El placer culposo de muchos son los concursos de belleza, esos eventos denostados por las feministas que con el pasar de los años han perdido a pasos agigantados su popularidad. La historia que voy a contar está íntimamente ligada a estos certámenes e inició en el foro virtual de reinas de Belleza de Univisión, una de las cadenas hispanas más importantes de Estados Unidos. Tal foro era, es y seguirá siendo una auténtica letrina donde los usuarios amparados en el anonimato desfogan todo su fanatismo y xenofobia ciegos traducidos en insultos terribles a las reinas y, sobre todo, a los países que representan. Es así como las reinas venezolanas son reducidas a muñecas de plástico que representan a un país "sin papel, pollo y harina"; las colombianas son tratadas como "prepagos" del país de la "coca, los sicarios y los narcos"; las dominicanas son unas yoleras y plataneras; las peruanas unas cuyeras desdentadas y un largo etcétera.
Divitrue era una forista de univisión que cansada de tanta bajeza decidió crear su propio foro. Primero se llamó Mymdqueens y luego se rebautizó a Mybeautyqueens. Tal espacio virtual tendría una pecularidad: a diferencia de su predecesor de univisión, sería un foro con un completo staff de moderadores que se encargarían de imponer un orden casi carcelario. Las ofensas denigrantes, las palabras peyorativas, el usar las fotos personales de foristas para burlarse de ellos, se convertirían en prácticas proscritas y quién se atreviera a incurrir en ellas recibiría el peor de los castigos, un baneo, el equivalente cibernético a un cruel destierro.
Pronto un gran porcentaje de los foristas del foro de univisión emigraron masivamente al foro creado por la boricua Divitrue. Al nuevo foro arribaron forista reconocidos como Blackambar, Gio...el+, la Chica Intelectual, Zammy cool, Kikecool, Fer, Karmal, etc. Con el pasar de los años engrosaron la lista de foristas personajes como Salo, Sebastián, Pokemon y otros. Sin embargo la tranquilidad que Divitrue pretendía resguardar celosamente no duraría mucho; un buen día estalló un conflicto entre la boricua y su paisana y mano derecha, la Chica Intelectual. El por qué de ese rompimiento no lo tengo claro, pero lo cierto es que la Chica se marchó de Mybeautyqueens junto con sus tres aliados: José Fernando, Daniela y Zammy Cool y en un acto que fue interpretado como una traición hacia Divitrue decidió fundar su propio foro: Divaz Beauty.
De esos tres lugartenientes quizás el más cercano a la Chica era el díscolo Zammy Cool quien se granjeó una "celebridad" en el foro de univisión a fuerza de inventar disparates como que era modelo de Calvin Klein, que juanes le echaba los perros y que había conocido en Shakira en fiestas realizadas en el Medio Oriente. En realidad, Zammy no era más que un modesto chico cartagenero aficionado a las reinas de belleza. Sobra decir que La Chica y sus tres amigos fueron sancionados con su respectivo baneo definitivo del foro de Divitrue.
En principio Divazz Beauty funcionó bien; en él participaba mucha gente y se convirtió en una trinchera desde se lanzaban dardos y mordaces críticas a Divitrue. Pero con el tiempo perdió audiencia y desapareció por simple sustracción de materia.
Sin embargo Zammy cool no se quedó con los brazos cruzados. Dicen las malas lenguas -no me consta- que el inquieto cartagenero retornó a Mybeautyqueens suplantando la identidad de una travesti cartagenera y desde entonces se ha dedicado a atacar con saña a peruanos y venezolanos. También se ha ido lanza en ristre contra reinas colombianas, especialmente Paulina Vega, pero su odio hacia ella se transmutó en ciego fanatismo apenas la corona de miss universo se posó sobre las sienes de la barranquillera. Valga decir que la "bipolaridad" es una "práctica" común en Mybeautyqueens.
Otro popular personaje de Mybeautyqueens es Gio...el+ más conocido con el mote de "la costurera" ya que el chico es diseñador de modas. Gio es quizás el más popular de todos los colombianos y también el que tiene el humor más sarcástico e inteligente. Pero también es el más clasista y, por qué no decirlo, arribista. Vive presumiendo de la "clasudez" del CNB y de la supuesta alta alcurnia - Cuna de oro- de sus reinas favoritas como Paulina Vega. Sin embargo y paradójicamente el triunfo de la barranquillera lo terminó afectando. A fuerza de defender a la miss universo de los ataques de medio foro que por x o y razón -envidia quizás- no estuvo de acuerdo con su elección, su carácter se ha ido tornando cada vez más agrio y pendenciero, razón por la cual ha sido suspendido en reiteradas ocasiones del foro. Cabe agregar que Gio nació en el Caquetá y ahora está radicado en Bogotá.
No se puede dejar de mencionar a Karmal un sicólogo samario célebre en el foro por sus terribles horrores ortográficos que el atribuye a cierto problema sicológico. Este joven es famoso por su extremo nacionalismo y por su afán de defender a las reinas colombianas por más insípidas que sean a capa y espada. De su autoría son recordadas frases al estilo de que "la robayo partió en dos la historia del Miss Universo, marcando un antes y después de su mostrada de cuca". A los detractores de Paulina que son casi el 70% del foro los ha bautizando como "la Fábrica de las Ardidas"...
ESTA HISTORIA CONTINUARÁ...
viernes, 24 de julio de 2015
lunes, 1 de junio de 2015
A LA GURISATTI NO LE HA FUNCIONADOLA ESTRATEGIA
El rating habla por sí solo. El noticiero del Canal Caracol sigue
superando en audiencia al informativo dirigido desde enero pasado por la
periodista Claudia Gurisatti. Muchos dirán en defensa de la vallecaucana que la
diferencia en las audiencias de ambos noticieros es muy estrecha y que no se
puede pretender que en unos meses la gurisatti logré revertir la mala racha que
ha sufrido el Canal RCN en los últimos dos años.
