viernes, 20 de junio de 2014

La noche en que NO se coronó la tramoya

El preludio de la elección y coronación fue la borrachera colectiva desatada tras la victoria de Colombia sobre la selección de Costa de Marfil. Durante todo el día la anarquía y el desorden se apoderaron de cada uno de los habitantes de esa pobre república bananera acostumbrados a celebrar sus pequeñas glorias anegando sus gargantas y panzas de trago. Cayó la noche en medio de los ruidos de las cornetas y las nubes de harina.

El amplio espacio del Teatro Jorge Isaac nunca se llenó. Las múltiples sillas vacías quizás reflejaron el cada vez menor interés que concitan los reinados de belleza en la gente. O quizás simplemente los vallunos prefirieron celebrar la victoria de la selección nacional antes que ser testigos de la elección de su nueva reina.

En las sillas preferenciales, frente a la tarima donde desfilarían los candidatas, se ubicaron los seguidores de Daniela Galarza, mientras que en el segundo piso se apostaron los seguidores de la señorita Candelaria. Estos fueron los más entusiastas, los más bullosos y los que más se hicieron sentir. Aunque en general todas las barras se encargaron de crear la ilusión de que aquel teatro estaba a reventar.

Los miembros del jurado fueron presentados a los espectadores. Entre ellos había tres ex miss Valle: la novia de Colombia, Carolina Cruz; Catalina Robayo quien no dudo en mostrar su anillo de matrimonio dejando en claro que esa cuquita que dejó al descubierto accidentalmente durante su participación en miss Universo ya tiene dueño; y Lucía Aldana de quien el presentador afirmó que está próxima a radicarse en Bogotá para trabajar bajo la dirección del periodista Yamid Amat. En pocas palabras a pesar de su discreta participación en miss Universo, su condición de reina le sirvió de plataforma para lograr su realización profesional.

Todas las candidatas se presentaron y posteriormente desfilaron en traje de baño. Basto ver a la monumental Nathaly Rojas, Miss Ginebra, para convercerse de que a pesar de estar cruda debía ganar porque tenía el material para destacarse en Cartagena. La imponente candelaria perdió puntos en traje de baño.

Previo al nombramiento de las cinco finalistas fueron entregados algunos premios especiales. La señorita Cali se hizo a dos de ellos: mejor registro y mejor piel. Parecía ser que la tramoya estaba montada. Desde varias semanas antes de realizarse el concurso corrían los rumores de que la galarza -miss Cali- sería quien resultaría vencedora pues tenía a su favor una hoja de vida envidiable: dominio de varios idiomas y estudios en el extranjero. Además se dice que trabajó o trabaja en El País y por ello ese diario, el más importante del Valle, se encargó de hacerle buena prensa. Tanto fue así que este periódico no tuvo empacho en enumerar todos los defectos habidos y por haber de Miss Ginebra -su nariz, su mal registro, su cuerpo poco trabajado, su falta de estudios universitarios, etc, etc, etc- y en menor medida de Miss Candelaria, mientras que de miss Cali se limitaron a decir que su pero era su baja estatura. Mas la verdad sea dicha es que no sólo su 1.70 estaba en contra de la Galarza. Sin demeritar su energía, entusiasmo y preparación intelectual ni su cuerpo ni su cara eran las mejores.

Finalmente nombraron a las cinco: Ríofrío, Buga, Ginebra, Candelaria y, naturalmente, Cali. La suerte parecía estar echada: la rancia élite vallecauca encarnada en Galarza se impondría sobre el favoritismo de Ginebra. Se repetiría la historia de Damaris Dediego quien intentó representar a su Valle natal, pero quien presidía la entidad que escogía a la Señorita Valle en esa época arguyó que una negra no podía ostentar ese título porque en el CNB sólo participaban niñas de la alta sociedad. Finalmente Damaris representó al chocó en el Miss Colombia 1994 ubicándose como primera finalista. Algo similar le ocurrió a María del Socorro Patiño Irurita de quien dicen no fue escogida Señorita Valle por no ser de apellidos. Fue derrotada por la hija de quien fungía como presidente de la Cámara de Comercio de Cali en ese entonces. María del Socorro no se quedó con la espina y consiguió el decreto por parte de la gobernadora del Quindío para representar a ese departamento. En el miss Colombia 1995 quedó de virreina.

Por fin llegó el momento decisivo: el nombramiento de las princesas, la virreina y la reina. En primer lugar llamaron a Ríofrío y a Buga. Ahora era el turno de nombrar a la Primera Princesa: ¡oh sorpresa! el título recayó en daniela Galarza, miss Cali. la virreina fue Candelaria y la ganadora fue Ginebra. La tramoya fue conjurada a última hora; quizás ésta simplemente nunca existió y no fue más que un simple rumor de esos que suelen correr en la antesala de los reinados.


martes, 10 de junio de 2014

Los seres anónimos detrás de las encuestas

 PUBLICADO ORIGINALMENTE EN LAS DOS ORILLAS

 http://www.las2orillas.co/los-seres-anonimos-detras-de-las-encuestas/

Vaya que en época electoral las encuestas se ponen de moda. Y por supuesto que estos estudios de opinión se han granjeado muchos detractores y personas que ponen en tela de juicio su credibilidad. “¿A usted le han hecho una encuesta? A mí nunca” suele ser el argumento que esgrimen. Pero muy pocos se preguntan quiénes están detrás de las encuestas, y no me refiero a los grupos de poder que pueden manipular sus resultados, sino a aquellos que se dedican a hacerlas, es decir los encuestadores.

