martes, 6 de mayo de 2014

RAPTADAS, VIOLADAS Y VENDIDAS EN EL NOMBRE DE ALÁ

Resulta increíble pensar que en pleno Siglo XXI un grupo fundamentalista islámico haya secuestrado a más de doscientas niñas de un colegio en Nigeria, las haya sometido a abusos sexuales y ahora amenace con venderlas "porque así lo ha ordenado Alá". ¿El pecado de estas niñas?: tener la osadía de estudiar y formarse académicamente, contrariando así los postulados de una religión para la cual las mujeres sólo existen para vivir en función de su marido complaciendo todos sus caprichos. Pero no nos extrañemos: no sólo la religión islámica propende por reducir a su más mínimo expresión a la mujer restringiéndole sus derechos a educarse, crecer personal y profesionalmente y, por qué no, llegar a tomar el mando de una empresa, una organización, o un país. Casi todas las religiones durante décadas han promovido la homofobia, la entronización del poder del macho dominante, y la acumulación de poder y riqueza por parte de unas minorías privilegiadas.

Acaso no es la hipócrita Iglesia católica la misma que ha condenado por siglos la homosexualidad, el derecho de las mujeres ha abortar y hasta ha tenido el descaro de exaltar la pobreza como un estado digno de admiración. (Recordemos aquella cita bíblica según la cual "es más fácil que un camello entré en el ojo de una aguja a que un rico entre al reino de las cielos". En pocas palabras los ricos están condenados al infierno, mientras que los pobres deben considerarse unos privilegiados porque su miseria es una garantía para recibir la vida eterna. Entonces es legítimo que un país la riqueza esté concentrada en una minoría, mientras la inmensa mayoría sufre la exclusión y la pobreza.

El fundamentalismo religioso hace mucho daño y ello no sólo se ve reflejado en el asqueroso rapto de la niñas nigerianas que ocurre ante un mundo que es testigo impasible de todo. Ahí tenemos a un Procurador que "invierte" todo su tiempo y energías en perseguir a cualquier gay que quiera formalizar su unión con su pareja o a cualquier mujer que quiera practicarse un aborto en alguno de los tres casos que despenalizó la Corte. No está lejos el día en que a este Procurador le dé por perseguir a las mujeres que ocupan cargos públicos, pues a fin de cuentas la misma biblia dice que ellas fueron creadas simplemente para procrear y atender al marido. El fanatismo ciego del señor Ordoñez llega a tales extremos que alguna vez leí que éste se opone a la protección del medio ambiente porque según él dicha defensa se asimila a la adoración de la "diosa Gaia". Abrase visto tanta estupidez.

Y los evangélicos. Esos son los peores de todos ya que son felices lucrándose con la fe y la ignorancia de las personas. Ahí tenemos a la señora Piraquive que ha acumulado una inmensa fortuna a través de sus prédicas llenas de oscurantismo. Según ella un discapacitado no puede acceder al púlpito y llega a esa conclusión guiada por lo que dice la Biblia. ¡Señora, no se tome tan a pecho lo que dice ese libro ya que según él hasta una mujer cuando está menstruando es impura! Gente peligrosa son los cristianos evangélicos que con una mano sostienen la biblia y con la otra cometen crímenes. Dicen que la Piraquive repudio a uno de sus hijos sólo por ser homosexual y hasta la sindican de presuntamente haber tenido que ver en el deceso de su marido. Por eso poco caso le hago a los pastores cristianos que andan en lujosos carros y presumen de sus relojos marca casio. No me interesan sectan que hablan de espiritualidad y al mismo tiempo promueven el materialismo.

Pésimo invento ese de las religiones. No concibo que una persona debe actuar bien sólo por temor a un dios todopoderoso arrellanado en un nube en lo alto del cielo. La gente debería actuar con rectitid por convicción y no por miedo. Menos creo en religiones que perdonen los pecados más infames sólo por el que los cometió muestra un supuesto arrepetimiento. Tampoco creo en sectas que reduzcan a la mujer a la condición de esclava del varón y vendan la pobreza como un estado ideal mientras por debajo de cuerda acumulan enormes fortunas.

Ciertamente Marx tenía razón cuando pronunció su frase más célebre "la religión es el opio del pueblo".

jueves, 1 de mayo de 2014

UN DÍA COMO EXTRA DE TELEVISIÓN (crónica del debut y la despedida en la pantalla chica)

Me citaron para estar a las ocho y media frente al Zoológico de Cali. Sólo sabía que iba a fungir de extra durante todo un día y supuse que el rodaje del programa en el cual iba a participar se iba a llevar cabo dentro de ese sitio. Llegué al lugar acordado y una de las niñas encargadas de convocarme me pidió que me sentara y esperara. Estando en esas logré echar un vistazo a la hoja donde estaban consignados los datos de todos los extras y sus respectivos roles. Frente a mi nombre leí un pintoresco "extra mala cara". Comprendí que mi papel sería de malandro, cosa que no me extrañó porque mi fealdad física y aspecto descachalandrado no daban margen a desempeñar otro papel que no fuera de delincuente o sicario.

Después de un buen rato esperando nos pidieron a mí y a mis compañeros extras dirigirnos al lugar donde se llevaría a cabo la grabación. No sería dentro del zoológico. Antes que nada debimos pasar ante la encargada de vestuario para que nos señalara qué prendas debíamos usar. Al verme la señora manifestó que no tenía necesidad de cambiarme de ropa porque llevaba puesta la vestimenta adecuada. ¡Nunca me imaginé que en mi vida diaria yo me vistiera como un delincuente! Posteriormente me dirigí a una unidad residencial. Allí tuve que esperar hasta bien entrado el medio día para entrar a escena. El momento esperado llegó: mi papel sería de acompañante de un par de lavaperros de traqueto. No debía recitar ningún parlamento, sólo poner un mal semblante.

