lunes, 1 de junio de 2015

A LA GURISATTI NO LE HA FUNCIONADOLA ESTRATEGIA



El rating habla por sí solo.  El noticiero del Canal Caracol sigue superando en audiencia al informativo dirigido desde enero pasado por la periodista Claudia Gurisatti. Muchos dirán en defensa de la vallecaucana que la diferencia en las audiencias de ambos noticieros es muy estrecha y que no se puede pretender que en unos meses la gurisatti logré revertir la mala racha que ha sufrido el Canal RCN en los últimos dos años. 

Sin embargo lo cierto es que las estrategias de la gurisatti para posicionar el noticiero bajo su dirección aun no cuajan en el público. ¿Y cuáles han sido esas estrategias? Fácil, volverse obsecuente con el Uribismo y, por ende, adoptar una posición crítica frente al gobierno de Santos especialmente en lo relativo al proceso de paz que se está llevando a cabo en la Habana. No ha tenido que esforzarse mucho Noticias RCN para asumir ese rol crítico. Bastante papaya han dado las organizaciones insurgentes con actos tan terribles como la masacre de los 11 soldados en el Cauca o la exhibición como trofeo de guerra de la pierna que perdió un militar al pisar una mina antipersona sembrada por el ELN. También se ha dedicado el noticiero a conmemorar los aniversarios de todos los actos de terror de las guerrillas. Y ello no es criticable pues no se puede pretender que un medio se silencie frente a los crímenes de las Farc, aunque sí causa curiosidad que los actos del paramilitarismo no tengan mayor mención en el noticiero.
 
Tampoco tiene nada de cuestionable que Noticias RCN se haya constituido en un medio de oposición a las diferentes decisiones del Gobierno de Santos, si no fuera porque detrás de esa supuesta actitud crítica se esconde un afán por posicionar la imagen de Álvaro Uribe Vélez, a la vez que servirle a éste como caja de resonancia para sus reparos contra Juan Manuel Santos, el pupilo al que el mismo llevo al poder. En ese orden de ideas Uribe aparece por un lado como opinador recurrente en el noticiero, mientras que por el otro los escándalos relacionados con sus ocho años de gobierno son minimizados.
Como noticiero opositor Noticias RCN ha llegado al extremo de solidarizarse con las protestas adelantadas recientemente por los maestros, yendo así en contravía de lo que suelen hacer los medios tradicionales al cubrir este tipo de protestas: deslegitimarlas per sé. ¿Será que si las protestas de los educadores agremiados en Fecode hubiesen ocurrido en un hipotético tercer o cuarto mandato de Uribe, Noticias RCN se hubiera mostrado tan partidario y solidario con ellas?

Sin embargo esas estrategias implementadas por la Gurisatti hasta el momento no han surtido total efecto. El público se sigue inclinando por Noticias Caracol, un noticiero mediocre, efectista y populachero que engancha audiencias con videos y noticias sobre atracos, y personas que se tranzan en terribles batallas callejeras armadas con machetes. Nada se puede hacer al respecto mientras los espectadores no exijan un periodismo de más calidad. Entretanto tocará seguir escogiendo entre las heces y los detritos.

jueves, 19 de febrero de 2015

Sesgo en el cubrimiento de noticias internacionales

Artículo publicado originalmente en Las 2 orillas el miércoles 18 de febrero de 2015
http://www.las2orillas.co/sesgo-en-el-cubrimiento-de-noticias-internacionales/
Leer o ver en televisión las noticias sobre sucesos del acontecer internacional que divulgan medios como El Tiempo, Semana, el Espectador, Noticias RCN o Noticias Caracol es como experimentar un deja vu. Siempre informan sobre los mismos países: Venezuela, Argentina, Nicaragua, Ecuador, etc., y todos tienen en común que están gobernados por presidentes de izquierda. El desabastecimiento en Venezuela, el asesinato del fiscal Nisman en Argentina, la futura construcción de un canal interoceánico en Nicaragua y la llegada de un movimiento de extrema izquierda en Grecia acaparan los titulares de los medios colombianos.
Y no los critico: está bien que estos medios denuncien los abusos de los gobernantes de izquierda. El mundo no puede hacer oídos sordos a la dramática situación que vive nuestra hermana república de Venezuela por cuenta de la escasez crónica de productos de primera necesidad, la inseguridad y la represión a la oposición. Tampoco puede pasar por alto la misteriosa muerte del fiscal Nisman en Argentina ad portas de imputar cargos a la presidenta Cristina Fernández, ni menos ignorar las repercusiones negativas que puede acarrear la construcción de un canal interoceánico en Nicaragua.
Pero inquieta que esos mismos medios no sean igual de acuciosos e inquisitivos a la hora de informar sobre las tropelías que ejercen sobre sus ciudadanos los presidentes de derecha en Latinoamérica o la compleja situación que viven los países gobernados por personajes de este mismo espectro político. Poco o nada dijeron los medios colombianos sobre la crítica que hizo la ONU al gobierno del presidente guatemalteco de centro derecha Otto Pérez Molina por su decisión de rebajar el salario mínimo en algunas zonas del país centroamericano para beneficiar a empresas que deseen invertir en esos sectores. Algunos críticos dicen que tal reducción implicaría que los guatemaltecos no tendrían ingresos suficientes para cubrir el costo de la canasta familiar, pero al parecer a ningún medio colombiano le pareció relevante esta noticia.
O qué decir del expresidente de Panamá Ricardo Martinelli que está siendo investigado por presuntos casos de corrupción en la contratación de comida deshidratada para escuelas públicas de su país, a la vez que ha sido denunciado por espionaje a la oposición. La difusión que le han dado los medios colombianos a este caso ha sido más bien escasa.
Pedirle imparcialidad a los medios colombianos que no son más que cajas de resonancia de grandes grupos económicos a los que pertenecen, es como pedirle peras al olmo. Pero aun sería justo que informaran sobre los problemas que enfrentan los países independiente del espectro político que los gobierne y no sólo se limiten a informar sobre las brutalidades del mediocre Maduro de Venezuela.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Cali sin agua Y NADIE HACE NADA