Hace unos meses me enrolé en una firma encuestadora. El trabajo consistía en hacer un estudio para medir la satisfacción de los clientes de una caja de compensación familiar. Pagaban 36200 pesos por día laborado, pero no reconocían el pago de seguridad social ni riesgos profesionales. El primer mes de trabajo debí viajar durante seis días a Buga. La empresa cubrió todos los viáticos y gastos de transporte. Mis compañeros de trabajo fueron una muchacha del Cauca y un señor ya de edad que estudió economía en una prestigiosa universidad oficial, pero nunca llegó a graduarse. Me sorprendió gratamente que una empresa le apostara a darle trabajo a dicho señor, considerando que en este miserable país una persona de más de 30 años ya es considerada vieja y por tanto descartable para cualquier empleo.

El siguiente mes me encargaron viajar a un centro cultural de Tuluá. Mis compañeros de trabajo resultaron ser unas personas distintas a las que me tocaron la primera vez. Uno de ellos llevaba un par de años trabajando con esa empresa. Aprovechando un momento de descanso nos contó cómo en otro viaje de trabajo había tenido un accidente en el baño de un hotel: resbaló y al estrellarse contra el piso se había fracturado una mano. Cabe aclarar que frente a esas eventualidades el encuestador poco o nada puede hacer al no estar asegurado por riesgos profesionales. Por otro lado nos contó que en un trabajo anterior –también como encuestador- había experimentado el peor susto de su vida. Estaba realizando una encuesta en una casa ubicada en el barrio El Poblado en Cali cuando fue interrumpido por un tipo que lo amedrentó con cuchillo en mano. La persona a la cual estaba encuestando reaccionó airadamente frente a la presencia del intruso y como respuesta recibió una puñalada. El encuestador para salvaguardar su vida se encerró en el baño de esa casa y no salió hasta que su jefa directa apareció en escena. Esos son los gajes del oficio: trabajar en plena calle implica exponerse no sólo a las inclemencias del clima, bien sea un sol abrasador o una lluvia pertinaz, sino también supone exponerse a todos los peligros propios de la jungla de asfalto, sobre todo en barrios peligrosos.

Otro de los compañeros era un señor también de edad. Nos relató que en el pasado había un montado un negocio que fracasó y por el cual había contraído una deuda millonaria con un banco. Ahora de ese banco lo acosaban telefónicamente para que respondiera por dicha plata y la respuesta del señor no era otra que explicarles que en el momento no tenía un trabajo estable en el que al menos ganara un mínimo. Se había metido de encuestador con la esperanza de ganar dinero para saldar esa deuda, pero lo embargaba un profundo desengaño porque a la fecha sólo lo habían llamado a trabajar unos cuantos días, tiempo insuficiente para ganarse una plata considerable.

Yo por mi parte afrontaba mi propio drama: mientras mis compañeros concluían las encuestas en tiempo récord yo me tardaba eternidades. Por supuesto que ello obedecía a que cada encuestador con el tiempo va afinando sus mañas y técnicas para imprimirle más velocidad a la realización de la encuesta. Así algunos encuestadores se tardaban tres minutos en hacer una encuesta que demoraba mínimo quince. Por supuesto que detrás de semejante celeridad, no faltará la trampa del encuestador que responde por el entrevistado.

Posteriormente decidí firmar contrato con otra firma encuestadora. A diferencia de la anterior ésta se hacía cargo del pago de la seguridad social. Mis compañeras de trabajo eran en su mayoría chicas afrodescendientes, la mayoría con hijos y deseosas de salir adelante. Una de ellas estudió economía en una importante universidad privada, pero no había podido ejercer. Todos juntos nos enfrentamos a los trajines de la calle, sobre todo en estratos altos: puertas que no abren a pesar de que uno toca con insistencia, gente que se niega a colaborar, personas que no cumplen con el perfil que exige cada estudio, todo ello bajo un sol inclemente. A eso hay que sumarle encuestas más enredadas que el intrincado laberinto del minotauro, las cuales sólo provocan tedio a quien las hace y a quien las responde.

Hacer encuestas no es un trabajo para nada fácil. Así que cada vez que vea una encuesta presidencial o de cualquier tipo en los medios de comunicación, acuérdese que detrás de ella hay varios personajes anónimos que han invertido tiempo, energía y sudor para realizarlas.

martes, 6 de mayo de 2014

RAPTADAS, VIOLADAS Y VENDIDAS EN EL NOMBRE DE ALÁ

Resulta increíble pensar que en pleno Siglo XXI un grupo fundamentalista islámico haya secuestrado a más de doscientas niñas de un colegio en Nigeria, las haya sometido a abusos sexuales y ahora amenace con venderlas "porque así lo ha ordenado Alá". ¿El pecado de estas niñas?: tener la osadía de estudiar y formarse académicamente, contrariando así los postulados de una religión para la cual las mujeres sólo existen para vivir en función de su marido complaciendo todos sus caprichos. Pero no nos extrañemos: no sólo la religión islámica propende por reducir a su más mínimo expresión a la mujer restringiéndole sus derechos a educarse, crecer personal y profesionalmente y, por qué no, llegar a tomar el mando de una empresa, una organización, o un país. Casi todas las religiones durante décadas han promovido la homofobia, la entronización del poder del macho dominante, y la acumulación de poder y riqueza por parte de unas minorías privilegiadas.