Antes de continuar debo hacer un paréntesis: quienes me ofrecieron ser extra nunca me explicaron para qué producción sería. Ya cuando estuve en pleno rodaje supe que sería para participar en una serie sobre los hermanos Rodríguez Orejuela. Nunca se me pasó por la mente que yo acabaría participando en una producción sobre narcos. A decir verdad las detesto. No tengo el más mínimo interés de conocer los detalles de las biografías de los mafiosos y traquetos, menos me interesa saber cuáles son sus costumbres, estilo de vida, vocabulario. La verdad es que ese tipo de personajes me producen mucha repugnancia. Sí, seguramente es una posición muy moralista, a fin de cuentas como reza la cita bíblica "el es que esté libre de pecado que tire la primera piedra". Pero sencillamente no me interesa ese tipo de series, ni me interesa conocer sobre la vida, obra y milagros de esos personajes. Mi papá en cambio es fanático encarnizado: se ha visto El cartel 1 y 2, "Las muñecas de la mafia", "Alias el mexicano", "Escobar, el patrón del mal", ect. y seguramente no se perderá la nueva serie sobre los rodríguez Orejuela. (Ni siquiera intuyó qué dirá cuando vea mi rostro proyectado en el televisor)

Mi papel sería muy sencillo: consistiría en sentarme en el asiento de conductor de un carro, mientras el copiloto -al parecer un lavaperros de un duro- sostenía una estúpida conversación con otro hampón a bordo de una moto. No debía musitar palabra: sólo hacer cara de matón -cosa que no me resulta nada difícil. Terminada la escena mis compañeros y yo fuimos a almozar. Una de ellas era una señora como de cuarenta y tantos años que hasta los noventas participó en una productora. Hace 17 años maneja un restaurante del cual su esposo es chef. Según ella su esposo es el que cocina porque a ella se le quema hasta un agua tibia. A la par de desempeñarse como gerente del restaurante, la señora toma clases de actuación. Es como una especie de hobby. Otro de los extras era un hombre que trabaja en una agencia de publicidad. También estaba presente un administrador de empresas desempleado que perfectamente podría interpretar a Gustavo Petro si algún día deciden llevar la vida del alcalde de Bogotá a la pantalla chica pues su parecido con él es innegable. Me llamó la atención cuando dijo que sólo empezaría a buscar trabajo nuevamente después de que terminara el mundial de fútbol. No quería que ningún empleo se interpusiera con su deseo de ver todos los partidos de ese evento deportivo

Después de almorzar otra persona de la producción de la serie me indicó que tendría una escena, pero en la noche y que si quería podía ir a mi casa y volver a las seis de la tarde.

Otro paréntesis: ya en el pasado había participado en un casting para una serie de televisión. En ese entonces estaban buscando extras para la producción sobre la vida de la cantante Helenita Vargas. Más que un casting de actores y extras parecía un casting de prepagos. Sólo estaban presentes niñitas altas y caribonitas que no se ven ni en el Señorita Valle, acompañadas de hombres musculocas de esos cuya formación actoral la han forjado a pulso levantando pesas en un gimnasio. Obviamente a mí no me tuvieron en cuenta para ningún papel. Luego de eso me postulé para ser extra de una película filmada en Cali, pero desistí de participar porque no pagaban ni un solo peso.

Volviendo a la historia de la serie de los hermanos Rodríguez Orejuela pues fui a mi casa y a las seis llegué de nuevo al lugar de rodaje. Pasaron las horas y no me llamaban a escena. Mientras los minutos expiraban recordé el estribillo de una canción de Mecano que dice "Ya estoy en Nueva York y no he visto ningún actor". En efecto llevaba horas en ese rodaje y hasta ahora no había observado a ningún actor reconocido. El tiempo seguía corriendo y no me llamaban para nada. A las nueve despacharon a los otros extras que estaban conmigo; a mí me ordenaron quedarme. Y dieron las diez, las once, las doce y la una y yo seguia sin hacer nada. Pero esperaba estoicamente aferrado a la esperanza estúpida de que ese sería el inicio de una fructífera carrera como actor. Soñaba despierto con que me dieran al menos un pequeño parlamento en aquella escena que me faltaba por grabar; al director le bastaría esa corta intervención para convencerse de mis capacidades histriónicas, a tal punto de que haría lobby para que mi personaje tuviera más participación a lo largo de la historia. Los realizadores de la serie quedarían  más atónitos con mi talento innato, más teniendo en cuenta que no tengo ninguna formación actoral, y me comenzarían a llamar para otras producciones. Mis personajes generarían gran recordación en el público y poco a poco me encargaría de labrarme un camino como actor reconocido. Sería cuestión de tiempo para que comenzara a hacer cine y finalmente mis innegables aptitudes serían premiadas con un Óscar. La estatuilla en mis manos me infundiría valor para mirar con desprecio y altivez a quienes a lo largo de mi vida se han burlado de mi miseria.

Pero esos sueños se esfumaron. A las dos de la madrugada las encargadas de los extras me indicaron que me podía ir. Finalmente ya no participaría en una segunda escena. Ese fue mi debut y despedida en la pantalla chica.

( a los escasos lectores de mis post les pido me excusen por los errores de redacción, ortografía y demás. Escribo lo que me nace y poco me gusta revisar después lo que he redactado. Estos textos son más una terapia que otra cosa)





sábado, 26 de abril de 2014

EL DURO Y TORTUOSO CAMINO PARA APRENDER A ESCRIBIR

Durante toda la primaria y el bachillerato me fue bien en las clases de español. Eran mi fuerte, contrario a lo que pasaba con las asignaturas de matemáticas, álgebra, trigonometría y cálculo las cuales siempre aprobé más por caridad de los profesores que por mis méritos académicos. Siempre tuve una habilidad para escribir que se situaba por encima de la de mis compañeros, aunque valga decir que estos no se caracterizaban por tener una cultura escrita al menos medianamente aceptable. Era común que mis "amigos" me pagaran por hacerle los trabajos para la clase de español. Y pongo esa palabra amigos entre comillas porque esos individuos sólo me aceptaban en su círculo precisamente por que yo era quien les hacía las tareas escolares. Mi profesora de español de grado once no tardó en darse cuenta de que yo me ganaba algunos pesos de esa manera; su marido -quien fungía como profesor de cálculo- me confesó que ella se había dado cuenta de la trampa porque había rastreado mi estilo de escritura en los trabajos académicos que le entregaban mis compañeros.