Sin embargo lo cierto es que las
estrategias de la gurisatti para posicionar el noticiero bajo su dirección aun
no cuajan en el público. ¿Y cuáles han sido esas estrategias? Fácil, volverse
obsecuente con el Uribismo y, por ende, adoptar una posición crítica frente al
gobierno de Santos especialmente en lo relativo al proceso de paz que se está
llevando a cabo en la Habana. No ha tenido que esforzarse mucho Noticias RCN
para asumir ese rol crítico. Bastante papaya han dado las organizaciones
insurgentes con actos tan terribles como la masacre de los 11 soldados en el
Cauca o la exhibición como trofeo de guerra de la pierna que perdió un militar
al pisar una mina antipersona sembrada por el ELN. También se ha dedicado el
noticiero a conmemorar los aniversarios de todos los actos de terror de las
guerrillas. Y ello no es criticable pues no se puede pretender que un medio se
silencie frente a los crímenes de las Farc, aunque sí causa curiosidad que los
actos del paramilitarismo no tengan mayor mención en el noticiero.
Tampoco tiene nada de
cuestionable que Noticias RCN se haya constituido en un medio de oposición a
las diferentes decisiones del Gobierno de Santos, si no fuera porque detrás de
esa supuesta actitud crítica se esconde un afán por posicionar la imagen de
Álvaro Uribe Vélez, a la vez que servirle a éste como caja de resonancia para sus
reparos contra Juan Manuel Santos, el pupilo al que el mismo llevo al poder. En
ese orden de ideas Uribe aparece por un lado como opinador recurrente en el
noticiero, mientras que por el otro los escándalos relacionados con sus ocho
años de gobierno son minimizados.
Como noticiero opositor Noticias
RCN ha llegado al extremo de solidarizarse con las protestas adelantadas
recientemente por los maestros, yendo así en contravía de lo que suelen hacer
los medios tradicionales al cubrir este tipo de protestas: deslegitimarlas per sé. ¿Será que si las protestas de
los educadores agremiados en Fecode hubiesen ocurrido en un hipotético tercer o
cuarto mandato de Uribe, Noticias RCN se hubiera mostrado tan partidario y
solidario con ellas?
Sin embargo esas estrategias implementadas
por la Gurisatti hasta el momento no han surtido total efecto. El público se
sigue inclinando por Noticias Caracol, un noticiero mediocre, efectista y populachero
que engancha audiencias con videos y noticias sobre atracos, y personas que se
tranzan en terribles batallas callejeras armadas con machetes. Nada se puede
hacer al respecto mientras los espectadores no exijan un periodismo de más
calidad. Entretanto tocará seguir escogiendo entre las heces y los detritos.
jueves, 19 de febrero de 2015
Sesgo en el cubrimiento de noticias internacionales
Artículo publicado originalmente en Las 2 orillas el miércoles 18 de febrero de 2015
http://www.las2orillas.co/sesgo-en-el-cubrimiento-de-noticias-internacionales/
Leer o ver en televisión las noticias sobre sucesos del acontecer internacional que divulgan medios como El Tiempo, Semana, el Espectador, Noticias RCN o Noticias Caracol es como experimentar un deja vu. Siempre informan sobre los mismos países: Venezuela, Argentina, Nicaragua, Ecuador, etc., y todos tienen en común que están gobernados por presidentes de izquierda. El desabastecimiento en Venezuela, el asesinato del fiscal Nisman en Argentina, la futura construcción de un canal interoceánico en Nicaragua y la llegada de un movimiento de extrema izquierda en Grecia acaparan los titulares de los medios colombianos.
Y no los critico: está bien que estos medios denuncien los abusos de los gobernantes de izquierda. El mundo no puede hacer oídos sordos a la dramática situación que vive nuestra hermana república de Venezuela por cuenta de la escasez crónica de productos de primera necesidad, la inseguridad y la represión a la oposición. Tampoco puede pasar por alto la misteriosa muerte del fiscal Nisman en Argentina ad portas de imputar cargos a la presidenta Cristina Fernández, ni menos ignorar las repercusiones negativas que puede acarrear la construcción de un canal interoceánico en Nicaragua.
Pero inquieta que esos mismos medios no sean igual de acuciosos e inquisitivos a la hora de informar sobre las tropelías que ejercen sobre sus ciudadanos los presidentes de derecha en Latinoamérica o la compleja situación que viven los países gobernados por personajes de este mismo espectro político. Poco o nada dijeron los medios colombianos sobre la crítica que hizo la ONU al gobierno del presidente guatemalteco de centro derecha Otto Pérez Molina por su decisión de rebajar el salario mínimo en algunas zonas del país centroamericano para beneficiar a empresas que deseen invertir en esos sectores. Algunos críticos dicen que tal reducción implicaría que los guatemaltecos no tendrían ingresos suficientes para cubrir el costo de la canasta familiar, pero al parecer a ningún medio colombiano le pareció relevante esta noticia.
O qué decir del expresidente de Panamá Ricardo Martinelli que está siendo investigado por presuntos casos de corrupción en la contratación de comida deshidratada para escuelas públicas de su país, a la vez que ha sido denunciado por espionaje a la oposición. La difusión que le han dado los medios colombianos a este caso ha sido más bien escasa.