Acaso no es la hipócrita Iglesia católica la misma que ha condenado por siglos la homosexualidad, el derecho de las mujeres ha abortar y hasta ha tenido el descaro de exaltar la pobreza como un estado digno de admiración. (Recordemos aquella cita bíblica según la cual "es más fácil que un camello entré en el ojo de una aguja a que un rico entre al reino de las cielos". En pocas palabras los ricos están condenados al infierno, mientras que los pobres deben considerarse unos privilegiados porque su miseria es una garantía para recibir la vida eterna. Entonces es legítimo que un país la riqueza esté concentrada en una minoría, mientras la inmensa mayoría sufre la exclusión y la pobreza.

El fundamentalismo religioso hace mucho daño y ello no sólo se ve reflejado en el asqueroso rapto de la niñas nigerianas que ocurre ante un mundo que es testigo impasible de todo. Ahí tenemos a un Procurador que "invierte" todo su tiempo y energías en perseguir a cualquier gay que quiera formalizar su unión con su pareja o a cualquier mujer que quiera practicarse un aborto en alguno de los tres casos que despenalizó la Corte. No está lejos el día en que a este Procurador le dé por perseguir a las mujeres que ocupan cargos públicos, pues a fin de cuentas la misma biblia dice que ellas fueron creadas simplemente para procrear y atender al marido. El fanatismo ciego del señor Ordoñez llega a tales extremos que alguna vez leí que éste se opone a la protección del medio ambiente porque según él dicha defensa se asimila a la adoración de la "diosa Gaia". Abrase visto tanta estupidez.

Y los evangélicos. Esos son los peores de todos ya que son felices lucrándose con la fe y la ignorancia de las personas. Ahí tenemos a la señora Piraquive que ha acumulado una inmensa fortuna a través de sus prédicas llenas de oscurantismo. Según ella un discapacitado no puede acceder al púlpito y llega a esa conclusión guiada por lo que dice la Biblia. ¡Señora, no se tome tan a pecho lo que dice ese libro ya que según él hasta una mujer cuando está menstruando es impura! Gente peligrosa son los cristianos evangélicos que con una mano sostienen la biblia y con la otra cometen crímenes. Dicen que la Piraquive repudio a uno de sus hijos sólo por ser homosexual y hasta la sindican de presuntamente haber tenido que ver en el deceso de su marido. Por eso poco caso le hago a los pastores cristianos que andan en lujosos carros y presumen de sus relojos marca casio. No me interesan sectan que hablan de espiritualidad y al mismo tiempo promueven el materialismo.

Pésimo invento ese de las religiones. No concibo que una persona debe actuar bien sólo por temor a un dios todopoderoso arrellanado en un nube en lo alto del cielo. La gente debería actuar con rectitid por convicción y no por miedo. Menos creo en religiones que perdonen los pecados más infames sólo por el que los cometió muestra un supuesto arrepetimiento. Tampoco creo en sectas que reduzcan a la mujer a la condición de esclava del varón y vendan la pobreza como un estado ideal mientras por debajo de cuerda acumulan enormes fortunas.

Ciertamente Marx tenía razón cuando pronunció su frase más célebre "la religión es el opio del pueblo".

jueves, 1 de mayo de 2014

UN DÍA COMO EXTRA DE TELEVISIÓN (crónica del debut y la despedida en la pantalla chica)

Me citaron para estar a las ocho y media frente al Zoológico de Cali. Sólo sabía que iba a fungir de extra durante todo un día y supuse que el rodaje del programa en el cual iba a participar se iba a llevar cabo dentro de ese sitio. Llegué al lugar acordado y una de las niñas encargadas de convocarme me pidió que me sentara y esperara. Estando en esas logré echar un vistazo a la hoja donde estaban consignados los datos de todos los extras y sus respectivos roles. Frente a mi nombre leí un pintoresco "extra mala cara". Comprendí que mi papel sería de malandro, cosa que no me extrañó porque mi fealdad física y aspecto descachalandrado no daban margen a desempeñar otro papel que no fuera de delincuente o sicario.

Después de un buen rato esperando nos pidieron a mí y a mis compañeros extras dirigirnos al lugar donde se llevaría a cabo la grabación. No sería dentro del zoológico. Antes que nada debimos pasar ante la encargada de vestuario para que nos señalara qué prendas debíamos usar. Al verme la señora manifestó que no tenía necesidad de cambiarme de ropa porque llevaba puesta la vestimenta adecuada. ¡Nunca me imaginé que en mi vida diaria yo me vistiera como un delincuente! Posteriormente me dirigí a una unidad residencial. Allí tuve que esperar hasta bien entrado el medio día para entrar a escena. El momento esperado llegó: mi papel sería de acompañante de un par de lavaperros de traqueto. No debía recitar ningún parlamento, sólo poner un mal semblante.

Antes de continuar debo hacer un paréntesis: quienes me ofrecieron ser extra nunca me explicaron para qué producción sería. Ya cuando estuve en pleno rodaje supe que sería para participar en una serie sobre los hermanos Rodríguez Orejuela. Nunca se me pasó por la mente que yo acabaría participando en una producción sobre narcos. A decir verdad las detesto. No tengo el más mínimo interés de conocer los detalles de las biografías de los mafiosos y traquetos, menos me interesa saber cuáles son sus costumbres, estilo de vida, vocabulario. La verdad es que ese tipo de personajes me producen mucha repugnancia. Sí, seguramente es una posición muy moralista, a fin de cuentas como reza la cita bíblica "el es que esté libre de pecado que tire la primera piedra". Pero sencillamente no me interesa ese tipo de series, ni me interesa conocer sobre la vida, obra y milagros de esos personajes. Mi papá en cambio es fanático encarnizado: se ha visto El cartel 1 y 2, "Las muñecas de la mafia", "Alias el mexicano", "Escobar, el patrón del mal", ect. y seguramente no se perderá la nueva serie sobre los rodríguez Orejuela. (Ni siquiera intuyó qué dirá cuando vea mi rostro proyectado en el televisor)