Lunes 16 de febrero de 2015. Una vez más a los habitantes de un humilde conjunto de apartamentos en el barrio Alférez Real situado al sur de Cali, les cortaron el suministro de agua. La interrupción se extendió por varias horas durante las cuales la pobre gente se tuvo que privar de tomar el vital líquido para calmar su sed que se ha visto atizada por la ola de calor; varias horas en que esa misma gente se debió abstener de tomar una duchar, enfrentó problemas para cocinar y, lo que es peor, debió aguantar las ganas hasta de defecar.

Lo verdaderamente grave es que esas interrupciones en el servicio de agua no son un hecho aislado y atípico, sino que ocurren diariamente. Prácticamente se han convertido en parte de la cotidianidad de los habitantes de este populoso sector de la capital del Valle. Las razones para este fenómeno aparentemente tienen su raíz en la dependencia que tiene Cali al río Cauca. Esta enorme arteria fluvial es la que provee el vital líquido a la mayoría de habitantes de la sultana del valle, pero resulta que en épocas de intenso invierno es normal que interrumpan el servicio de agua porque la turbiedad presente en el río hace imposible su tratamiento. Sin embargo, cuando es el calor el que agobia a los caleños, el tratamiento del agua también se vuelve imposible porque el caudal del Cauca y los otros ríos baja provocando que la contaminación en ellos se concentre. Por ende quitan el agua cuando llueve y también cuando hace sol. ¿Y qué hacen los gobiernos municipal, departamental y nacional al respecto? Nada. Mientras se prepara un plan de recuperación del río Magdalena, el pobre y excesivamente contaminado río Cauca sencillamente se ha quedado sin dolientes.

Emcali, la empresa de servicios públicos responsablemente del suministro del vital líquido en Cali, tampoco ha hecho mayor cosa, salvo aplicar paliativos como los llamados reservorios que no resuelven de fondo la problemática. Se han propuesto diversas altervativas: construir un embalse, tomar agua de otras fuentes, etc., pero todo se ha quedado en el papel. Pecando de dramático, me atrevo a pronosticar que en pocos años Cali, la tercera ciudad más poblada e importante de Colombia, estará sufriendo una situación similar a la que viven hoy los atribulados habitantes de Yopal, Casanare.

Resulta paradójico que una ciudad bañada por siete ríos –algunos de ellos ya convertidos en caños fétidos- sufra por la falta de agua. Y a la vez resulta triste que se deba pensar en buscar otras fuentes de agua para abastecer a la ciudad, porque al igual que pasa con el Cauca, poco a poco van a perecer por cuenta de la contaminación y la inconciencia humana. Son las consecuencias de una ciudad que ha crecido desmesuradamente sin pensar en el medio ambiente. Cali ha experimentado un crecimiento demográfico exagerado sin que contara con una infraestructura que soportara el arribo de cientos de miles de personas. Se desecaron las lagunas y humedales en el oriente de esta capital para levantar allí tugurios. Se han extinguido y contaminado las fuentes de agua. En definitiva, Cali es un monstruo que se ha hecho grande sin ningún tipo de planeación y protección ambiental.

Mientras tanto a los caleños les tocará seguir aguantando las ganas de calmar la sed, de tomar una ducha y hasta de cagar por cuenta de la desidia de Emcali y los gobiernos del orden municipal, departamental y nacional. Y, por supuesto, por culpa de ellos mismos y su manía de depredar el medio ambiente y contaminar a diestra y siniestra.


martes, 16 de diciembre de 2014

SÓLO ESO… UN CARTÓN

Lo de Paola siempre fueron las letras. Mas cuando le dijo a su madre que quería estudiar literatura, recibió una tajante respuesta: “¡no, con eso te vas a morir de hambre!” Las limitaciones económicas le impusieron a la espigada morena nacida en Tumaco la obligación de escoger una carrera más ‘rentable’. “Viajé a Cali. Me presenté en Univalle para estudiar administración de empresas y quedé”, cuenta. Pero poco tiempo después resolvió cambiarse a comunicación social. Sencillamente no pudo huir del influjo de las palabras escritas.

