pero por una razón u otra parece que se hubieran borrado del corazón o la memoria.
Pero no hablemos de ÉL. Hablemos de los recuerdos, esos horrendos lastres que pesan toneladas y hacen imposible el vivir. Los ahí de todos tipos. Están los recuerdos de nuestros actos innobles, de nuestros pecados, nuestros abusos, nuestras bellaquerías; aquellos que se convierten en una culpa que se clava en nuestro ser como una daga y que reducen a escombros el pedestal moral sobre el que nos levantamos para sentir que merecemos vivir en el mundo. Esos recuerdos arriban a la memoria, salen de un escondite en el subconciente y nos recuerdan que somos una basura sin valor alguno.
Están también los recuerdos de los momentos en que hemos hecho el ridículo. Imágenes de las veces en que cometimos una torpeza, fuimos el objeto de las burlas. Recuerdos de los momentos en que otros han abusado de nosotros, nos han tendido en el suelo como un tapete y nos han pisoteado. Cuando esos recuerdos inundan la mente, poco a poco nos empequeñecemos. Nuestro orgullo se desvanece y sentimos que somos muy poca cosa. En alguna parte del corazón nace entonces la rabia, el deseo de vindicar el honor herido, las ansias por vengar la afrenta. Nos llenamos de un odio que nos lleva a desear matar a quien o quienes nos humillaron. Ese odio es una manera de enfrentar esa debilidad que fue aprovechada por otros para humillarnos. El odio nos da una falsa ilusión de fuerza.
Y están los añoranzas. Esos recuerdos deliciosos de los momentos más felices de nuestra vida. Momentos en que vencimos a la Ley de Murphy y las energías malsanas que nos quieren ver desgraciados, y disfrutamos de alegría rebozante. Son recuerdos bellos, que, se convierten en alma de doble filo, porque cuando llegan a nuestra mente y constatamos que no se han repetido ni se volverán ha repetir, nos sentimos miserables. Nos llenamos de decepción al pensar en esos instantes de gloria y compararlos con nuestra gris situación actual.
Por últimos están unos recuerdos extraños: aquellos que se archivaron en el subconiente y nunca emergen. Sabemos que vivenciamos ciertas cosas, pero ya no las recordamos con claridad. Son como un bache en la mente que nos llena de angustia. Sabemos que nos marcaron, como, por ejemplo, los malos tratos del padre, pero por una razón u otra parece que se hubieran borrado del corazón o la memoria.
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