Mi papel sería muy sencillo: consistiría en sentarme en el asiento de conductor de un carro, mientras el copiloto -al parecer un lavaperros de un duro- sostenía una estúpida conversación con otro hampón a bordo de una moto. No debía musitar palabra: sólo hacer cara de matón -cosa que no me resulta nada difícil. Terminada la escena mis compañeros y yo fuimos a almozar. Una de ellas era una señora como de cuarenta y tantos años que hasta los noventas participó en una productora. Hace 17 años maneja un restaurante del cual su esposo es chef. Según ella su esposo es el que cocina porque a ella se le quema hasta un agua tibia. A la par de desempeñarse como gerente del restaurante, la señora toma clases de actuación. Es como una especie de hobby. Otro de los extras era un hombre que trabaja en una agencia de publicidad. También estaba presente un administrador de empresas desempleado que perfectamente podría interpretar a Gustavo Petro si algún día deciden llevar la vida del alcalde de Bogotá a la pantalla chica pues su parecido con él es innegable. Me llamó la atención cuando dijo que sólo empezaría a buscar trabajo nuevamente después de que terminara el mundial de fútbol. No quería que ningún empleo se interpusiera con su deseo de ver todos los partidos de ese evento deportivo

Después de almorzar otra persona de la producción de la serie me indicó que tendría una escena, pero en la noche y que si quería podía ir a mi casa y volver a las seis de la tarde.

Otro paréntesis: ya en el pasado había participado en un casting para una serie de televisión. En ese entonces estaban buscando extras para la producción sobre la vida de la cantante Helenita Vargas. Más que un casting de actores y extras parecía un casting de prepagos. Sólo estaban presentes niñitas altas y caribonitas que no se ven ni en el Señorita Valle, acompañadas de hombres musculocas de esos cuya formación actoral la han forjado a pulso levantando pesas en un gimnasio. Obviamente a mí no me tuvieron en cuenta para ningún papel. Luego de eso me postulé para ser extra de una película filmada en Cali, pero desistí de participar porque no pagaban ni un solo peso.

Volviendo a la historia de la serie de los hermanos Rodríguez Orejuela pues fui a mi casa y a las seis llegué de nuevo al lugar de rodaje. Pasaron las horas y no me llamaban a escena. Mientras los minutos expiraban recordé el estribillo de una canción de Mecano que dice "Ya estoy en Nueva York y no he visto ningún actor". En efecto llevaba horas en ese rodaje y hasta ahora no había observado a ningún actor reconocido. El tiempo seguía corriendo y no me llamaban para nada. A las nueve despacharon a los otros extras que estaban conmigo; a mí me ordenaron quedarme. Y dieron las diez, las once, las doce y la una y yo seguia sin hacer nada. Pero esperaba estoicamente aferrado a la esperanza estúpida de que ese sería el inicio de una fructífera carrera como actor. Soñaba despierto con que me dieran al menos un pequeño parlamento en aquella escena que me faltaba por grabar; al director le bastaría esa corta intervención para convencerse de mis capacidades histriónicas, a tal punto de que haría lobby para que mi personaje tuviera más participación a lo largo de la historia. Los realizadores de la serie quedarían  más atónitos con mi talento innato, más teniendo en cuenta que no tengo ninguna formación actoral, y me comenzarían a llamar para otras producciones. Mis personajes generarían gran recordación en el público y poco a poco me encargaría de labrarme un camino como actor reconocido. Sería cuestión de tiempo para que comenzara a hacer cine y finalmente mis innegables aptitudes serían premiadas con un Óscar. La estatuilla en mis manos me infundiría valor para mirar con desprecio y altivez a quienes a lo largo de mi vida se han burlado de mi miseria.

Pero esos sueños se esfumaron. A las dos de la madrugada las encargadas de los extras me indicaron que me podía ir. Finalmente ya no participaría en una segunda escena. Ese fue mi debut y despedida en la pantalla chica.

( a los escasos lectores de mis post les pido me excusen por los errores de redacción, ortografía y demás. Escribo lo que me nace y poco me gusta revisar después lo que he redactado. Estos textos son más una terapia que otra cosa)





sábado, 26 de abril de 2014

EL DURO Y TORTUOSO CAMINO PARA APRENDER A ESCRIBIR

Durante toda la primaria y el bachillerato me fue bien en las clases de español. Eran mi fuerte, contrario a lo que pasaba con las asignaturas de matemáticas, álgebra, trigonometría y cálculo las cuales siempre aprobé más por caridad de los profesores que por mis méritos académicos. Siempre tuve una habilidad para escribir que se situaba por encima de la de mis compañeros, aunque valga decir que estos no se caracterizaban por tener una cultura escrita al menos medianamente aceptable. Era común que mis "amigos" me pagaran por hacerle los trabajos para la clase de español. Y pongo esa palabra amigos entre comillas porque esos individuos sólo me aceptaban en su círculo precisamente por que yo era quien les hacía las tareas escolares. Mi profesora de español de grado once no tardó en darse cuenta de que yo me ganaba algunos pesos de esa manera; su marido -quien fungía como profesor de cálculo- me confesó que ella se había dado cuenta de la trampa porque había rastreado mi estilo de escritura en los trabajos académicos que le entregaban mis compañeros.