De esa profesora en particular recuerdo que era una mujer muy agradable, amable, carismática, pero no quedé muy satisfecho que digamos con la clase de literatura que me ordenó leer en la secundaria. Por ella digerí textos de calidad discutible entre los que puedo mencionar "Ami, el niño de las estrellas", "El caballero de la armadura oxidada" y "Juan Salvador Gaviota", es decir libros de autoayuda, superación personal o como se le quiera llamar. Recuerdo que también nos pidió hacer un trabajo a partir de la lectura de "La metamorfosis". Yo obtuve una buena nota a pesar de que no me leí el libro. 

Con esos antecedentes no es de extrañar que llegara a la universidad con una cultura en el campo de la lectoescritura bastante mediocre. La primera profesora de escritura que tuve en la universidad no tardó en hacerme notar que mi redacción tenía muchas falencias. Fue como estrellarme contra un muro; en efecto no era nada fácil pasar de ser el estudiante estrella en las clases de español en el colegio, a un primíparo universitario con una forma de escribir francamente perversa, lánguida y aburrida. 

Si algo he de agradecerle a mi paso por la universidad fue precisamente haber logrado superar al menos parcialmente mis deficiencias al momento de escribir. Puede que tras cinco años en ese alma máter no haya aprendido casi nada, pero al menos logré mejorar en algo mi manera de redactar un texto.Otro de los aprendizajes más valiosos que adquirí de ahí en adelante fue el gusto por la lectura, pues a fin de cuentas no cabe duda de que una buena capacidad de escritura va de la mano de un buen hábito de lectura. Leyendo buena literatura no sólo se alimenta la mente y el espíritu: devorando libros poco a poco se adquieren las herramientas para aprender a redactar con pulcritud, con precisión, con un léxico rico, con un lenguaje que exalte la belleza de las letras a través de metáforas y recursos poéticos que nos provee un idioma tan excelso como el castellano. Sólo leyendo se aprenda a usar cada palabra, cada verbo, cada sustantivo, cada adverbio, cada preposición, en el lugar adecuado para expresar nuestras ideas con elegancia, fineza, contundencia y exactitud.

Cuando asistí a la clase de prensa en la universidad recibí elogios del profesor que dictaba dicha asignatura. Posteriormente él me invitó a vincularme a una revista de crónicas. Sin embargo de nuevo me estrellé contra la realidad: el primer reportaje que escribí resultó ser un verdadero desastre. Las crónicas que redacté con posterioridad resultaron igualmente catastróficas. Había fracasado como escritor. Ese mismo maestro que antes me había elogiado e invitado a hacer parte de su proyecto literario no dudo en volverme añicos al dar cuenta de todos mis errores a la hora de escribir. "Usted escribe demasiado largo", "da demasiada información en los textos", "es incapaz de conservar el hilo y la tensión narrativa, a la vez que mantener enganchado al lector", fueron algunas de sus lacerantes frases. No exageraba. 

Con ese fracaso a cuestas inicié mis prácticas profesionales en un periódico local. Me asignaron al área de "comerciales" encargada de elaborar publirreportajes y artículos de interés general. Con estos últimos no me fue bien. "Aquí no escribimos así. Tiene que leer el periódico", solía decirme mi editor. Con los publirreportajes me fue todavía peor. Varios fueron rechazados; incluso un cliente pidió que encomendarán a otro periodista que no fuera yo la elaboración de uno de ellos. Para cerrar con broche de oro una de mis compañeras de trabajo llegó un día con una sonrisa de par en par contando que en un seminario para los periodistas del periódico al que ella había asistido un experto en ortografía y redacción había tomado como ejemplo de cómo no se debía escribir uno de los publis que yo había elaborado. El cretino experto no tomó en cuenta que los publirreportajes son hechos a satisfacción de un cliente y si éste los solicita o aprueba con determinados errores estilísticos uno no puede hacer otra cosa que resignarse a que su texto contenga esos errores. Sea como sea había quedado clara una cosa: fracasé en le escritura "académica" y fracasé en la escritura "comercial", aquella que tiene por propósito publicitar o dar a conocer lo bueno y bonito de un determinado producto. Recuerdo que ese publirreportaje que fue tomado como ejemplo de pésimo ejercicio periodístico versaba sobre los logros de la alcaldía de Dagua. ¿Es ético que un periódico le haga publirreportajes a alcaldes? Dejo abierta la discusión.

Tras terminar prácticas quedé desempleado y después de unos meses en ese pavoroso estado me vi obligado a pedirle a otro de mis jefes en el periódico que me ayudará a ubicarme. Entré a trabajar de nuevo al rotativo, pero ahora en el área de opinión. Lo que debía escribir allí era mínimo: unos pequeños textos de corte editorial llamados "molinos de papel". Mi labor básicamente se circunscribía a la edición y corrección de estilo. Al margen de todas las malas experiencias que padecí en ese cargo, gracias a los molinos de papel aprendí a escribir con más precisión y economía verbal. En unas cuantas líneas debía sintetizar toda una serie de argumentos y ello me obligaba a ser más detallado, a utilizar las palabras adecuadas y escribir y acomodar cada frase en función de ahorrar todo el espacio posible, buscando no obstante que se expresaran opiniones sustentadas con argumentos sólidos

Con ese bagaje salí del periódico por la puerta de atrás y entré a trabajar a una agencia de relaciones públicas. Debí ejercer en un campo en el que nunca, ni en mis más remotos sueños, pensé que me desenvolvería, la redacción de boletines y el free press. Tuve la ventaja de que si bien mi jefa siempre me criticó mi carácter tímido, concomitantemente a ello alabó con frecuencia mi manera de escribir. Nuevamente mi función era escribir cosas bonitas, llamativas, impactantes con el fin de vender a los medios productos, eventos, servicios que éstos transformaran en noticias. Escribí sobre estética, deportes, economía, salud. Llegué a escribir columnas de opinión y hasta un publirreportaje. No creo que lo haya hecho tan mal. En cierta oportunidad un periodista del diario donde antes trabajaba prácticamente publicó íntegro un boletín que le mandé.