Pedirle imparcialidad a los medios colombianos que no son más que cajas de resonancia de grandes grupos económicos a los que pertenecen, es como pedirle peras al olmo. Pero aun sería justo que informaran sobre los problemas que enfrentan los países independiente del espectro político que los gobierne y no sólo se limiten a informar sobre las brutalidades del mediocre Maduro de Venezuela.
miércoles, 18 de febrero de 2015
Cali sin agua Y NADIE HACE NADA
Lunes 16 de febrero de 2015. Una
vez más a los habitantes de un humilde conjunto de apartamentos en el barrio
Alférez Real situado al sur de Cali, les cortaron el suministro de agua. La
interrupción se extendió por varias horas durante las cuales la pobre gente se
tuvo que privar de tomar el vital líquido para calmar su sed que se ha visto
atizada por la ola de calor; varias horas en que esa misma gente se debió
abstener de tomar una duchar, enfrentó problemas para cocinar y, lo que es
peor, debió aguantar las ganas hasta de defecar.
Lo verdaderamente grave es que
esas interrupciones en el servicio de agua no son un hecho aislado y atípico,
sino que ocurren diariamente. Prácticamente se han convertido en parte de la
cotidianidad de los habitantes de este populoso sector de la capital del Valle.
Las razones para este fenómeno aparentemente tienen su raíz en la dependencia
que tiene Cali al río Cauca. Esta enorme arteria fluvial es la que provee el
vital líquido a la mayoría de habitantes de la sultana del valle, pero resulta
que en épocas de intenso invierno es normal que interrumpan el servicio de agua
porque la turbiedad presente en el río hace imposible su tratamiento. Sin
embargo, cuando es el calor el que agobia a los caleños, el tratamiento del
agua también se vuelve imposible porque el caudal del Cauca y los otros ríos
baja provocando que la contaminación en ellos se concentre. Por ende quitan el
agua cuando llueve y también cuando hace sol. ¿Y qué hacen los gobiernos
municipal, departamental y nacional al respecto? Nada. Mientras se prepara un
plan de recuperación del río Magdalena, el pobre y excesivamente contaminado
río Cauca sencillamente se ha quedado sin dolientes.
Emcali, la empresa de servicios
públicos responsablemente del suministro del vital líquido en Cali, tampoco ha
hecho mayor cosa, salvo aplicar paliativos como los llamados reservorios que no
resuelven de fondo la problemática. Se han propuesto diversas altervativas:
construir un embalse, tomar agua de otras fuentes, etc., pero todo se ha quedado
en el papel. Pecando de dramático, me atrevo a pronosticar que en pocos años
Cali, la tercera ciudad más poblada e importante de Colombia, estará sufriendo
una situación similar a la que viven hoy los atribulados habitantes de Yopal,
Casanare.
Resulta paradójico que una ciudad
bañada por siete ríos –algunos de ellos ya convertidos en caños fétidos- sufra
por la falta de agua. Y a la vez resulta triste que se deba pensar en buscar
otras fuentes de agua para abastecer a la ciudad, porque al igual que pasa con
el Cauca, poco a poco van a perecer por cuenta de la contaminación y la
inconciencia humana. Son las consecuencias de una ciudad que ha crecido
desmesuradamente sin pensar en el medio ambiente. Cali ha experimentado un
crecimiento demográfico exagerado sin que contara con una infraestructura que
soportara el arribo de cientos de miles de personas. Se desecaron las lagunas y
humedales en el oriente de esta capital para levantar allí tugurios. Se han
extinguido y contaminado las fuentes de agua. En definitiva, Cali es un
monstruo que se ha hecho grande sin ningún tipo de planeación y protección
ambiental.
Mientras tanto a los caleños les
tocará seguir aguantando las ganas de calmar la sed, de tomar una ducha y hasta
de cagar por cuenta de la desidia de Emcali y los gobiernos del orden
municipal, departamental y nacional. Y, por supuesto, por culpa de ellos mismos
y su manía de depredar el medio ambiente y contaminar a diestra y siniestra.
martes, 16 de diciembre de 2014
SÓLO ESO… UN CARTÓN
Lo de
Paola siempre fueron las letras. Mas cuando le dijo a su madre que quería
estudiar literatura, recibió una tajante respuesta: “¡no, con eso te vas a
morir de hambre!” Las limitaciones económicas le impusieron a la espigada
morena nacida en Tumaco la obligación de escoger una carrera más ‘rentable’.
“Viajé a Cali. Me presenté en Univalle para estudiar administración de empresas
y quedé”, cuenta. Pero poco tiempo después resolvió cambiarse a comunicación
social. Sencillamente no pudo huir del influjo de las palabras escritas.
Inició
esa carrera con el anhelo de escribir algún día en un periódico de renombre.
Pero esa ilusión no resistió su paso por la Escuela de Comunicación
Social. Jesús Martín Barbero, a través de sus textos, se encargó de poner a la tumaqueña
en contra de los diabólicos medios masivos de comunicación. “Por eso –recuerda-
cuando debí buscar la práctica profesional no me presenté a El País”.
Descartada
esa alternativa, Paola debió recorrer un sendero pedregoso para ejercer su
pasantía. Primero lo intentó en un instituto de la Universidad. Sólo resistió
un mes allí. “Durante ese tiempo lo más parecido a lo aprendido en la
carrera que pude aplicar fue corregirle unas comas a un texto del jefe. De
resto lo único que hacía era sacar copias, organizar cuadros en Excel… ¡Y
también aprendí cómo doblar planos de arquitectura!”, relata con una sonrisa
dibujada en su rostro.
Presa de
la frustración solicitó en la Escuela un cambio de práctica. Pasó a vincularse
a un programa del Canal Universitario donde enfrentó una nueva decepción:
“Ninguna de mis ideas le gustaba al director de ese espacio. Me decía que
estaba MFT, ‘miando fuera del tiesto’, porque yo quería hacer programas sobre
lo que significa la universidad pública desde una perspectiva política. Es que
en ese canal le apuestan a otras cosas porque ya tienen programado el chip de
lo que el mercado quiere. Por eso allá uno ve más gente de universidades
privadas que de Univalle”. Ante la avalancha incesante de negativas, Paola optó
por renunciar. A final cumplió con el requisito de las pasantías en la
Facultad de Humanidades de su alma máter. Debió redactar boletines, tomar fotos
y cubrir eventos.