Inició esa carrera con el anhelo de escribir algún día en un periódico de renombre. Pero esa ilusión no resistió su paso por la Escuela de Comunicación Social. Jesús Martín Barbero, a través de sus textos, se encargó de poner a la tumaqueña en contra de los diabólicos medios masivos de comunicación. “Por eso –recuerda- cuando debí buscar la práctica profesional no me presenté a El País”.

Descartada esa alternativa, Paola debió recorrer un sendero pedregoso para ejercer su pasantía. Primero lo intentó en un instituto de la Universidad. Sólo resistió un mes allí.  “Durante ese tiempo lo más parecido a lo aprendido en la carrera que pude aplicar fue corregirle unas comas a un texto del jefe. De resto lo único que hacía era sacar copias, organizar cuadros en Excel… ¡Y también aprendí cómo doblar planos de arquitectura!”, relata con una sonrisa dibujada en su rostro.

Presa de la frustración solicitó en la Escuela un cambio de práctica. Pasó a vincularse a un programa del Canal Universitario donde enfrentó una nueva decepción: “Ninguna de mis ideas le gustaba al director de ese espacio. Me decía que estaba MFT, ‘miando fuera del tiesto’, porque yo quería hacer programas sobre lo que significa la universidad pública desde una perspectiva política. Es que en ese canal le apuestan a otras cosas porque ya tienen programado el chip de lo que el mercado quiere. Por eso allá uno ve más gente de universidades privadas que de Univalle”. Ante la avalancha incesante de negativas, Paola optó por renunciar.  A final cumplió con el requisito de las pasantías en la Facultad de Humanidades de su alma máter. Debió redactar boletines, tomar fotos y cubrir eventos.

Tras entregar su tesis la morena del Pacífico ni siquiera intentó buscar trabajo pues sencillamente ignoraba para qué era útil. “En la universidad  aprendés  a comprender a Sloterdijk, pero finalmente no sabés en qué te vas a enfocar para trabajar. No tenés un saber específico aplicable”, opina. Y agrega que: “uno está encapsulado en la Escuela y cree que es el gran investigador, el artista, el cineasta, pero cuando sale uno se da cuenta de que lo ven como alguien que pone carteleras, coge un teléfono y hace boletines”.

Reconoce, por supuesto, que algunos comunicadores univallunos han logrado descollar en el terreno artístico, la producción audiovisual, etc., “pero a costa de ganar méritos trabajando ad honorem o apoyados por los papás. Muchos no podemos darnos ese lujo”.

En efecto, Paola tenía que responder por el arriendo, la comida, los servicios. Para su fortuna una oportunidad tocó  a su puerta: “Un profesor, una semana antes de mi grado, me comentó sobre una vacante en CISALVA. Mandé los papeles y me seleccionaron para trabajar por un año”, relata. Pero ya está próxima la fecha en que terminará su contrato y ésta vez sí se ha puesto en la tarea de buscar empleo: “Me he metido a Computrabajo y ha sido una desilusión. A veces me dan ganas de ponerme a llorar”.

A la escasez de ofertas para comunicadores se suma el pobre acompañamiento que da la universidad a sus graduandos para que se engranen en el mundo laboral.  “Yo me he metido a la página de egresados y como que nunca funciona”, sostiene la comunicadora. Algunos de sus compañeros para suplir ese vacío institucional “mandan ‘fantásticos’ correos con ofertas de empleo que exigen experiencia de 10 años. Son cosas inalcanzables para gente como uno que apenas hace un año se graduó”, anota indignada.

A pesar de todo Paola puede sentirse relativamente afortunada. Con tristeza señala que varios de sus compañeros están desempleados y cuando consiguen algún trabajo: “dura tres meses y es por prestación de servicios”. Hace poco oyó de labios de un amigo una historia que la aterró: “me contó que él tenía una amiga comunicadora que a pesar de tener dos maestrías trabajaba en un lugar como correctora de estilo y le pagaban el mínimo”.

Preparándose para huir
Al igual que la tumaqueña, Eliana estudió en Univalle por limitaciones económicas. “Pero igual –aclara- nunca deseé otra institución, pues no hubiera encajado social, ideológica, política y visualmente en una universidad privada”.

Ejerció su pasantía en El País. Dentro de ese tradicional rotativo experimentó en carne propia lo que muchas veces leyó en textos de investigadores, periodistas y sociólogos: “comprobé que los medios de comunicación en Colombia son empresas al servicio del capital y de un monopolio histórico de unas cuantas familias. Por ser empresas económicas -y no sociales como lo demanda la Ley- se venden al más poderoso: al gobierno de turno, que normalmente en nuestro país, aunque se disfrace de demócrata, es facho”, sentencia.