Por un tiempo estuve a cargo de redactar boletines para una entidad ambiental del municipio de Cali. En plata blanca debí escribir casi que un boletín diario y evidentemente el ejercer con tanta asiduidad la labor de escribir hace que uno a las buenas o a las malas mejore su desempeño en ese campo. Finalmente estuve a cargo de redactar los artículos para la revista institucional de un prestigioso colegio de Cali. De nuevo ejercité mi destreza de escribir contrareloj, usando diversas fuentes, procurando ser claro y sobre todo buscando que mis escritos tuvieran ese plus del que carecían según las palabras de aquel profesor de prensa: que fueran atractivos para el lector.

A pesar del desempleo crónico que padezco procuró mantener viva la costumbre de escribir aunque sea por medio de este blog. La verdad es que aun me falta mucho, muchísimo, mi manera de escribir aun tiene muchas falencias. Ojalá algún día las pueda superar, no al 100% -eso sería una utopía.-. Soñar no cuesta nada.

viernes, 4 de abril de 2014

ANÁLISIS EL 18 BRUMARIO LUIS BONAPARTE



El 18 brumario de Luis Bonaparte relata la convulsionada historia de Francia desde la caída del Rey Luis Felipe hasta el golpe de Estado orquestado por Luis Bonaparte. Esta es una historia en la que intervienen múltiples actores: el proletariado, los campesinos, la burguesía, el lumpenproletariado y el imperialismo recatado encarnado en la figura de Luis Bonaparte. Todos ellos se alían o se declaran su enemistad movidos por unas circunstancias siempre cambiantes. Sin embargo en el curso de esta historia siempre hay una solo perdedora: la clase de los proletarios que no pudo reivindicar sus derechos, ni mucho menos pudo derrocar a la burguesía en procura de hacerse al poder y constituir un nuevo Estado donde se rompiera el antagonismo entre los que poseen los medios de producción y aquellos que careciendo de ellos se ven obligados a vender su fuerza de trabajo.

La historia comienza así: tras la caída del régimen de Luis Felipe y la reunión, el 4 de mayo de 1848, de una Asamblea Constituyente, se estableció un gobierno provisional en el que tuvieron parte la oposición dinástica, la burguesía republicana, la pequeña burguesía democrática republicana y los obreros socialdemócratas. En esta coyuntura el proletariado declaró la República Social. La respuesta de la burguesía fue proscribir de la escena pública a Blanqui, el jefe de los proletarios. Éstos, por su parte, contestaron con una revuelta popular, la Insurrección de Junio, que fue sangrientamente reprimida por la coalición de la aristocracia financiera, la burguesía industrial, la clase media, los pequeños burgueses, el ejército y el lumpenproletariado. El saldo de esta represión fue de 3000 insurrectos asesinados. Al final todas las clases se unieron en el llamado Partido del Orden que bajo la consigna de propiedad, familia, religión y orden se opusieron a la clase obrera. 

Ésta fue la primera gran derrota que sufrió el proletariado y que marcaría el papel por él desempeñado en lo sucesivo. Así quedaría demostrado que los ideales burgueses de libertad, igualdad y fraternidad quedarían circunscritos al papel, porque en la realidad seguiría reinando la dominación de un grupo –la burguesía- sobre el proletariado, una dominación que, como hemos visto en clase, es enmascarada por la legalidad de un contrato que contempla la “igualdad” entre el poseedor de los medios de producción y aquel que vende su fuerza de trabajo, no porque lo desee, sino porque las circunstancias lo obligan.

Tras el fracaso de la Insurrección de Junio llegó al poder el republicanismo burgués. Su dominación duró desde el 24 de junio hasta el 10 diciembre de 1848 y en ese tiempo promulgó una nueva constitución que defendía la libertad de prensa, palabra, asociación y enseñanza como derechos absolutos sólo limitados por los derechos de los otros y la seguridad pública. Para Marx esa seguridad no era otra que la de la burguesía, es decir que la propia Carta Magna coartaba la posibilidad de que los obreros se deshicieran de las cadenas de su dominación. Cualquier acto que acometieran contra sus subyugadores sería interpretado como un acto en contra de la seguridad de la Nación. 

El 10 de diciembre de 1848 fue nombrado como presidente Luis Bonaparte. Paralelamente en el seno de la Asamblea Nacional la Burguesía realista, conformada por los grandes terratenientes legitimistas y los grandes industriales y aristócratas orleanistas y aglutinada en el Partido del Orden, se dio a la tarea de sacar del ruedo político a los republicanos burgueses. Cumplidas las elecciones generales este grupo, el Partido del Orden dominado por legitimistas y orleanistas, logró la mayoría de diputados en la Asamblea Nacional. Por su parte, Bonaparte formó un ministerio del Partido del Orden en cabeza de Odilon Barrot. Así este movimiento acumuló en sus manos el poder del gobierno, el Ejército y el  cuerpo legislativo.

Durante estas circunstancias en las que la burguesía realista ejercía su dominación de clase, se gestó otro tímido intento de la clase obrera conducente a obtener una reivindicación política. Ese intento estuvo representado por un gran partido de oposición: La Montaña. Este movimiento socialdemócrata alcanzó 200 de los 750 votos de la Asamblea Nacional tras granjearse la simpatía de los campesinos y los diputados de parís, entre otros. Incluso el jefe de La Montaña fue elevado al rango de noble parlamentario. 

La montaña aglutinaba a los pequeños burgueses y a los obreros, pero éstos últimos ya no buscaban la abolición de la contradicción entre el capital y el trabajo asalariado –es decir, la abolición de su propio estado de dominación-, sino que se contentaban con exigir instituciones democráticas que atenuaran esa contradicción y armonizaran la convivencia entre dominadores y dominados. Es decir que en La Montaña la clase obrera había dejado de ser el actor revolucionario y subversivo de la Insurrección de junio para convertirse en un grupo que se limitaba a perseguir reformas en el seno de la sociedad burguesa.