Tras
entregar su tesis la morena del Pacífico ni siquiera intentó buscar trabajo
pues sencillamente ignoraba para qué era útil. “En la universidad
aprendés a comprender a Sloterdijk, pero finalmente no sabés en qué
te vas a enfocar para trabajar. No tenés un saber específico aplicable”, opina.
Y agrega que: “uno está encapsulado en la Escuela y cree que es el gran
investigador, el artista, el cineasta, pero cuando sale uno se da cuenta de que
lo ven como alguien que pone carteleras, coge un teléfono y hace boletines”.
Reconoce,
por supuesto, que algunos comunicadores univallunos han logrado descollar en el
terreno artístico, la producción audiovisual, etc., “pero a costa de ganar
méritos trabajando ad honorem o apoyados por los papás. Muchos no
podemos darnos ese lujo”.
En
efecto, Paola tenía que responder por el arriendo, la comida, los servicios.
Para su fortuna una oportunidad tocó a su puerta: “Un profesor, una
semana antes de mi grado, me comentó sobre una vacante en CISALVA. Mandé los
papeles y me seleccionaron para trabajar por un año”, relata. Pero ya está
próxima la fecha en que terminará su contrato y ésta vez sí se ha puesto en la
tarea de buscar empleo: “Me he metido a Computrabajo y ha sido una desilusión.
A veces me dan ganas de ponerme a llorar”.
A la
escasez de ofertas para comunicadores se suma el pobre acompañamiento que da la
universidad a sus graduandos para que se engranen en el mundo laboral.
“Yo me he metido a la página de egresados y como que nunca funciona”, sostiene
la comunicadora. Algunos de sus compañeros para suplir ese vacío institucional
“mandan ‘fantásticos’ correos con ofertas de empleo que exigen experiencia de
10 años. Son cosas inalcanzables para gente como uno que apenas hace un año se
graduó”, anota indignada.
A pesar
de todo Paola puede sentirse relativamente afortunada. Con tristeza señala que
varios de sus compañeros están desempleados y cuando consiguen algún trabajo:
“dura tres meses y es por prestación de servicios”. Hace poco oyó de labios de
un amigo una historia que la aterró: “me contó que él tenía una amiga
comunicadora que a pesar de tener dos maestrías trabajaba en un lugar como
correctora de estilo y le pagaban el mínimo”.
Preparándose para huir
Al igual que la tumaqueña, Eliana estudió en Univalle por limitaciones
económicas. “Pero igual –aclara- nunca deseé otra institución, pues no hubiera
encajado social, ideológica, política y visualmente en una universidad
privada”.
Ejerció su pasantía en El País. Dentro de ese tradicional rotativo experimentó en carne propia lo
que muchas veces leyó en textos de investigadores, periodistas y sociólogos:
“comprobé que los medios de comunicación en Colombia son empresas al servicio
del capital y de un monopolio histórico de unas cuantas familias. Por ser
empresas económicas -y no sociales como lo demanda la Ley- se venden al más
poderoso: al gobierno de turno, que normalmente en nuestro país, aunque se
disfrace de demócrata, es facho”, sentencia.
Al final
concluyó que el comunicador que se vincula a esos medios debe entregar todas
sus “disposiciones ideológicas y éticas” a su editor “para que al otro día
publiquen un periódico comercial y de acuerdo a los intereses de sus
aliados económicos”. Curioso resulta que una mujer de un espíritu tan crítico
se decidiera por El País para sus prácticas, pero como ella misma relata
jocosamente: “la verdad antes de entrar allá nunca lo había leído”.
Tras su salida de ese medio, Eliana no se ha visto forzada a iniciar la
frenética cacería de un empleo porque cuenta con un negocio familiar que es su
sustento. Divide su tiempo entre la atención de ese ‘chuzo’ y un curso de
inglés con miras a buscar becas de postgrado en otro país. Durante ese proceso
ha descubierto que: “al diseñar tu hoja de vida para aspirar a una beca es
preciso que incluyas hasta el más mínimo taller, porque debes competir con
muchas más personas que sueñan con huir de un país que brinda pocas
posibilidades investigativas y académicas a los profesionales, limitándolos así
a engrosar las filas de empleados con bajos salarios”.
Prefiere Eliana buscar en otra nación lo que no encuentra en la suya
propia, antes que someterse a ser una “profesional” que a cambio de mejorar su
estatus y recibir un “buen” sueldo, “entrega a una empresa las horas
irremplazables de su vida y las experiencias que no vivirá por estar en un
cubículo, desde las 8:00 am hasta las 9:00 pm, escribiendo lo que a su jefe
editor le parezca bueno”.
Sólo
somos un nombre
A
Christhian, también comunicador de Univalle, lo embarga la sensación de haber
despilfarrado su tiempo entregando una cantidad infinita de hojas de vida vía web
y en persona. “Hoy en día sólo buscan comunicadores organizacionales y
uno se enfrenta además al estigma de ser egresado de una universidad
pública. Tanto es así que en varias entrevistas de trabajo he tenido que
responder ‘no, yo no soy de los que tiran piedras’”, revela.
Devolverse
a su tierra natal, Roldanillo, fue la única opción que le quedó al ver que en
Cali “no resultaba nada”. En 2004 había abandonado ese municipio enclavado en
el Norte del Valle para estudiar comunicación, carrera que pensó le ofrecería
mejores oportunidades que una licenciatura en literatura, la otra opción que
había contemplado. “Ahora trabajó medio tiempo en una sala de internet y me he
visto forzado a seguir viviendo con mis padres”, confiesa con cierto malestar.