De esa profesora en particular recuerdo que era una mujer muy agradable, amable, carismática, pero no quedé muy satisfecho que digamos con la clase de literatura que me ordenó leer en la secundaria. Por ella digerí textos de calidad discutible entre los que puedo mencionar "Ami, el niño de las estrellas", "El caballero de la armadura oxidada" y "Juan Salvador Gaviota", es decir libros de autoayuda, superación personal o como se le quiera llamar. Recuerdo que también nos pidió hacer un trabajo a partir de la lectura de "La metamorfosis". Yo obtuve una buena nota a pesar de que no me leí el libro. 

Con esos antecedentes no es de extrañar que llegara a la universidad con una cultura en el campo de la lectoescritura bastante mediocre. La primera profesora de escritura que tuve en la universidad no tardó en hacerme notar que mi redacción tenía muchas falencias. Fue como estrellarme contra un muro; en efecto no era nada fácil pasar de ser el estudiante estrella en las clases de español en el colegio, a un primíparo universitario con una forma de escribir francamente perversa, lánguida y aburrida. 

Si algo he de agradecerle a mi paso por la universidad fue precisamente haber logrado superar al menos parcialmente mis deficiencias al momento de escribir. Puede que tras cinco años en ese alma máter no haya aprendido casi nada, pero al menos logré mejorar en algo mi manera de redactar un texto.Otro de los aprendizajes más valiosos que adquirí de ahí en adelante fue el gusto por la lectura, pues a fin de cuentas no cabe duda de que una buena capacidad de escritura va de la mano de un buen hábito de lectura. Leyendo buena literatura no sólo se alimenta la mente y el espíritu: devorando libros poco a poco se adquieren las herramientas para aprender a redactar con pulcritud, con precisión, con un léxico rico, con un lenguaje que exalte la belleza de las letras a través de metáforas y recursos poéticos que nos provee un idioma tan excelso como el castellano. Sólo leyendo se aprenda a usar cada palabra, cada verbo, cada sustantivo, cada adverbio, cada preposición, en el lugar adecuado para expresar nuestras ideas con elegancia, fineza, contundencia y exactitud.

Cuando asistí a la clase de prensa en la universidad recibí elogios del profesor que dictaba dicha asignatura. Posteriormente él me invitó a vincularme a una revista de crónicas. Sin embargo de nuevo me estrellé contra la realidad: el primer reportaje que escribí resultó ser un verdadero desastre. Las crónicas que redacté con posterioridad resultaron igualmente catastróficas. Había fracasado como escritor. Ese mismo maestro que antes me había elogiado e invitado a hacer parte de su proyecto literario no dudo en volverme añicos al dar cuenta de todos mis errores a la hora de escribir. "Usted escribe demasiado largo", "da demasiada información en los textos", "es incapaz de conservar el hilo y la tensión narrativa, a la vez que mantener enganchado al lector", fueron algunas de sus lacerantes frases. No exageraba. 

Con ese fracaso a cuestas inicié mis prácticas profesionales en un periódico local. Me asignaron al área de "comerciales" encargada de elaborar publirreportajes y artículos de interés general. Con estos últimos no me fue bien. "Aquí no escribimos así. Tiene que leer el periódico", solía decirme mi editor. Con los publirreportajes me fue todavía peor. Varios fueron rechazados; incluso un cliente pidió que encomendarán a otro periodista que no fuera yo la elaboración de uno de ellos. Para cerrar con broche de oro una de mis compañeras de trabajo llegó un día con una sonrisa de par en par contando que en un seminario para los periodistas del periódico al que ella había asistido un experto en ortografía y redacción había tomado como ejemplo de cómo no se debía escribir uno de los publis que yo había elaborado. El cretino experto no tomó en cuenta que los publirreportajes son hechos a satisfacción de un cliente y si éste los solicita o aprueba con determinados errores estilísticos uno no puede hacer otra cosa que resignarse a que su texto contenga esos errores. Sea como sea había quedado clara una cosa: fracasé en le escritura "académica" y fracasé en la escritura "comercial", aquella que tiene por propósito publicitar o dar a conocer lo bueno y bonito de un determinado producto. Recuerdo que ese publirreportaje que fue tomado como ejemplo de pésimo ejercicio periodístico versaba sobre los logros de la alcaldía de Dagua. ¿Es ético que un periódico le haga publirreportajes a alcaldes? Dejo abierta la discusión.

Tras terminar prácticas quedé desempleado y después de unos meses en ese pavoroso estado me vi obligado a pedirle a otro de mis jefes en el periódico que me ayudará a ubicarme. Entré a trabajar de nuevo al rotativo, pero ahora en el área de opinión. Lo que debía escribir allí era mínimo: unos pequeños textos de corte editorial llamados "molinos de papel". Mi labor básicamente se circunscribía a la edición y corrección de estilo. Al margen de todas las malas experiencias que padecí en ese cargo, gracias a los molinos de papel aprendí a escribir con más precisión y economía verbal. En unas cuantas líneas debía sintetizar toda una serie de argumentos y ello me obligaba a ser más detallado, a utilizar las palabras adecuadas y escribir y acomodar cada frase en función de ahorrar todo el espacio posible, buscando no obstante que se expresaran opiniones sustentadas con argumentos sólidos

Con ese bagaje salí del periódico por la puerta de atrás y entré a trabajar a una agencia de relaciones públicas. Debí ejercer en un campo en el que nunca, ni en mis más remotos sueños, pensé que me desenvolvería, la redacción de boletines y el free press. Tuve la ventaja de que si bien mi jefa siempre me criticó mi carácter tímido, concomitantemente a ello alabó con frecuencia mi manera de escribir. Nuevamente mi función era escribir cosas bonitas, llamativas, impactantes con el fin de vender a los medios productos, eventos, servicios que éstos transformaran en noticias. Escribí sobre estética, deportes, economía, salud. Llegué a escribir columnas de opinión y hasta un publirreportaje. No creo que lo haya hecho tan mal. En cierta oportunidad un periodista del diario donde antes trabajaba prácticamente publicó íntegro un boletín que le mandé.