Con la aparición de La Montaña la burguesía realista sentía que había que acabar con los pequeños burgueses de la misma manera en que antes lo había hecho con el proletariado. Fue así como urdió un plan para apartarla del camino que consistió en desechar un acta de acusación contra Bonaparte y sus Ministros por el bombardeo de las tropas francesas a Roma. Como protesta La Montaña abandonó el parlamento y así se disolvió su poder.

Sin embargo después de liquidado ese enemigo la situación se tornó difícil para los burgueses realistas. El 1 de noviembre de 1849  Bonaparte destituyó el Ministerio Barrot acortando el poder y la influencia del Partido del Orden. Se inició así una etapa de confrontación entre el poder ejecutivo y el legislativo. Simultáneamente al interior del Parlamento se había alcanzado un estado de cosas en que las libertades civiles y los organismos de progreso –que la burguesía había enarbolado en su lucha contra el feudalismo- ahora se constituían en amenazas socialistas contra la dominación de la misma clase burguesa. Se llegó al extremo de pretender vetar la discusión en un régimen parlamentario. A fin de cuentas a esa burguesía no le interesaba compartir el poder o entrar en confrontación con las clases sojuzgadas.

No era para menos. Después de las elecciones parciales del 10 de marzo de 1850 París eligió candidatos socialdemócratas. Bonaparte al verse frente a una revolución decidió postrarse de nuevo a los pies del Partido del Orden ofreciéndole un Ministerio.  Entre tanto la mayoría en el Parlamento elaboró una nueve ley electoral con el propósito de despojar de cualquier vestigio de poder y participación a la clase obrera. Esta ley abolió el sufragio universal e impuso como condición que el elector llevase tres años domiciliado en el punto electoral; a los obreros se les condicionó además la prueba de este domicilio al testimonio de su patrono. Asimismo una nueva Ley de prensa suprimió toda la prensa revolucionaria. Estas medidas legislativas aislaron al proletariado del campo de la lucha. En pocas palabras la propia burguesía iba en contravía de uno de los principales postulados del liberalismo político creado por ella: el derecho al voto, quedando una vez más en evidencia la falsedad y la hipocresía de todos los ideales de igualdad y libertad que este grupo proclamó la durante la revolución francesa.

Sin embargo no sólo los burgueses y proletarios fueron partícipes de estos acontecimientos; un grupo que agrupaba a aquellos que estaban al margen del aparato productivo, el lumpenproletariado, también se convirtió en un actor determinante de esta comedia política. Este grupo representaba un enorme conglomerado que incluía vagabundos, licenciados de tropa y de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbaquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, dueños de burdeles, entre muchos otros. Ellos podían considerarse como un grupo situado por debajo del proletariado que en muchos casos para subsistir se dedicaba a actividades al margen de la ley. Bonaparte se convirtió en su jefe al conformar la Sociedad del 10 de Diciembre. Este “lumpen” representaba el entusiasmo popular y atacaba a los republicanos. 

Bonaparte decidió disolver dicha Sociedad después de que los decembristas fueron denunciados ante la Comisión Permanente por supuestamente orquestar un plan para asesinar al presidente de la Asamblea Nacional. Pero esa fue una disolución que se cumplió sólo en el papel porque la Sociedad del 10 de diciembre pasó a ser un ejército privado de Bonaparte. 

Recapitulando, la historia del proletariado en este periodo de tiempo se resume así: luego de caer el régimen de Luis Felipe los obreros proclaman la república social y se alzan en la Insurrección de Junio siendo duramente reprimidos. Tras esta primera derrota se asocian con la pequeña burguesía y participan de un partido político, La Montaña, que no busca eliminar la contradicción entre capitalistas y asalariados, sino que sólo busca atenuarlo mediante reformas democráticas. La Montaña también resulta derrotada. Por último, el Partido del Orden, temeroso del poder obrero, elimina el sufragio universal para limitar aún más su posibilidad de participación y acción política.

Por otra parte en Francia se había pasado de la era de la Asamblea nacional legislativa- constituyente- marcada por la lucha entre republicanos y realistas, a una época signada por la confrontación entre orleanistas y legitimistas que simbolizaba a su vez el antagonismo entre la ciudad y el campo. Cada bando buscaba restaurar la supremacía y despreciaba el gobierno republicano porque los enfrentaba con las clases sojuzgadas. 

La situación del Partido del Orden en lo sucesivo también se tornaría difícil. Bonaparte se hizo al poder militar y los burgueses realistas perdieron la mayoría en el parlamento. Y en ese contexto se hicieron nuevamente latentes las diferencias de las dos facciones rivales del Partido del Orden: los Orleans y los Borbon. Incluso la aristocracia financiera, uno de los componentes de ese partido, se pasó al bando de los bonapartistas. Finalmente se llegó a un estado de cosas en que una parte de la burguesía deseaba que Bonaparte dimitiese, mientras que la otra esperaba que éste continuara sentada en el sillón presidencial. El 2 de diciembre Bonaparte a través de un golpe de Estado Golpe de estado se hizo al poder, disolvió el parlamento e instauró una dictadura.

En conclusión, Marx, en El 18 brumario de Luis Bonaparte, retrata a un proletariado inoperante, reprimido, que se ve obligado a tranzar con la pequeña burguesía en procura de alcanzar algunas reformas que apenas aliviarían su situación de sometimiento, despojada del poder político y de decisión. Y a una burguesía dividida, incapaz de ser fiel a los postuladas liberales por ella misma defendida en el pasado, enemiga del republicanismo que es la representación más tangible de ese liberalismo, y dispuesta a aliarse con Bonaparte para poder mantener ciertos privilegios y una situación ventajosa para ella como clase.

martes, 25 de marzo de 2014

¿Por quién votar para Presidente?

Cometí un grave, gravísimo error ventilando mis desgracias personales a través de este blog. Intentar generar lástima no resultó ser una estrategia efectiva para salir del atolladero en que me encuentro. Así que hoy en vez de hablar de mi fracasada vida, procederé a analizar por quién votar en las próximas elecciones presidenciales que tendrán lugar a escasos meses.