Al final concluyó que el comunicador que se vincula a esos medios debe entregar todas sus “disposiciones ideológicas y éticas” a su editor “para que al otro día publiquen un periódico comercial y de acuerdo a  los intereses de sus aliados económicos”. Curioso resulta que una mujer de un espíritu tan crítico se decidiera por El País para sus prácticas, pero como ella misma relata jocosamente: “la verdad antes de entrar allá nunca lo había leído”.

Tras su salida de ese medio, Eliana no se ha visto forzada a iniciar la frenética cacería de un empleo porque cuenta con un negocio familiar que es su sustento. Divide su tiempo entre la atención de ese ‘chuzo’ y un curso de inglés con miras a buscar becas de postgrado en otro país. Durante ese proceso ha descubierto que: “al diseñar tu hoja de vida para aspirar a una beca es preciso que incluyas hasta el más mínimo taller, porque debes competir con muchas más personas que sueñan con huir de un país que brinda pocas posibilidades investigativas y académicas a los profesionales, limitándolos así a engrosar las filas de empleados con bajos salarios”.

Prefiere Eliana buscar en otra nación lo que no encuentra en la suya propia, antes que someterse a ser una “profesional” que a cambio de mejorar su estatus y recibir un “buen” sueldo, “entrega a una empresa las horas irremplazables de su vida y las experiencias que no vivirá por estar en un cubículo, desde las 8:00 am hasta las 9:00 pm, escribiendo lo que a su jefe editor le parezca bueno”.

Sólo somos un nombre
A Christhian, también comunicador de Univalle, lo embarga la sensación de haber despilfarrado su tiempo entregando una cantidad infinita de hojas de vida vía web y en persona. “Hoy en día sólo buscan comunicadores organizacionales  y uno se enfrenta además al  estigma de ser egresado de una universidad pública. Tanto es así que en varias entrevistas de trabajo he tenido que  responder ‘no, yo no soy de los que tiran piedras’”, revela.

Devolverse a su tierra natal, Roldanillo, fue la única opción que le quedó al ver que en Cali “no resultaba nada”. En 2004 había abandonado ese municipio enclavado en el Norte del Valle para estudiar comunicación, carrera que pensó le ofrecería mejores oportunidades que una licenciatura en literatura, la otra opción que había contemplado. “Ahora trabajó medio tiempo en una sala de internet y me he visto forzado a seguir viviendo con mis padres”, confiesa con cierto malestar. Ha llegado al punto de implorar ayuda a políticos de su ciudad sin que esos ruegos hayan tenido eco.

¿Y qué papel ha jugado la Escuela de Comunicación en la crisis que lo agobia? “De parte de la Escuela no siento más que el olvido”, responde con amargura el joven de límpidos ojos azules y una estatura que rebasa el 1.80. Cuenta que ha pedido ayuda para ubicarse laboralmente a distintas personas vinculadas a ella, “pero a la fecha no la he recibido”. En cuanto a la división de egresados, para él no pasa de ser un chiste: “Hace un año me gradué y está es la hora en que ni siquiera puedo acceder a sus bases de datos en internet para buscar empleo, dizque porque mi acreditación como egresado está en proceso. ¿Cómo es posible que se tarden tanto en realizar un trámite tan sencillo?”, denuncia.

Pero no todo ha sido tan malo. A diferencia de Paola y Eliana, el roldanillense fue afortunado con su práctica profesional. “Fue excelente  en términos académicos –asegura- Escribí varios artículos para el periódico universitario La palabra y recibí una nota final muy alta”.  Sin embargo, el pago que recibía no era el mejor y por eso no siguió colaborando en ese impreso una vez concluyó el periodo de práctica.

¿Y qué hay de sus compañeros de estudio?, ¿También se han visto a gatas para ejercer su carrera con dignidad? Contesta que algunos devengan un salario mínimo a cambio de trabajar en periódicos de corto tiraje o virtuales. “Sé del caso de una compañera que labora para una compañía grande, pero sólo percibe un sueldo de $800.000”, añade. Para él ello obedece a que: “Los comunicadores de Univalle no tenemos cabida ni en el gremio del arte, ni en el de la educación y a veces ni siquiera en el de los medios. Y el enfoque investigativo de la Escuela no tiene mucho espacio en el sector empresarial. Allí buscan comunicadores organizacionales. O técnicos en comunicación, expertos en manejar cámaras y cables”.

Además, según Christhian, los univallunos están en desventaja frente a los autónomos, javerianos y santiaguinos porque. “sus universidades gozan de una buena reputación que Univalle no tiene y porque en verdad reciben de ellas un apoyo palpable; no como en Univalle donde apenas somos un nombre en sus registros de egresados”.

Javeriano llama javeriano
Sin embargo el graduarse de una universidad privada no es garantía de éxito laboral y de ello puede dar fe Diana, una joven comunicadora de la Universidad Javeriana. Se inclinó por ese alma máter a instancias de su tío. Desde muy pequeña le oyó decir una frase que se le grabó en la mente: javeriano ayuda javeriano. “Tanto él como mi mamá estudiaron contaduría, ella en la Libre y él en la Javeriana. Se graduaron casi al mismo tiempo, pero él siempre consiguió mejores trabajos. Y todos los obtuvo por amigos de su universidad”, cuenta.