Por un tiempo estuve a cargo de redactar boletines para una entidad ambiental del municipio de Cali. En plata blanca debí escribir casi que un boletín diario y evidentemente el ejercer con tanta asiduidad la labor de escribir hace que uno a las buenas o a las malas mejore su desempeño en ese campo. Finalmente estuve a cargo de redactar los artículos para la revista institucional de un prestigioso colegio de Cali. De nuevo ejercité mi destreza de escribir contrareloj, usando diversas fuentes, procurando ser claro y sobre todo buscando que mis escritos tuvieran ese plus del que carecían según las palabras de aquel profesor de prensa: que fueran atractivos para el lector.

A pesar del desempleo crónico que padezco procuró mantener viva la costumbre de escribir aunque sea por medio de este blog. La verdad es que aun me falta mucho, muchísimo, mi manera de escribir aun tiene muchas falencias. Ojalá algún día las pueda superar, no al 100% -eso sería una utopía.-. Soñar no cuesta nada.

viernes, 4 de abril de 2014

ANÁLISIS EL 18 BRUMARIO LUIS BONAPARTE



El 18 brumario de Luis Bonaparte relata la convulsionada historia de Francia desde la caída del Rey Luis Felipe hasta el golpe de Estado orquestado por Luis Bonaparte. Esta es una historia en la que intervienen múltiples actores: el proletariado, los campesinos, la burguesía, el lumpenproletariado y el imperialismo recatado encarnado en la figura de Luis Bonaparte. Todos ellos se alían o se declaran su enemistad movidos por unas circunstancias siempre cambiantes. Sin embargo en el curso de esta historia siempre hay una solo perdedora: la clase de los proletarios que no pudo reivindicar sus derechos, ni mucho menos pudo derrocar a la burguesía en procura de hacerse al poder y constituir un nuevo Estado donde se rompiera el antagonismo entre los que poseen los medios de producción y aquellos que careciendo de ellos se ven obligados a vender su fuerza de trabajo.

La historia comienza así: tras la caída del régimen de Luis Felipe y la reunión, el 4 de mayo de 1848, de una Asamblea Constituyente, se estableció un gobierno provisional en el que tuvieron parte la oposición dinástica, la burguesía republicana, la pequeña burguesía democrática republicana y los obreros socialdemócratas. En esta coyuntura el proletariado declaró la República Social. La respuesta de la burguesía fue proscribir de la escena pública a Blanqui, el jefe de los proletarios. Éstos, por su parte, contestaron con una revuelta popular, la Insurrección de Junio, que fue sangrientamente reprimida por la coalición de la aristocracia financiera, la burguesía industrial, la clase media, los pequeños burgueses, el ejército y el lumpenproletariado. El saldo de esta represión fue de 3000 insurrectos asesinados. Al final todas las clases se unieron en el llamado Partido del Orden que bajo la consigna de propiedad, familia, religión y orden se opusieron a la clase obrera. 

Ésta fue la primera gran derrota que sufrió el proletariado y que marcaría el papel por él desempeñado en lo sucesivo. Así quedaría demostrado que los ideales burgueses de libertad, igualdad y fraternidad quedarían circunscritos al papel, porque en la realidad seguiría reinando la dominación de un grupo –la burguesía- sobre el proletariado, una dominación que, como hemos visto en clase, es enmascarada por la legalidad de un contrato que contempla la “igualdad” entre el poseedor de los medios de producción y aquel que vende su fuerza de trabajo, no porque lo desee, sino porque las circunstancias lo obligan.

Tras el fracaso de la Insurrección de Junio llegó al poder el republicanismo burgués. Su dominación duró desde el 24 de junio hasta el 10 diciembre de 1848 y en ese tiempo promulgó una nueva constitución que defendía la libertad de prensa, palabra, asociación y enseñanza como derechos absolutos sólo limitados por los derechos de los otros y la seguridad pública. Para Marx esa seguridad no era otra que la de la burguesía, es decir que la propia Carta Magna coartaba la posibilidad de que los obreros se deshicieran de las cadenas de su dominación. Cualquier acto que acometieran contra sus subyugadores sería interpretado como un acto en contra de la seguridad de la Nación. 

El 10 de diciembre de 1848 fue nombrado como presidente Luis Bonaparte. Paralelamente en el seno de la Asamblea Nacional la Burguesía realista, conformada por los grandes terratenientes legitimistas y los grandes industriales y aristócratas orleanistas y aglutinada en el Partido del Orden, se dio a la tarea de sacar del ruedo político a los republicanos burgueses. Cumplidas las elecciones generales este grupo, el Partido del Orden dominado por legitimistas y orleanistas, logró la mayoría de diputados en la Asamblea Nacional. Por su parte, Bonaparte formó un ministerio del Partido del Orden en cabeza de Odilon Barrot. Así este movimiento acumuló en sus manos el poder del gobierno, el Ejército y el  cuerpo legislativo.

Durante estas circunstancias en las que la burguesía realista ejercía su dominación de clase, se gestó otro tímido intento de la clase obrera conducente a obtener una reivindicación política. Ese intento estuvo representado por un gran partido de oposición: La Montaña. Este movimiento socialdemócrata alcanzó 200 de los 750 votos de la Asamblea Nacional tras granjearse la simpatía de los campesinos y los diputados de parís, entre otros. Incluso el jefe de La Montaña fue elevado al rango de noble parlamentario. 