Hasta hace poco tenía claro que mi voto sería por Juan Manuel Santos. No sería tanto un voto a favor de las políticas del actual mandatario, sino principalmente un respaldo a la continuación del proceso de paz que adelanta el Gobierno con la guerrilla de las FARC. Pienso que esa iniciativa de paz que genera tanta urticaria en algunos sectores es una valiosa oportunidad para terminar con un conflicto que completa cinco décadas. Desde el principio he apoyado dicho proceso entre otras cosas porque se ha adelantado en medio del conflicto y sin desmilitarizar un sólo centímetro de territorio nacional como sucedió con el Caguán. En pocas palabras la Fuerza Pública ha continuado actuando para repeler a la guerrilla sin zonas de despeje que le den a ésta un compás de espera para fortalecerse y delinquir. Las Farc, por su parte, han continuado sus ataques contra policías y militares. Claro, lo ideal es que las conversaciones se surtieran en medio de una tregua o cese de hostilidades, pero lo fundamental es que el proceso avance y llegue a un feliz término así sea en medio de las balas.

Y ciertamente el proceso ha avanzado. Ya se han llegado a acuerdos en lo referente a tierras y participación política. Pero es evidente que ese proceso no habrá concluido para cuando Santos acabe su mandato este 07 de agosto y por ende no habría más remedio que apoyar su reeleción para que de esa manera los diálogos de la Habana continúen. Sería un voto por la paz, un gesto muy loable pero costoso si se tiene en cuenta que apoyando la reelección de Santos se apoyaría también sus políticas. En pocas palabras se respaldarían otros cuatro años de una supuesta reducción de la pobreza en la que no creo, una disminución en las cifras de desempleo que me generan dudas y supuestos avances como el falaz anuncio del Ministerio de Educación según el cual en Colombia un profesional recién graduado se gana en promedio casi dos millones de pesos mensuales de salario.

¡Por Dios! ¿A quién quieren engañar? La realidad es que en Colombia muchos profesionales sobreviven con el mínimo y un poco más; la informalidad está disparada; en Buenaventura el desempleo roza el 60%; los campesinos se han ido a paro porque su oficio ya no es rentable; una empresa minera tiene contaminada la bahía de Santa Marta con el hollín de Carbón y además sin empacho arroja carbón al Mar Caribe; en Casanare una sequía ha matado 20 mil animales, eso sin contar que su capital, Yopal, cumple varios años sin acceso a agua potable; la minería legal e ilegal sigue destruyendo nuestros ecosistemas; ni la salud, ni la educación universitaria y postuniversitaria son gratuitas.

Pero bueno, no se puede esperar algo diferente porque esa es la herencia de más de doscientos años de poder repartido entre liberales y conservadores, luego reencauchados en uribistas y ahora en Santistas. Por eso en la próximas elecciones le quería apostar a otra alternativa. Había contemplado votar por Aida Avella, de la Unión Patriótica, pero ella decició convertirse en la fórmula vicepresidencial de Clara López del Polo. No me entusiasmaba votar por López por el desastre que resultó el corrupto gobierno de Samuel Moreno, pero ella es la única que encarna una alternativa distinta a la que hasta ahora ha gobernado este país. Además seguramente con Clara gobernando continuará el proceso de paz, cosa contraria a lo que pasaría si llegara al poder el títere de Uribe. Óscar Iván Zuluaga.

Quiero saber qué tal resulta un gobierno de izquierda en Colombia. Por supuesto tendrá muchos enemigos y palos en la rueda empezando por un Congreso de mayoría santista y uribista que no apoyará sus iniciativas, unas fuerzas militares de ultra derecha y unas bandas criminales muy poderosas dispuestas a hacer el trabajo sucio: aniquilar a todo lo que huela a izquierda. Pero me gustaría ser testigo de ese experimento: la izquierda tomando las riendas de Colombia. Puede que un gobierno de Clara y de la izquierda en general sea bueno, o puede resultar un desastre como en Venezuela. Si ocurre lo segundo estaré dispuesto a aceptar que la derecha siga gobernando a este país por los siglos de los siglos.

Y ojo, no me considero un mamerto: creo en el orden, creo que la seguridad es un derecho fundamental para una persona y creo en unas instituciones que se empeñen en protegerlo, creo en la lucha contra la corrupción y la ineficiencia administrativa; pero estoy harto de la falta de oportunidades, de las cifras del DANE que no se compadecen con la realidad. En definitiva: ¡quiero un cambio!

miércoles, 12 de febrero de 2014

LA COLUMNA DE OPINIÓN QUE NO PUBLICÓ EL ESPECTADOR

En días pasados El Espectador abrió la posibilidad de que lectores suyos mandaran columnas de opinión para ser publicadas por ese medio. Yo decidí participar pensando que sería una gran vitrina para darme a conocer, pero no tardé en comprobar una vez más que escribir no es como soplar y hacer botellas. Al elaborar una columna de opinión uno no se puede limitar a verter en el teclado del computador cuanta estupidez se le venga a uno a la cabeza sólo para rellenar espacio en la hoja de word -aunque de hecho muchos columnistas lo hacen; por el contrario uno debe de esmerarse en encontrar un tema, una tesis o un planteamiento original y atractivo, a la vez que esmerarse en escoger los mejores argumentos para defenderlo o sustentarlo.

Porque de eso se trata una columna de opinión: proponer una tesis y defenderla con minuciosidad, persuación e inteligencia. Mi mente se bloqueó porque sencillamente no se me ocurría un buen tema para mi artículo, pero después de mucho devanarme los sesos le aposté a hablar sobre los excesos de la "libertad de expresión" que uno puede encontrar cuando lee los foros de opinión, no sólo de El Espectador, sino de todos los demás medios.

A continuación reproduzco la columna de opinión que envié a El Espectador:



PEDÓFILOS COMENTANDO

Por: Julián Andrés Pastrana Cuéllar.