Ha llegado al punto de implorar ayuda a políticos de su ciudad sin que esos
ruegos hayan tenido eco.
¿Y qué
papel ha jugado la Escuela de Comunicación en la crisis que lo agobia? “De
parte de la Escuela no siento más que el olvido”, responde con amargura el
joven de límpidos ojos azules y una estatura que rebasa el 1.80. Cuenta que ha
pedido ayuda para ubicarse laboralmente a distintas personas vinculadas a ella,
“pero a la fecha no la he recibido”. En cuanto a la división de egresados, para
él no pasa de ser un chiste: “Hace un año me gradué y está es la hora en que ni
siquiera puedo acceder a sus bases de datos en internet para buscar empleo,
dizque porque mi acreditación como egresado está en proceso. ¿Cómo es posible
que se tarden tanto en realizar un trámite tan sencillo?”, denuncia.
Pero no
todo ha sido tan malo. A diferencia de Paola y Eliana, el roldanillense fue
afortunado con su práctica profesional. “Fue excelente en términos
académicos –asegura- Escribí varios artículos para el periódico universitario La
palabra y recibí una nota final muy alta”. Sin embargo, el pago que
recibía no era el mejor y por eso no siguió colaborando en ese impreso una vez
concluyó el periodo de práctica.
¿Y qué
hay de sus compañeros de estudio?, ¿También se han visto a gatas para ejercer
su carrera con dignidad? Contesta que algunos devengan un salario mínimo a
cambio de trabajar en periódicos de corto tiraje o virtuales. “Sé del caso de
una compañera que labora para una compañía grande, pero sólo percibe un sueldo
de $800.000”, añade. Para él ello obedece a que: “Los comunicadores de Univalle
no tenemos cabida ni en el gremio del arte, ni en el de la educación y a veces
ni siquiera en el de los medios. Y el enfoque investigativo de la Escuela no
tiene mucho espacio en el sector empresarial. Allí buscan comunicadores
organizacionales. O técnicos en comunicación, expertos en manejar cámaras y
cables”.
Además,
según Christhian, los univallunos están en desventaja frente a los autónomos,
javerianos y santiaguinos porque. “sus universidades gozan de una buena
reputación que Univalle no tiene y porque en verdad reciben de ellas un apoyo
palpable; no como en Univalle donde apenas somos un nombre en sus registros de
egresados”.
Javeriano
llama javeriano
Sin
embargo el graduarse de una universidad privada no es garantía de éxito laboral
y de ello puede dar fe Diana, una joven comunicadora de la Universidad
Javeriana. Se inclinó por ese alma máter a instancias de su tío. Desde muy
pequeña le oyó decir una frase que se le grabó en la mente: javeriano ayuda
javeriano. “Tanto él como mi mamá estudiaron contaduría, ella en la Libre y él
en la Javeriana. Se graduaron casi al mismo tiempo, pero él siempre consiguió
mejores trabajos. Y todos los obtuvo por amigos de su universidad”, cuenta.
Diana
siempre soñó con pararse frente una cámara, pero para asegurar aun más su
futuro profesional estudió comunicación con enfoque organizacional “porque
aparentemente tenía más demanda”. No tardó, sin embargo, en darse cuenta de que
no transitaría sobre un lecho de rosas por el sólo hecho de haberse
especializado en ese campo. Aunque le fue muy bien en sus prácticas al
final por diferencias con su jefe directo no pude continuar allí. Debió
entonces buscar empleo. “Pero pasaron los meses y no conseguía nada en
organizacional”, recuerda.
A pesar
de su gusto por el periodismo, nunca se atrevió a llevar una hoja de vida a
periódicos o emisoras: “una profesora –explica- me frustró diciéndome que
redactaba muy mal, entonces me convencí de que lo impreso no era lo mío. Y en
radio jamás supe a quién llevarle una hoja de vida, pues no tenía los
contactos. Si te metes a una página de empleo nunca vas a encontrar que Caracol
Radio necesita locutor. Todo es voz a voz”.
En cuanto
a la televisión se enfrentó a un problema de medidas. Pero no aquellas que
tasan el nivel intelectual de las comunicadoras, sino las que calculan el
tamaño de sus culos y tetas. “Los medios lo que necesitan son viejas que estén
buenas. Si vas a un casting, ves ese tipo de mujeres. Y obviamente yo, la
gordita y bajita, al lado de ellas no tengo mucho que hacer por más que lo haga
bien”.
Tras
cinco meses desempleada, Diana visitó el colegio donde estudió su bachillerato
para ofrecer sus servicios como comunicadora aunque no recibiera paga. Su
estrategia le funcionó: “me contrataron por prestación de servicios. Me pagaban
un salario integral y yo tenía que sacar de ahí lo de mis prestaciones. Fue
difícil porque el colegio es cristiano. Yo, por ejemplo, manejaba la emisora
escolar y las directivas se molestaban por el volumen de la música, así los
estudiantes estuvieran en pleno recreo. Además revisaban con lupa las letras de
las canciones que ponía”, confiesa.
En el
plantel trabajó un año pues se cumplió el contrato laboral. Meses después
encontraría un nuevo empleo, pero no producto de las hojas de vida que repartió
a diestra y siniestra, sino gracias a la ayuda de una amiga de la Javeriana.
“Por ella entré a un proyecto en la Univalle que duró tres meses. Creo que es
el mejor trabajo que he tenido. En cuanto al pago lo único malo es lo demorado,
pero igual uno sabe que la plata esta fija”, narra la joven con cierta
añoranza.