Diana siempre soñó con pararse frente una cámara, pero para asegurar aun más su futuro profesional estudió comunicación con enfoque organizacional “porque aparentemente tenía más demanda”. No tardó, sin embargo, en darse cuenta de que no transitaría sobre un lecho de rosas por el sólo hecho de haberse especializado en ese campo.  Aunque le fue muy bien en sus prácticas al final por diferencias con su jefe directo no pude continuar allí. Debió entonces buscar empleo. “Pero pasaron los meses y no conseguía nada en organizacional”, recuerda.

A pesar de su gusto por el periodismo, nunca se atrevió a llevar una hoja de vida a periódicos o emisoras: “una profesora –explica- me frustró diciéndome que redactaba muy mal, entonces me convencí de que lo impreso no era lo mío. Y en radio jamás supe a quién llevarle una hoja de vida, pues no tenía los contactos. Si te metes a una página de empleo nunca vas a encontrar que Caracol Radio necesita locutor. Todo es voz a voz”.

En cuanto a la televisión se enfrentó a un problema de medidas. Pero no aquellas que tasan el nivel intelectual de las comunicadoras, sino las que calculan el tamaño de sus culos y tetas. “Los medios lo que necesitan son viejas que estén buenas. Si vas a un casting, ves ese tipo de mujeres. Y obviamente yo, la gordita y bajita, al lado de ellas no tengo mucho que hacer por más que lo haga bien”.

Tras cinco meses desempleada, Diana visitó el colegio donde estudió su bachillerato para ofrecer sus servicios como comunicadora aunque no recibiera paga. Su estrategia le funcionó: “me contrataron por prestación de servicios. Me pagaban un salario integral y yo tenía que sacar de ahí lo de mis prestaciones. Fue difícil porque el colegio es cristiano. Yo, por ejemplo, manejaba la emisora escolar y las directivas se molestaban por el volumen de la música, así los estudiantes estuvieran en pleno recreo. Además revisaban con lupa las letras de las canciones que ponía”, confiesa.

En el plantel trabajó un año pues se cumplió el contrato laboral. Meses después encontraría un nuevo empleo, pero no producto de las hojas de vida que repartió a diestra y siniestra, sino gracias a la ayuda de una amiga de la Javeriana. “Por ella entré a un proyecto en la Univalle que duró tres meses. Creo que es el mejor trabajo que he tenido. En cuanto al pago lo único malo es lo demorado, pero igual uno sabe que la plata esta fija”, narra la joven con cierta añoranza.

Pero así como Diana ha sido rescatada de las garras de la desocupación por sus amigas javerianas, también ha perdido oportunidades por carecer del contacto adecuado. Es que aquella máxima de Arquímedes, “dadme una palanca y moveré al mundo”, sí que se aplica en el mundo laboral. Luego de terminar su labor en Univalle fue llamada a una entrevista en una empresa x. Una muchacha de su universidad que iba en un semestre inferior también fue convocada. “Ella como experiencia sólo tenía la práctica –relata-. Comenzamos muchos el proceso de selección y en la última fase quedamos ella y yo. Al final la eligieron a ella””.

”A mí sí me quedó la espinita –admite- Yo pensé ‘tan chistoso, ella apenas tiene la práctica y yo que tengo práctica más otros tres empleos, ¿cómo es esto?’ Ese mismo día me metí a su twitter y leí que le escribió a alguien ‘Amiga, mañana nos vemos en mi primer día de trabajo’. De ociosa me puse a averiguar y descubrí que esa amiga tenía un cargo muy importante en la oficina de comunicaciones de la empresa”.

La crisis laboral también ha tocado a sus amigas de la Javeriana. “Una de ellas –revela- atiende quejas y reclamos en una empresa de telefonía celular. Lleva dos años allá y sin embargo siempre sigue buscando, porque obviamente si uno estudió algo es para ejercerlo. Pero no ha conseguido nada. Otra está trabajando en la notaría del papá como su asistente”.

Afortunados, así deberían sentirse Diana y sus tres pares univallunos por haber logrado hacerse al anhelado título profesional,  hazaña nada desdeñable en un país donde hay más de tres millones de bachilleres que nunca accedieron a la educación superior. Pero la realidad fuera de las universidades sólo les ha ofrecido desocupación o empleos precarios y contrarios a sus expectativas y convicciones. Es en ese instante cuando la carga simbólica que reviste al diploma universitario, representada en una fastuosa ceremonia donde los “futuros profesionales” lucen elegantes togas y birretes, se desvanece.  A fin de cuentas un cartón sin tetas, sin palancas, sin experiencia de 10 años es sólo eso… un cartón.





sábado, 22 de noviembre de 2014

UNA VENEZUELA EN COLOMBIA

 (Texto de mi autoría publicado anteriormente en Las2orillas el pasado 31 de marzo)

Es deprimente lo que sucede en Venezuela. La inseguridad y el desabastecimiento de productos asfixian a los habitantes de nuestro país hermano. Por eso resulta por demás loable que los medios de comunicación colombianos, especialmente los noticieros de televisión de los canales privados, se hayan lanzando en una cruzada para denunciar los atropellos que al parecer comete el gobierno de dicha nación petrolera.