En días pasados dos noticias de El Espectador llamaron mi atención: la primera trataba sobre una niña que fue abusada sexualmente por un profesor con el que, supuestamente, sostenía una relación amorosa, mientras que la segunda reseñaba el caso de otra menor de doce años que se había escapado con un hombre de 30 del cual estaba esperando un  hijo.
En honor a la verdad suelo abstenerme de leer los comentarios que hacen los lectores de Elespectador.com sobre las noticias publicadas allí, pero en aquella  oportunidad decidí indagar qué opinaban ellos acerca de los dos casos de abuso a menores. Me encontré, más que con un foro de opiniones, con una letrina en la que personajes de la peor calaña daban rienda suelta a sus peores desviaciones; no voy aquí a repetir las bajezas que llegué a leer, sólo voy a anotar que varios lectores justificaban los casos de abuso tratando de mostrarlos como situaciones “normales”, e insinuando además que la culpa no era de los adultos sino de las menores cuya libido sexual despierta cada vez a más temprana edad.

En pocas palabras no se debía enjuiciar a los adultos depravados que se involucraban con niñas que estaban lejos de tener la madurez física y mental para tener una relación sexual, sino a aquellas jóvenes de 10, 12, 13, 14 años que se comportaban como “mujerzuelas” buscando saciar sus apetitos sexuales. No entraré aquí a debatir sobre a qué edad empieza el despertar sexual de una mujer, pero sí considero que independientemente de ello el hombre debe tener la suficiente cabeza fría, autodominio y, sobre todo, los suficientes principios éticos para no dejarse “seducir” por menores de edad que podrían ser sus hijas o hermanas.

Infortunadamente opiniones tan vomitivas como las que acabo de subrayar no son algo extraño de encontrar en los foros de opinión de los medios de comunicación colombianos; lejos de ser espacios para un debate de ideas sólidas y bien argumentadas, éstos se han convertido en escenarios para el insulto fácil, las agresiones, la chabacanería, la intolerancia y la incitación al delito y a las parafilias como lo es en este caso la pedofilia, pederastia o como se le quiera llamar.

Creo que es necesario que los medios de comunicación empiecen a ejercer mayor control sobre estos foros de opinión. Muchos pueden aducir que hacerlo sería entorpecer la libertad de expresión que es uno de los principales valores de una democracia. Al respecto debo decir que en ningún momento sugiero vetar opiniones por razones políticas o ideológicas, pero sí aplicar controles mínimos para evitar que los foros estén plagados de comentarios ofensivos sin argumentos, opiniones discriminatorias e incluso spam. Hay muchos foros en internet que cuentan con un staff de moderadores los cuales tienen la facultad de borrar contenidos de esa índole e incluso esos foros se arrogan el derecho de “bannear” (bloquear indefinidamente) a usuarios que constantemente incurran en malos comportamientos. También llegan a detectar la IP del forista en cuestión y bloquearla para que éste no pueda crearse una nueva cuenta con la cual pueda continuar haciendo de las suyas.

Quienes son capaces de escribir comentarios justificando el abuso sexual a menores, así sea éste disfrazado como una “relación consentida”, deberían ser baneados. Es más, su IP debería ser reportada a la Policía o autoridades competentes. Quizás entre quienes se escudan en el anonimato para lanzar esas opiniones se esconde un pedófilo o depredador sexual.

La columna nunca fue publicada. Seguramente resultó demasiado mala -en cuanto a su contenido y a su forma- como para ser divulgada por un medio tan importante. Entretanto los foros de opinión de los medios siguen siendo foros de todo -insultos, racismo, pederastia, homofobia- menos de verdadera opinión.
                                                                                      
 



domingo, 9 de febrero de 2014

TRABAJANDO CON UNA RELACIONISTA PÚBLICA AMARRADA III

Sí, la labor de free press para el Torneo de Parqués fue un rotundo fracaso que reveló cómo hay temas que por más esfuerzos que se hagan sencillamente no resultan atractivos para los medios. No sé si antes o después de ese fracaso debí hacer free press a un joven llamado Martin Nessi. Chileno de nacimiento, se crió en Cali y posteriormente viajó a los estados Unidos donde empezó a forjar una promisoria carrera en el ámbito de la producción musical. Elaboré, a partir del testimonio que él mismo me dio, un extenso boletín para enviarlo a los medios de comunicación. El joven necesitaba que se publicarán en algunos medios notas sobre su desempeño profesional, ello con el fin de tramitar una visa, o algo así... la verdad no recuerdo bien. Sin embargo los problemas no tardaron en aparecer. Un portal web publicó una extensa nota del joven y en ADN y El Tiempo hicieron lo mismo. Hasta allí todo iba a las mil maravillas. Pero por culpa de un error de interpretación del boletín que yo envié, en la nota de El Tiempo le terminaron adjudicando a Nessi el haber trabajado con unos artistas de renombre con los que nunca hizo equipo. El error salió publicado en la versión digital de El Tiempo. El padre de Nessi lo leyó y conminó a Aljure a lograr una rectificación, ya que dicha información errónea "podría tener repercusiones legales". Gracias a mí mediación la nota en cuestión fue retirada del portal web de El Tiempo, pero no se pudo hacer nada para frenar su publicación en la versión impresa. Para rematar logré gestionar otra nota en el Diario Occidente, pero justo el día en anterior a su publicación olvidé enviar unas fotos de Nessi al medio en cuestión y por ello dicha nota finalmente nunca se publicó. Por otra parte resultaron infructuoso mis esfuerzos para que la Revista Shock le hiciera algún informe a Nessi. Hablé varias veces con un periodista de ese medio, pero nunca accedió a colaborarme. Así son las cosas en las relaciones públicas: uno se enfrenta a escuchar la clasíca frase "mándeme el boletín" , que es el equivalente al "nosotros le llamamos" de los encargados de los procesos de selección en las empresas.