Pero así
como Diana ha sido rescatada de las garras de la desocupación por sus amigas
javerianas, también ha perdido oportunidades por carecer del contacto adecuado.
Es que aquella máxima de Arquímedes, “dadme una palanca y moveré al mundo”, sí
que se aplica en el mundo laboral. Luego de terminar su labor en Univalle fue
llamada a una entrevista en una empresa x. Una muchacha de su universidad que
iba en un semestre inferior también fue convocada. “Ella como experiencia sólo
tenía la práctica –relata-. Comenzamos muchos el proceso de selección y en la
última fase quedamos ella y yo. Al final la eligieron a ella””.
”A mí sí
me quedó la espinita –admite- Yo pensé ‘tan chistoso, ella apenas tiene la
práctica y yo que tengo práctica más otros tres empleos, ¿cómo es esto?’ Ese
mismo día me metí a su twitter y leí que le escribió a alguien ‘Amiga,
mañana nos vemos en mi primer día de trabajo’. De ociosa me puse a averiguar y
descubrí que esa amiga tenía un cargo muy importante en la oficina de
comunicaciones de la empresa”.
La crisis
laboral también ha tocado a sus amigas de la Javeriana. “Una de ellas –revela-
atiende quejas y reclamos en una empresa de telefonía celular. Lleva dos años
allá y sin embargo siempre sigue buscando, porque obviamente si uno estudió
algo es para ejercerlo. Pero no ha conseguido nada. Otra está trabajando en la
notaría del papá como su asistente”.
Afortunados,
así deberían sentirse Diana y sus tres pares univallunos por haber logrado
hacerse al anhelado título profesional, hazaña nada desdeñable en un país donde hay
más de tres millones de bachilleres que nunca accedieron a la educación
superior. Pero la realidad fuera de las universidades sólo les ha ofrecido
desocupación o empleos precarios y contrarios a sus expectativas y
convicciones. Es en ese instante cuando la carga simbólica que reviste al
diploma universitario, representada en una fastuosa ceremonia donde los
“futuros profesionales” lucen elegantes togas y birretes, se desvanece. A
fin de cuentas un cartón sin tetas, sin palancas, sin experiencia de 10 años es
sólo eso… un cartón.
sábado, 22 de noviembre de 2014
UNA VENEZUELA EN COLOMBIA
(Texto de mi autoría publicado anteriormente en Las2orillas el pasado 31 de marzo)
Es deprimente lo que sucede en Venezuela. La inseguridad y el desabastecimiento de productos asfixian a los habitantes de nuestro país hermano. Por eso resulta por demás loable que los medios de comunicación colombianos, especialmente los noticieros de televisión de los canales privados, se hayan lanzando en una cruzada para denunciar los atropellos que al parecer comete el gobierno de dicha nación petrolera.
Ese interés inusitado por la situación de Venezuela es, repito, digno de aplauso. Pero imaginemos por un momento que la protestas no fueran allá, sino acá, en la otra ribera del Arauca vibrador. Y supongamos que no fueran contra un gobierno de izquierda, sino contra uno de derecha, por ejemplo un hipotético tercer gobierno de Uribe. ¿Cuál sería el cubrimiento que le darían los grandes medios de comunicación a las protestas? No es difícil de imaginar: seguramente harían hincapié en los trancones y demás tropiezos a la movilidad de los ciudadanos ocasionados por quienes ocupan las calles para protestar;
enfatizarían en los revoltosos que infiltran las marchas para atacar a la fuerza pública con piedras y papas bombas;denunciarían los actos de vandalismo cometidos por esos mismos revoltosos; y por último reproducirían las declaraciones de las autoridades oficiales según las cuales las manifestaciones estarían siendo auspiciadas por las Farc. De hecho Maduro hace eso mismo: endilgarle a un grupo armado ilegal -en su caso los paramilitares- la responsabilidad de promover las protestas con el fin de desestabilizar su gobierno.
Es lamentable que ya haya una treintena de muertos producto de las manifestaciones ciudadanas en Venezuela y es justo que los periodistas colombianos denuncien esa barbarie en vista de la ley mordaza impuesta a los medios en el vecino país. Pero la realidad es que en Colombia han acontecido sucesos igual de macabros: cuatro muertos en las recientes protestas de campesinos en el catatumbo, 26 militantes de la marcha patriótica asesinados y un largo etcétera.
Bueno es que los medios colombianos se preocupen por la situación de venezuela, pero lo es más que también se conduelan por lo que pasa aquí en nuestro país; para no ir muy lejos se estima que en Cali la tasa de homicidios ronda los 90 por cada100 mil habitantes, cifra por la cual la Capital de la Salsa se hizo acreedora al nada honroso título de sexta ciudad más peligrosa del mundo. En efecto, según informaciones de prensa en lo corrido del 2013 en la capital del Valle se registraron más de 1900 homicidios, 451 de ellos atribuidos a conflictos entre pandillas.
La situación en Cali ha tocado fondo: el año pasado un profesor de univalle fue descuartizado trás ser víctima de paseo millonario, en meses pasados hubo una masacre en una discoteca y hace un mes hirieron a bala al hijo del periodista Álvaro Miguel Mina en un intento de atraco. A eso se suma que uno lo piensa dos veces antes de visitar el Oriente de la ciudad por miedo a ser víctima de una bala descerrajada por osar atravezar una de las llamadas fronteras invisibles. Por otra parte, más de dos mil jóvenes de la ciudad se han enrolado en pandillas y 250 mil caleños están en riesgo por la presencia en la ciudad de miembros de las milicias de las Farc y las llamadas Bacrim. Una bomba de tiempo alimentada por la pobreza, la exclusión,
el desplazamiento y un desempleo crónico que ronda el 13%.