La montaña aglutinaba a los pequeños burgueses y a los obreros, pero éstos últimos ya no buscaban la abolición de la contradicción entre el capital y el trabajo asalariado –es decir, la abolición de su propio estado de dominación-, sino que se contentaban con exigir instituciones democráticas que atenuaran esa contradicción y armonizaran la convivencia entre dominadores y dominados. Es decir que en La Montaña la clase obrera había dejado de ser el actor revolucionario y subversivo de la Insurrección de junio para convertirse en un grupo que se limitaba a perseguir reformas en el seno de la sociedad burguesa.

Con la aparición de La Montaña la burguesía realista sentía que había que acabar con los pequeños burgueses de la misma manera en que antes lo había hecho con el proletariado. Fue así como urdió un plan para apartarla del camino que consistió en desechar un acta de acusación contra Bonaparte y sus Ministros por el bombardeo de las tropas francesas a Roma. Como protesta La Montaña abandonó el parlamento y así se disolvió su poder.

Sin embargo después de liquidado ese enemigo la situación se tornó difícil para los burgueses realistas. El 1 de noviembre de 1849  Bonaparte destituyó el Ministerio Barrot acortando el poder y la influencia del Partido del Orden. Se inició así una etapa de confrontación entre el poder ejecutivo y el legislativo. Simultáneamente al interior del Parlamento se había alcanzado un estado de cosas en que las libertades civiles y los organismos de progreso –que la burguesía había enarbolado en su lucha contra el feudalismo- ahora se constituían en amenazas socialistas contra la dominación de la misma clase burguesa. Se llegó al extremo de pretender vetar la discusión en un régimen parlamentario. A fin de cuentas a esa burguesía no le interesaba compartir el poder o entrar en confrontación con las clases sojuzgadas.

No era para menos. Después de las elecciones parciales del 10 de marzo de 1850 París eligió candidatos socialdemócratas. Bonaparte al verse frente a una revolución decidió postrarse de nuevo a los pies del Partido del Orden ofreciéndole un Ministerio.  Entre tanto la mayoría en el Parlamento elaboró una nueve ley electoral con el propósito de despojar de cualquier vestigio de poder y participación a la clase obrera. Esta ley abolió el sufragio universal e impuso como condición que el elector llevase tres años domiciliado en el punto electoral; a los obreros se les condicionó además la prueba de este domicilio al testimonio de su patrono. Asimismo una nueva Ley de prensa suprimió toda la prensa revolucionaria. Estas medidas legislativas aislaron al proletariado del campo de la lucha. En pocas palabras la propia burguesía iba en contravía de uno de los principales postulados del liberalismo político creado por ella: el derecho al voto, quedando una vez más en evidencia la falsedad y la hipocresía de todos los ideales de igualdad y libertad que este grupo proclamó la durante la revolución francesa.

Sin embargo no sólo los burgueses y proletarios fueron partícipes de estos acontecimientos; un grupo que agrupaba a aquellos que estaban al margen del aparato productivo, el lumpenproletariado, también se convirtió en un actor determinante de esta comedia política. Este grupo representaba un enorme conglomerado que incluía vagabundos, licenciados de tropa y de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbaquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, dueños de burdeles, entre muchos otros. Ellos podían considerarse como un grupo situado por debajo del proletariado que en muchos casos para subsistir se dedicaba a actividades al margen de la ley. Bonaparte se convirtió en su jefe al conformar la Sociedad del 10 de Diciembre. Este “lumpen” representaba el entusiasmo popular y atacaba a los republicanos. 

Bonaparte decidió disolver dicha Sociedad después de que los decembristas fueron denunciados ante la Comisión Permanente por supuestamente orquestar un plan para asesinar al presidente de la Asamblea Nacional. Pero esa fue una disolución que se cumplió sólo en el papel porque la Sociedad del 10 de diciembre pasó a ser un ejército privado de Bonaparte. 

Recapitulando, la historia del proletariado en este periodo de tiempo se resume así: luego de caer el régimen de Luis Felipe los obreros proclaman la república social y se alzan en la Insurrección de Junio siendo duramente reprimidos. Tras esta primera derrota se asocian con la pequeña burguesía y participan de un partido político, La Montaña, que no busca eliminar la contradicción entre capitalistas y asalariados, sino que sólo busca atenuarlo mediante reformas democráticas. La Montaña también resulta derrotada. Por último, el Partido del Orden, temeroso del poder obrero, elimina el sufragio universal para limitar aún más su posibilidad de participación y acción política.

Por otra parte en Francia se había pasado de la era de la Asamblea nacional legislativa- constituyente- marcada por la lucha entre republicanos y realistas, a una época signada por la confrontación entre orleanistas y legitimistas que simbolizaba a su vez el antagonismo entre la ciudad y el campo. Cada bando buscaba restaurar la supremacía y despreciaba el gobierno republicano porque los enfrentaba con las clases sojuzgadas. 

La situación del Partido del Orden en lo sucesivo también se tornaría difícil. Bonaparte se hizo al poder militar y los burgueses realistas perdieron la mayoría en el parlamento. Y en ese contexto se hicieron nuevamente latentes las diferencias de las dos facciones rivales del Partido del Orden: los Orleans y los Borbon. Incluso la aristocracia financiera, uno de los componentes de ese partido, se pasó al bando de los bonapartistas. Finalmente se llegó a un estado de cosas en que una parte de la burguesía deseaba que Bonaparte dimitiese, mientras que la otra esperaba que éste continuara sentada en el sillón presidencial. El 2 de diciembre Bonaparte a través de un golpe de Estado Golpe de estado se hizo al poder, disolvió el parlamento e instauró una dictadura.