De mi paso por esa oficina de prensa me quedaron muchas anécdotas. Recuerdo que la persona que me antecedió a mí en ese trabajo era la clásica vieja buenona. Cuando ella se marchó y yo llegué a reemplazarla un vigilante me preguntó: "qué pasó con la niña que  trabajaba allá" a lo cual yo le respondí: "no siguió porque se enfermó". "se puso malita la niña... y con lo buenona que estaba", anotó el guachimán con una expresión morbosa dibujada en su rostro. Lo cierto es que esa buenona duró alrededor de siete meses trabajando con Aljure hasta que un día llamó diciendo que estaba enferma y que no podía ir. No obstante aljure me confesó que pensaba que aquella muchacha en realidad se estaba haciendo la enferma porque no quería seguir trabajando en la oficina. La muchacha -ni siquiera recuerdo su nombre- se enfermó un miércoles de manera intempestiva. Al parecer Aljure no encontró con quién más reemplazarla y por eso me llamó a mí el jueves siguiente. Me llamó casi dos meses después de yo haber tenido una entrevista con ella, encuentro en el que por cierto quedo en evidencia el poco convencimiento de Aljure con respecto a mi contratación. A la enferma que se fue de la oficina a principios de noviembre, le pagaron su liquidación bien entrado el mes de diciembre. Lo poco que sé de ella es que era egresada de la Autónoma, con escueta experiencia en protocolo.

Nueve meses después de estar trabajando en esa oficina sencillamente me aburrí y resolví renunciar. Aljure trató de convencerme de desistir de mi decisión, un síntoma de que pese a todo no había hecho las cosas tan mal. Era una escena muy diferente a la que viví en El Maíz, empresa de la cual salí por la puerta de atrás: no me renovaron el contrato, según ellos por ser callado y tímido. Esa historia la contaré en su momento. Pero a pesar de mi renuncia no me desvinculé del todo de la oficina de prensa; Seguí trabajando desde mi casa encargándome de redactar boletines para el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente -DAGMA. La directora de esa entidad llamó a Aljure meses antes de mi renuncia para pedirle una persona que se hiciera cargo de la prensa del DAGMA. Aljure no me tuvo en cuenta para ese cargo por la misma razón de siempre: mi carácter callado, mis pocas habilidades sociales, etc, etc, etc. Acto seguido convocó a varios periodistas con la idea de que alguno de ellos entrará  como comunicador en el Dagma. A instancias del marido de Aljure ella finalmente accedió tenerme en cuenta para ese cargo, aclarando que allá ganaría alrededor de un millón de pesos sin prestaciones pero no podría ni siquiera pedir permisos para citas médicas como constantemente lo hacía en la oficina de Aljute. Lo cierto es que finalmente no aprobaron la llegada de un comunicador externo para que trabajara dentro del DAGMA. Así que a partir de entonces se me encomendó realizar boletines para dicha entidad que debería mandar a medios. Mi labor se limitaría a redactar; la periodista que me reemplazaría en la oficina -una muchacha llamada Laura- se haría cargo de hablar directamente con los periodistas.

Todo parecía marchar bien: ganaría el mismo sueldo -$600 mil- por trabajar desde la comodidad de mi casa. Pero la alegría no duraría mucho. Debí padecer lo indecible por el incumplimiento en los pagos de mi salario. Sí, de hecho la plata me la entregaban pero sin regularidad, con demasiado retraso. De agosto a diciembre trabajé redactando y enviando decenas de boletines. Incluso una vez debí cubrir un evento: la instalación de un solmáforo, dispositivo para medir la radiación ultavioleta. Madrugué para dicho evento, atendí periodistas, grabé entrevistas y realicé un boletín express para mandar a medios. Una vez más, como con el torneo de golf, ejercí la profesión que estudié, el periodismo, haciendo trabajó de campo, desgrabando entrevistas y redactando una noticia tal y como lo haría un reportero de cualquier medio. Fue una experiencia agradable (¡cómo no va a ser agradable desempeñar la profesión por la cual uno se quemó las pestañas durante cinco años en la universidad!) Finalmente el trabajo con el DAGMA se acabó, Aljure se desentendió de esa cuenta, una periodista de la Alcaldía asumió mi labor y yo una vez más quedé en el aire.

Sobra decir que me invadió la desesperación y la angustia: los deseos de abandonar una oficina donde realizaba una labor que repudiaba, se transmutaron en pánico al constatar las terribles consecuencias de ser un desempleado. No me quedó más remedio que hacer lobby para regresar donde Aljure. Sobra decir que en los meses que estuve lejos de esa oficina no logré encontrar otro trabajo como periodista. Afortunadamente para mí Laura decidió renunciar. Logré mi cometido: mi "flamante" regreso a esa jaula. En ese proceso sucedió algo "chistoso" por llamarlo de alguna manera: no llevaba ni una semana de retornar a la oficina cuando envié mi hoja de vida para un medio que solicitaba un community manager. Para mis adentros pensé: "obviamente no me van a llamar, pero peor diligencia es la que no se hace". Contrario a mis expectativas me llamaron a entrevista. El director del medio me preguntó si tenía experiencia como community manager. "no", fue mi respuesta. "Entonces para que aplicó a este cargo", replicó mi entrevistador. "porque la labor de community manager hoy en día tiene mucha demanda y quiero empezar a adquierir experiencia en ese campo  nuevo para mí" expliqué. El director me pidió que lo acompañara hasta la redacción de dicho medio y luego me pidió que escribiera una nota. Así lo hice. Días después me llamó y me dijo que mi ejercicio escrito le había gustado y que ahora debía cumplir un día de prueba en dicho medio. No me quedó más remedio que inventarle a Aljure que tenía una gastroenteritis para así tener el día siguiente libre y cumplir con el periodo de prueba en el otro medio. En el periodo de prueba me fue bien, pero cometí un error: le hice creer al jefe que estaba desempleado, pero luego le tuve que confesar que de hecho si estaba trabajando. El tipo montó en cólera y con toda razón: me dijo que las cosas no se hacían así, que que pretendía ser contratado en ese medio y luego renunciar de manera intempestiva a Aljure abandonando de un momento a otro el trabajo que estaba desempeñando en la oficina. Señaló que el trabajo de los comunicadores era esencialmente de contactos y yo no podía quedar mal con Aljure. Lo gracioso es que yo pensaba hacer tal cual lo que ese hombre me decía: esperar que me contraran en su medio y luego llamar a Aljure para decirle que no podía seguir laborando con ella.