Ese interés inusitado por la situación de Venezuela es, repito, digno de aplauso. Pero imaginemos por un momento que la protestas no fueran allá, sino acá, en la otra ribera del Arauca vibrador. Y supongamos que no fueran contra un gobierno de izquierda, sino contra uno de derecha, por ejemplo un hipotético tercer gobierno de Uribe. ¿Cuál sería el cubrimiento que le darían los grandes medios de comunicación a las protestas? No es difícil de imaginar: seguramente harían hincapié en los trancones y demás tropiezos a la movilidad de los ciudadanos ocasionados por quienes ocupan las calles para protestar;
enfatizarían en los revoltosos que infiltran las marchas para atacar a la fuerza pública con piedras y papas bombas;denunciarían los actos de vandalismo cometidos por esos mismos revoltosos; y por último reproducirían las declaraciones de las autoridades oficiales según las cuales las manifestaciones estarían siendo auspiciadas por las Farc. De hecho Maduro hace eso mismo: endilgarle a un grupo armado ilegal -en su caso los paramilitares- la responsabilidad de promover las protestas con el fin de desestabilizar su gobierno.

Es lamentable que ya haya una treintena de muertos producto de las manifestaciones ciudadanas en Venezuela y es justo que los periodistas colombianos denuncien esa barbarie en vista de la ley mordaza impuesta a los medios en el vecino país. Pero la realidad es que en Colombia han acontecido sucesos igual de macabros: cuatro muertos en las recientes protestas de campesinos en el catatumbo, 26 militantes de la marcha patriótica asesinados y un largo etcétera.

Bueno es que los medios colombianos se preocupen por la situación de venezuela, pero lo es más que también se conduelan por lo que pasa aquí en nuestro país; para no ir muy lejos se estima que en Cali la tasa de homicidios ronda los 90 por cada100 mil habitantes, cifra por la cual la Capital de la Salsa se hizo acreedora al nada honroso título de sexta ciudad más peligrosa del mundo. En efecto, según informaciones de prensa en lo corrido del 2013 en la capital del Valle se registraron más de 1900 homicidios, 451 de ellos atribuidos a conflictos entre pandillas.

La situación en Cali ha tocado fondo: el año pasado un profesor de univalle fue descuartizado trás ser víctima de paseo millonario, en meses pasados hubo una masacre en una discoteca y hace un mes hirieron a bala al hijo del periodista Álvaro Miguel Mina en un intento de atraco. A eso se suma que uno lo piensa dos veces antes de visitar el Oriente de la ciudad por miedo a ser víctima de una bala descerrajada por osar atravezar una de las llamadas fronteras invisibles. Por otra parte, más de dos mil jóvenes de la ciudad se han enrolado en pandillas y 250 mil caleños están en riesgo por la presencia en la ciudad de miembros de las milicias de las Farc y las llamadas Bacrim. Una bomba de tiempo alimentada por la pobreza, la exclusión,
el desplazamiento y un desempleo crónico que ronda el 13%.

Ojalá los medios vuelquen su atención a Cali y el Valle, porque la crisis no sólo es en Venezuela.

viernes, 31 de octubre de 2014

CUATRO MANERAS DE DECIRLE ADIÓS A UN EMPLEO

EL FRAUDE

Llevaba seis años trabajando como digitador en una prestigiosa empresa. Era una labor dura con jornadas que excedían las 10 horas, pero yo la desempeñaba con gusto porque el pago era bueno: alrededor de un millón de pesos mensuales. Todo marchaba a las mil maravillas hasta que a unos compañeros les dio por cometer un millonario fraude en la empresa. El monto del robo fue de casi 100 millones de pesos y como era natural el banco que fungía de cliente de la empresa donde laboraba exigió que rodaran cabezas. Por ello los directivos decidieron  someter a todos los empleados al polígrafo y a pesar de mi inocencia no fue bien sorteando las preguntas evaluadas por aquella curiosa máquina; finalmente decidieron prescindir de mis servicios.

EL COLEGIO

Debo aclarar que no perdí mi último empleo sino que decidí renunciar a éste por voluntad propia. Desde hace 8 años laboro como Secretaria en instituciones educativas. El último plantel en el que desempeñé dicho cargo estaba asentado en una zona deprimida del oriente de Cali y por ello en él estudiaban jóvenes en alto riesgo. Había uno de ellos que llamaba mi atención por su actitud extraña: muy poco socializaba con sus compañeros y siempre cargaba grandes cantidades de dinero en sus bolsillos. Un buen día el muchacho se ausentó de la escuela, lo que no me produjo especial inquietud, pero tiempo después a mis oídos llegó la noticia de que un sicario habia sido asesinado en el sector. Cuál no sería mi sorpresa cuando supe que ese criminal últimado era ni más ni menos que aquel jovencito de naturaleza aislada y bolsillos repletos de plata que no tenía más de 15 años. Pero lo que finalmente me persuadió de renunciar fue otro episodio igualmente inquietante. Un día las directivas del plantel expulsaron a un estudiante por conflictivo. Su madre al enterarse le imploró al rector que no tomara esa medida con el muchacho pues éste "no podía quedarse sin hacer nada". La razón: tenía detención domiciliaria y si no continuaba estudiando lo recluirían en una correccional.