Ojalá los medios vuelquen su atención a Cali y el Valle, porque la crisis no sólo es en Venezuela.
Es deprimente lo que sucede en Venezuela. La inseguridad y el desabastecimiento de productos asfixian a los habitantes de nuestro país hermano. Por eso resulta por demás loable que los medios de comunicación colombianos, especialmente los noticieros de televisión de los canales privados, se hayan lanzando en una cruzada para denunciar los atropellos que al parecer comete el gobierno de dicha nación petrolera.
Ese interés inusitado por la situación de Venezuela es, repito, digno de aplauso. Pero imaginemos por un momento que la protestas no fueran allá, sino acá, en la otra ribera del Arauca vibrador. Y supongamos que no fueran contra un gobierno de izquierda, sino contra uno de derecha, por ejemplo un hipotético tercer gobierno de Uribe. ¿Cuál sería el cubrimiento que le darían los grandes medios de comunicación a las protestas? No es difícil de imaginar: seguramente harían hincapié en los trancones y demás tropiezos a la movilidad de los ciudadanos ocasionados por quienes ocupan las calles para protestar;
enfatizarían en los revoltosos que infiltran las marchas para atacar a la fuerza pública con piedras y papas bombas;denunciarían los actos de vandalismo cometidos por esos mismos revoltosos; y por último reproducirían las declaraciones de las autoridades oficiales según las cuales las manifestaciones estarían siendo auspiciadas por las Farc. De hecho Maduro hace eso mismo: endilgarle a un grupo armado ilegal -en su caso los paramilitares- la responsabilidad de promover las protestas con el fin de desestabilizar su gobierno.
Es lamentable que ya haya una treintena de muertos producto de las manifestaciones ciudadanas en Venezuela y es justo que los periodistas colombianos denuncien esa barbarie en vista de la ley mordaza impuesta a los medios en el vecino país. Pero la realidad es que en Colombia han acontecido sucesos igual de macabros: cuatro muertos en las recientes protestas de campesinos en el catatumbo, 26 militantes de la marcha patriótica asesinados y un largo etcétera.
Bueno es que los medios colombianos se preocupen por la situación de venezuela, pero lo es más que también se conduelan por lo que pasa aquí en nuestro país; para no ir muy lejos se estima que en Cali la tasa de homicidios ronda los 90 por cada100 mil habitantes, cifra por la cual la Capital de la Salsa se hizo acreedora al nada honroso título de sexta ciudad más peligrosa del mundo. En efecto, según informaciones de prensa en lo corrido del 2013 en la capital del Valle se registraron más de 1900 homicidios, 451 de ellos atribuidos a conflictos entre pandillas.
La situación en Cali ha tocado fondo: el año pasado un profesor de univalle fue descuartizado trás ser víctima de paseo millonario, en meses pasados hubo una masacre en una discoteca y hace un mes hirieron a bala al hijo del periodista Álvaro Miguel Mina en un intento de atraco. A eso se suma que uno lo piensa dos veces antes de visitar el Oriente de la ciudad por miedo a ser víctima de una bala descerrajada por osar atravezar una de las llamadas fronteras invisibles. Por otra parte, más de dos mil jóvenes de la ciudad se han enrolado en pandillas y 250 mil caleños están en riesgo por la presencia en la ciudad de miembros de las milicias de las Farc y las llamadas Bacrim. Una bomba de tiempo alimentada por la pobreza, la exclusión,
el desplazamiento y un desempleo crónico que ronda el 13%.
Ojalá los medios vuelquen su atención a Cali y el Valle, porque la crisis no sólo es en Venezuela.
viernes, 31 de octubre de 2014
CUATRO MANERAS DE DECIRLE ADIÓS A UN EMPLEO
EL FRAUDE
Llevaba seis años trabajando como digitador en una prestigiosa empresa. Era una labor dura con jornadas que excedían las 10 horas, pero yo la desempeñaba con gusto porque el pago era bueno: alrededor de un millón de pesos mensuales. Todo marchaba a las mil maravillas hasta que a unos compañeros les dio por cometer un millonario fraude en la empresa. El monto del robo fue de casi 100 millones de pesos y como era natural el banco que fungía de cliente de la empresa donde laboraba exigió que rodaran cabezas. Por ello los directivos decidieron someter a todos los empleados al polígrafo y a pesar de mi inocencia no fue bien sorteando las preguntas evaluadas por aquella curiosa máquina; finalmente decidieron prescindir de mis servicios.
EL COLEGIO
Debo aclarar que no perdí mi último empleo sino que decidí renunciar a éste por voluntad propia. Desde hace 8 años laboro como Secretaria en instituciones educativas. El último plantel en el que desempeñé dicho cargo estaba asentado en una zona deprimida del oriente de Cali y por ello en él estudiaban jóvenes en alto riesgo. Había uno de ellos que llamaba mi atención por su actitud extraña: muy poco socializaba con sus compañeros y siempre cargaba grandes cantidades de dinero en sus bolsillos. Un buen día el muchacho se ausentó de la escuela, lo que no me produjo especial inquietud, pero tiempo después a mis oídos llegó la noticia de que un sicario habia sido asesinado en el sector. Cuál no sería mi sorpresa cuando supe que ese criminal últimado era ni más ni menos que aquel jovencito de naturaleza aislada y bolsillos repletos de plata que no tenía más de 15 años. Pero lo que finalmente me persuadió de renunciar fue otro episodio igualmente inquietante. Un día las directivas del plantel expulsaron a un estudiante por conflictivo. Su madre al enterarse le imploró al rector que no tomara esa medida con el muchacho pues éste "no podía quedarse sin hacer nada". La razón: tenía detención domiciliaria y si no continuaba estudiando lo recluirían en una correccional.