En conclusión, Marx, en El 18 brumario de Luis Bonaparte, retrata a un proletariado inoperante, reprimido, que se ve obligado a tranzar con la pequeña burguesía en procura de alcanzar algunas reformas que apenas aliviarían su situación de sometimiento, despojada del poder político y de decisión. Y a una burguesía dividida, incapaz de ser fiel a los postuladas liberales por ella misma defendida en el pasado, enemiga del republicanismo que es la representación más tangible de ese liberalismo, y dispuesta a aliarse con Bonaparte para poder mantener ciertos privilegios y una situación ventajosa para ella como clase.

martes, 25 de marzo de 2014

¿Por quién votar para Presidente?

Cometí un grave, gravísimo error ventilando mis desgracias personales a través de este blog. Intentar generar lástima no resultó ser una estrategia efectiva para salir del atolladero en que me encuentro. Así que hoy en vez de hablar de mi fracasada vida, procederé a analizar por quién votar en las próximas elecciones presidenciales que tendrán lugar a escasos meses.

Hasta hace poco tenía claro que mi voto sería por Juan Manuel Santos. No sería tanto un voto a favor de las políticas del actual mandatario, sino principalmente un respaldo a la continuación del proceso de paz que adelanta el Gobierno con la guerrilla de las FARC. Pienso que esa iniciativa de paz que genera tanta urticaria en algunos sectores es una valiosa oportunidad para terminar con un conflicto que completa cinco décadas. Desde el principio he apoyado dicho proceso entre otras cosas porque se ha adelantado en medio del conflicto y sin desmilitarizar un sólo centímetro de territorio nacional como sucedió con el Caguán. En pocas palabras la Fuerza Pública ha continuado actuando para repeler a la guerrilla sin zonas de despeje que le den a ésta un compás de espera para fortalecerse y delinquir. Las Farc, por su parte, han continuado sus ataques contra policías y militares. Claro, lo ideal es que las conversaciones se surtieran en medio de una tregua o cese de hostilidades, pero lo fundamental es que el proceso avance y llegue a un feliz término así sea en medio de las balas.

Y ciertamente el proceso ha avanzado. Ya se han llegado a acuerdos en lo referente a tierras y participación política. Pero es evidente que ese proceso no habrá concluido para cuando Santos acabe su mandato este 07 de agosto y por ende no habría más remedio que apoyar su reeleción para que de esa manera los diálogos de la Habana continúen. Sería un voto por la paz, un gesto muy loable pero costoso si se tiene en cuenta que apoyando la reelección de Santos se apoyaría también sus políticas. En pocas palabras se respaldarían otros cuatro años de una supuesta reducción de la pobreza en la que no creo, una disminución en las cifras de desempleo que me generan dudas y supuestos avances como el falaz anuncio del Ministerio de Educación según el cual en Colombia un profesional recién graduado se gana en promedio casi dos millones de pesos mensuales de salario.

¡Por Dios! ¿A quién quieren engañar? La realidad es que en Colombia muchos profesionales sobreviven con el mínimo y un poco más; la informalidad está disparada; en Buenaventura el desempleo roza el 60%; los campesinos se han ido a paro porque su oficio ya no es rentable; una empresa minera tiene contaminada la bahía de Santa Marta con el hollín de Carbón y además sin empacho arroja carbón al Mar Caribe; en Casanare una sequía ha matado 20 mil animales, eso sin contar que su capital, Yopal, cumple varios años sin acceso a agua potable; la minería legal e ilegal sigue destruyendo nuestros ecosistemas; ni la salud, ni la educación universitaria y postuniversitaria son gratuitas.

Pero bueno, no se puede esperar algo diferente porque esa es la herencia de más de doscientos años de poder repartido entre liberales y conservadores, luego reencauchados en uribistas y ahora en Santistas. Por eso en la próximas elecciones le quería apostar a otra alternativa. Había contemplado votar por Aida Avella, de la Unión Patriótica, pero ella decició convertirse en la fórmula vicepresidencial de Clara López del Polo. No me entusiasmaba votar por López por el desastre que resultó el corrupto gobierno de Samuel Moreno, pero ella es la única que encarna una alternativa distinta a la que hasta ahora ha gobernado este país. Además seguramente con Clara gobernando continuará el proceso de paz, cosa contraria a lo que pasaría si llegara al poder el títere de Uribe. Óscar Iván Zuluaga.

Quiero saber qué tal resulta un gobierno de izquierda en Colombia. Por supuesto tendrá muchos enemigos y palos en la rueda empezando por un Congreso de mayoría santista y uribista que no apoyará sus iniciativas, unas fuerzas militares de ultra derecha y unas bandas criminales muy poderosas dispuestas a hacer el trabajo sucio: aniquilar a todo lo que huela a izquierda. Pero me gustaría ser testigo de ese experimento: la izquierda tomando las riendas de Colombia. Puede que un gobierno de Clara y de la izquierda en general sea bueno, o puede resultar un desastre como en Venezuela. Si ocurre lo segundo estaré dispuesto a aceptar que la derecha siga gobernando a este país por los siglos de los siglos.

Y ojo, no me considero un mamerto: creo en el orden, creo que la seguridad es un derecho fundamental para una persona y creo en unas instituciones que se empeñen en protegerlo, creo en la lucha contra la corrupción y la ineficiencia administrativa; pero estoy harto de la falta de oportunidades, de las cifras del DANE que no se compadecen con la realidad. En definitiva: ¡quiero un cambio!