El call center

Trabajaba con un call center contratado por una compañía electrificadora para atender quejas y reclamos. Habían transcurrido seis meses, estaba bastante amañado cuando a la presidencia de la compañía llegó un barranquillero que decidió trasladar la operación del Call Center a la capital del Atlántico. Muy certeramente un compañero me decía: "esa compañía electrificadora es vallecaucana y prefiere darle empleo a costeños que a gente del Valle del Cauca. Ahí queda comprobada la falta de liderazgo de los vallunos. Se tuvieron que traer un directivo de Barranquilla porque aquí en el Valle no consiguieron. A la gente de esta región le falta sentido de pertenencia. ¿Usted cree que una empresa antioqueña contrataría sus servicios de call center con gente que no fuera de Antioquia?

La pelea

La falta de oportunidades en Cali me empujó a viajar a Bogotá para buscar empleo allá. Lo encontré en un importante gremio empresarial. Pero los problemás no tardaron en llegar. El presidente de esa entidad, un connotado político vallecaucano, era amigo de mi familia y por ello me trataba con cierta familiaridad. Cuando él utilizaba el ascensor su esquema de seguridad solía dejalojar a todo el que estuviese adentro. Pero conmigo tenía el gesto de permitir viajar con él a bordo del ascensor, lo que suscitó el malestar de mis compañeros quienes no veían con buenos ojos esas "preferencias". Gracias a mi buen desempeño me nombraron supervisor en el trabajo y a partir de entonces un compañero me comenzó a hacer la guerra. Las cosas llegaron al punto en que durante una fiesta de la entidad nos fuimos a los golpes tras una discusión atizada por el exceso de alcohol. Días después recibí una llamada amenazante: "váyase de la empresa o lo quebramos". El autor no era otro que mi envidioso compañero a quien su torpeza -realizó la llamada intimidatoria desde las instalaciones donde laborábamos- lo delató.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Siete Años Sin Jhonny