El call center
Trabajaba con un call center contratado por una compañía electrificadora para atender quejas y reclamos. Habían transcurrido seis meses, estaba bastante amañado cuando a la presidencia de la compañía llegó un barranquillero que decidió trasladar la operación del Call Center a la capital del Atlántico. Muy certeramente un compañero me decía: "esa compañía electrificadora es vallecaucana y prefiere darle empleo a costeños que a gente del Valle del Cauca. Ahí queda comprobada la falta de liderazgo de los vallunos. Se tuvieron que traer un directivo de Barranquilla porque aquí en el Valle no consiguieron. A la gente de esta región le falta sentido de pertenencia. ¿Usted cree que una empresa antioqueña contrataría sus servicios de call center con gente que no fuera de Antioquia?
La pelea
La falta de oportunidades en Cali me empujó a viajar a Bogotá para buscar empleo allá. Lo encontré en un importante gremio empresarial. Pero los problemás no tardaron en llegar. El presidente de esa entidad, un connotado político vallecaucano, era amigo de mi familia y por ello me trataba con cierta familiaridad. Cuando él utilizaba el ascensor su esquema de seguridad solía dejalojar a todo el que estuviese adentro. Pero conmigo tenía el gesto de permitir viajar con él a bordo del ascensor, lo que suscitó el malestar de mis compañeros quienes no veían con buenos ojos esas "preferencias". Gracias a mi buen desempeño me nombraron supervisor en el trabajo y a partir de entonces un compañero me comenzó a hacer la guerra. Las cosas llegaron al punto en que durante una fiesta de la entidad nos fuimos a los golpes tras una discusión atizada por el exceso de alcohol. Días después recibí una llamada amenazante: "váyase de la empresa o lo quebramos". El autor no era otro que mi envidioso compañero a quien su torpeza -realizó la llamada intimidatoria desde las instalaciones donde laborábamos- lo delató.
Llevaba seis años trabajando como digitador en una prestigiosa empresa. Era una labor dura con jornadas que excedían las 10 horas, pero yo la desempeñaba con gusto porque el pago era bueno: alrededor de un millón de pesos mensuales. Todo marchaba a las mil maravillas hasta que a unos compañeros les dio por cometer un millonario fraude en la empresa. El monto del robo fue de casi 100 millones de pesos y como era natural el banco que fungía de cliente de la empresa donde laboraba exigió que rodaran cabezas. Por ello los directivos decidieron someter a todos los empleados al polígrafo y a pesar de mi inocencia no fue bien sorteando las preguntas evaluadas por aquella curiosa máquina; finalmente decidieron prescindir de mis servicios.
EL COLEGIO
Debo aclarar que no perdí mi último empleo sino que decidí renunciar a éste por voluntad propia. Desde hace 8 años laboro como Secretaria en instituciones educativas. El último plantel en el que desempeñé dicho cargo estaba asentado en una zona deprimida del oriente de Cali y por ello en él estudiaban jóvenes en alto riesgo. Había uno de ellos que llamaba mi atención por su actitud extraña: muy poco socializaba con sus compañeros y siempre cargaba grandes cantidades de dinero en sus bolsillos. Un buen día el muchacho se ausentó de la escuela, lo que no me produjo especial inquietud, pero tiempo después a mis oídos llegó la noticia de que un sicario habia sido asesinado en el sector. Cuál no sería mi sorpresa cuando supe que ese criminal últimado era ni más ni menos que aquel jovencito de naturaleza aislada y bolsillos repletos de plata que no tenía más de 15 años. Pero lo que finalmente me persuadió de renunciar fue otro episodio igualmente inquietante. Un día las directivas del plantel expulsaron a un estudiante por conflictivo. Su madre al enterarse le imploró al rector que no tomara esa medida con el muchacho pues éste "no podía quedarse sin hacer nada". La razón: tenía detención domiciliaria y si no continuaba estudiando lo recluirían en una correccional.
El call center
Trabajaba con un call center contratado por una compañía electrificadora para atender quejas y reclamos. Habían transcurrido seis meses, estaba bastante amañado cuando a la presidencia de la compañía llegó un barranquillero que decidió trasladar la operación del Call Center a la capital del Atlántico. Muy certeramente un compañero me decía: "esa compañía electrificadora es vallecaucana y prefiere darle empleo a costeños que a gente del Valle del Cauca. Ahí queda comprobada la falta de liderazgo de los vallunos. Se tuvieron que traer un directivo de Barranquilla porque aquí en el Valle no consiguieron. A la gente de esta región le falta sentido de pertenencia. ¿Usted cree que una empresa antioqueña contrataría sus servicios de call center con gente que no fuera de Antioquia?
La pelea
La falta de oportunidades en Cali me empujó a viajar a Bogotá para buscar empleo allá. Lo encontré en un importante gremio empresarial. Pero los problemás no tardaron en llegar. El presidente de esa entidad, un connotado político vallecaucano, era amigo de mi familia y por ello me trataba con cierta familiaridad. Cuando él utilizaba el ascensor su esquema de seguridad solía dejalojar a todo el que estuviese adentro. Pero conmigo tenía el gesto de permitir viajar con él a bordo del ascensor, lo que suscitó el malestar de mis compañeros quienes no veían con buenos ojos esas "preferencias". Gracias a mi buen desempeño me nombraron supervisor en el trabajo y a partir de entonces un compañero me comenzó a hacer la guerra. Las cosas llegaron al punto en que durante una fiesta de la entidad nos fuimos a los golpes tras una discusión atizada por el exceso de alcohol. Días después recibí una llamada amenazante: "váyase de la empresa o lo quebramos". El autor no era otro que mi envidioso compañero a quien su torpeza -realizó la llamada intimidatoria desde las instalaciones donde laborábamos- lo delató.
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