(ESTE TEXTO SOBRE JHONNY SILVA ARANGUREN LO ESCRIBÍ HACE DOS AÑOS PARA EL SEMANARIO EL PUEBLO. LO REPRODUZCO HOY CUANDO SE CUMPLEN NUEVE AÑOS DE SU MUERTE)
El 22 de septiembre se cumplen siete años de la muerte del estudiante Jhonny Silva Aranguren durante disturbios en Univalle. El aniversario se conmemora a escasos días del deceso del Subintendente del Esmad José Libardo Martínez, también ocurrido tras desórdenes en el alma máter.
Cuando a Wilman Silva se le pregunta sobre los recuerdos que guarda de su hijo, su voz se quiebra. “Es muy duro, porque otra vez tengo que revivir mi dolor”, confiesa. No es para menos. Ese hijo, Jhonny Silva Aranguren, fue asesinado el 22 de septiembre de 2005 en medio de fuertes disturbios registrados dentro del campus de la Universidad del Valle donde estudiaba quinto semestre de Química. Solo tenía 21 años.
Es difícil ignorar que dentro de poco se cumplen siete años de ese crimen, menos aun después de que el 31 de agosto pasado José Libardo Martínez, un subintendente del Esmad, falleciera también durante desórdenes en el centro de educación superior.
El deceso de Martínez se debió a un disparo que impactó en su cabeza y que fue descerrajado, presuntamente, desde el campus universitario.
El execrable crimen mereció un gran despliegue mediático y anuncios de recompensas hechos por las autoridades para dar con los responsables. La muerte de Jhonny, en contraste, parece hundirse en la impunidad. Y su recuerdo sufre el acoso del olvido.
¿Quién era Jhonny?
Wilman describe a su hijo como “una excelente persona” cuya afición era el estudio. “Recuerdo  que yo los fines de semana quería irme para un río o un paseo y él me decía: ‘no, papá, yo tengo que estudiar, no puedo ir’”, relata.
Esa devoción de Jhonny por su preparación académica quizás se vio influida por la presencia de varios químicos en la familia. “Él quería superarlos –explica su padre–, él soñaba con ser un Einstein”.
Era muy casero. Molestaba a su mamá por su baja estatura –él medía más de 1.75–. Le encantaban los fríjoles. Wilman no da más detalles. Como él mismo lo aclaró desde el principio, prefiere no remover recuerdos dolorosos.
Sin embargo, a través de uno de los libros que el propio Wilman ha escrito para contar la historia de su hijo –y preservar así su memoria–, se descubre que la vida de Jhonny estuvo marcada por grandes pruebas.
Nació con atresia biliar, esto es, obstrucción de los conductos que transportan la bilis desde el hígado a la vesícula biliar, enfermedad que superó “a punta de tratamientos y remedios caseros, como la raíz de azafrán con cimarrón”.
Creció en Nariño y la Bota Caucana. Alguna vez quedó atrapado junto con su mamá y su hermana en medio de ráfagas de fusil y gritos de angustia tras la toma del peaje de Tunía, en Cauca.
Tan cruda experiencia le dejó como secuela un problema de lenguaje del que se pudo recuperar en un 95 %. Años después sufriría una lesión de cadera que le impediría caminar con facilidad. 
El proceso judicial
Jhonny Silva pudo sortear los obstáculos que la vida puso en su camino, pero aquel 22 de septiembre le fue imposible escapar de las garras de la violencia y la injusticia.
Era jueves, día en que casi que por tradición suelen ocurrir las manifestaciones que culminan en enfrentamientos entre encapuchados y miembros del Esmad. Pero aquella vez los desórdenes tuvieron un desenlace macabro: una bala  se alojó en la humanidad del estudiante de quinto semestre de química, segándole la vida.
Desde ese momento inició un proceso judicial accidentado y lleno de dilaciones. Documentos oficiales consultados por EL PUEBLO dan cuenta de que la primera decisión de importancia en el caso fue tomada el 12 de septiembre de 2007, por la Fiscalía 41, adscrita a la Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de Cali.
La Fiscalía 41 ordenó escuchar en indagatoria a quien se desempeñaba en ese entonces como comandante del Esmad, el Capitán Gabriel Bonilla, y a dos intendentes del órgano policial.
El ente investigador tomó la decisión, basándose en testimonios según los cuales efectivos del Escuadrón Móvil Antidisturbios habrían ingresado en el campus universitario alrededor de las 6:45 p.m., aquel 22 de septiembre de 2005.  Durante la incursión uno de los uniformados le habría presuntamente disparado a Jhonny Silva.
En 2008, la Fiscalía 41 se abstuvo de ordenar la privación de la libertad de los miembros del Esmad, pero posteriormente acusó al capitán Bonilla por los delitos de homicidio culposo, lesiones personales culposas y prevaricato por omisión.
De acuerdo con informes de prensa de la época, el fiscal del caso concluyó que el oficial “violó el deber de cuidado al permitir el ingreso de sus subalternos a las instalaciones de la universidad, sin previa autorización”.
Asimismo, declaró que Bonilla “omitió la requisa del personal a su mando, lo que habría facilitado el accionar del arma de fuego, la cual fue disparada en la humanidad del estudiante”.
Sin embargo, el caso dio un nuevo giro en 2009 cuando la Fiscalía 55 especializada en Derechos Humanos reversó la acusación contra el oficial, presentando un recurso de apelación en efecto suspensivo. Con esa decisión la Fiscalía libró de responsabilidad al uniformado por la muerte de Jhonny.
Por su parte, la Policía Nacional siempre ha negado su ingreso al alma máter aquel fatídico día y su participación en el deceso del joven. La Institución ha manifestado que “es imposible responsabilizarla por ese crimen pues fue realizado por terceros […]  ya que […] el grupo Esmad […] no porta ni utiliza armas de fuego”.
Siete años de impunidad
Lo cierto es que siete años después del asesinato de Jhonny, los autores del homicidio siguen sin recibir castigo.  “El caso de nuestro hijo pasó por once fiscales, miles y miles de hojas en su expediente y no ha sido posible que haya justicia”, anota Wilman al respecto.
El hombre de mirada cansada señala, además, que en varias oportunidades buscó a los fiscales a cargo de la investigación para saber por qué no había resultados.
“Cuatro meses después de la muerte de mi hijo fui a hablar con la directora seccional de fiscalías de la época. Ella me dijo: ‘Don Wilman, no se le haga nada raro que el caso de su hijo termine en la impunidad. Aquí el 99 % de casos queda impune’. Tiempo después otro de los fiscales del caso me aconsejo esperar la justicia divina”, afirma.
Cansada de lo que para ella era una falta de respuesta de la justicia colombiana,  la familia del joven universitario decidió acudir a instancias internacionales. “Nuestro caso lo llevamos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 2008 –cuenta Wilman–. De parte de la Comisión siempre nos han contestado que ellos manejan muchos casos a nivel latinoamericano y que nosotros estamos en turno… por eso se han retrasado las cosas”.
Para Wilman, la muerte de su hijo fue un golpe muy bajo del que nunca se va a reponer. “Yo sé que moriré con esa angustia, con ese dolor, con esa rabia de saber que no hay justicia”, sostiene con tristeza.
Por eso hace un llamado no solo a la comunidad universitaria, sino también a los medios: “No olviden a las víctimas. Que se siga exigiendo justicia porque mañana –ojalá no sea así, lo que me paso a mí les puede pasar a ustedes”.